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martes, 4 de diciembre de 2018

La caja vacía de Anabel Samani

Sinopsis:

La vida de Andrea ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Después de perder la vista en un accidente, su familia deja España para irse a vivir a Estados Unidos. Y Andrea sabe que ella es la razón de ese traslado.
En medio de una mudanza empañada por la nostalgia de todo lo que han abandonado, lo más emocionante para Andrea y su hermana Sara es el extraño y sangriento crimen que tuvo lugar en su nuevo hogar de Maine, una casa habitada por un gélido aire e impregnada de un inquietante aroma que solo Andrea es capaz de percibir.
Mientras intentan adaptarse a su nueva vida, gracias en parte a la amistad que entablan con Sam y Paul, los vecinos que viven al otro lado de la calle, Andrea y Sara se convertirán en el epicentro de una serie de macabros accidentes. Y pronto descubrirán que los antiguos propietarios dejaron en la casa algo más que el recuerdo de un siniestro suceso: en el desván, dentro de un embalaje procedente de Egipto, hay una pequeña y hermosa caja… vacía.
Con su primera novela, Anabel Samani, evoca el perfume de las clásicas historias de terror y misterio.

Opinión:

Cuando Anabel Samani, para mí siempre será Atalanta, nos contó que publicaba su primera novela, me dio una gran alegría.
Conocí a Atalanta hace algún tiempo, a través de su blog Un libro junto al fuego, y a lo largo de ese periodo, se ha convertido en una gran compañera con la que disfrutar de emocionantes lecturas.
Ahora como ya os he dicho, su horizonte literario se amplía con la publicación de su ópera prima, La caja vacía, y hoy toca comentaros lo que me ha parecido su primera incursión literaria.

Los que seguís con asiduidad mi blog sabéis que me gusta la novela histórica y de terror. Son unos géneros con los que disfruto muchísimo, a pesar de que quizás en los últimos tiempos, la novela  clásica y el thriller han conseguido acaparar casi la totalidad de entradas de este blog.

Anabel Samani en esta obra incorpora elementos de los primeros géneros citados.
La historia antigua estará representada por el enigmático Egipto, con el gran misterio que arrastra esa civilización, y el terror nos llegará cargado de reminiscencias que nos recordarán no solo el estilo de escribir, sino también detalles de algunas obras del gran Stephen King, autor del que tanto Anabel como yo somos grandes aficionadas.
Os adelanto que Anabel con esa mezcla de géneros tan particular, va a conseguir la dicotomía perfecta.

Ya habéis leído la sinopsis, así que voy a pasar por ella de puntillas.
Con lo primero que nos vamos a encontrar es con un capítulo introductorio muy intenso y de final abrupto, que sirve para asentar las bases del argumento.
En ese capítulo inicial vamos a tener un primer contacto con uno de los grandes protagonistas de esta historia, La Caja.
A continuación, el relato avanza dando un salto pronunciado hacia adelante y nos metemos de lleno en el nudo de la narración.
Allí vamos a conocer al resto de personajes, centrándonos principalmente en la familia Montoya, una familia española que se debate entre la nostalgia por la vida que acaban de abandonar y la morbosa emoción que supone habitar una casa donde se cometió un siniestro y sangriento crimen.
Como veis en tan solo un par de capítulos, nos hemos dado de golpe con los primeros generadores de suspense o de intriga, unos elementos imprescindibles en las novelas de terror.

Pero no os vayáis a pensar que serán las únicas estrategias de tensión dramática que encontremos, porque si habéis prestado atención, en uno de los párrafos anteriores mencionaba, que uno de los principales focos de esta novela recaerá sobre la misteriosa civilización egipcia, y ese misterio se acentuará con los inquietantes escenarios que ya de por sí aporta la zona de Maine, que seguramente os sonará por ser la base de operaciones y la localización preferida del escritor Stephen King, cuya presencia se colará, inevitablemente, por cada una de las páginas de esta novela.

La autora consigue crear con esos escenarios una atmósfera angustiosa, que se sustentará sobre unos personajes muy bien construidos, muy cercanos y sobre todo con un comportamiento que reconoceremos como muy nuestro, logrando crear empatía con todos ellos desde el inicio de la lectura.
Pero no puedo olvidar mencionar en este apartado la trama, perfectamente elaborada y dinámica, con la dosis apropiada de suspense desde el comienzo como ya os he aventurado, y que irá cobrando intensidad hasta el final, por supuesto, sin dejar espacio para el vacío argumental.

Los siguientes generadores de intriga nos llegan de manos de los personajes, que van a ser otro de los pilares de esta novela.
La obra en sí, no cuenta con un elenco muy amplio de ellos, con lo cual se facilita la lectura.
Uno de los protagonistas va a ser Andrea. una joven con una minusvalía.
Esa minusvalía que en un principio debería convertirla en el sujeto más vulnerable, ante los acontecimientos de los que va a ser testigo, la autora lo utiliza para transformar a la joven en alguien más sensible y en el personaje que estará más alerta. Al contar con esa ventaja, se convierte en la más fuerte de la historia.
Andrea y su discapacidad, van a pasar a ocupar otro puesto destacado en la lista de generadores de intriga.
Y ahora ha tocado el turno de hablar de la casa...

Todo lo que rodea a ese nuevo hogar aparece cubierto de esa pátina misteriosa, pero la casa en sí, que podríamos pensar en un principio que se convertirá en un personaje más, omnipresente, no va a conseguir alcanzar ese estatus, ya que dentro de ella habita algo, un objeto que sí reñirá en protagonismo con Andrea.

Ese objeto del que os estoy hablando y que da título a la novela, mora en la oscuridad del desván, esperando... acechando con su presencia a los habitantes de la casa, y logrará captar nuestra atención desde el primer capítulo, cargando de tensión la trama.
Esa pieza cuenta con un gran aliado, inherente a su naturaleza, los cambios bruscos de temperatura, que intensificarán también las escenas avisando de un posible peligro; en una película esos efectos se realizarían de forma sencilla, se complementarían las escenas con la música, y en cambio aquí Anabel, lo logra haciendo uso de equilibradas descripciones, solo con el uso de la palabra escrita.

El resto de personajes, salvando estos dos ya citados, serán meramente ambientales, pero eso no es algo negativo, porque los personajes ambientales aunque carezcan de amplios diálogos, aunque tengan poca participación en los hechos, son imprescindibles para el desarrollo del argumento.
Ese elenco de secundarios, son los encargados de complementar la ambientación y sirven de apoyo en las acciones y diálogos de los protagonistas, sin ellos la historia no tendría sentido.

Otro de los generadores de los que os vengo hablando, nos va a llegar a través del narrador elegido.
Este cronista que vamos a encontrarnos, a través del cual iremos conociendo la historia, es un narrador en tercera persona muy interesante, porque se asemeja a uno omnisciente, ni juzga ni interfiere en los hechos, pero creo que otros matices de su comportamiento le alejan de las características propias de este último citado.
Esa voz es la de alguien cuyo radio de acción aparece más limitado. Actúa como un cámara que va siguiendo a los personajes, saltando de uno a otro, y que nos va contando lo que les sucede, lo que piensan, pero en el momento en que están en escena.
Es decir, si sigue a Sara, y esta está llamando a la puerta, solo podrá contarnos lo que sucede alrededor de ella, de ningún modo nos relatará lo que ocurre más allá, ni lo que hacen el resto de figurantes que no comparten su escenario.
Creo que la elección de este método de narrar es un buen acierto para las novelas de terror, porque no nos deja ver más allá del personaje de turno, no lo sabe todo, y eso amplifica la tensión, al desconocer cuál será el siguiente paso de los personajes o el acontecimiento que les golpeará.

Otro detalle que cabe destacar de este narrador, es que no solo seguirá a los personajes humanos, sino que también es capaz de meterse en la cabeza de otros seres, como será el caso de Halo, el perro de los vecinos. Un gran acierto, porque también en la literatura hay espacio para dar un poco de protagonismo a nuestros fieles animales de compañía.

Anabel reserva también un espacio en su novela para las anacronías.
A pesar de que la novela transcurre casi en su mayoría de forma lineal, también incorpora algún pequeño salto en el tiempo, para narrarnos hechos anteriores que van a complementar el hilo argumental de algún personaje y así solventar los posibles vacíos que se generarían si se prescindiese de esas restrospecciones.

Y ya para terminar lo haré hablando de los guiños...
Anabel ha llenado las páginas de esta novela, con guiños a otras obras y películas, algo para mí muy interesante y atractivo, ya que la lectura adoptará forma de juego, al tiempo que nos da la oportunidad de aprender más sobre los gustos de su autora.
De esa forma veremos guiños a "La princesa prometida", a "El exorcista", o a novelas de King tan famosas como son "El misterio de Salem's Lot", pero hay muchas más, y ahí está el reto... ¿Seréis capaces de dar con ellas?

Os recomiendo esta lectura a todos los amantes del género de terror o de suspense intenso. Os aseguro que no os va a defraudar, vais a encontrar una obra cuidada al detalle y con un argumento que os pondrá la piel de gallina, porque "La caja vacía", a pesar de la incongruencia, esconde mucho en su interior.