martes, 26 de febrero de 2019

Los crímenes de Alicia de Guillermo Martínez

Los crímenes de Alicia (Crímenes de Oxford 02)
Sinopsis:

Oxford, 1994. La Hermandad Lewis Carroll decide publicar los diarios privados del autor de Alicia en el país de las maravillas. Kristen Hill, una joven becaria, viaja para reunir los cuadernos originales y descubre la clave de una página que fue misteriosamente arrancada. Pero Kristen no logra llegar con su descubrimiento a la reunión de la Hermandad. Una serie de crímenes se desencadena con el propósito aparente de impedir, una y otra vez, que el secreto de esa página salga a la luz.
¿Quién quiere matar al mensajero? ¿Cuál es el verdadero patrón que se esconde tras esta sucesión de crímenes? ¿Quién y por qué está utilizando el libro de Alicia para matar?
Para desentrañar lo que ocurre, el célebre profesor de Lógica Arthur Seldom, también miembro de la Hermandad Lewis Carroll, y un joven estudiante de Matemáticas unen fuerzas para llegar al fondo de la intriga, y serán peligrosamente arrastrados por unos crímenes impredecibles, en una investigación que combina la intriga con lo libresco.
Con una prosa tersa y precisa, Guillermo Martínez, autor de Los crímenes de Oxford, ha escrito una novela fascinante que en la tradición de Borges y Umberto Eco lleva el relato policial al terreno literario.

Opinión:  Los crímenes de Alicia (Crímenes de Oxford 02)

Para esta segunda aventura con la que ha obtenido el premio Nadal 2019, Guillermo Martínez vuelve a tirar del escenario ya conocido, la pequeña ciudad universitaria de Oxford y de algunos personajes.
Sucede, más o menos, un año después de los sucesos que se contaban en Los crímenes de Oxford.

Esta novela comienza con una frase que viene a resumir la obra anterior "El crimen perfecto no es el que queda sin resolver, sino el que se resuelve con un culpable equivocado", y sobre esa premisa que resulta magnética para los amantes de la novela policíaca o negra se construirá el argumento.

Si en la anterior reseña os mencionaba que el perfil de los personajes estaba poco elaborado, que no nos dejaba entrever lo que había detrás de ellos, aquí vamos viendo como esa imagen que teníamos  se va perfilando con datos del pasado.

La trama también hay que señalar que resulta más elaborada y lo cierto es que el final nos dejará con la boca abierta.
El autor ha optado para esta ocasión, partir de un hecho real para elaborar el argumento, el resto es ficción, pero a los lectores nos costará averiguar cuando de cierto hay escondido detrás de cada escena.

La estructura vuelve a ser la misma que ya habéis visto en "Los crímenes de Oxford" de Introducción, nudo y desenlace; lo que ocurre, que no lo mencioné en la anterior reseña, es que en ambas historias la introducción destaca por su brevedad. 
Este autor prefiere dejarse de preámbulos largos y nos mete casi de golpe en la historia, desde los primeros capítulos. Ese detalle me gusta, porque evita el estar dando vueltas sin sentido.

Otro detalle a tener en cuenta y que es de lo más característico de las novelas del género, es hacer recaer la sospecha sobre todos los personajes, tal y como lo hacía la gran Agatha Christie, pues bien, aquí sucede igual pero con un ligero matiz.
La sombra de la sospecha recae sobre todos los personajes porque no conseguimos ver a ninguno de ellos como posible culpable, nadie es lo suficientemente convincente para que nos parezca el criminal.
Ahí precisamente, en ese detalle, reside la maestría de este autor que logra despistarnos.
Parece que nos guía por una historia donde hay dos investigaciones, y lo cierto es que están tan estrechamente relacionadas, que son solamente una.

Una de esas investigaciones girará alrededor de la vida de Lewis Carroll, del origen de su obra Alicia en el País de las Maravillas y de su obsesión enfermiza por la fotografía y por retratar a niñas pequeñas; en la otra habrá que descubrir quién está detrás de los ataques que parecen estar sufriendo los miembros de la Hermandad Lewis Carroll.
Creo que es una historia recomendable que recuerda a las mejores novelas de investigación de comienzos del s. XX.

Los personajes vuelven a enfrentarse a un asesino en serie complejo, que intenta impedir que cierta información sobre Carroll se haga pública.
El profesor Seldom y G, deberán valerse de su astucia para resolver esta nueva serie de asesinatos que parece romper con la monotonía de esa pequeña ciudad y que les plantea un nuevo reto, porque esta vez los asesinatos no siguen ninguna lógica. y Seldom, miembro de la hermandad, puede terminar siendo una de las víctimas.
Una historia recomendable que os hará contemplar el libro de la infancia Alicia en el País de las Maravillas con otros ojos.


Los crímenes de Oxford de Guillermo Martínez

Los crímenes de Oxford (Crímenes de Oxford 01)
Sinopsis:

Un estudiante de matemáticas realiza un viaje a Oxford con fines académicos. Además de conocer a algunos de sus maestros en esta ciencia, las emociones se alborotan cuando se produce un asesinato en la casa donde se aloja.
Se desata así un misterio para el que las matemáticas son, más que una disciplina teórica, la clave para su investigación y desarrollo.
La serie de Oxford es un artefacto literario que combina una altísima calidad literaria con una trama capaz de atrapar a miles de lectores.

Opinión:  Los crímenes de Oxford (Crímenes de Oxford 01)

Supongo que últimamente estaréis oyendo hablar mucho de Guillermo Martínez, ganador del premio Nadal 2019 por su novela Los crímenes de Alicia, pero estoy segura de que si rebuscáis en la memoria, también os sonará otro título suyo y que da el pistoletazo de salida a lo que ha pasado de ser un libro independiente a una saga.
Esa primera obra que fue publicada en 2003 llevó por título Crímenes imperceptibles, y también obtuvo un premio, el Planeta Argentina 2003.
En 2008, el cineasta Álex de la Iglesia hizo la adaptación cinematográfica con el título de Los crímenes de Oxford, y a partir de ese momento las posteriores ediciones adoptaron ese título.

Guillermo Martínez, como ya he mencionado al comienzo, no pensó en un principio hacer una serie de novelas ambientadas en esa ciudad universitaria, Oxford, es más... dejó el final cerrado de esta historia, con el objetivo de no hacer una segunda entrega, pero ya se sabe que hay veces que los personajes se rebelan y terminan reapareciendo, de ahí, que no solo vaya a haber una segunda parte, sino que según alguna entrevista que he leído recientemente por ahí, está en proceso la tercera.
Debo deciros también que en este ciclo de novelas de Oxford, los libros son de lectura independiente.

Los crímenes de Oxford y Los crímenes de Alicia, tienen varios elementos en común, siendo el principal que comparten algunos de los personajes: El profesor de Lógica Arthur Seldom, el inspector Petersen y el joven estudiante argentino del cual no conoceremos su nombre, por mucho que en algunos blogs y webs, insistan en llamarle Martin.
Creo que aquí llega el momento de hacer la aclaración.
En la película de Álex de la Iglesia, el personaje sí adoptaba ese nombre, en cambio, tanto en esta obra de la que os hablo como en la siguiente, Los crímenes de Alicia, se indica que el nombre contiene una doble ele y que resulta impronunciable para los británicos.

"Escuché que pronunciaba mi nombre, con un esfuerzo conmovedor, tropezando en la doble ele".

A esto añado que en Los crímenes de Alicia, aparece en varias ocasiones la referencia a la letra inicial del nombre: G, lo que me lleva a pensar que podría ser Guillermo, y más si le vemos como un Alter ego del autor, con el que comparte no solo ser argentino y matemático, sino también haber completado sus estudios en Oxford.
Pero bueno... dejando de lado las conjeturas, lo que sí se me escapa es si en alguna edición, en alguna adaptación literaria posterior a la película, el joven adopta ese nombre.

Pues bien, dicho esto, G, será nuestro narrador protagonista a lo largo de la historia, y por lo tanto eso condicionará el relato, ya que solo puede contar los hechos de los cuales es testigo o lo que le van contando.
La omisión de su nombre crea un pequeño halo de misterio a su alrededor, ¿por qué nos lo oculta Guillermo Martínez?, pues quizás para recalcar con ello que el estudiante, tan solo es un elemento narrativo, el transmisor de la historia, evitando así que pueda restar protagonismo a otros personajes o a los hechos.
Os mencioné más atrás que la saga iba a tener más elementos en común, pues bien, esos detalles se aprecian a simple vista con solo mirar los títulos; toda la saga se construirá alrededor de crímenes en serie.

Esta novela tiene rasgos de novela policíaca y al mismo tiempo de novela negra, porque lo cierto es que hay veces que es difícil delimitar dos géneros que con frecuencia se dan la mano.

Los personajes masculinos toman el mando en esta historia y los femeninos aparecen simplemente como atrezzo, espero que esto no se tome como una crítica, tan solo es una apreciación.
También debo decir en este apartado, que todos sin excepción, están poco definidos.
Conocemos muy pocos datos sobre su vida pasada, y eso puede darnos la idea de que están construidos de forma superficial; yo soy de la opinión de que todo personaje tiene que tener un pasado y los escritores deben presentárnoslo, aunque tan solo sea de forma escueta, para que no parezca que han surgido así... sin más, como por ciencia infusa.
Visto esto desde otro punto, lo de no perfilar en profundidad, también puede tener otra lectura, y es la de no desviar nuestra atención de los sucesos, de la forma de ejecutar los crímenes.

Otro detalle que no puedo olvidar mencionar es el uso de algunos giros o expresiones que emplea el autor, y que pueden chocarnos a los españoles, por no estar acostumbrados a oírlos, algo que creo que nos saca de la rutina y que enriquece culturalmente el texto.

Para ir terminando os diré que el final elegido no es el que más me hubiese gustado leer.
Me parece cogido un poco por los pelos, porque creo que se apoya en demasiadas casualidades...
Pero incluso con los peros que os he citado, considero que es una novela bastante interesante.



viernes, 22 de febrero de 2019

La caja de botones de Gwendy de Stephen King y Richard Chizmar

Sinopsis:

Existen tres vías para llegar a Castle View desde la ciudad de Castle Rock: por la carretera 117, por Pleasant Road y por las Escaleras de los Suicidios.
Cada día del verano de 1974, Gwendy Peterson, de doce años de edad, toma el camino de las escaleras, que ascienden en zigzag por la ladera rocosa.
Pero un día, al llegar a lo alto, mientras recupera el aliento con la cara roja y las manos apoyadas sobre las rodillas, un desconocido la llama.
Allí, en un banco a la sombra, se sienta un hombre con una chaqueta negra y un pequeño sombrero.
Llegará un día en el que Gwendy sufra pesadillas con ese sombrero...

Opinión:

Hace tan solo unas semanas vi comentado este relato breve en el blog de Sifuésemoslibros, y lo que contaba sobre él me gustó.
Debo decir, que esa página se ha convertido en uno de mis blogs de cabecera, visitándolo con asiduidad; las reseñas suelen ser breves, pero consiguen extraer la esencia principal de los libros. Sus recomendaciones, muchas para mí desconocidas, se convierten en aciertos, y por lo tanto, no tardé en hacerme con esta y colocar su lectura entre las prioritarias. Os recomiendo visitar su blog.

Esta historia surge de la cooperación de Stephen King y de Richard Chizmar. Según dicen, King tenía una historia sin acabar y sin ideas de cómo hacerlo. Hablando con Chizmar, éste ideó un desenlace muy al gusto del gran mago del terror y ¡voilà!, de ahí nació "La caja de botones de Gwendy".

Desde el comienzo la historia atrapa, eso no es una novedad.
Se lee sin hacer un alto; queremos saber lo que le deparará el futuro a Gwendy, y una vez más el gran maestro se hace con nosotros, nos engaña, nos tienta con una historia con tintes amenazantes y nos llena la cabeza de preguntas. Nos hace cuestionarnos cuánto de lo que le sucede a Gwendy es resultado del libre albedrío y cuánto de ello, fruto de la misteriosa caja de botones.

Pero bueno, como esta es una historia breve, tampoco voy a entrar en muchos detalles y me voy a centrar solo en lo que más me ha llamado la atención.
Esta historia que solo tiene 186 páginas, incluye algunas ilustraciones en el interior de Keith Minnion.
Lo más curioso fue descubrir que King, para este relato, prescindía totalmente de sus habituales introducciones, supongo que debido a la corta extensión de la obra. En esas introducciones suele presentarnos la ciudad, a los personajes principales y después nos enfrenta directamente con el problema.

Aquí, como digo lo suprime, y nos encontramos ya en la primera página, subiendo junto a Gwendy las escaleras de los suicidios, unas escaleras que supondrán un cambio brusco en su vida.
En tan solo tres o cuatro páginas, hemos visto algo que no es habitual en la pluma de King, pero en cambio hay otros detalles que sí son muy comunes en su obra y que seguro que no os costará reconocer.
Uno de ellos es dar el protagonismo absoluto a un niño, y el otro, darnos de frente con un personaje arquetípico de King, uno que aparece con demasiada frecuencia en sus obras, sobre el que recae la acción de tentar, como el Mefistófeles de Goethe..

La historia es dinámica, avanza a buen ritmo y tiene la esencia de King, esa tan característica y que impregnaba sus primeras obras. Tiene sus buenas dosis de intriga que mantiene hasta el final, pero por ponerle algún inconveniente, le falta el toque de terror.
El final elegido, para mi gusto, delata demasiado que no ha surgido de la mano de King, con esto no digo que no sea acertado ni que no me haya gustado, porque no es así. Ese final, da un toque especial, distinto a lo que King nos tiene acostumbrados.

Muchos de vosotros, me habéis comentado en más de una ocasión, que no os gusta el género de terror, pero que en cambio sí os gustaría leer algo de Stephen King; para vosotros, esta historia es la ideal. Tiene su esencia, su toque especial, y carece de ese golpe de terror que nos apasiona a los amantes de este autor en su vertiente más oscura.


martes, 19 de febrero de 2019

Los restos del día de Kazuo Ishiguro

Sinopsis:

Inglaterra, julio de 1956. Stevens, el narrador, durante treinta años ha sido mayordomo de Darlington Hall. Lord Darlington murió hace tres años, y la propiedad pertenece ahora a un norteamericano. El mayordomo, por primera vez en su vida, hará un viaje. Su nuevo patrón regresará por unas semanas a su país, y le ha ofrecido al mayordomo su coche que fuera de Lord Darlington para que disfrute de unas vacaciones.
Y Stevens, en el antiguo, lento y señorial auto de sus patrones, cruzará durante días Inglaterra rumbo a Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall. Y jornada a jornada, Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás. Porque Stevens averigua que Lord Darlington fue un miembro de la clase dirigente inglesa que se dejó seducir por el fascismo y conspiró activamente para conseguir una alianza entre Inglaterra y Alemania. Y descubre, y también el lector, que hay algo peor incluso que haber servido a un hombre indigno...

Opinión:

Los restos del día o Lo que queda del día, la novela de la cual hoy os hablo, es una obra escrita en 1989 al más puro estilo british, con una mezcla de elegancia y sobriedad a partes iguales que logra sorprender al lector, sobre todo, cuando caemos en la cuenta de que el autor es japonés.
Es cierto que Kazuo Ishiguro, premio Nobel de literatura 2017, se trasladó con su familia a Londres con tan solo seis años, y ha tenido tiempo más que suficiente para amoldarse al estilo de allí, por no hablar de las costumbres tan distintas a las de su país de origen.
Lo raro, como digo, lo que logra sorprender, es la capacidad de acercarnos a la Inglaterra de mitad del siglo pasado, en el periodo posterior a la II Guerra Mundial, pero a esa sociedad oculta a la que solo se tenía acceso por la puerta de atrás de las mansiones y que nos muestra el comportamiento de los criados al detalle, haciendo uso de un lenguaje preciso o correcto, no sé cómo definirlo, pero sobre todo, elegante.
Kazuo Ishiguro, deja la narración de esta historia en manos de Stevens, un mayordomo que arrastra más de treinta años de servicio, educado dentro de ese clásico carácter inglés tan rígido, incapaz de mostrar un solo sentimiento, pero que pese a eso logrará ofrecernos un relato conmovedor.

Stevens haciendo uso de una narración muy personal, ira mostrándonos cuanto sucede a su alrededor, sin olvidar describir al detalle el comportamiento de sus señores. Lo hará sin omitir opiniones, sin valorar si lo que ve está bien o mal, y ahí reside el gran mérito de este narrador, que será capaz de contarnos una preciosa historia sin emitir ni un solo juicio.

Stevens es un personaje fascinante, íntegro, totalmente dedicado a su trabajo, capaz de asumir como propios los errores de otros, anteponiendo su profesión a su vida y a su corazón.
Este mayordomo tan carismático iniciará un viaje por Inglaterra, mientras su actual jefe, Mister John Farraday, viaja a su país natal, Estados Unidos.
El destino de Stevens es llegar a visitar a miss Kenton, antigua ama de llaves de la mansión Darlington Hall.
El viaje que inicia no solo será una excursión en la que descubrir magníficos paisajes, sino que también será el medio para guiarle hacia ese viaje interior, ahondando en la nostalgia.

Os he mencionado que la meta del viaje es visitar a miss Kenton, pues bien, ese personaje omnipresente en todos los capítulos, de la cual nos va a ir hablando Stevens, y que vamos a ir conociendo en profundidad, va a actuar a modo de Macguffin, porque solo contará con una breve aparición, en persona, al final de esta historia.
Miss Kenton, va a ser el motivo por el que Stevens inicia ese viaje; es una excusa argumental para que el mayordomo nos vaya contando los sucesos del pasado, pero ella no es importante, es prescindible, y como comprobaremos, tampoco resultará de vital importancia cuando el relato finalice. 


Os recomiendo esta novela, que no es muy extensa, pero no solo por la historia que nos cuenta Stevens o por su modo de hacerlo, tan delicado y profundizando en su interior, porque eso a algunos lectores les puede parecer aburrido, quizás por la apariencia sencilla de la trama. Tampoco por los hechos históricos que sirven de telón de fondo, sino más bien por la prosa de este autor que es especialmente sensible y resulta espectacular. 

Cuando acabamos de leer esta narración, nos sentimos huérfanos, nos vemos sentados junto a Stevens contemplando las luces del puerto. 
Hemos sido sus compañeros de viaje, y ese muro, esa barrera que él tenía levantada a su alrededor y que le hacía parecer frío, sin sentimientos, hemos sido testigos de como paso a paso, kilómetro a kilómetro ha ido desmoronándose, mostrándonos la realidad de esa personalidad sensible que se escondía detrás.
Para mí ha sido toda una experiencia... y si os estáis preguntando sobre lo extraño del título, os adelanto, que tan solo llegando al final de esta preciosa historia lograréis desentrañar el misterio.

 

martes, 12 de febrero de 2019

Sentido y sensibilidad de Jane Austen

Sinopsis:

«Ninguna de las dos tiene nada que decir; tú, porque no te comunicas, y yo, porque no escondo nada», le dice Marianne Dashwood a su hermana mayor Elinor en uno de los pasajes más célebres de Juicio y sentimiento (1811), la primera novela que consiguió publicar Jane Austen.
Lo no dicho, el secreto deliberado o impuesto, la verdad oculta y la mentira, el pacto de silencio dictado por la lealtad o la piedad, son en efecto los temas principales de esta novela que traza un cuadro tan hilarante como patético de las desventuras de dos hermanas casaderas, hijas de la gentry pero apartadas –en su condición de mujeres- de la fortuna familiar. Sus tropiezos en el camino del matrimonio, a veces empujadas por la mezquindad de sus propios parientes, las alegres presiones de sus vecinos o los mismos «principios» de su carácter y moral, las llevan a conocer todos los extremos que el «terror a la pobreza» o los estragos de una vida inútil pueden ocasionar en el destino de los hombres. Marianne, locuaz y ultrarromántica, y Elinor, prudente y reservada, componen una descompensada balanza de caracteres que finalmente se habrá de equilibrar.
Ingeniosísima en su trama, cáustica en su pintura de ambientes y personajes, grave en su espíritu moral, ésta es la primera de las obras maestras de Jane Austen.

Opinión:

Curiosidades

Supongo que a estas alturas, el nombre de Jane Austen no pasará desapercibido para ningún lector.
Está considerada como la primera gran novelista en lengua inglesa, aunque ese reconocimiento nunca le llegase en vida, y su obra se encuentra rodeada de curiosidades.
Lo primero que sorprende es que dota a todas sus novelas de un elenco de mujeres protagonistas que dejan huella y a través de las cuales nos ofrece un vistoso y colorido retrato costumbrista.

Este libro, del que hoy os hablo, parece que desde el comienzo juega al despiste y se presenta ante nosotros bajo distintos títulos:
"Juicio y sentimiento", "Sensatez y sentimientos", "Juicio y sensibilidad", aunque seguro que como más frecuentemente lo habréis encontrado es como "Sentido y sensibilidad".
Todas esas formas de dar título a la historia y que vienen a significar lo mismo, es a consecuencia de las distintas ediciones, una tontería, ya que la única finalidad del título, en este caso, es darnos una pista desde el comienzo, la característica principal o el rasgo que guiará a cada una de las protagonistas: Elinor y Marianne Dashwood.
Pero sigamos con las curiosidades...

Esta novela fue terminada en 1797 pero no vio la luz hasta 1811, convirtiéndose en la primera de sus obras en publicarse, haciendo uso del seudónimo, "A lady", en un momento en que la literatura o más bien, que las mujeres publicasen estaba mal visto.
Dos años después, en 1813, sacaría una segunda edición corregida por ella misma, y que es la que se ha empleado para las ediciones posteriores.
La segunda en ser publicada fue "Orgullo y prejuicio", y lo hizo en 1813.
Su nombre tampoco apareció reclamando la autoría de la historia, lo que sí rezaba era "Por la autora de Sentido y sensibilidad"
Ahora bien, y aquí llega otra de las curiosidades...
En 1803, Austen había vendido "La abadía de Northanger" a una editorial, firmando bajo el seudónimo de "Mrs Asthon Dennis", de haberse publicado en esa fecha, habría pasado a ser la primera obra publicada de la autora, pero no ocurrió así, y esta historia junto con "Persuasión" pasó a ser publicada como póstuma en 1818.

Sentido y sensibilidad

“—Ahora estamos pensando —dijo el Sr. Dashwood, tras una breve pausa— en que sea Robert quien se case con la señorita Morton. 
Elinor, sonriendo ante el tono de gravedad y capital importancia de su hermano, contestó con calma —Ella, supongo, no puede elegir.”.

Esta historia nos plantea el gran problema de las mujeres en esa época, eramos eternas menores de edad, siempre bajo la tutela masculina.
Cuando el padre fallecía y no había marido, las mujeres de la familia pasaban a estar tuteladas por el hermano, el hijo varón que era el que heredaba el patrimonio, y a ellas, siempre que hubiese, se las dotaba de una pequeña renta para sus gastos.
Esa es la base sobre la que gira el argumento.
El joven señor Dashwood hereda la totalidad del patrimonio familiar, y debido a la ambición y egoísmo que comparte con su esposa, sus hermanas y madrastra pasan a vivir de la caridad familiar.
Elinor y Marianne Dashwood, las dos hermanas mayores, deberán encontrar un marido, a ser posible con buena posición, porque en esta historia el dinero está muy presente...

Austen nos ofrece una historia rural de la época, pero sobre la gente acomodada, la perteneciente a la clase burguesa, sin hacer referencias importantes a criados ni a las clases más bajas.
Cada vez que un nuevo personaje entra en escena, la autora nos describe su patrimonio al detalle y sus relaciones sociales, dejando entrever que esos detalles eran los únicos realmente importantes, eso sí, todo hilado con una fina ironía dramática.

“Sí, es una delicia ser joven y guapa. ¡En fin! Yo fui joven una vez, pero nunca fui guapa... tanto peor para mí. En cualquier caso conseguí un buen marido, y no se qué más puede conseguir una gran belleza”.

Los personajes femeninos marcan el rumbo del argumento, aunque sea en lo único que mandan, mientras que los masculinos quedan relegados a una posición secundaria, eso sí, hay que tener en cuenta el rasgo que tienen en común, independientemente del género, y es la pasión desmedida y el ruidoso entusiasmo.
Todas las acciones son magnificadas, hasta el gesto más sencillo se convierte en emocionante, y es que la autora tiene un estilo narrativo capaz de llevar a sus personajes hacia el paroxismo o la exageración.

Lo que más me ha llamado la atención es que esta historia es como una madeja de lana, de la cual tendremos que sacar un ovillo.
Según van avanzando los capítulos, vamos desenredando esa madeja, eso nos permite contemplar como era la vida de las mujeres en esa época, pero al mismo tiempo vamos enrollando y dando cuerpo al ovillo, depositando una hebra sobre otra, enrollando la trama, y es que todos los personajes que aparecen en el argumento, guardan alguna relación entre sí, además de que a Austen, le gusta complicar la existencia a sus criaturas.
En esa forma de hacer girar la historia sobre sí misma, enrollándola, van a tener mucha importancia los silencios, las elipsis narrativas, porque con ellas la autora irá marcando la trayectoria del argumento y con ello el fin de los personajes.
Esos silencios muchas veces son debidos a que se construyen sobre mentiras o medias verdades, y en otras ocasiones serán fruto de la compasión o el respeto, algo que también nos mostrará la psicología de los personajes.

¿Jane Austen una autora feminista o conservadora?

Hay voces que abogan porque Jane Austen era una autora implicada en defender los derechos de las mujeres, mientras que otras defienden que su postura era más bien conservadora.
Tras leer esta historia, yo no sé en que idea posicionarme, porque encuentro una doble lectura.
Es cierto que en algunos momentos detecto una ligera crítica, cubierta con una pátina de ironía aguda o malintencionada, hacia ese papel impuesto a las mujeres que las obligaba a someterse a las convenciones sociales...
Ahora bien, mi sentido crítico también me obliga a decir que en esta novela, los varones también demuestran estar sometidos a esas mismas normas sociales, aunque eso sí, en menor medida.
No quiero meter ningún spoiler, pero para los que no la habéis leído os diré que a lo largo de la narración, aparecen varios personajes masculinos que serán reprobados por su comportamiento, o por tomar decisiones en contra de lo que se considera la voluntad familiar.
Quizás esto demuestra que Austen sí era feminista, y lo que intentaba mostrarnos es que aunque los varones también estaban sujetos a esas convenciones sociales, ellos siempre disponían de otra alternativa que les permitiese salir del embrollo.
A pesar de lo mencionado, y como he dicho al principio de este párrafo, no me llega a quedar clara la postura de la autora, porque yo sigo viendo esa doble lectura, no solo en lo que acabo de mencionar sino también en más detalles, como veréis a continuación...
Al final, los personajes femeninos, tras haber sufrido de lo lindo, reciben su recompensa, parece que hay una moraleja, una vocecilla moralizante que dice entre lineas "tened paciencia, la bondad, la virtud y todo el sufrimiento que habéis pasado será recompensado", y el castigo que se merecen alguno de los personajes masculinos, llamémoslo en este caso "justicia literaria" queda corta para mi gusto.

También debo decir, que los personajes femeninos se alejan de la imagen que por ejemplo nos ofrece Emily Brontë en su obra "Cumbres borrascosas".
Los personajes de Austen no logran alejarse del decoro victoriano, de esa moralidad inglesa que tienen tan arraigada. Son rebeldes pero con unas ataduras contra las que no pueden oponer resistencia, quizás por la costumbre, eso las impide evolucionar de forma explosiva que era lo que veíamos en Catherine, el personaje protagonista de Emily Brontë.
Y esto, indirectamente me lleva a hablaros de la evolución de los personajes...

¿Cómo evolucionan los personajes?

Sabéis que las dos grandes protagonistas son Elinor y Marianne Dashwood, y que la historia gira a su alrededor.
Desde el comienzo nos van mostrando su evolución, pero de forma contenida, nos muestran un arco ascendente, pero no impactante, como acabo de mencionaros... algo parecido a lo que ocurre con el Coronel Brandon, un personaje masculino que destaca por encima de cualquier clasificación que pueda hacerse.
Es un personaje incidental, un secundario que entra y sale de escena, alguien sobre el que se apoya el argumento y las dos protagonistas.
En este apartado, quería hablaros de algo que cobra importancia: el arco dramático o de transformación de los personajes, que es eso que acabo de mencionar.

Cuando un personaje entra en escena, lo hace ya con unas características prefijadas, ese arco dramático es la linea o la curva que va a mostrarnos su evolución.
A partir de esa puesta en escena, el personaje empieza a evolucionar gradualmente. Los habrá que, dependiendo del contexto y de las situaciones que les rodean y les afectan, lo hagan a peor y otros que lo harán a mejor, sin olvidarme de mencionar a los que no experimentan ningún cambio.
Por ese motivo habrá personajes que al comienzo nos caigan bien y terminarán resultándonos odiosos, y al contrario...
Los que mejoran, tienen una curva ascendente y los que empeoran descendente, lógicamente los que no sufren cambios la tienen neutra.
¿Y a qué viene todo esto?
Pues a que todos esos tipos, los vamos a encontrar aquí a simple vista.
Jane Austen crea un amplio abanico de personajes, con una gran disparidad de personalidades.
El Coronel Brandon, va creciendo con cada actuación, al igual que un personaje minúsculo pero indispensable para la historia, la Sra. Jennings, alguien que empieza siendo una repulsiva cotilla y termina tranformándose en alguien adorable.
Es cierto que los personajes más frecuentes en esta historia cuentan con una linea de transformación neutra, van a comportarse igual al comienzo que al final, pero son igual de indispensables que un protagonista, no solo contribuyen a crear el ambiente, sino que también son los responsables de hacer evidente el gran contraste que existe entre ellos y que hace destacar a unos sobre otros.

Creo que esta primera incursión en la obra de Jane Austen ha sido una lectura muy provechosa, y eso que me advirtieron que no era la mejor de esta escritora.
Por último y antes de despedirme, solo me queda pediros disculpas por la extensión de esta reseña, pero cuando se ha hablado tanto y tan bien de una obra o autor, cuesta pasar de puntillas por determinados detalles que van aflorando en la lectura, y en un amante de los clásicos, como es mi caso, hasta el detalle más sencillo se convierte en emocionante y digno de comentar.
Y ahora sí, feliz lectura...


martes, 5 de febrero de 2019

Pero... ¿Quién mató a Harry? de Jack Trevor Story

Sinopsis:

Campiña inglesa, mariposas, luz de verano... y un cadáver. Una hilarante comedia negra que Hitchcock llevó al cine en 1955.
Una mañana de verano, en un bosque que rodea la urbanización de Sparrowswick Heath (donde cada casita tiene su nombre: El Barco, El Refugio, Caos…), un niño de cuatro años encuentra el cadáver de un hombre. Al contrario de lo que sucede en las novelas policíacas, no se trata aquí de encontrar, entre una serie de sospechosos, quién es el asesino: más bien al contrario, aquí hay toda una serie de personas que confiesan haber matado a la pobre víctima... con lo que ciertamente se hace difícil determinar quién lo hizo en realidad. Entretanto, ante tal profusión de «culpables», el cadáver es enterrado y desenterrado no menos de tres veces.
 Pero… ¿quién mató a Harry? (1949), adaptada en 1955 al cine por Alfred Hitchcock, es una fenomenal vuelta de tuerca a los mecanismos de la novela policíaca, una excelente comedia negra elaborada con toda la calma y mordacidad de la flema británica. Pero no solo eso: en ese clima estival, de monte bajo, mariposas, tardes soñolientas, noches esplendorosas y mágicas, Jack Trevor Story supo insuflar algo del Sueño de una noche de verano, con sus enredos y confusiones, y un erotismo sutil y muy vital que hace, deshace, separa y junta parejas… en torno a un cadáver.

Opinión:

Soy una gran fan de la obra de Alfred Hitchcock, y lo que más me llamó la atención fue averiguar que muchas de sus grandes películas estaban basadas en libros.
Ese detalle me empujó a buscar esas historias en papel, ya que si el argumento de la película resultaba interesante, la obra original sería mucho mejor.
Tristemente esa búsqueda me llevo a descubrir que la mayoría de ellas y sus autores eran del todo desconocidos para el público. De no haber sido llevadas al cine por Hitchcock, muchas de esas grandes historias habrían pasado desapercibidas. Esto es algo que yo personalmente debo agradecer al director, sumado a que sus películas suelen adaptarse bastante literalmente al libro, siempre por supuesto, permitiéndose algunas licencias, como es en el caso de esta novela.

Esta comedia negra, de tan solo 160 páginas y de la que hoy tengo el gusto de hablaros, fue publicada por primera vez en 1949 por Jack Trevor Story y llevada al cine por Alfred Hitchcok en 1955, y aunque lo cierto es que no es un libro que podríamos considerar como una joya, sí tiene algunos detalles que lo convierten en atractivo para los lectores.

El título original fue The trouble with Harry, es decir, El problema con Harry, título que creo más acertado que el que nos impusieron para la versión en castellano, Pero... ¿Quién mató a Harry?, por dos motivos.

  • El primero, ajustándonos al título original, es que "Hay un ligero problemilla con Harry", y ese problema como habéis podido ver en la sinopsis, es que Harry está más tieso que un bacalao. Un detalle bastante importante, al menos para él...
  • El segundo es que el título en castellano nos hace pensar a los lectores que lo importante de la historia es quién lo mató, convirtiendo el argumento en un amago de novela policíaca, y como veréis un par de párrafos más abajo, no es así.

Pero dejadme que primero os ponga en situación hablándoos un poquito del argumento...

Un hombre aparece muerto en un bosque, Harry, y la mayoría de los habitantes de la pequeña población, excéntricos a cuál más, empiezan a tropezarse con él.
Hay algo especial en ese bosque que se aleja de la imagen que todos tenemos en mente, y es que ese lugar que debería ser un remanso de paz y serenidad, parece estar más concurrido que el camarote de los hermanos Marx.
Lo más curioso de todo, es que de entre todos los que pasean por allí, nadie da importancia a encontrarse con un cadáver tirado en mitad de la vereda, y unos y otros empiezan a asumir que son los responsables de la muerte de Harry, sin contar con el afán de algunos de ellos por esconder, enterrar y desenterrar el cadáver, detalle que da lugar a un montón de situaciones descabelladas y un tanto macabras.

Hay un elemento bastante importante en esta obra que vemos desde el título, es decir, desde mucho antes de comenzar la novela, los lectores nos preguntamos ¿quién mató a Harry?, pero según vamos pasando las hojas, vemos que los únicos preocupados por averiguar ese dato somos nosotros, los lectores.
Os he dicho que el cadáver de Harry no sorprende a nadie, ni tan siquiera la pregunta en torno a quién lo mató, esos detalles pasan a convertirse en una argucia para hacer avanzar la historia, un Macguffin clásico de los que metía Hitchcock en sus obras, porque lo cierto, es que el quién y el porqué, como ya os he adelantado antes, se convierten en un tema secundario.
El pobre Harry ha pasado a ser un estorbo para todos los personajes que frecuentan ese bosque que rodea a la pequeña e idílica población de Sparrowswick Heath, y lo realmente interesante en esta historia es el comportamiento de los protagonistas, sus reacciones, ni tan siquiera el relato del narrador en tercera persona va a ser algo primordial, porque los lectores estaremos pendientes en todo momento, como hipnotizados, por ese comportamiento surrealista que adoptan los personajes principales.

Quizás lo que más me ha gustado de toda esta historia es ese típico humor inglés del que hace gala el autor, ese humor que en muchos momentos puede parecernos, por la situación en la que se da, algo absurdo y macabro, y por supuesto tampoco puedo obviar mencionar la atmósfera resultante, con esa campiña inglesa de fondo que asemeja a la de un cuento, si omitimos claro está, el detalle del cadáver.
En este último punto en que hago referencia a la atmósfera y a los escenarios, habría que destacar también lo que ya mencionaban en la sinopsis, que en esa urbanización de Sparrowswick Heath, cada casita tiene su nombre: El Barco, El Refugio, Caos… eso que en un principio podría parecernos un detalle sin importancia, nos da en cambio pistas sobre quién vive en cada casita y su modo de comportarse.

Y ya para ir terminando os diré que a pesar de lo que nos indican en la sinopsis, de que es una vuelta de tuerca a los mecanismos de la novela policíaca, esta historia de policíaca no tiene nada... es una comedia negra, y punto.
Recomendable, eso sí para los grandes amantes de lo absurdo, cargada de unos diálogos que convierten el relato en una historia disparatada,

Como  os he mencionado muchas de las películas de Hitchcock que se basan en obras de papel, a continuación os dejo la relación de las mismas que he reseñado:

Crimen perfecto
Extraños en un tren
La dama desaparece o Alarma en el expreso.
Rebeca