Entrada destacada. Colaboración revista digital "Cita en la Glorieta"

Estimado señor M. de Herman Koch

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martes, 23 de octubre de 2018

El fantasma de la Ópera de Gastón Leroux

Sinopsis:

La Ópera de París se convierte en teatro de horrores en la más célebre obra del periodista y escritor de novelas detectivescas Gaston Leroux. En un ambiente de novela gótica, su escenario esconde tras sus tramoyas la morada del Fantasma: pasadizos secretos que serpentean alrededor de un lago subterráneo.
Esta fascinante historia recrea el mito de la Bella y la Bestia: una joven y delicada artista es el objeto de amor un tenebroso ser que oculta su identidad tras una máscara. Para conseguir a su amada Christine, una bailarina convertida en diva, este ser atormentado por su deformidad y fealdad revive su pasado de inventor de trampas y mazmorras.
Publicada por primera vez por entregas en 1909, El fantasma de la Ópera es uno de los argumentos preferidos del teatro y el cine por el misterio de la trama, la progresión del horror, el extremado y melodramático amor del protagonista y las imaginativas posibilidades del espacio creado por Leroux. Su fama se revalida en el éxito mundial del musical de Andrew Lloyd Weber que sigue en las tablas desde 1986.

Opinión:

Hoy voy a hablaros de todo un clásico de la literatura, una historia de sobra conocida por todos.

El fantasma de la Ópera es una novela gótica que apareció publicada por capítulos en el periódico "Le Gaulois" desde septiembre de 1909 hasta enero de 1910.
Le Gaulois, que posteriormente sería absorbido por "Le Figaro", tenía una edición dominical que contó con grandes plumas de la época, como Émile Zola y Guy de Maupassant.
La obra está inspirada en hechos reales y se mueve a caballo entre el drama, la tragedia, la novela romántica, el misterio y el terror, aunque este último aparezca de forma muy sutil.
Pero lo que ha ocurrido con esta novela es algo curioso...
Ha ido adquiriendo renombre con el paso del tiempo, pero de forma indirecta, ya que ni es uno de los clásicos de la literatura francesa más leído, ni tampoco el más elegido para hacerlo dentro del género de clásicos de terror gótico.
Esa fama le ha llegado por otro lado, debido a que ha sido llevada al cine en numerosas ocasiones y a que su representación musical llenó durante tres décadas los teatros de Londres y de Nueva York.
Ya os he mencionado que El fantasma de la Ópera no es las novelas góticas más conocidas o más demandadas.
Drácula de Bram Stoker o Frankenstein de Mary Shelley, ocupan los primeros puestos en popularidad mientras que esta, que no es de calidad inferior, ha pasado a convertirse en uno de las grandes olvidados del género.
Estas tres historias comparten varios elementos en común: un protagonista que da título a la obra; la criatura de aspecto repulsivo, de gran crueldad y pasado misterioso que demuestra su escasa humanidad, pero que en cambio en otros momentos logra conmover a los lectores por el drama que arrastra.
Todos ellos son personajes cargados de matices, con un odio acérrimo hacia la sociedad o hacia la humanidad que reniega de ellos y les da la espalda, son seres atormentados, pero fascinantes, que huyen de la soledad y solo buscan el amor.
Pero sus historias también comparten otro detalle, su final.
Los lectores mantenemos la esperanza de que ese fin inevitable no llegue, esa monstruosidad que vemos en ellos nos hace sentirnos culpables, ya que no son más que el fruto de una sociedad corrupta que los crea y los condena desde el comienzo. Por lo tanto vemos en todas ellas, una clásica crítica social y moral.

Otros de los temas que aparecerán de forma recurrente y que se asocian con frecuencia a la literatura romántica, donde se incluye el género gótico, serán: el amor, la pasión, las emociones desbocadas, el odio y los celos, sin dejar de lado a la dama en peligro, los paisajes sombríos y la climatología que parecen afectar a la atmósfera emocional de los personajes, con ese estado de ánimo abatido que portan todos.

Y ahora permitidme que os hable del escenario sobre el que nos moveremos.
La Ópera de París, también conocida como Ópera Garnier o Palacio Garnier por su constructor, va a ser casi exclusivamente el escenario por el que nos vamos a mover; uno de los edificios más emblemáticos del s. XIX, que resalta por su construcción ecléctica, donde se mezclan elementos de diferentes estilos y épocas, pero sobre todo que parece estar recubierto de un halo misterioso, no es de extrañar que Leroux lo eligiese para desarrollar su obra más famosa, ya que desprende elegancia al tiempo que misterio.
Otro de los escenarios que visitaremos será su lago subterráneo. Este lago no es fruto de la imaginación del escritor, es un lago artificial creado bajo el magnífico edificio, el estanque subterráneo es hoy en día usado como depósito.

Detalles que me han gustado...


TÉCNICA
Esta historia comienza de forma sencilla, y según va avanzando se va volviendo más compleja a la vez que intensifica la trama.
Reconozco que en un principio me costó un poquito meterme en su lectura, por la cantidad de notas al pie que contenía mi edición, todas relativas al mundo de la ópera. Pero incluso así, hay que reconocer que es una historia brillante, donde su autor no solo da rienda suelta a su imaginación, sino que también emplea una técnica que mucho tiene que ver con el S. XIX donde está ambientada.

Uno de los narradores que vamos a encontrar es el típico de las obras de ese periodo, pero con un ligero matiz.
Lo que nos va a ofrecer es una especie de crónica periodista o de investigación, sobre los sucesos que ocurrieron en la Ópera de París, pero interrumpiéndola de forma constante, dirigiéndose a los lectores, decidiendo que datos aportar y en que momento hacerlo, algo que por otra parte era típico de la época.
Nos va a explicar lo que ocurre, pero aunque intente mostrar objetividad en su relato no puede evitar intervenir, puntualizando algunos detalles, lo que nos lleva a una narración que no es neutral por mucho que lo intente, empleando sus páginas para verter su crítica de la sociedad.

El otro tipo de narrador que encontraremos es uno en primera persona, un testigo que nos transmite la historia, irá incorporando a su relato fragmentos de cartas, diarios o declaraciones del resto de personajes que encontremos.
Con la incorporación de estos nuevos narradores puntuales, lo que va a hacer Leroux es variar la estructura, y nos vamos a encontrar con varias historias dentro de la trama general.
Cada personaje irá añadiendo detalles, dando forma y complementando el argumento, no solo aportarán datos sobre ellos, sino también sobre los acontecimientos que suceden o han sucedido a lo largo del tiempo alrededor del fantasma y de ese gran escenario por el que deambula con sigilo.

Y ahora que he citado de forma indirecta a los personajes, me obliga a hablar de ellos, peo voy a hacerlo sin profundizar en ninguno.
El motivo es que, aunque hay grandes personajes en este libro, todas sus historias nos llegan de forma indirecta, no llegan a brillar y es debido fundamentalmente a dos motivos.
Esa forma de narrar de Gastón Leroux, con esa investigación periodística, parece que los convierte incluido Erik, el fantasma, en secundarios. Los relega a un segundo término y parecen ambientales bajo la pluma de ese periodista, quizás alter ego de Leroux.
El otro detalle es el edificio majestuoso por el que transcurre el argumento; la Ópera actúa como protagonista y testigo silencioso, parece que quedan atrapados en la historia y en el interior de ese escenario que les eclipsa.

MÁS SIMILITUDES y GUIÑOS
Cualquiera que haya leído la obra o visto cualquiera de sus representaciones en teatro, musicales o bien versiones cinematográficas, no le costará reconocer en el argumento de esta historia, además de los ya citados en el primer apartado, elementos que nos recuerdan a otras obras, por ejemplo a un cuento tradicional francés, el de La bella y la bestia.
Ese cuento francés, del que también existen muchas variantes, cuenta con detalles que vamos a ver también aquí: el valor de las promesas; un personaje femenino que debe volver al lugar que supone su cautiverio, junto a un personaje de horrible aspecto para cumplir la promesa hecha.

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Otra de las obras que encontraremos, esta vez citada claramente, u homenajeada, es "La máscara de la muerte roja", obra de Poe, ya que será el disfraz que adopte el fantasma en el baile de la ópera.

CURIOSIDADES
Existen al menos doce versiones cinematográficas sobre esta obra, y la realizada en 1925 está considerada como una joya del cine mudo, entre otros motivos porque debió resultar excesivamente complicado recrear esta historia sin voz, ya que se construye con grandes dosis musicales . La genialidad la consiguió su actor principal, Lon Chaney que consiguió una actuación terrorífica y soberbia.



martes, 19 de junio de 2018

La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne

Sinopsis:

La letra escarlata está considerada la mejor novela norteamericana del siglo XIX.
Ambientada en la Nueva Inglaterra de los puritanos del siglo XVII, La letra escarlata (1849) narra el terrible impacto que un simple acto de pasión desencadena en las vidas de tres miembros de la comunidad: Hester Prynne, una mujer de espíritu libre e independiente, objeto del escarnio público y condenada a llevar la «A» de «Adúltera»; el reverendo Dimmesdale, un alma atormentada por la culpa aunque digno de la estima general, y Chillingworth, un ser siniestro, cruel y vengativo, que maquina en la sombra.
La presente edición incluye una introducción de la catedrática Nina Baym, cuya labor investigadora se ha centrado en el estudio de la literatura americana del siglo XIX. En el año 2000 recibió la medalla Jay Hubble que otorga la Modern Language Association por sus valiosas aportaciones en esta materia.

Opinión:

La letra escarlata, escrita en 1850, está considerada como la obra cumbre de Nathaniel Hawthorne y clasificada dentro del Romanticismo norteamericano.
Como primera curiosidad os diré, que fue uno de los primeros libros en ser producido de forma masiva en Estados Unidos, ya que hasta el momento, la producción se limitaba a elaborar libros a mano y en ediciones muy limitadas, mucho de ellos se producían bajo demanda.
La primera edición de esta novela fue de 2500 volúmenes y se agotó en poco más de una semana, convirtiéndose en lo que hoy sería un superventas.

La segunda curiosidad llega de manos de su escritor, Nathaniel Hawthorne, nacido en 1804 en la población de Salem.
Su tatarabuelo, fue juez en los famosos juicios de brujas de Salem, y el único de todo ellos que no se arrepintió de sus actos.
Los principios de Nathaniel le llevaron a rechazar el puritanismo extremo del que habían hecho gala sus antepasados y por ese motivo modificó su apellido original, Hathorne, agregando una W para cambiarlo por Hawthorne.

La prosa de este escritor, desde los primeros párrafos del primer capítulo, demuestra ser soberbia; emplea una voz narrativa que brilla con luz propia.
Tiene un estilo tan peculiar y cuidado que ha logrado sorprenderme, por ese motivo voy a hablaros principalmente del primer capítulo, porque es digno de alabar, y en él vais a ver una pequeña muestra condensada de toda la genialidad dispersa a lo largo de esta obra.

En ese primer capítulo consigue crear suspense y compasión, al mismo tiempo que nos transmite la tensión que se masca fuera de la prisión, de esa forma nos va preparando para los conflictos posteriores.
Muchos autores de esa época recurrían al uso de grandes descripciones para generar el ambiente propicio, en cambio él decide prescindir de ellas. Se vale del lema menos es más, y recurre a la imaginación lectora. Cuando llega la hora de describir a las gentes que esperan fuera para ver el escarnio público, nos las muestra con una exactitud y calidad literaria que corta la respiración.

Todos tenemos una idea bastante clara de como era la sociedad puritana, de como vestían, y a Nathaniel le basta con sugerir que había una multitud vestida de colores sombríos.
El lector, con esa parquedad descriptiva, tiene suficiente para imaginarse a todas esas gentes ataviadas de ropas con una amplia gama de grises, pardos y negros, y con ellos el ambiente oscuro y triste que arrastraban y que marcará el desarrollo de esta historia.
Nos presenta de forma breve a esa sociedad de moralidad rígida, que muestra la tonalidad más negra del puritanismo, pero dejándonos bien claro como son por dentro y por fuera.
Quiere demostrar desolación, no quiere reflejar un acto alegre, porque intenta crear un retrato fiel, reflejando la gran oscuridad que hay en los corazones de esos que esperan expectantes fuera de la prisión.

Encontraremos muchísimas figuras retóricas; símbolos, metáforas, alegorías... y con ellas conocemos a Hester, nuestra protagonista.
La vemos por primera vez como un solitario rosal silvestre, delicado, que crece en la puerta de la prisión rodeado de maleza.
La maleza ya habréis deducido quienes son...
La letra escarlata, otro símbolo omnipresente en esta historia, representa el adulterio y el pecado, aunque Hester lo convierte en todo lo contrario; en un adorno que luce en su pecho con orgullo.
Esa marca que debería señalarla como un ser pecador y estigmatizado al que todos rehuyen, termina convirtiéndose en una señal de rectitud, de caridad.
Hester evoluciona y se convierte en esa persona que ayuda siempre a los demás, un ser bondadoso y noble, frente a los corruptos de doble moral puritanos, que obran de una forma y piensan de otra. Esa A, la hace libre, es el único personaje liberado de toda la obra.

La prosa de la que hace gala este autor es muy fluida, y la narración consigue mantener el ritmo ágil hasta el final, ritmo que se apoya en unos capítulos bastante breves.

El narrador en tercera persona, nos relata unos hechos que como él mismo nos indica, sucedieron doscientos años antes.
Es un guía por el relato que intenta mantenerse al margen de la historia, limitándose solo a contar, eso sí, con infinidad de detalles como ya habéis podido comprobar.
Nuestro narrador, sabe que nosotros los lectores somos espectadores pasivos, contemplamos unos sucesos de los cuales no formamos parte, aún así, esa riqueza de detalles y la perspectiva que da al relato, se convierte en una lograda estrategia discursiva y consigue que nos posicionemos tomando partido por Hester.

La novela avanzará de forma rápida, y también los acontecimientos que en ella ocurren.
El autor no duda en utilizar pequeños saltos en el tiempo, siempre hacia adelante, que obligan al argumento a avanzar con rapidez, aunque sin olvidar mencionar algunas situaciones del pasado para contextualizar.

Ya conocéis algunos detalles de esta obra, pero este autor aún esconde más bajo sus mangas.
No solo destacó por su prosa, sino que también fue un valiente.
Criticó a una sociedad y sus actitudes, creando un personaje femenino de gran fortaleza y leal, que ha pasado a considerarse como la primera y mayor heroína de la literatura americana.
Un personaje que no duda en enfrentarse a toda esa comunidad que trata de condenarla e ignorarla. Este autor no quiso que viésemos a una mujer adúltera. Él quería mostrar a una mujer valerosa e inteligente, alguien capaz de poner del revés los pensamientos y principios de esa facción radical del protestantismo calvinista; de esa sociedad puritana, falsa e intolerante.
Crea un argumento cuyos temas principales son el pecado, la culpa y la hipocresía, dejando espacio para criticar el maltrato psicológico, retratando a la perfección a esos jueces, que se alzan para juzgar a otros haciendo uso de un doble rasero, el juego de la doble moral...
De lo que no fue capaz este autor, fue de librarse de los estereotipos del Románticismo, como veréis a continuación.

Ya habéis conocido un poco por encima a Hester, nuestra heroína, el clásico personaje que hoy encuadraríamos dentro del estereotipo de las "malcasadas", junto con Madame Bovary, Ana Ozores (en la Regenta) o Anna Karenina...
Un personaje que prefiere sufrir el castigo en silencio a delatar a su amante, porque la forma en que entienden el amor estas heroínas románticas, es que si no se sufre, si no duele, no es amor...
Hester ya lo habéis visto, es un gran personaje que además contrasta con los otros dos que formarán parte del también estereotipado, triángulo amoroso.
La lealtad de Hester se enfrenta a la cobardía que vemos en el joven pastor Dimmesdale, que deja que ella sufra en soledad el escarmiento público.
Recae en ella la decisión, de si delatarle o no, es un hipócrita sin valor.

Os he mencionado que Hester evoluciona, encarna un papel activo y se atreve a desafiar lo establecido, en cambio el personaje del pastor Dimmesdale involuciona...
Es un personaje que va menguando a lo largo de la obra. En cada aparición, parece que se achica ante la mirada reprobadora del lector, presa de esos sentimientos que no tiene el valor de revelar y que le atormentan.
El secreto le anula, le corroe, y aunque él no es portador de un símbolo que le señale como pecador, lo lleva en su conciencia y sus remordimientos.
La pena y su falta de coraje, pesan en su alma más que la letra escarlata, porque aunque su deshonra no es pública, va a cargar con ella no solo en lo terrenal.
Dimmesdale se ajusta al retrato prefijado del hombre en el romanticismo.
Un hombre gobernado por los sentimientos, melancólico y sensible, culto y reflexivo. Se siente aplastado por el peso de su propia alma, de su conciencia, y hasta su descripción física se ajusta a la del hombre romántico, delgado, pálido y siempre vestido de oscuro.

Y por otro lado tenemos al marido, Chillingworth, ese personaje mezquino y rencoroso que aparece en escena justo en el peor momento de Hester.
Chillingworth, el personaje con el que se casa Hester, es un anciano de buena posición. Siempre se han respetado pero no existe pasión.
Ella es enviada, por delante, para preparar el nuevo hogar en Nueva Inglaterra y ahí se pierden los pasos del marido, supuestamente desaparecido o muerto. Chillingworth reaparecerá en escena convertido en alguien siniestro y malvado...

Pero retomando el tema de los estereotipos románticos, en esta historia nos encontraremos con algunos más...
El clásico sentimiento de soledad, la necesidad de rebelarse, el simbolismo de las alegorías, todo lo mencionado como veis, son ideas recurrentes en la literatura de esa época.

Hoy os he hablado de una novela con un argumento sencillo a simple vista, pero muy intenso y que no dudo a la hora de recomendar...
Es uno de esos clásicos a los que lamentablemente el cine no ha hecho justicia.
La tensión es un elemento constante, y Hawthorne lo consiguió sin necesidad de añadir ningún tipo de artificio.


martes, 22 de mayo de 2018

Cumbres borrascosas de Emily Brontë

Sinopsis:

Cumbres borrascosas, la épica historia de Catherine y Heathcliff, situada en los sombríos y desolados páramos de Yorkshire, constituye una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza.
Con ella, Emily Brontë, que se vio obligada a ocultar su género publicando sus obras bajo seudónimo, rompió por completo con los cánones del decoro que la Inglaterra victoriana exigía en toda novela, tanto en el tema escogido como en la descripción de los personajes.
La singularidad de su estructura narrativa y la fuerza de su lenguaje la convirtieron de inmediato en una de las obras más perdurables e influyentes de la historia de la literatura.

Opinión:

Introducción.
Esta novela, la única escrita por Emily Brontë, fue publicada en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, debido a que en ese momento, el reconocimiento literario de las mujeres era nulo.
Tras su publicación, la obra tubo una acogida decepcionante, ya que la crítica opinó que las descripciones de las pasiones sin control y las muestras de violencia, resultaban demasiado explicitas y se alejaban de la clásica moralidad victoriana.
A esto había que sumarle que Catherine, se alejaba del papel que debía representar la mujer de la época; obviamente, la moralidad inglesa siempre tan políticamente correcta, evitó también hacer mención a otros tema más delicados, como la relación incestuosa a la que podrían llegar los protagonistas, ya que son hermanastros; la diferencia de clases de la que provienen y el trato racista que recibe Heathcliff de manos de algunos personajes, ya que el joven es de raza gitana.

La gran paradoja es que aunque recibió una tibia acogida, hoy en día está considerada como la obra más representativa del Romanticismo inglés, y me aventuro a decir que también es de las que marcó un antes y un después en la literatura, porque supuso el punto de partida para un nuevo tipo de mujer literaria, totalmente incontrolable y revolucionaria.

Ya sabéis que el Romanticismo, surge a caballo entre Alemania e Inglaterra en el s. XVIII y XIX. Este movimiento cultural nace en contra de las ideas de la ilustración, del racionalismo, y en él se dará mucha importancia a los temas oníricos; a la fantasía; al simbolismo y a lo sobrenatural; a la naturaleza, o más bien, a como el ser humano la siente y la interpreta, pero también hay un espacio muy amplio destinado a la muerte, a las pasiones y sentimientos desatados. Aunque hay que decir, que este concepto del Romanticismo, poco tiene que ver con los conceptos modernos del amor o el romance.

Nos enfrentamos con esta lectura, a una aventura amorosa arquetípica, (por el comportamiento de los personajes), un amor tempestuoso, que solo acarreará sufrimiento a cuantos les rodean y que a los protagonistas les perseguirá hasta después de la muerte; un modelo original que servirá como pauta en el futuro a otros escritores, pero que también comparte detalles con otras obras que la preceden en el tiempo, valiéndose de los estereotipos que aparecen en ellas, concretamente y aunque pueda parecer extraño, con Romeo y Julieta de Shakespeare, aunque la personalidad de los protagonistas resulte totalmente opuesta.
  1. Ambas se incluyen dentro del género de la tragedia.
  2. Usan el estereotipo de los amantes desventurados, una relación condenada desde el principio al fracaso.
  3.  Y por último, la muerte de la pareja supondrá la reconciliación de ambas familias.
Personajes
Estaréis conmigo, en que a lo largo de la historia de la literatura, han aparecido personajes tan absorbentes, que no solo se han limitado a cobrar vida en la obra, sino que también han impedido que el público o la crítica se olvidase de ellos, aunque haya pasado el tiempo.

Los hay de naturaleza buena y mala, eso es precisamente lo que convierte el argumento en real; pero estos de los que hoy os hablo, son bastante diferentes.
Aparecen cubiertos de un halo de misterio y sus sentimientos van a ser llevados al límite, sobresalen porque no pueden pasar desapercibidos por su gran complejidad.
No son unos protagonistas con los que empaticemos por su pasado, por sus acciones, ni tampoco hacen el menor esfuerzo por redimirse. Son arrogantes, obsesionados, soberbios y rompen con cualquier patrón preestablecido, creando una incomodidad creciente en el lector, eso es precisamente lo que les convierte en personajes que dejan huella.

Catherine asume el papel central de esta obra.
Es una mujer caprichosa, rebelde y orgullosa, cuyas decisiones marcarán el ritmo del argumento.
Anteriormente os he mencionado que el papel que desempeña en esta historia, se aleja del que la sociedad asignaba a una mujer. Emily Brontë rompe con todos los estereotipos de la época.
Crea un nuevo arquetipo, que se aleja tanto del papel sumiso y pasivo que corresponde socialmente al mal llamado "sexo débil", superando esos estrechos límites impuestos por la sociedad decimonónica, y al mismo tiempo alejándose también del estereotipo de mujer fatal que se desarrolló plenamente durante el XIX.

Heathcliff, debo reconocer que no me ha caído bien.
Es arrogante y oscuro, un alma atormentada que desafía constantemente a la autoridad, y muchas veces sin motivo, solo por el mero hecho de hacerlo.
Es el personaje que aporta a la trama la locura, la obsesión y el misterio.
Un ser abyecto y vengativo, totalmente desconcertante, que nos atrae al mismo tiempo que le aborrecemos.
Tiene un extraño resplandor, un halo misterioso que mana a su alrededor, y que no solo atrae a los lectores como las polillas a la luz, sino que también ejerce su atracción, para bien o para mal, sobre el resto de personajes de la obra.
Catherine ve en él la representación del amor pasional e imposible; el señor Earnshaw al hijo perfecto y Hindley ve a un ladrón en todos los aspectos.
Heathcliff despierta amor, odio, envidias o pasión, según con quién se cruce.

Cumbres Borrascosas, la casa de la que se obtiene el título, también va a convertirse en un personaje más, una presencia que acecha negativamente a sus habitantes.
La elección del nombre resulta acertada, ya que la niebla que cubre las escarpadas cumbres, las tormentas de agua y nieve, en resumen, la naturaleza hostil, parece que se apodera no solo de la propiedad, sino también de los que allí viven.
La autora consigue aportar misterio, ya que fuera de sus limites no parece existir nada, solo hay vacío, detalle que puede comprobarse a lo largo de la novela en varias escenas; cuando Heathcliff llega a la casa por primera vez, o cuando desaparece de escena en dos ocasiones más...

Emily Brontë consigue aislar Cumbres Borrascosas del resto del mundo, hasta tal punto, que elimina totalmente el contexto histórico, si no es gracias a que alguno de los narradores se empeña en comunicarnos el año en que vive, nos costaría ubicarnos en la época.

Otro dato curioso es que cuando atraviesas la valla de entrada de Cumbres Borrascosas, parece que allí, en la misma puerta, abandonas las normas que rigen el mundo civilizado sustituyéndolas por la violencia constante.
Por ese motivo, Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, parecen ser dos mundos totalmente opuestos. En la Granja de los Tordos, hogar de los Linton, parece habitar la cordialidad, las buenas maneras, la educación y la cultura, frente a la barbarie, la falta de hospitalidad y desconocimiento que reina en las Cumbres. De esa forma, la ambientación y sus rutinas se convierten en reflejo de las logradas personalidades de los personajes.

La estructura.
La mediana de las Brontë con esta historia, no solo rompió con las normas morales de la época, sino que también lo hizo a la hora de dar forma a la obra.
Dio vida a unos personajes con gran profundidad psicológica, y también demostró su brillantez a la hora de elaborar una estructura compleja para su obra.
Hemos visto que la personalidad del elenco protagonista tiene forma de cebolla, capa a capa van mostrando una nueva cara, un nuevo sentimiento exagerado, hasta que llegamos al centro, donde se guarda su verdadera esencia; y lo mismo sucede con el argumento, una estructura que nos lleva a encontrar una narración dentro de otra gracias a los narradores.

Narradores
Para empezar tenemos un narrador homodiegético, aquí Emily Brontë rompe con el narrador heterodiégetico de uso frecuente en la novela victoriana, es decir, ese narrador de conocimiento ilimitado que presentaba la historia marcando las distancias.
Aquí como digo, el narrador es distinto, nos cuenta la trama desde dentro, porque forma parte de ella, interviniendo en los sucesos o en parte de ellos.

Aunque he hablado de un narrador, en realidad tendremos dos, pero del mismo tipo. El primero al que conocemos es el señor Lockwood, que será quien en principio nos presente a algunos de los habitantes de Cumbres Borrascosas.
La narradora que tomará posteriormente el relevo será, Nelly Dean, un ama de llaves que conoce todos los secretos de los habitantes de la casa y que será la encargará de relatar su dramática historia al señor Lockwood.
Nelly narrará una historia de pasiones desatadas, con un ambiente asfixiante y oscuro de fondo, donde la venganza y el odio ocupan el lugar principal.

La obra se divide en dos partes. La primera con 14 capítulos y la segunda con 20 y aquí hay que mencionar otro detalle a tener en cuenta:

La ordenación de la trama.
La técnica literaria utilizada por Emily, es la que suele denominarse como In media res, es decir, la trama comienza en mitad de la historia, justo cuando el señor Lockwood llega a Cumbres Borrascosas. Para completar el vacío argumental, el narrador debe retroceder relatando los hechos anteriores, mediante una narración retrospectiva.
En esta novela, esa narración como ya os he dicho, estará en manos de la señora Dean que comenzará a relatar los hechos desde el comienzo. Una vez que los hechos antiguos alcancen el momento presente, donde comenzó la historia, asistiremos de nuevo al intercambio de narradores, que continuarán su relato de forma lineal hasta el final de la historia.

Una novela brillante por todos los detalles que nos aporta; por la complejidad de los personajes, por la trama, por la estructura y por los narradores.
Pero esta reseña, no tendría mucho sentido sin esa pequeña reflexión lectora que últimamente estoy añadiendo a algunos clásicos. Por eso de nuevo os doy las gracias por vuestra paciencia infinita a la hora de leerme.

Lo que la verdad esconde
Hace muy poco que leía un comentario que aunque al principio me hizo sonreír por la ñoñería, después me inquietó por lo que escondían esas palabras.
La frase más o menos decía: Muero de amor por Heathcliff. 
Ese sencillo comentario me hizo plantearme varias cuestiones:

¿Me habría leído yo el mismo libro que esa otra lectora?
Doy por hecho que sí, pero debido a la gran complejidad de los sentimientos, la interpretación es libre, y por lo tanto tiene distintas lecturas.
Los sentimientos y como nos afectan a cada uno de nosotros, también afectan a nuestra realidad y a la forma de interpretar un argumento. Lo que no se puede negar es que estamos ante una gran novela de ficción, una joya literaria pese a la actitud de los protagonistas y a ese arquetípico amor, que dista mucho del que tenemos hoy en día.
Pero inevitablemente eso me lleva a otra pregunta, la más importante;

¿En serio se puede morir de amor, en nuestros días, por alguien con una personalidad similar a la de este individuo?
Porque Heathcliff, dista mucho de ser un héroe o un ídolo.
Se vale de los malos tratos constantemente, tantos físicos como psicológicos, para conseguir lo que quiere.
Da igual que sea una mujer, una niña, su hijo, un criado o un animal de su granja... Todo es de su propiedad y por lo tanto, tiene derecho a hacer lo que quiera con ello.
La verdad es que esos hechos aborrecibles, si estuviésemos en el s. XIX no nos sorprenderían, o no deberían sorprendernos, eran una forma de actuar en la época y en etapas anteriores, pero lo que realmente sorprende, es leer ese tipo de comentario hoy en día.

Por eso, sintiéndolo mucho, solo puedo decir que Heathcliff es un gran personaje, pero para una novela de ficción, no para dejarle suelto más allá de las cubiertas de un libro, para anhelarle como ser humano y menos aún como amante.
Es un galán, atractivo pero sin sentimientos. Se aleja de mi ideal de héroe, y sobraría decir que solo me ha arrancado una ligera sonrisa durante sus últimos días.
¡Pero no! no me voy a guardar el comentario, porque eso que puede parecer cruel a simple vista, no lo es; tan solo es una pequeña venganza, en respuesta al sufrimiento que el ha hecho padecer al resto de personajes durante 256 páginas.
Es un personaje que evoluciona, que pasa por distintas etapas, pero sus errores no le han ayudado a mejorar.
Ha sido un niño salvaje, un desagradecido, un adulto huraño y maleducado, pero sobre todo... vengativo.

Aún así, puedo asegurar que me resultará difícil borrarle de mi memoria, aunque en el fondo me duela reconocerlo.
Es un malo, malote, de esos que dejan huella; tanto o más que el inspector Javert, ya sabéis... el de los miserables... pero a ese ya le dedicaré sus propias lineas cuando le toque el turno.

Por otro lado, Heathcliff, debe dar gracias a la época en que Emily Brontë le hizo vivir, porque de haberlo hecho en nuestros días, su comportamiento más que tóxico le habría tachado de psicópata.
No es por faltar... es simplemente porque su actitud así lo muestra.
Por la falta de empatía; por su poder de manipulación; por ser un narcisista que se ve mejor que el resto; con un encanto superficial. sí, pero insustancial y temporal, como un canto de sirena; por el acoso al que somete a sus víctimas, por la falta de remordimientos y por esa necesidad obsesiva de tener siempre el control...

En fin, que habrá quien achaque ese comportamiento a su infancia difícil y dirán que eso le convirtió en un adulto peligroso, pero eso no es justificación.
Por otro lado la relación con Catherine, aunque esté mal decirlo a estas alturas, se convirtió en una relación enferma por los celos, por la dependencia y el sometimiento. Pero eso ya lo habréis descubierto...

Lo siento por todos aquellos lectores decimonónicos que no supieron ver la grandeza de la obra ni la gran profundidad psicológica de los personajes.
Eran otros tiempos, otra forma de vivir y también otra forma de entender el amor, y por eso intentaron condenar este libro.
Por suerte, y es algo que no me canso de decir, en la actualidad hemos aprendido algo, poco, pero lo justo para saber que hay que leer sin juzgar, y ese amor tan impulsivo e irracional, ese que se escapa de toda lógica, que se encuentra en un abismo entre realidad y loca pasión, y que solo tiene sentido entre las páginas de un libro, hoy en día sigue desafiando al más banal de los juicios.


martes, 13 de febrero de 2018

Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley

Sinopsis:

Sinopsis de Frankenstein. Edición anotada para científicos, creadores y curiosos en general:
El Frankenstein como nunca lo habías leído: la ciencia que nos enseña una de las obras más estimulantes para el pensamiento.
El Frankenstein de Mary Shelley ha pervivido en la imaginación popular durante doscientos años. Iniciado como un relato de fantasmas por una autora intelectualmente y socialmente precoz de dieciocho años, la dramática historia de Victor Frankenstein y su extraña criatura puede leerse como la parábola definitiva de la arrogancia científica. Esta edición de Frankenstein acompaña la versión original de 1818 del manuscrito –meticulosamente revisada y corregida línea por línea por Charles E. Robinson, una de las autoridades más destacadas del mundo en el texto– con anotaciones y breves ensayos de estudiosos de primera fila que exploran los aspectos científicos, sociales y éticos de este maravilloso relato.

Opinión:

La obra:
Frankenstein o el moderno Prometeo, es la ópera prima de Mary Shelley, una obra que escribió con tan solo 18 años y que sería fuente de inspiración para otro millar de historias, entre teatro, cine y literatura. Esta novela no solo sería pionera del género gótico sino que también actuaría como espejo para plasmar los grandes dilemas que perseguían a los hombres y mujeres de la época.

La historia de Frankenstein surge como una especie de desafío literario, donde el reto es escribir un cuento de fantasmas.
En ese juego participan Lord Byron; Percy Bysshe Shelly, marido de Mary; John William Polidori y Clara, hermana de Mary.
Tal y como nos cuenta la autora en el prefacio, de esos días solo surgieron dos relatos, el de Frankenstein que posteriormente se ampliaría, ideando el argumento tal y como hoy lo conocemos, y El Vampiro narración de William Polidori, que también sentaría las bases de grandes novelas del género, como Carmilla o Drácula.

Frankenstein, se publicaría dos años después, en 1818, pero como curiosidad os contaré, que en la primera edición no constaba ningún autor, tan solo el apellido Shelley aparecía en el lomo.
Algunos críticos y lectores se arriesgaron a aventurar que era obra de Percy, no entraba en la cabeza de la época, que tan excelsa obra pudiese ser fruto de la mente de una mujer. Cuando conocieron que estaba escrita por una, comenzaron a llover las críticas, alegando que los defectos de forma que se encontraban en el texto, se debían únicamente al sexo de la autora.

La importancia del género epistolar:
Esta novela que podríamos encuadrar dentro del género gótico o romántico, es una obra que me ha llamado la atención por la cantidad de fragmentos de cartas que vamos a encontrar en ella.
El género epistolar fue el género literario más importante del s. XVIII, muchísimos autores ilustrados se hicieron eco de él, ya que servía para transmitir o difundir conocimientos sobre gentes, costumbres, acontecimientos etc...
Mary Shelley da un uso excelente a ese género en su obra, no os vayáis a pensar que solo lo emplea por estética; como veréis más abajo, la importancia es que el uso de este género diferenciará a los personajes...

Shelley, inicia la narración con cuatro cartas dirigidas a la Señora Saville. El autor de esas cartas es Walton, su hermano, un marino que se encuentra surcando los mares alrededor del Polo Norte, en busca de fama y aventura.
Mary nos presenta haciendo uso de las cartas, al que será el narrador principal, Robert Walton, el encargado de transcribir la historia según la cuente Víctor Frankenstein.
De esa forma se justifica la presencia de este personaje en la historia, y de paso sirve para crear un marco incomparable, describiendo minuciosamente el ambiente que reinaba en la época.

El marco literario:
Sabemos por esas cartas que nos encontramos en 17**.
Ese dato, aunque inconcreto, nos da algunas pistas importantes a los lectores.
Sabemos que estamos en pleno siglo XVIII, un gran siglo cargado de descubrimientos.
Unos lo denominarán El siglo de las luces, de la Ilustración, y con él nacerá la historia del arte como ciencia; se crearán los primeros museos de la edad moderna; se sentarán las bases para recuperar el legado histórico, la restauración, la conservación y con ello llegarán los grandes descubrimientos arqueológicos de Herculano y Pompeya.
Resumiendo, la Era de los descubrimientos toca a su fin, el globo se ha circunnavegado de punta a punta y solo quedan por explorar, Los Polos.
Por lo tanto, se abre ante los protagonistas un nuevo mundo, llega la transformación social, económica y tecnológica de mano de la revolución industrial y sobre todo, un nuevo mundo por descubrir a manos de la Ciencia.

A través del género epistolar, vamos a situarnos en ese momento crucial que marcará a los personajes de comienzo a fin.
En ese instante, aparece un nuevo personaje... un desconocido, culto y enigmático, que comenzará una narración en primera persona.
Ese personaje es Víctor Frankenstein y en su relato no solo incluirá diálogos, sino que nos hará retroceder al pasado y de nuevo veremos aparecer el género epistolar. 
Mary utilizará las cartas que Víctor recibe de su familia para facilitarnos datos personales de los personajes, para crear un perfil psicológico de cada uno de ellos y para remarcar los lazos sociales que les unen.
Ya os había dicho que el género epistolar es utilizado por Mary no solo por aportar estética a su novela, sino porque esas cartas serán las que marcarán la diferencia entre los personajes...
La epístola significa comunicación, estrecha lazos, crea una relación aunque a distancia entre emisor y receptor, o la mantiene... y eso precisamente es algo que no tiene nuestro siguiente personaje, la Criatura. La soledad va a ser algo omnipresente en todos los personajes, pero en ella se vuelve totalmente real. No existe ningún tipo de diálogo con el exterior... Está sola, obligada al aislamiento...

Por lo tanto, el relato de Víctor será sustituido por el de la criatura, en una especie de monólogo.
El lector, si es objetivo, reconocerá la verdadera naturaleza de cada uno de los personajes a través de su narración y de lo que en ella se cuenta.
Víctor se convierte a la vez en Dios y Juez, al tiempo que convierte a su criatura por su aspecto en un ser asocial, casi condenado a convertirse en un monstruo desde el comienzo...
Nada más recibir la vida, la criatura es abandonada.
Frankenstein huye presa del horror, repugnado por el físico del ser que acaba de crear. Víctor no piensa en las consecuencias éticas de su experimento, le falta valor para asumirlas, ese es el verdadero impulsor de la trama. 
La criatura se ve abandonada desde el comienzo de su vida, aislado, sin identidad, cargando con un aspecto físico que le marca y una soledad que le persigue y para la cual no existe remedio.

La estructura:
La novela se divide en tres libros, tal y como fue publicada en 1818 y su estructura es la típica de Introducción, nudo y desenlace.
El libro I corresponde a la Introducción. Conocemos a los personajes y parte o principio de la acción.
El libro II, se corresponde con el nudo. La trama se vuelve más compleja y avanza hasta casi el final. Y por último, en el libro III llega el desenlace, el final donde queda resuelto el conflicto.

Ideas Recurrentes:
La forma de narrar, de guiarnos por la trama tanto a los personajes como a los lectores es brillante. Mary hace uso de una prosa cuidada y fluida. Todo ello, sumado al uso del género epistolar, tan imprescindible en esta obra, agiliza la narración, aunque también hay que decir que hay numerosas ideas que aparecen de forma reiterada que pueden llegar a saturarnos un poco.
Esas ideas os las detallo a continuación:


"¿Cómo puedo conseguir que os apiadéis de mí? ¿No habrá súplicas que consigan que volváis vuestra benevolente mirada hacia la criatura que implora vuestra bondad y compasión...? Creedme, Frankenstein: yo era bueno... mi alma rebosaba de amor y humanidad; Pero... ¿no estoy solo... miserablemente solo? Y vos, mi creador, me aborrecéis. ¿Qué esperanza puedo albergar respecto a vuestros semejantes, que no me deben nada? Me desprecian y me odian.".


La idea principal que vamos a encontrar a lo largo de toda la historia, es la crítica hacia el papel de Víctor, que cree que puede ocupar el lugar de Dios creando o insuflando vida a la materia muerta.
Víctor no ve más allá de la criatura, de su ciencia, de sus obsesiones, y no aventura las consecuencias que puede tener jugar a ser Dios.
Mary le llama simplemente Víctor, en ningún momento le denomina Doctor, tan solo retrata a un hombre, alguien que ha utilizado la ciencia de forma poco acertada, y es que la ciencia puede ser tan destructiva como constructiva, depende de las manos que la utilicen.
El monstruo es fruto de la ambición y del egoísmo de Víctor, un estudio motivado por la búsqueda de fama y gloria. Quiere crear una especie de inmortalidad aunque también hay que reconocer que otros sentimientos más nobles están presentes y compiten con esa ambición. Intenta prolongar la vida humana o salvar de la muerte a la humanidad.
Quizás en este punto la literatura se mezcla con los anhelos de la autora, que vio como su vida la marcaba la muerte de sus seres queridos.

La sociedad. La maldad de sus individuos que es capaz de corromper hasta al ser más bondadoso.
Como dijo Rousseau, el hombre es naturalmente bueno y honrado, pero la sociedad lo vuelve malo.
Vemos la inhumanidad de la sociedad que se vuelca contra la criatura, dejándose llevar por su aspecto físico. 

La amistad es un concepto al que se da mucho valor a lo largo de la obra, independientemente del personaje que tenga el protagonismo. Esa amistad va unida directamente a otro concepto, el de la Soledad, algo que perseguirá a cada uno de los narradores, pero que únicamente es cierta en la criatura. Ella es la única que está verdaderamente sola sin haber buscado esa soledad.
La soledad de Víctor está marcada por su obsesión, es una consecuencia de sus actos.

La inmortalidad y la muerte, otros dos conceptos que aparecen y desaparecen como si jugasen al juego del gato y del ratón...
Pero... ¿qué opinaba Mary Shelley realmente?
Víctor desde el comienzo denomina a su obra como un demonio, como un engendro o un monstruo. Esa descripción debería impactar en el lector, ya que crea una predisposición en su contra, pero cuando conocemos a la criatura que surge de la pluma de Shelley comprobamos que a pesar de su aspecto, tiene corazón.
Está obligado a vivir una vida solitaria y angustiada, marginado sin nadie a quien recurrir en busca de respuestas o consuelo, ni tan siquiera puede apelar a su creador.
El solo quiere que se le reconozca humano y con su narración el lector empatiza con él, más que con Víctor.
Shelly nos muestra a una criatura fuerte de aspecto, pero con corazón, precisamente lo que buscaban los románticos de la época.
Carece de nombre y por lo tanto, aunque Víctor se empeña en llamarlo monstruo, ella hace hincapié en el término de criatura.
Una criatura es algo creado por alguien y que por lo tanto le pertenece, de esa forma Mary acusa a Víctor, él es el culpable y el responsable, y parece que se disculpan en parte los actos de la criatura.
El final por lo tanto ya lo conocéis, son habas contadas, ninguno de los personajes apelará a la justicia divina que puede ejercer Mary Shelley como creadora. Todos tienen su fin escrito desde el comienzo y la redención llegará tras la muerte.

"— Esperaba este recibimiento —dijo el demonio—. Todo el mundo odia a los desgraciados... ¡Así que cuánto me odiarán a mí, que soy el más desdichado de todos los seres vivos! Pero vos, mi creador, me odiáis y me rechazáis, a vuestra criatura, a quien estáis ligado por lazos que solo se romperán con la muerte de uno de los dos".



miércoles, 21 de junio de 2017

Madame Bovary de Gustave Flaubert

Sinopsis:

La soñadora Emma, una joven de provincias casada con Charles Bovary, quien la ama pero es incapaz de comprenderla y satisfacerla, buscará la realización de sus sueños en otros amores, pasionales y platónicos..., pero ninguno de ellos logrará calmar su desesperada ansiedad y sus románticas inquietudes.
La publicación de Madame Bovary (1856) provocó el escándalo de la burguesía francesa, esclava de mil prejuicios, y el proceso judicial que siguió contribuyó a un éxito editorial sin precedentes. Flaubert veía así cómo su obra servía más para satisfacer el morbo que para deleitarse en el caudal narrativo que contenía.
Hoy Madame Bovary es considerada el auténtico pórtico de la modernidad literaria. El omnipresente narrador teje con un rigor documental una sólida trama en la que la técnica de la narración, la descripción, el análisis de caracteres y el diálogo son trabajados minuciosamente y en una interrelación perfecta.

Opinión:

Esta obra que unos clasifican como Romanticismo tardío y otros como Realista, porque encontraremos en ella características de ambos estilos, está considerada como una de las obras cumbre de la Literatura, no solo francesa.
Fue  publicada por entregas a lo largo de 1856, y definitivamente como libro en 1857.
Madame Bovary es una novela excepcional que relata no solo el adulterio de una mujer de provincias frustrada, sino también, mediante una crítica, el cinismo y la frivolidad de la sociedad de finales del S. XIX.

Charles Bovary es un hombre anodino y conformista.
Desde los primeros compases de esta obra, vemos su escasa personalidad.
Decide estudiar medicina, más marcado por la voluntad de su padre que por interés propio, y más tarde, guiado por elección de su madre, se casa con la que será la primera Señora Bovary; una viuda de fuerte carácter.
Charles, una noche, es avisado de urgencia para atender una fractura. De esa forma conoce al Señor Rouault, padre de Emma.
Emma como ya sabréis, es una joven soñadora que ha pasado la primera etapa de su vida estudiando en un convento, rodeada de fantasías y amores platónicos que extrae de las novelas románticas que lee.
Lógicamente cuando Charles la conoce queda prendado inmediatamente de ella y las visitas empiezan a sucederse con la excusa de visitar al paciente.
Aquí surge el primer problema, la odiosa y actual Señora Bovary, a la que por suerte, Flaubert haciendo gala de su derecho de padre creador, no tardará en quitarse de en medio, eliminando de un plumazo el conflicto.
Así que... visita a visita, parece que el amor va fraguando entre estos dos personajes y por fin, llega el tan ansiado matrimonio.

Pero no es oro todo lo que reluce...
Emma es una romántica, aunque más bien habría que decir ilusa y demasiado influenciada por las novelas románticas, entre las que ve pasar el tiempo.
Piensa en el amor como ese sentimiento que dilata el corazón y exalta los sentidos, muy lejano a lo que ella siente por Charles. A medida que se va haciendo más estrecha su convivencia, en Emma, se va produciendo un desapego interior que la separa cada día más de él.

"La conversación de Charles era plana como la acera de una calle, y por ella desfilaban las ideas de todo el mundo con su ropaje más vulgar, sin suscitar emoción, risa o ensueño".

¡Vamos! como diríamos actualmente, que el pobre Charles, era más simple que el asa de un cubo.

Emma, una joven que ha recibido una educación clásica, en una sociedad donde la mujer está siempre subyugada al género masculino, se pregunta sin cuestionar dicha educación, cómo puede ser que un hombre no lo sepa todo y no sobresalga en múltiples actividades... Y es que Charles, no sabe nada ni tampoco lo enseña, no desea nada y en cambio, se conforma con todo.
Así que la joven, echando de nuevo mano a la soberbia pluma de Flaubert:

"se convierte en un desván cuyo tragaluz da al norte y donde el hastío, araña silenciosa, tejía su tela en la sombra por todos los rincones de su corazón...".

Flaubert utilizando a un narrador en tercera persona, nos presenta a los personajes en los primeros siete capítulos.
Hace un retrato colorista, sin escatimar en detalles, de sus personalidades, de sus deseos, de sus conflictos, al tiempo que decora la narración con completas descripciones de los escenarios.
Flaubert considerado como padre del realismo francés, es un maestro a la hora de pintar ambientes, que retrata de forma detallista lo más mezquino de la sociedad.
La prosa de este autor es una maravilla y las metáforas empleadas hacen enmudecer al lector. Algunos fragmentos son pura poesía.

Es cierto que la trama, personajes y críticas, hacen que esta historia sea muy parecida a otras escritas con posterioridad. Quizás, o casi con seguridad, que la obra de Flaubert influyó en autores de renombre como Tolstoi a la hora de crear a su Anna Karenina en 1877, o en Clarín con su famosa Regenta, escrita en 1885.
Aún así, todas ellas, consideradas como grandes joyas literarias, deberían leerse como críticas a una sociedad burguesa con estrictas normas morales, mostrando la hipocresía de esa misma sociedad, de finales del siglo decimonónico, que empuja al final a estas mujeres, culpables o no, a un final trágico; y no como copias u obras influenciadas por uno u otro autor.

Otra crítica irónica que encontramos desde el comienzo, es a la opinión que la sociedad puritana de la época, tenía sobre las novelas románticas. Esos libros perniciosos que iban contra la religión, que trastornaban con engaños las mentes permeables de las jóvenes decentes, seduciéndolas con una vida ociosa.
Hay que recordar que la sociedad del S. XIX, había creado un arquetipo de mujer que se apoyaba en los manuales de conducta y en la literatura religiosa. El papel de la mujer era el de ser "el ángel del hogar", dulce y sacrificada, sin opiniones propias ni deseos, y apartada de la vida pública. La cultura que se le daba era artificial, un simple adorno: pintura, música, clases de francés, con las que entretener a las jóvenes.

Emma, se revela contra esa vida provincial que le ha tocado vivir y que le impide disfrutar de las mismas historias, intensas y pasionales, que viven las protagonistas de sus novelas.
Emma es un extraordinario personaje, te arrastra con ella y provoca reacciones adversas en el lector. La odias y la compadeces a partes iguales. Reconoces que es caprichosa, egoísta, infantil, insoportable y manipuladora, y aun así, comprendes su situación.
Charles, es el otro personaje soberbio de esta historia. Permanece perpetuo a su lado, es el eterno incomprendido, incapaz de darle las emociones que ella busca, pero que en cambio, sin pedírselo, le da todo el amor del mundo, el amor más puro.

Es una novela tan completa como compleja, cargada de metáforas como ya indiqué y de simbología.
Muchos han dicho que es una crítica al personaje, a su infidelidad, pero no creo que sea así. Como os he mencionado es una crítica a una sociedad, a las falsas ilusiones, al exceso de romanticismo que inundaba la época, que hacía crear falsas expectativas.

Emma, esa mujer manipuladora, termina convirtiéndose en la primera manipulada; cree que lo que lee es real, o puede llegar a serlo, tal y como le pasó a nuestro personaje de la literatura más insigne, Don Alonso Quijano.
Nuestra protagonista se convierte así, en un Quijote femenino, vapuleada por sus propios molinos, y acompañada, eso sí hasta el final, por su Sancho Panza particular, ese personaje fiel, al que ella no da ninguna importancia.
Flaubert en los compases finales la convierte en víctima y verdugo, ya que arrastrará en su caída a muchos, aunque no a los que debiera.

Una historia espectacular, digna de adornar las mejores bibliotecas y con unos personajes secundarios que no solo acompañan, sino que están a la altura. He obviado hablar de ellos, para ver si de esa forma os ánimo a conocerlos...