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martes, 21 de abril de 2020

Extramuros de Jesús Fernández Santos

 Sinopsis:

Publicada por primera vez en 1978 y galardonada con el Premio Nacional de Literatura, Extramuros es una de las obras más destacadas de la narrativa española contemporánea. La historia de la apasionada relación de dos monjas en el interior de un convento, hoy convertida en clásico de nuestra literatura, fue llevada a la pantalla con un reparto encabezado por Aurora Bautista, Carmen Maura, Mercedes Sampietro y Assumpta Serna, bajo la dirección de Miguel Picazo.
En el ambiente empobrecido y alucinante de un convento, en la España mellada que siguió a la muerte de Felipe II, se entrecruzan sutilmente, con oculta violencia, la sexualidad sofrenada y el misticismo, en una confrontación de caracteres servida por una prosa de sostenida y admirable tensión expresiva.

Opinión:

Hace muy poco leí un artículo en que decían que, con este tema del Covid-19 y el encierro que conlleva, se habían disparado las lecturas de novelas que tenían como tema central una epidemia. Entre esos títulos se encontraban "La peste" de Camus, "Ensayo sobre la ceguera" de José Saramago o "Apocalipsis" de Stephen King.
Para que este blog no se convirtiese en uno más, yo propuse como lectura para el taller de abril, Extramuros, porque aunque el tema central no gira exclusivamente sobre la peste u otra epidemia, la trama sí se construye alrededor de sus consecuencias.
Una gran hambruna, fruto de una gran sequía, traerá consigo la enfermedad y con ello el despertar, por decirlo de algún modo, del ingenio de unas monjas que se sienten abandonadas de la mano de Dios y de los hombres.
Esta obra fue escrita en 1977 y obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Con el paso del tiempo ha llegado a ser considerada como una de las obras más destacadas de la narrativa española contemporánea y con ello todo un clásico, y es por ese motivo por el que también pensé en releerla e incorporarla al reto de lectura "Clásicos grandes y pequeños 2020", podéis leer en qué consiste pinchando en el enlace.

La película, como habéis podido ver en la sinopsis, estuvo protagonizada por grandes actrices españolas, pero quizás lo que más sorprendió fue la polémica que rodeo a su estreno, porque algunos cines se negaron a proyectarla por su contenido.

La historia nos llega a través de un narrador protagonista, con un relato hecho de forma cronológica.
Cansadas de rezar y esperar, sin que Dios responda a sus plegarias, las dos protagonistas deciden urdir una pequeña mentira con la que engañar a la Orden, a la ciudad y al mundo.
Saben que es un pecado grave, pero también lo es el abandono que sufre la comunidad, sin nada que llevarse a la boca; viendo como día a día nuevas hermanas fallecen por la peste y la hambruna, entre unos muros que se vienen abajo.
Así que lo hacen, fingen unas falsas llagas que harán al convento ganar fama por el bien de toda la congregación.

Alrededor de ese montaje, de esa farsa, surgen temas muy interesantes.
No se concreta exactamente en el momento exacto en que ocurren los hechos, pero sabemos por la sinopsis que es tras la muerte de Felipe II. Hay otros detalles referenciales que se desprenden de la lectura y nos hacen pensar que el argumento desarrollado en el siglo XVII debe acercarse a los últimos años de la dinastía de los Austria.

Esta historia va a venir acompañada de elegantes descripciones que nos sumergen en la España decadente, en el falso misticismo, en el ambiente opresivo que prevalece a lo largo de la narración y que acompaña al amor prohibido que surge entre las dos protagonistas.
Pero no os penséis que cuando hablo de amor me refiero solo al carnal, porque también viene acompañado de una alta dosis de espiritualidad. Otros temas que vamos a encontrar y que se relacionan directamente con los citados son el miedo y la soledad.

El lenguaje, el tono narrativo y la forma de emplearlos sorprenden.
Es la segunda vez que leo este libro y sigue dejando un poso en el lector que perdura en el tiempo.
La primera vez que lo leí, más que dejarme seducir por la trama lo hice por la calidad de su prosa, y su lirismo. Subrayé párrafos enteros disfrutando del lenguaje empleado, párrafos en los que iba marcando infinidad de figuras retóricas.
Anáforas, aliteraciones, antítesis etc... me absorbían por completo, y eso es quizás lo que me ha vuelto a animar con una segunda lectura. ¡Ya no se escribe tan bonito!
Lo qué más me marcó fue el comienzo, creo que el inicio de ese primer capítulo es uno de los mejores de la literatura española.
En ese comienzo hay una descripción habilísima que te transporta en el tiempo, cargada de adjetivos sí, y por mucho que les pese a los que huyen de su uso, esa descripción y el tono empleado, no solo envuelve al lector, sino que también recuerda a tiempos lejanos.

Solo llegando casi al final, vamos a encontrarnos con un cambio de narrador. Será en un par de momentos puntuales y empleado solo para trasladarnos a los lectores unos hechos que suceden en ausencia de las dos protagonistas. La encargada de esa sustitución narrativa recaerá en la voz de la hermana motilona, otro personaje que tendrá parte activa en el desarrollo del argumento.

Os recomiendo la lectura de esta obra, sé que no es una lectura ligera, pero sí os puedo asegurar que se trata de una novela enriquecedora, que saciará a todos aquellos que buscáis algo más que un simple entretenerse.


martes, 17 de marzo de 2020

Fortunata y Jacinta: Dos historias de casadas de Benito Pérez Galdós

Sinopsis:

La novela Fortunata y Jacinta (1886-1887) es considerada la obra maestra de Benito Pérez Galdós y la narración más importante en lengua española después del Quijote.
Obra cumbre del realismo literario español, la novela toma como escenario el Madrid castizo de finales del siglo XIX, donde los protagonistas, Juanito Santa Cruz y Fortunata, viven una tormentosa relación amorosa.
Galdós refleja el palpitar de una época, sus movimientos anímicos, la hipocresía dominante en una burguesía que intenta superar su anquilosamiento en la búsqueda de la modernidad, la religiosidad asfixiante y dominante; y el papel de la mujer en la sociedad de entonces, con Fortunata y Jacinta como máximas exponentes de un diferendo que sigue en plena actualidad.

Opinión:

El cuatro de enero de 2020 se cumplían cien años de la muerte de uno de los madrileños de adopción más ilustre de la historia: Don Benito Pérez Galdós, considerado como el mejor cronista de Madrid; por ese motivo dediqué el taller del mes de febrero a leer la que considero una de sus mejores obras, Fortunata y Jacinta: Dos historias de casadas (1887).
Hace mucho tiempo que quería hablaros de ella, no solo porque adoro a su escritor sino también porque el tema que trata me fascina.

Es cierto que muchos autores, antes que él, trataron el tema de las relaciones amorosas tormentosas, el tema del adulterio, el destino de la mujer cuando esta perdía la honra y la doble moral de la sociedad que las juzgaba.
Curiosamente, hace tan solo unas semanas os hablaba de esto en la reseña de "La solterona" de Edith Wharton, pero este tema recurrente lo hemos visto en "Madame Bovary", en "Los misterios de East Lynne""Ana Karenina", en "La Regenta",  o en "Miedo" de Stephan Zweig, solo por citar algunas historias más, la diferencia es que en todas estas novelas la protagonista era alguien de clase burguesa o alta.
Esos relatos partían de un triángulo amoroso, pero Galdós en Fortunata y Jacinta quiso exponer mucho más.
  • Don Benito ve más allá del clásico triángulo amoroso; nos muestra como es la vida de dos mujeres, totalmente distintas, de clase social diferente, que el azar va a terminan uniendo. 
  • Otorgó no solo el protagonismo principal a la mujer, como hicieron el resto de autores que trataron el mismo tema hasta la fecha, sino que también priorizó la voz de las de clase más baja, esas que hasta el momento la literatura ignoraba. Años después, el gran Tolstoi en su obra "Resurrección" (1899), también plasmó el abuso de poder y la seducción de una joven de clase baja; pero de este libro ya os hablaré más adelante.
Hay otro detalle que tampoco debemos olvidar mencionar en este punto y es en referencia al escenario.
  • Galdós a lo largo de toda la narración no solo retratará al detalle el Madrid más castizo, sino que también  profundizará en cada uno de los personajes haciendo un alarde de maestría brillante. Nadie fue, ni ha sido capaz de retratar con tal precisión hasta el día de hoy, a esa ciudad, incluida sus gentes, que acogió al autor como a un hijo adoptivo. Don Benito, a su vez, honró a la capital y la agasajó en todas sus obras, creando una visión de ella muy romántica, podríamos decir que única, porque Madrid va mucho más allá de ser un escenario, se convierte, en este caso junto a Fortunata en el personaje principal.
El libro se divide en cuatro partes, y la primera, por aquello de presentar en profundidad a los personajes, es la más extensa.
En ella vamos a ver una descripción muy completa de todos ellos, incluidos los secundarios que son más de cien... y también vamos a observar en profundidad al gran testigo silencioso, a ese que acabo de mencionar, la ciudad de Madrid que empezaba a erigirse como urbe moderna, un personaje omnipresente que permanecerá inalterable ante el Drama.
De ese modo vamos a conocer a Juanito Santa Cruz, una especie de D. Juan burgués, y por supuesto a la protagonista indiscutible, Fortunata y a su antagonista, Jacinta.

Fortunata y Jacinta son dos personajes estereotipados, pero eso no los convierte en poco interesantes porque son un fiel reflejo de la sociedad de la época.

Jacinta representa al "ángel del hogar".
Una mujer dulce y sacrificada, sin deseos ni opiniones propias, manejable y siempre dispuesta a secundar lo que el marido manda.
En ella vemos como el autor retrata "la cultura del adorno": una mujer de clase burguesa instruida para entretener.
Galdós la permite cierta libertad para enfrentarse "moderadamente" a su marido,  aunque ese enfrentamiento engañoso y manipulado tenga los minutos contados, y es que Jacinta a pesar de contar con esa ligera licencia no va a hacer uso de ella porque no estaría bien visto.

Fortunata, por el contrario, representa a la mujer de condición más baja, sin educación.
No está preparada para vivir libre sin depender de un hombre, a pesar de sus ansias de libertad; tampoco es que Jacinta lo esté, pero esa misma situación se agrava en Fortunata por su dependencia económica.
Fortunata se arroja en brazos de su amante y supuesto protector una y otra vez, se deja guiar por el amor más que por el juicio, y lógicamente termina cayendo.

En las obras de Galdós, las que denominó como Novelas españolas contemporáneas, puede apreciarse una especie de castigo autorial en el destino de las protagonistas.
Tristana y/o Fortunata, son solo una parte de esas mujeres a las que el autor permite elegir y alzar la voz; son mujeres valientes y decididas a las que concede una cierta libertad, pero al final de la narración el autor canario se deja llevar por la moralidad de la época y da un correctivo trágico a las protagonistas. Nos muestra y con ello a sus contemporáneos, que las mujeres tienen derecho a tomar sus propias decisiones, las hace visibles, pero también deja constancia de que su momento no ha llegado.
Como os indiqué en la reseña de Tristana, el no tenía la llave para abrir las jaulas en las que las mujeres estaban contenidas.
También parece que el argumento no se libra del propósito moralizador que vemos reflejado en el fin dramático de varios de sus personajes, pero este tema lo dejo en manos de los expertos. Yo quiero ver más bien, esa libertad contenida aún por llegar, o el castigo autorial tal y como Doña Emilia Pardo Bazán lo veía y como se lo hizo ver en su correspondencia.

Os recomiendo cualquier libro de Galdós, ya que este fue un gran observador de su tiempo y sus novelas un fiel reflejo de la vida y de la forma de pensar.
En cada una de sus historias nos ofrece un amplio cuadro costumbrista, muy completo y conmovedor, al centrar su obra en la vida de las clases más bajas, quizás y digo quizás, nos acerca a una visión que comparativamente con nuestro tiempo podemos ver como algo pesimista, sin embargo hay que tener en cuenta la epoca y circustancias de la misma, es puro realismo.

Lo que me gusta de este autor y que puede convenceros a los indecisos para leer alguna de sus obras, es el detalle a la hora de construir los personajes, como os he mencionado hay más de cien secundarios. Todos ellos sorprenden por la profundidad psicológica y algo que nunca olvida el escritor en sus novelas, es adaptar el lenguaje de cada uno de ellos a la situación y a su indiosincrasia, por lo que nos acerca un poquito más con sus historias a la época en que vivió.


martes, 3 de marzo de 2020

La solterona de Edith Wharton

Sinopsis:

Edith Wharton firma una nouvelle magistral, que explota la que fuera una de sus obsesiones recurrentes: las opciones de la mujer de su tiempo y estatus en la tramoya social que la coarta.

En 1850 la alta burguesía neoyorquina disfruta de una desentendida prosperidad.
Delia, «reina» del endogámico clan de los Ralston, ultima los detalles de su vestuario para brillar en el acontecimiento social del año: el enlace de su prima Charlotte Lovell con Joe Ralston, que además sellará una alianza entre las dos familias hegemónicas de Nueva York.
Cuando nada parece poder desbaratar tan idílico porvenir, una desquiciada Charlotte irrumpe en casa de Delia para desvelarle un secreto que alterará para siempre la placidez de sus vidas y que, de saberse, tumbaría los códigos éticos de los que ambas se han venido nutriendo. Los destinos de Charlotte y Delia quedan trágicamente atados bajo la inviolabilidad del secreto que comparten, consolidándose entre ambas una tormentosa relación en la que convergerán los celos, la compasión, el amor filial y la suspicacia.

Opinión:

Esta es mi primera incursión en la obra de Edith Wharton, aunque debo reconocer que lleva reposando en mi estantería, pendiente de leer desde hace mucho tiempo "La edad de la inocencia", obra con la que obtuvo el Pulitzer en 1921.
En esta novela, muy breve por cierto, Edith Wharton nos plantea cuestiones que ya hemos visto reflejadas en la literatura infinidad de veces, por ejemplo en Ana Karenina: El destino de la mujer cuando esta pierde la honra; la doble moral de la sociedad, tan permisiva con los hombres y que en cambio castiga el mismo pecado en las mujeres; y esa pasividad y sumisión de ellas ante los hechos, que intentan por encima de todo mantenerlo oculto. Todo esto, la autora lo narra haciendo gala de una serenidad que enmudece, eso sí, sin dejar en ningún momento de lado la ironía, ya que el centro de su crítica apunta hacia la alta burguesía, de la cual ella formó parte.

Esta narración entra dentro de la denominada "Old New York" (Vieja Nueva York), una colección de cuatro novelas de la autora que gira en torno a la clase alta de esa ciudad; el desarrollo de esas historias se moverá entre las décadas de 1840, 1850, 1860 y 1870.
Las novelas no tienen relación entre sí, aunque algunos personajes reinciden apareciendo en varias de ellas, lo que sí comparten es el tono crítico hacia esas familias de la rancia Nueva York.
Los relatos que componen esta colección son: La casa de la alegría (1905), Las costumbres nacionales (1913), La edad de la inocencia (1920) y La solterona (1921).

Lo que vamos a encontrarnos en esta obra, al margen de la crítica social, es una prosa delicada y cuidada con esmero que se reparte por igual a lo largo de los once capítulos que forman las dos partes de la historia.
El desarrollo de la trama es muy rápido pero no omite detalles a pesar de las elipsis sembradas a lo largo del relato. Esos silencios en manos de los personajes se convierten en palabras no dichas pero que todos pensamos.
Edith Wharton también prescinde prácticamente de la introducción que queda reducida a un par de páginas.

La trama gira por completo alrededor de dos personajes femeninos, Delia Ralston y su prima Charlotte Lovell. No hay amplios diálogos entre ellas, como digo predominan las elipsis, pero sus poses, sus gestos, rellenan todos esos vacíos en los diálogos.
Quizás, lo que más destaca en toda la narración es que a pesar de esa brevedad en que relata los hechos, no queda ni un solo detalle al vuelo ni en manos de la imaginación del lector; todo, absolutamente todo es contando, consiguiendo profundizar en la psicología de los personajes y mostrándonos como son tanto en la intimidad como en su trato con la sociedad.
El detalle que más me ha gustado es la dicotomía del personaje de Delia Ralston, Lovell de soltera. La Delia Lovell se mueve por los anhelos del pasado, por la ilusión, el amor, y en cambio cuando impera el apellido Ralston la hace regirse por los códigos morales, por las apariencias. Un rol cambiante que asume con total normalidad y que influye por momentos en los lectores, en ocasiones la odiamos y cinco minutos después la adoramos.

Para terminar os diré que esta ha sido una novela muy breve pero de lectura muy interesante y ha abierto las puertas de entrada a la obra de Edith Wharton en este blog.



jueves, 16 de enero de 2020

Los misterios de East Lynne de Ellen Wood

Sinopsis:

Archibald Carlyle se prenda de lady Isabel Vane y desea casarse con ella. Sin embargo, la joven siente una fuerte atracción hacia Francis Levison, un hombre de reputación dudosa. Isabel deberá escoger entre los dos, y esa decisión marcará su destino de por vida. Entretanto, el asesinato de George Hallijohn sacude la plácida vida de East Lynne: Richard Hare, hijo del respetado juez Hare, es acusado del crimen y se da a la fuga, y la dulce Barbara Hare, enamorada en secreto de Archibald Carlyle, tratará de demostrar su inocencia. El escándalo está servido y las vidas de los habitantes de East Lynne jamás volverán a ser las mismas.
Ellen Wood, célebre autora y editora que llegó a ser más popular en su tiempo que Charles Dickens y cuyas obras hicieron las delicias de lectores como Lev Tolstói y Joseph Conrad, ofrece al lector en Los misterios de East Lynne un escandaloso retrato de la sociedad victoriana y lleva a cabo un agudo análisis psicológico de las pasiones humanas.

Opinión:

Los misterios de East Lynne está considerada como la novela victoriana que escandalizó a toda Europa; una historia que hasta el mismísimo Lev Tolstói catalogó como maravillosa, y no es de extrañar, ya que una década y pico después, en 1878, él escribiría la que se ha considerado como su obra más ambiciosa y de mayor trascendencia, Ana Karenina, una narración de corte realista y psicológico, que retrataba el tema del adulterio y el rechazo social, y en la cual encontraréis muchos paralelismos con "Los misterios de East Lynne".
Lo más curioso es que, siempre he oído hablar de "La Regenta", de "Ana Karenina"y de "Madame Bovary", como si estas obras formasen parte de una trilogía del adulterio, pero si no es por una casualidad, no habría conocido esta fantástica historia de Ellen Wood, que nada tiene que envidiar a las citadas y que parece que se ha mantenido a la sombra de ellas, a pesar de que durante la época victoriana y principios del siglo XX, fue llevada en innumerables ocasiones al teatro.

Escrita en 1861 llevó el título de East Lynne, y fue publicada por entregas en la revista New Monthly Magazine. obteniendo un éxito inmediato; es un melodrama con tintes de suspense que incluye un asesinato, y teniendo en consideración el marco histórico, también sabemos que contamos con un escándalo asegurado.
Esta novela podemos catalogarla dentro de las "sensation novels" que surgieron alrededor de 1860, desarrollándose a lo largo de esa década y en la posterior. Mostraban situaciones escandalosas que censuraba la sociedad victoriana. Esas conductas o actitudes se veían peor al ser cometidas por la clase alta, por uno de los suyos; además de que en ellas se escondía un misterio, como también tenemos aquí.

En 1857 se publicó en Inglaterra una ley, el Acta de Causas Matrimoniales, que daba facilidades para obtener el divorcio; en ella se indicaba que el lazo sagrado del matrimonio podía romperse por infidelidad, y Ellen Wood construyó su obra alrededor de esa premisa.

Esta escritora logró alcanzar el éxito con sus libros, tanto que dicen que llegó a rivalizar con Charles Dickens, eso sí, no hay que olvidar que al igual que su protagonista, ella estuvo sometida a la misma y estricta moralidad victoriana, y tuvo que firmar sus obras como "La señora de Henry Wood".

El narrador.

El narrador que vamos a encontrarnos es el clásico de las novelas victorianas, ese omnisciente que interrumpe el relato dirigiéndose a los lectores, haciéndonos partícipes de los sucesos al tiempo que nos obliga a abandonar el papel pasivo.
Intentará llamar nuestra atención sobre determinados hechos que, para él, son de vital importancia, mostrándonos situaciones o personajes que desempeñarán roles importantes a lo largo de la trama.
Pero ojo, hay que tener cuidado con él, porque en algunas ocasiones intenta advertirnos adelantándonos algunos acontecimientos que vendrán después, ¡vamos que nos cuela un pequeño spoiler! y también intentará condicionar nuestra opinión. Ese spoiler que nos hace es perdonable, ya que intenta que nuestra frágil moralidad, o nuestra tierna mentalidad, no se vea afectada por los hechos que sucederán...

Los personajes.

Me sorprende mucho su descripción.
Ellen Wood se centra en desarrollar los entresijos psicológicos de cada uno de ellos, en cambio relega a un segundo plano la descripción física. Esa breve descripción, que básicamente aparece en los diálogos de los personajes, permite que les conozcamos, externamente, en profundidad, y deja que la mente del lector vuele construyendo su propia imagen.
Otro detalle interesante es que, la mayoría de los personajes que rodean a Isabel Vane, la protagonista, son individuos a los que el lector termina odiando; quizás por eso, el personaje principal destaca más. La autora focaliza la trama sobre ella, como si la enfocara con un haz de luz y a su alrededor crea una sombra, por eso el personaje deslumbra a pesar de que no tiene una personalidad llamativa, ni frases brillantes, pero esa maldad que rezuma del elenco de secundarios la hace sobresalir.

Os dije al comienzo, que la historia, en general, tenía muchas similitudes con Ana Karenina, en cambio el personaje me recuerda más a la Ana Ozores de Clarín, quizás por su bondad e ingenuidad, y porque aunque es responsable de sus actos, es empujada, de forma indirecta, por el resto...
La autora dota a Isabel de humanidad, la convierte en alguien que, pese a su estatus, es normal y corriente, sencilla; en cambio Ana Karenina no puede superar ese listón que separa a las clases, y se muestra artificial hasta el final.

De entre esos personajes odiosos, hay otro detalle que me ha llamado la atención, y es que salvo uno, el resto pertenecen al género femenino. Son dañinas, envidiosas y ruines, y aunque intenten que el tiempo subsane sus errores, en el lector la espinita queda clavada de forma profunda. Hay algunas tan mezquinas, que ladrarían de noche para evitar tener que comprarse un perro...
Estos personajes femeninos, por suerte para el lector, van a ir sucediéndose, con lo cual no llegamos a saturarnos con ellos. Pero este detalle beneficioso para nuestra cordura perjudica a Isabel, ya que ese relevo permite que ella se convierta en un blanco fijo para sus dardos envenenados.

Terminando.

El final es el adecuado, aquí no vale decir: yo habría hecho o yo habría escrito... La distancia en el tiempo nos permite a los lectores de hoy hacer una lectura crítica y por supuesto aplaudir el magnífico resultado.
El villano es un gran personaje, e incluso los secundarios bordan su papel.
En la reseña de Ana Karenina os dije que en el final echaba algo en falta. Alrededor de la Karenina se creaba un vacío, un silencio y además sobraban algunos detalles.
En esta historia no hay nada que sobre ni que falte. Está construida a conciencia, y además Ellen Wood prescinde de ese lenguaje recargado tan habitual en obras de esta época.

Espero que esta lectura os resulte tan apasionante como me lo ha parecido a mi.


martes, 4 de junio de 2019

Ana Karenina de Lev N. Tolstói

Sinopsis:

Entre los grandes escritores del siglo XIX, Lev Nicoláievich Tolstói (1828-1910) ha sido calificado como «genio único, sin equivalente en ningún otro país». Aparecida en su versión definitiva en 1877, Ana Karenina es la obra más ambiciosa y de mayor trascendencia del escritor ruso, una novela de corte realista y psicológico que describe con enorme agudeza la sociedad rusa de la época a la vez que plantea una feroz crítica hacia la aristocracia en declive, su falta de valores y la cruel hipocresía imperante.
La culpa, la redención, la búsqueda del bien y la caída en el pecado, el rechazo social y el trastorno interno que dicho rechazo provoca en quien lo padece... todos estos temas aparecen magistralmente engarzados en Ana Karenina, una obra clave de la literatura universal cuya lectura sigue siendo imprescindible.
La colección Austral conmemora con esta edición especial el centenario de la muerte de Lev N. Tolstói, uno de los mayores genios de las letras rusas que supo plasmar como ningún otro la grandeza del alma humana y sus constantes paradojas.

Opinión:

Hoy vengo a hablaros de un clásico de sobra conocido y que llevaba tiempo reposando en mi biblioteca. Tras ver en Twitter que desde el blog de La pecera de Raquel se lanzaba una propuesta de lectura conjunta, no lo dudé y me uní a esa aventura.

Dicen las malas lenguas que con la publicación de Madame Bovary en 1856, se produjo una gran revolución literaria, ya que la obra traía consigo un cambio en la representación de las mujeres en la literatura, papel que hasta el momento cumplían al pie de la letra, mostrándose fieles y sumisas.
A esta obra la siguieron otras de temática muy similar, como esta de la que hoy os hablo, Ana Karenina, publicada en 1878, o La Regenta en 1885.
Las tres novelas tenían en común, no solo que estaban protagonizadas por mujeres infelices, que se veían empujadas al adulterio por la insatisfacción, sino también por soñadoras, acosadas por una sociedad que no las llegaba ni intentaba comprender.
Por eso ahora, con la oportunidad que nos brinda la distancia, debemos mirar más allá de los personajes, de la crítica social que acompañó la publicación de estas obras, y ver que no solo son mujeres que comenten una falta; son mujeres que reivindican su libertad, el derecho a elegir, y esas carencia de libertad es precisamente lo que las empuja a caer en brazos de un Don Juan, en una especie de acto de rebeldía.

Llegados a este punto, supongo que todos conoceréis el argumento de la novela que ocupa hoy estas lineas, porque básicamente como acabo de mencionar, muchas de las grandes novelas escritas en el siglo XIX, giran alrededor del mismo tema, la mujer infiel.
Pero Ana Karenina va mucho más allá... 

A través de ella, Tolstói nos habla de un amor pasional, de lo bueno y lo malo de esa relación; de la dependencia; del amor idealizado; de los anhelos; y también del sufrimiento por lo que se debe dejar atrás... 
De esta forma, el autor, haciendo uso del realismo literario se enfrenta a las ideas surgidas en la etapa anterior, en el romanticismo; poniendo en evidencia todos esos ideales en que eran instruidas las mujeres cuando se enfrentaban al matrimonio. 
Nos brinda a través de esta historia, una visión realista del drama social, del conflicto que existía entre como se sentían y como debían comportarse.

Alrededor de Ana Karenina va a pintar un gran cuadro costumbrista
Tolstói no solo se limitó a ser un gran observador, sino que meditando sobre todo lo que le rodeaba y valiéndose de su experiencia, retrató de forma crítica a esa sociedad que conocía muy bien. 
Nos describe el poder, las extravagancias y la prepotencia de la clase más alta, esa sociedad dominada por la envidia, la hipocresía, y la superficialidad.
Pero en esa descripción a la que nos invita a asomarnos, y de la que se vale gracias al gran elenco de personajes que acompañan a Karenina, no solo va a aparecer la alta burguesía y/o la aristocracia, también, en menor medida, hay un espacio para reflejar otros estratos sociales más bajos, aunque, si bien es cierto que, siempre aparecerán retratados desde la mirada de los que poseen el control.

La novela se divide en ocho partes con capítulos muy cortos, detalle que me ha sorprendido junto a la prosa ligera que tampoco esperaba encontrar, ya que pensaba erróneamente, que la pluma de este escritor ruso, sería más recargada y llena de grandes y plúmbeas descripciones, que es lo que nos venden de los escritores rusos.
Lo que menos me ha gustado es que a la hora de crear a los protagonistas, recurre demasiado a los arquetipos.

Ana va a representar a la mujer adúltera.
Todas las mujeres que se mueven a su alrededor, la admiran al tiempo que la envidian.
¡Pero cuidado! una cosa es como se ve su imagen en público y otra muy distinta, como la vemos los lectores, que apreciamos hasta el cambio más sutil en su actuación, gracias a la maestría narrativa del autor. 
Ana al comienzo se nos presenta como un dechado de virtudes...
Alegre, llena de ganas de vivir, generosa y amante de los suyos; pero en privado y según avanza la historia vemos que su apariencia muta y reaparece ante nosotros como alguien distinto.
Es voluble, egoísta y caprichosa, y la obsesión hace mella en ella, llevándola a un deterioro visible.
Ese aspecto que se agrava, como digo, llegando al final, es solo un reflejo de lo que siente en su interior; de la incapacidad a hacerse con el control de la situación, y eso lógicamente afecta a la relación que mantiene con el resto del plantel protagonista.

De esa forma vamos a conocer al personaje atormentado.
Una vorágine de pensamientos obsesivos la empujan a saltar en cuestión de segundos del amor al odio, de la esperanza a la desesperación, y eso la lleva a un camino sin retorno.

Por otro lado tenemos al marido, Alexis Alejandrovich, al que conoceremos como Karenin.
Un hombre mayor, muy ocupado en sus labores, que al principio parece que la infravalora y menosprecia con su actitud. Después, cuando Ana se arroja en brazos de su amante, parece reconocer el valor que tenía la esposa y opta por consentir el desliz, siempre y cuando éste se mantenga al margen de la opinión pública.

Y por último, dentro de este triángulo amoroso, tenemos al tercero en discordia: Vronski.
Se le describe como alguien de aspecto fabuloso, con una juventud y una pasión que todos admiran, pero que a mí me ha parecido, más simple que el asa de un cubo.
El amor entre Ana y Vronsky es estorbado, no solo por Karenin y por la fuerza del vínculo conyugal, sino también por el impacto social que acarrea el adulterio.
Las infidelidades se castigaban de modo distinto por la ley, dependiendo de si eran cometidas por el marido o por la mujer, y a esto también hay que sumarle la doble vara de medir con que juzgaba la sociedad rusa.
Esa sociedad que yo considero en conjunto como otro personaje más, espera atenta el momento de saltar sobre Ana, para dejar caer sobre ella el peso de su desprecio.

Pero esta historia no gira solo alrededor de Ana Karenina, ella solo es la mitad del relato, por eso, antes de empezar a enumerar al resto del plantel protagonista, hay algo que debo señalar y que creo que es importante para no liarnos.
Esta obra destaca por la existencia de un buen número de personajes que están interrelacionados entre sí, cada uno de ellos representante de una faceta distinta de la sociedad.
De ese modo, y simplificando: Anna Karenina es hermana de Oblonsky, y éste está casado con Dolly. A su vez Dolly es hermana de Kitty que será la esposa de Levin.

Y ahora sí, ha llegado el momento de hablar del otro protagonista, cuya vida corre paralela a la de Ana, y al cual Tolstói dedica la otra mitad de su novela.
Mientras que Ana nos muestra las consecuencias de ir en contra del pensamiento común de la sociedad, Levin va a ser el encargado de mostrarnos el pensamiento religioso y la situación política y social.
Levin es nuestro guía por la vida rural. Yo creo, que en él se proyecta el Alter Ego del autor ruso del que hoy os hablo, pero es tan solo una apreciación mía.
Representa la antítesis de la sociedad rusa aristocrática y a través de él, Tolstói nos habla, como ya os he avanzado más arriba, sobre religión, y es que sus últimos años estuvieron marcados por varias crisis espirituales que le llevaron a convertirse en un hombre profundamente religioso.
También vamos a ver a través de este terrateniente filósofo, otra faceta del modo de vida del autor, que se tradujo en dejar los lujos de los que disfrutaba y mezclarse con los campesinos adoptando su forma de vida.
Pero vayamos a los secundarios...

Os he dicho hace un momento, que la infidelidad se juzgaba con un doble rasero, y la muestra la tenemos en el hermano de la Karenina, Oblonsky.
Él, encabeza el elenco de secundarios.
Nos muestra el adulterio desde el punto de vista masculino; al ser varón, no sufre del escarnio público.
Dolly, su esposa, representa a la mujer sumisa, que debe aprender a convivir con la situación, mirando hacia otro lado.
Y por último llegamos a Kitty, el personaje más joven, que va a desempeñar el papel de las mujeres que sufren al dejarse influenciar, al permitir que otros decidan por ella su futuro.

El papel de las mujeres en la sociedad, que hemos visto reflejado en infinidad de novelas de la época, aquí lo vemos descrito con una multitud de matices, ya que cada una de ellas representa un arquetipo. Lo que sí comparten, es que todas, en mayor o menor grado, tienen una vida triste y desgraciada.

Para terminar con los personajes, voy a hablaros de su arco dramático, porque me ha ocurrido algo curioso.
Me imaginaba que los principales tendrían un arco de transformación muy acusado.
Sabía que Tolstói nos ofrecería, desde el comienzo, un reparto dotado con unos valores y una serie de características muy concretas; lo que no podía imaginar es que su evolución fuese tan brutal.
Con esto no digo que su arco de transformación sea positivo, porque no debemos olvidar que en esta novela hay una clara crítica hacia la sociedad en la que él vivió y cuyos representantes son los protagonistas.
Ese cambio del que os hablo, afecta a todo el elenco a nivel moral e ideológico y se aprecia desde los primeros capítulos; pierden valores de los que presumían y terminan siendo totalmente distintos a como los conocimos al comienzo; lógicamente en Ana, esa metamorfosis descendente se aprecia más, al sostener sobre sus hombros el peso de toda la obra. Y es que Ana cambia tanto en su comportamiento, que si la comparamos al inicio y al final de la novela, parece ser dos personas totalmente distintas.

Por otro lado también debo señalar, que no he llegado a empatizar por completo con ninguno de los personajes, aunque eso no signifique que sean malos.
Están descritos a la perfección, cumplen su función, adaptándose a la crítica social, porque hay que reconocer la gran maestría de este escritor que consiguió crear una novela describiendo con precisión milimétrica a la sociedad rusa.

Para terminar os diré que en conjunto es una obra que ha superado mis expectativas.
Tolstói construye una historia de amor pasional, donde las convenciones sociales son las encargadas de poner el punto final, pero también debo decir que cuando terminamos observamos que en la recta final falta y sobra algo.
Le falta empatía, que los personajes conversen sobre Ana en ese tramo, para que su recuerdo no caiga en el olvido; y al mismo tiempo le sobra el discurso mental y filosófico de Levin, que cubre casi por completo la narración y que se hace interminable.


jueves, 27 de septiembre de 2018

Miedo de Stefan Zweig

Sinopsis:

Irene Wagner lleva una vida acomodada y sin preocupaciones junto a su marido y sus dos hijos. Sin embargo, tras ocho años de matrimonio, los bailes, el teatro, la ópera y otras actividades sociales se le antojan predecibles y anodinas. Así, más por fantasía novelesca que por auténtico deseo, inicia una relación con un joven pianista. Pero pronto una mujer la descubre cuando sale del apartamento de su amante e Irene se ve obligada a ceder a un terrible chantaje.
El terror de ser descubierta por su marido y de perder todo lo que posee y, ahora descubre, tanto necesita y ama, la sumirá en una tormentosa pesadilla. Escrita en 1913 y publicada por primera vez casi una década más tarde, Miedo es una de las nouvelles más sobrecogedoras de Stefan Zweig, con un final tan sorprendente para la protagonista como para el lector.

Opinión:

Hoy os voy a hablar de otra novela de Stefan Zweig, Miedo, una obra escrita en 1913 pero que no vio la luz hasta una década después.

Hablar de Stefan Zweig, es hablar de un gran autor de prosa y argumentos cuidados; de historias cargadas de sentimientos; de argumentos sencillos pero con complejas tramas.
Lecturas breves, la gran parte de ellas, pero en resumen, grandes obras con mayúsculas que nos hacen analizar al detalle el comportamiento de los personajes y reflexionar sobre ellos.
Aunque pueda resultar extraña la comparación, para mí la obra de Zweig es como leer Haikus. poemas breves, de apariencia simple que la mayoría de las veces desarrollan o esconden conceptos complejos.
Pero volvamos a Zweig...

Esta obra, al igual que las anteriores que he reseñado de él, se leen de forma muy fácil por varios motivos:
El primero: la exquisitez y fluidez de la prosa de Zweig, que convierten las lecturas en todo un placer.
El segundo: la gran diversidad de sentimientos que retrata, y que recaen en el lector como una refrescante lluvia de sensaciones.
El tercero: por el  argumento inquietante.
Y el cuarto y último, pero no por ello menos importante, es su extensión, en este caso 136 páginas.

Esto último que he mencionado, la brevedad de la obra, es algo a tener muy en cuenta.
Zweig crea una gran historia, sin necesidad de recurrir a las aproximadamente 1000 páginas de Anna Karenina, a las 400 de Madame Bovary o las 800 de La Regenta, y lo hace focalizando la historia básicamente alrededor de un único personaje, Irene Wagner, aunque eso sí, también se valdrá de tres personajes secundarios, ambientales, para dar forma complementando el argumento.
De esa forma, con lo que a simple vista podría parecer un argumento simplón, consigue una trama potente, de gran tensión pero sin necesidad de recurrir a artificios escénicos.

Ahora os voy a a comentar el porqué de haber citado a estas otras tres obras:
Hemos visto muchas novelas que tratan el tema del adulterio, con personajes atados a los clichés de la época y se me ocurre, que esta breve historia, también podría estar incluida en ese gran triángulo literario que forman: Anna Karenina, Madame Bovary y La Regenta.
Flaubert, Tolstoi o Clarín, fueron unos de los primeros en tratar un tema tan delicado, donde la sociedad era la encargada de juzgar a unas mujeres que, por uno u otro motivo, caían bajo el influjo de un seductor galán.
Stefan Zweig da una pequeña vuelta de tuerca a ese argumento y decide centrarse plenamente sobre el personaje femenino, al igual que lo hicieron los anteriormente citados, pero volcándose en reflejar sus sentimientos, más concretamente en el miedo que experimenta a ser descubierta y/o a perder todo lo que posee.
¿Porqué se centra Zweig en describirnos el miedo? pues simplemente porque el miedo es una sensación provocada por algo real o imaginario pero que en cada sujeto se manifiesta de una forma distinta.
Tiene una infinidad de causas y deriva en otro tanto de sensaciones: angustia, ansiedad, desconfianza, inseguridad; a nuestra protagonista ese "miedo" le va a llegar a través de los remordimientos, y en cada escena, en cada situación, Irene lo que espera es un castigo que no llega, una espera que se convierte en desasosiego, en una tensión que va en aumento, que no conoce límites; para ella su miedo, esa incertidumbre que arrastra, es mucho peor que el castigo, algo que ella considera tangible.

Hay que reconocer que este autor crea un personaje soberbio.
En Irene Wagner, en un momento u otro, vamos a ver como se mezclan varios estereotipos femeninos.
Aparecerá la mujer virtuosa, esa perfecta casada de la que nos hablaba Fray Luis de León en su texto homónimo, y la evolución que ha experimentado ese papel hacia la mujer ideal que la convierte en el famoso ángel del hogar, mientras que en otros otros se ajusta al papel de mujer malcasada, alguien empujado al adulterio por la insatisfacción, al igual que le ocurría a Madame Bovary o Anna Karenina.

Zweig nos muestra como es la mente del personaje y los lectores terminamos sintiendo lo que ella siente. Todo eso lo consigue sin necesidad de darle a Irene el mando del relato, haciéndolo a través de un narrador externo, y prescindiendo del monólogo interior.
Ese narrador omnisciente, capaz de meterse en lo más profundo de los pensamientos de la protagonista.

Una novelita muy breve, pero muy recomendable que no debéis perder la oportunidad de leer.


martes, 19 de junio de 2018

La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne

Sinopsis:

La letra escarlata está considerada la mejor novela norteamericana del siglo XIX.
Ambientada en la Nueva Inglaterra de los puritanos del siglo XVII, La letra escarlata (1849) narra el terrible impacto que un simple acto de pasión desencadena en las vidas de tres miembros de la comunidad: Hester Prynne, una mujer de espíritu libre e independiente, objeto del escarnio público y condenada a llevar la «A» de «Adúltera»; el reverendo Dimmesdale, un alma atormentada por la culpa aunque digno de la estima general, y Chillingworth, un ser siniestro, cruel y vengativo, que maquina en la sombra.
La presente edición incluye una introducción de la catedrática Nina Baym, cuya labor investigadora se ha centrado en el estudio de la literatura americana del siglo XIX. En el año 2000 recibió la medalla Jay Hubble que otorga la Modern Language Association por sus valiosas aportaciones en esta materia.

Opinión:

La letra escarlata, escrita en 1850, está considerada como la obra cumbre de Nathaniel Hawthorne y clasificada dentro del Romanticismo norteamericano.
Como primera curiosidad os diré, que fue uno de los primeros libros en ser producido de forma masiva en Estados Unidos, ya que hasta el momento, la producción se limitaba a elaborar libros a mano y en ediciones muy limitadas, mucho de ellos se producían bajo demanda.
La primera edición de esta novela fue de 2500 volúmenes y se agotó en poco más de una semana, convirtiéndose en lo que hoy sería un superventas.

La segunda curiosidad llega de manos de su escritor, Nathaniel Hawthorne, nacido en 1804 en la población de Salem.
Su tatarabuelo, fue juez en los famosos juicios de brujas de Salem, y el único de todo ellos que no se arrepintió de sus actos.
Los principios de Nathaniel le llevaron a rechazar el puritanismo extremo del que habían hecho gala sus antepasados y por ese motivo modificó su apellido original, Hathorne, agregando una W para cambiarlo por Hawthorne.

La prosa de este escritor, desde los primeros párrafos del primer capítulo, demuestra ser soberbia; emplea una voz narrativa que brilla con luz propia.
Tiene un estilo tan peculiar y cuidado que ha logrado sorprenderme, por ese motivo voy a hablaros principalmente del primer capítulo, porque es digno de alabar, y en él vais a ver una pequeña muestra condensada de toda la genialidad dispersa a lo largo de esta obra.

En ese primer capítulo consigue crear suspense y compasión, al mismo tiempo que nos transmite la tensión que se masca fuera de la prisión, de esa forma nos va preparando para los conflictos posteriores.
Muchos autores de esa época recurrían al uso de grandes descripciones para generar el ambiente propicio, en cambio él decide prescindir de ellas. Se vale del lema menos es más, y recurre a la imaginación lectora. Cuando llega la hora de describir a las gentes que esperan fuera para ver el escarnio público, nos las muestra con una exactitud y calidad literaria que corta la respiración.

Todos tenemos una idea bastante clara de como era la sociedad puritana, de como vestían, y a Nathaniel le basta con sugerir que había una multitud vestida de colores sombríos.
El lector, con esa parquedad descriptiva, tiene suficiente para imaginarse a todas esas gentes ataviadas de ropas con una amplia gama de grises, pardos y negros, y con ellos el ambiente oscuro y triste que arrastraban y que marcará el desarrollo de esta historia.
Nos presenta de forma breve a esa sociedad de moralidad rígida, que muestra la tonalidad más negra del puritanismo, pero dejándonos bien claro como son por dentro y por fuera.
Quiere demostrar desolación, no quiere reflejar un acto alegre, porque intenta crear un retrato fiel, reflejando la gran oscuridad que hay en los corazones de esos que esperan expectantes fuera de la prisión.

Encontraremos muchísimas figuras retóricas; símbolos, metáforas, alegorías... y con ellas conocemos a Hester, nuestra protagonista.
La vemos por primera vez como un solitario rosal silvestre, delicado, que crece en la puerta de la prisión rodeado de maleza.
La maleza ya habréis deducido quienes son...
La letra escarlata, otro símbolo omnipresente en esta historia, representa el adulterio y el pecado, aunque Hester lo convierte en todo lo contrario; en un adorno que luce en su pecho con orgullo.
Esa marca que debería señalarla como un ser pecador y estigmatizado al que todos rehuyen, termina convirtiéndose en una señal de rectitud, de caridad.
Hester evoluciona y se convierte en esa persona que ayuda siempre a los demás, un ser bondadoso y noble, frente a los corruptos de doble moral puritanos, que obran de una forma y piensan de otra. Esa A, la hace libre, es el único personaje liberado de toda la obra.

La prosa de la que hace gala este autor es muy fluida, y la narración consigue mantener el ritmo ágil hasta el final, ritmo que se apoya en unos capítulos bastante breves.

El narrador en tercera persona, nos relata unos hechos que como él mismo nos indica, sucedieron doscientos años antes.
Es un guía por el relato que intenta mantenerse al margen de la historia, limitándose solo a contar, eso sí, con infinidad de detalles como ya habéis podido comprobar.
Nuestro narrador, sabe que nosotros los lectores somos espectadores pasivos, contemplamos unos sucesos de los cuales no formamos parte, aún así, esa riqueza de detalles y la perspectiva que da al relato, se convierte en una lograda estrategia discursiva y consigue que nos posicionemos tomando partido por Hester.

La novela avanzará de forma rápida, y también los acontecimientos que en ella ocurren.
El autor no duda en utilizar pequeños saltos en el tiempo, siempre hacia adelante, que obligan al argumento a avanzar con rapidez, aunque sin olvidar mencionar algunas situaciones del pasado para contextualizar.

Ya conocéis algunos detalles de esta obra, pero este autor aún esconde más bajo sus mangas.
No solo destacó por su prosa, sino que también fue un valiente.
Criticó a una sociedad y sus actitudes, creando un personaje femenino de gran fortaleza y leal, que ha pasado a considerarse como la primera y mayor heroína de la literatura americana.
Un personaje que no duda en enfrentarse a toda esa comunidad que trata de condenarla e ignorarla. Este autor no quiso que viésemos a una mujer adúltera. Él quería mostrar a una mujer valerosa e inteligente, alguien capaz de poner del revés los pensamientos y principios de esa facción radical del protestantismo calvinista; de esa sociedad puritana, falsa e intolerante.
Crea un argumento cuyos temas principales son el pecado, la culpa y la hipocresía, dejando espacio para criticar el maltrato psicológico, retratando a la perfección a esos jueces, que se alzan para juzgar a otros haciendo uso de un doble rasero, el juego de la doble moral...
De lo que no fue capaz este autor, fue de librarse de los estereotipos del Románticismo, como veréis a continuación.

Ya habéis conocido un poco por encima a Hester, nuestra heroína, el clásico personaje que hoy encuadraríamos dentro del estereotipo de las "malcasadas", junto con Madame Bovary, Ana Ozores (en la Regenta) o Anna Karenina...
Un personaje que prefiere sufrir el castigo en silencio a delatar a su amante, porque la forma en que entienden el amor estas heroínas románticas, es que si no se sufre, si no duele, no es amor...
Hester ya lo habéis visto, es un gran personaje que además contrasta con los otros dos que formarán parte del también estereotipado, triángulo amoroso.
La lealtad de Hester se enfrenta a la cobardía que vemos en el joven pastor Dimmesdale, que deja que ella sufra en soledad el escarmiento público.
Recae en ella la decisión, de si delatarle o no, es un hipócrita sin valor.

Os he mencionado que Hester evoluciona, encarna un papel activo y se atreve a desafiar lo establecido, en cambio el personaje del pastor Dimmesdale involuciona...
Es un personaje que va menguando a lo largo de la obra. En cada aparición, parece que se achica ante la mirada reprobadora del lector, presa de esos sentimientos que no tiene el valor de revelar y que le atormentan.
El secreto le anula, le corroe, y aunque él no es portador de un símbolo que le señale como pecador, lo lleva en su conciencia y sus remordimientos.
La pena y su falta de coraje, pesan en su alma más que la letra escarlata, porque aunque su deshonra no es pública, va a cargar con ella no solo en lo terrenal.
Dimmesdale se ajusta al retrato prefijado del hombre en el romanticismo.
Un hombre gobernado por los sentimientos, melancólico y sensible, culto y reflexivo. Se siente aplastado por el peso de su propia alma, de su conciencia, y hasta su descripción física se ajusta a la del hombre romántico, delgado, pálido y siempre vestido de oscuro.

Y por otro lado tenemos al marido, Chillingworth, ese personaje mezquino y rencoroso que aparece en escena justo en el peor momento de Hester.
Chillingworth, el personaje con el que se casa Hester, es un anciano de buena posición. Siempre se han respetado pero no existe pasión.
Ella es enviada, por delante, para preparar el nuevo hogar en Nueva Inglaterra y ahí se pierden los pasos del marido, supuestamente desaparecido o muerto. Chillingworth reaparecerá en escena convertido en alguien siniestro y malvado...

Pero retomando el tema de los estereotipos románticos, en esta historia nos encontraremos con algunos más...
El clásico sentimiento de soledad, la necesidad de rebelarse, el simbolismo de las alegorías, todo lo mencionado como veis, son ideas recurrentes en la literatura de esa época.

Hoy os he hablado de una novela con un argumento sencillo a simple vista, pero muy intenso y que no dudo a la hora de recomendar...
Es uno de esos clásicos a los que lamentablemente el cine no ha hecho justicia.
La tensión es un elemento constante, y Hawthorne lo consiguió sin necesidad de añadir ningún tipo de artificio.


martes, 22 de mayo de 2018

Cumbres borrascosas de Emily Brontë

Sinopsis:

Cumbres borrascosas, la épica historia de Catherine y Heathcliff, situada en los sombríos y desolados páramos de Yorkshire, constituye una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza.
Con ella, Emily Brontë, que se vio obligada a ocultar su género publicando sus obras bajo seudónimo, rompió por completo con los cánones del decoro que la Inglaterra victoriana exigía en toda novela, tanto en el tema escogido como en la descripción de los personajes.
La singularidad de su estructura narrativa y la fuerza de su lenguaje la convirtieron de inmediato en una de las obras más perdurables e influyentes de la historia de la literatura.

Opinión:

Introducción.
Esta novela, la única escrita por Emily Brontë, fue publicada en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, debido a que en ese momento, el reconocimiento literario de las mujeres era nulo.
Tras su publicación, la obra tubo una acogida decepcionante, ya que la crítica opinó que las descripciones de las pasiones sin control y las muestras de violencia, resultaban demasiado explicitas y se alejaban de la clásica moralidad victoriana.
A esto había que sumarle que Catherine, se alejaba del papel que debía representar la mujer de la época; obviamente, la moralidad inglesa siempre tan políticamente correcta, evitó también hacer mención a otros tema más delicados, como la relación incestuosa a la que podrían llegar los protagonistas, ya que son hermanastros; la diferencia de clases de la que provienen y el trato racista que recibe Heathcliff de manos de algunos personajes, ya que el joven es de raza gitana.

La gran paradoja es que aunque recibió una tibia acogida, hoy en día está considerada como la obra más representativa del Romanticismo inglés, y me aventuro a decir que también es de las que marcó un antes y un después en la literatura, porque supuso el punto de partida para un nuevo tipo de mujer literaria, totalmente incontrolable y revolucionaria.

Ya sabéis que el Romanticismo, surge a caballo entre Alemania e Inglaterra en el s. XVIII y XIX. Este movimiento cultural nace en contra de las ideas de la ilustración, del racionalismo, y en él se dará mucha importancia a los temas oníricos; a la fantasía; al simbolismo y a lo sobrenatural; a la naturaleza, o más bien, a como el ser humano la siente y la interpreta, pero también hay un espacio muy amplio destinado a la muerte, a las pasiones y sentimientos desatados. Aunque hay que decir, que este concepto del Romanticismo, poco tiene que ver con los conceptos modernos del amor o el romance.

Nos enfrentamos con esta lectura, a una aventura amorosa arquetípica, (por el comportamiento de los personajes), un amor tempestuoso, que solo acarreará sufrimiento a cuantos les rodean y que a los protagonistas les perseguirá hasta después de la muerte; un modelo original que servirá como pauta en el futuro a otros escritores, pero que también comparte detalles con otras obras que la preceden en el tiempo, valiéndose de los estereotipos que aparecen en ellas, concretamente y aunque pueda parecer extraño, con Romeo y Julieta de Shakespeare, aunque la personalidad de los protagonistas resulte totalmente opuesta.
  1. Ambas se incluyen dentro del género de la tragedia.
  2. Usan el estereotipo de los amantes desventurados, una relación condenada desde el principio al fracaso.
  3.  Y por último, la muerte de la pareja supondrá la reconciliación de ambas familias.
Personajes
Estaréis conmigo, en que a lo largo de la historia de la literatura, han aparecido personajes tan absorbentes, que no solo se han limitado a cobrar vida en la obra, sino que también han impedido que el público o la crítica se olvidase de ellos, aunque haya pasado el tiempo.

Los hay de naturaleza buena y mala, eso es precisamente lo que convierte el argumento en real; pero estos de los que hoy os hablo, son bastante diferentes.
Aparecen cubiertos de un halo de misterio y sus sentimientos van a ser llevados al límite, sobresalen porque no pueden pasar desapercibidos por su gran complejidad.
No son unos protagonistas con los que empaticemos por su pasado, por sus acciones, ni tampoco hacen el menor esfuerzo por redimirse. Son arrogantes, obsesionados, soberbios y rompen con cualquier patrón preestablecido, creando una incomodidad creciente en el lector, eso es precisamente lo que les convierte en personajes que dejan huella.

Catherine asume el papel central de esta obra.
Es una mujer caprichosa, rebelde y orgullosa, cuyas decisiones marcarán el ritmo del argumento.
Anteriormente os he mencionado que el papel que desempeña en esta historia, se aleja del que la sociedad asignaba a una mujer. Emily Brontë rompe con todos los estereotipos de la época.
Crea un nuevo arquetipo, que se aleja tanto del papel sumiso y pasivo que corresponde socialmente al mal llamado "sexo débil", superando esos estrechos límites impuestos por la sociedad decimonónica, y al mismo tiempo alejándose también del estereotipo de mujer fatal que se desarrolló plenamente durante el XIX.

Heathcliff, debo reconocer que no me ha caído bien.
Es arrogante y oscuro, un alma atormentada que desafía constantemente a la autoridad, y muchas veces sin motivo, solo por el mero hecho de hacerlo.
Es el personaje que aporta a la trama la locura, la obsesión y el misterio.
Un ser abyecto y vengativo, totalmente desconcertante, que nos atrae al mismo tiempo que le aborrecemos.
Tiene un extraño resplandor, un halo misterioso que mana a su alrededor, y que no solo atrae a los lectores como las polillas a la luz, sino que también ejerce su atracción, para bien o para mal, sobre el resto de personajes de la obra.
Catherine ve en él la representación del amor pasional e imposible; el señor Earnshaw al hijo perfecto y Hindley ve a un ladrón en todos los aspectos.
Heathcliff despierta amor, odio, envidias o pasión, según con quién se cruce.

Cumbres Borrascosas, la casa de la que se obtiene el título, también va a convertirse en un personaje más, una presencia que acecha negativamente a sus habitantes.
La elección del nombre resulta acertada, ya que la niebla que cubre las escarpadas cumbres, las tormentas de agua y nieve, en resumen, la naturaleza hostil, parece que se apodera no solo de la propiedad, sino también de los que allí viven.
La autora consigue aportar misterio, ya que fuera de sus limites no parece existir nada, solo hay vacío, detalle que puede comprobarse a lo largo de la novela en varias escenas; cuando Heathcliff llega a la casa por primera vez, o cuando desaparece de escena en dos ocasiones más...

Emily Brontë consigue aislar Cumbres Borrascosas del resto del mundo, hasta tal punto, que elimina totalmente el contexto histórico, si no es gracias a que alguno de los narradores se empeña en comunicarnos el año en que vive, nos costaría ubicarnos en la época.

Otro dato curioso es que cuando atraviesas la valla de entrada de Cumbres Borrascosas, parece que allí, en la misma puerta, abandonas las normas que rigen el mundo civilizado sustituyéndolas por la violencia constante.
Por ese motivo, Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, parecen ser dos mundos totalmente opuestos. En la Granja de los Tordos, hogar de los Linton, parece habitar la cordialidad, las buenas maneras, la educación y la cultura, frente a la barbarie, la falta de hospitalidad y desconocimiento que reina en las Cumbres. De esa forma, la ambientación y sus rutinas se convierten en reflejo de las logradas personalidades de los personajes.

La estructura.
La mediana de las Brontë con esta historia, no solo rompió con las normas morales de la época, sino que también lo hizo a la hora de dar forma a la obra.
Dio vida a unos personajes con gran profundidad psicológica, y también demostró su brillantez a la hora de elaborar una estructura compleja para su obra.
Hemos visto que la personalidad del elenco protagonista tiene forma de cebolla, capa a capa van mostrando una nueva cara, un nuevo sentimiento exagerado, hasta que llegamos al centro, donde se guarda su verdadera esencia; y lo mismo sucede con el argumento, una estructura que nos lleva a encontrar una narración dentro de otra gracias a los narradores.

Narradores
Para empezar tenemos un narrador homodiegético, aquí Emily Brontë rompe con el narrador heterodiégetico de uso frecuente en la novela victoriana, es decir, ese narrador de conocimiento ilimitado que presentaba la historia marcando las distancias.
Aquí como digo, el narrador es distinto, nos cuenta la trama desde dentro, porque forma parte de ella, interviniendo en los sucesos o en parte de ellos.

Aunque he hablado de un narrador, en realidad tendremos dos, pero del mismo tipo. El primero al que conocemos es el señor Lockwood, que será quien en principio nos presente a algunos de los habitantes de Cumbres Borrascosas.
La narradora que tomará posteriormente el relevo será, Nelly Dean, un ama de llaves que conoce todos los secretos de los habitantes de la casa y que será la encargará de relatar su dramática historia al señor Lockwood.
Nelly narrará una historia de pasiones desatadas, con un ambiente asfixiante y oscuro de fondo, donde la venganza y el odio ocupan el lugar principal.

La obra se divide en dos partes. La primera con 14 capítulos y la segunda con 20 y aquí hay que mencionar otro detalle a tener en cuenta:

La ordenación de la trama.
La técnica literaria utilizada por Emily, es la que suele denominarse como In media res, es decir, la trama comienza en mitad de la historia, justo cuando el señor Lockwood llega a Cumbres Borrascosas. Para completar el vacío argumental, el narrador debe retroceder relatando los hechos anteriores, mediante una narración retrospectiva.
En esta novela, esa narración como ya os he dicho, estará en manos de la señora Dean que comenzará a relatar los hechos desde el comienzo. Una vez que los hechos antiguos alcancen el momento presente, donde comenzó la historia, asistiremos de nuevo al intercambio de narradores, que continuarán su relato de forma lineal hasta el final de la historia.

Una novela brillante por todos los detalles que nos aporta; por la complejidad de los personajes, por la trama, por la estructura y por los narradores.
Pero esta reseña, no tendría mucho sentido sin esa pequeña reflexión lectora que últimamente estoy añadiendo a algunos clásicos. Por eso de nuevo os doy las gracias por vuestra paciencia infinita a la hora de leerme.

Lo que la verdad esconde
Hace muy poco que leía un comentario que aunque al principio me hizo sonreír por la ñoñería, después me inquietó por lo que escondían esas palabras.
La frase más o menos decía: Muero de amor por Heathcliff. 
Ese sencillo comentario me hizo plantearme varias cuestiones:

¿Me habría leído yo el mismo libro que esa otra lectora?
Doy por hecho que sí, pero debido a la gran complejidad de los sentimientos, la interpretación es libre, y por lo tanto tiene distintas lecturas.
Los sentimientos y como nos afectan a cada uno de nosotros, también afectan a nuestra realidad y a la forma de interpretar un argumento. Lo que no se puede negar es que estamos ante una gran novela de ficción, una joya literaria pese a la actitud de los protagonistas y a ese arquetípico amor, que dista mucho del que tenemos hoy en día.
Pero inevitablemente eso me lleva a otra pregunta, la más importante;

¿En serio se puede morir de amor, en nuestros días, por alguien con una personalidad similar a la de este individuo?
Porque Heathcliff, dista mucho de ser un héroe o un ídolo.
Se vale de los malos tratos constantemente, tantos físicos como psicológicos, para conseguir lo que quiere.
Da igual que sea una mujer, una niña, su hijo, un criado o un animal de su granja... Todo es de su propiedad y por lo tanto, tiene derecho a hacer lo que quiera con ello.
La verdad es que esos hechos aborrecibles, si estuviésemos en el s. XIX no nos sorprenderían, o no deberían sorprendernos, eran una forma de actuar en la época y en etapas anteriores, pero lo que realmente sorprende, es leer ese tipo de comentario hoy en día.

Por eso, sintiéndolo mucho, solo puedo decir que Heathcliff es un gran personaje, pero para una novela de ficción, no para dejarle suelto más allá de las cubiertas de un libro, para anhelarle como ser humano y menos aún como amante.
Es un galán, atractivo pero sin sentimientos. Se aleja de mi ideal de héroe, y sobraría decir que solo me ha arrancado una ligera sonrisa durante sus últimos días.
¡Pero no! no me voy a guardar el comentario, porque eso que puede parecer cruel a simple vista, no lo es; tan solo es una pequeña venganza, en respuesta al sufrimiento que el ha hecho padecer al resto de personajes durante 256 páginas.
Es un personaje que evoluciona, que pasa por distintas etapas, pero sus errores no le han ayudado a mejorar.
Ha sido un niño salvaje, un desagradecido, un adulto huraño y maleducado, pero sobre todo... vengativo.

Aún así, puedo asegurar que me resultará difícil borrarle de mi memoria, aunque en el fondo me duela reconocerlo.
Es un malo, malote, de esos que dejan huella; tanto o más que el inspector Javert, ya sabéis... el de los miserables... pero a ese ya le dedicaré sus propias lineas cuando le toque el turno.

Por otro lado, Heathcliff, debe dar gracias a la época en que Emily Brontë le hizo vivir, porque de haberlo hecho en nuestros días, su comportamiento más que tóxico le habría tachado de psicópata.
No es por faltar... es simplemente porque su actitud así lo muestra.
Por la falta de empatía; por su poder de manipulación; por ser un narcisista que se ve mejor que el resto; con un encanto superficial. sí, pero insustancial y temporal, como un canto de sirena; por el acoso al que somete a sus víctimas, por la falta de remordimientos y por esa necesidad obsesiva de tener siempre el control...

En fin, que habrá quien achaque ese comportamiento a su infancia difícil y dirán que eso le convirtió en un adulto peligroso, pero eso no es justificación.
Por otro lado la relación con Catherine, aunque esté mal decirlo a estas alturas, se convirtió en una relación enferma por los celos, por la dependencia y el sometimiento. Pero eso ya lo habréis descubierto...

Lo siento por todos aquellos lectores decimonónicos que no supieron ver la grandeza de la obra ni la gran profundidad psicológica de los personajes.
Eran otros tiempos, otra forma de vivir y también otra forma de entender el amor, y por eso intentaron condenar este libro.
Por suerte, y es algo que no me canso de decir, en la actualidad hemos aprendido algo, poco, pero lo justo para saber que hay que leer sin juzgar, y ese amor tan impulsivo e irracional, ese que se escapa de toda lógica, que se encuentra en un abismo entre realidad y loca pasión, y que solo tiene sentido entre las páginas de un libro, hoy en día sigue desafiando al más banal de los juicios.


martes, 8 de mayo de 2018

La novela de Genji de Murasaki Shikibu

Sinopsis:

La novela de Genji transcurre a lo largo de medio siglo, con infinidad de personajes y aventuras, muchas galantes, en que el protagonista, hijo del emperador a quien han alejado del poder desde su infancia, pugna por recuperar sus derechos. Una vida repleta de luces y sombras, de maquinaciones de poder y de erotismo, que llenan el clásico más notable de cuantos quedaban por traducir a nuestra lengua. La novela de Genji preludia toda la gran literatura universal posterior, con un conocimiento extraordinario del alma humana, de su esencia trágica y cómica.

Opinión:

Introducción.
Genji Monogatari, El Romance de Genji, Historia de Genji o La novela de Genji, son solo algunos de los nombres que se le ha dado a esta novela clásica japonesa escrita en el año 1000, aunque lo cierto es que se desconoce su título.
Esta obra es tan intensa, tan profunda y de semejante tamaño, que ya me perdonaréis, pero no puede resumirse en un par de párrafos, ahora veréis por qué.

La edición de bolsillo que yo tengo, es de la editorial Austral, y está compuesta por 2 tomos.
➲El primero, Esplendor, tiene 821 páginas que incluyen 456 notas al pie.
También habría que indicar que al comienzo incorpora una pequeña biografía sobre la autora, Murasaki Shikibu, y un prólogo de Harol Bloom muy recomendable.
A todo lo citado, hay que sumarle una extensa introducción donde se muestra como era la sociedad en el periodo Heian, y algunas interpretaciones sobre determinadas situaciones que viviremos en el interior del libro. También podéis encontrar una sección, Dramatis personae, donde explican la relación entre personajes, para facilitar la lectura.
➲El segundo volumen, Catástrofe, tiene 830 páginas y 456 notas al pie.

Ya a simple vista, por su extensión, vemos que es una novela que necesita su tiempo, aunque la única dificultad que encontraremos nos llega de manos de los más de 400 personajes que harán acto de aparición, porque casi todos ellos, en mayor o menos grado son familia, una forma de mantener el poder siempre en manos del clan, pero que a los lectores nos complicará, ya que sin poder evitarlo el pensamiento volará al clásico... ¿pero estos no eran primos y cuñados al mismo tiempo?

Reflexiones lectoras.
Es una obra tan completa como compleja, y permite varias lecturas. Eso es quizás lo que más llama la atención, la gran diversidad de opiniones que se amontonan a su alrededor.
A mí me ha parecido una novela muy entretenida, y volvería a releerla, porque una primera lectura te ayuda a situarte en el contexto, pero es la segunda la que realmente disfrutas. Aunque esta es solamente mi opinión como lectora. Una opinión entre muchas...

Como digo hay calificaciones de todo tipo, desde comentarios que la tachan de bodrio y poco atractiva, a voces que demonizan su lectura por las acciones del protagonista.
Sobre el primer apunte, ya lo habéis visto; nos enfrentamos a una novela extensa, y algunas partes pueden resultar pesadas, pero de ahí a clasificar esta obra como infumable, hay un abismo. Solamente por la magnífica riqueza de detalles con la que nos agasaja su autora, ya merece la pena leerlo.
Sobre lo segundo... solo recordar que estamos hablando de una novela escrita en el s. XI, considerada como la primera novela de la historia y no solo eso, sino como la primera novela escrita por una mujer, algo que para mí tiene ya de por sí mucho mérito.

Los que censuran la obra centrándose únicamente en un hecho en concreto, que lógicamente no voy a desvelar, decirles que no es justo que se queden solo con ese mensaje.
No podemos juzgar con nuestra mentalidad de hoy, unos hechos que narra una escritora del s. XI; sin saber a ciencia cierta, si lo que se vierte en sus páginas es una crítica a la sociedad, si es ficción, o simplemente si narra y acepta la realidad que a ella y a sus contemporáneas les ha tocado vivir.
Murasaki narra unos acontecimientos, no los cuestiona, pero tampoco en ningún momento los aplaude, actúa como haría hoy en día cualquier buen historiador que reflejase la historia de las mujeres en la antigua Roma o Grecia, no sería real si esas crónicas apareciesen sin violencia sexual o moral.

Por otro lado, si nos negásemos a leer obras por su contenido o por la ideología de su autor; si las censurásemos literariamente o las boicoteásemos, barbaridad que he oído decir mucho últimamente, nos estaríamos perdiendo la posibilidad de opinar sobre novelas tan poéticas como Don Juan Tenorio de Zorrilla o Lolita de Nabokov; o sobre autores como Oscar Wilde, Dostoyevski, Platón, Aristóteles, y aquí me paro porque la lista es interminable, entre otros cientos calificados como machistas, misoginos...; porque ahora resulta que para defender nuestros derechos, los de las mujeres, tenemos que pisotear no solo la lengua de Cervantes inventándonos palabras, sino que también, dejar de leer determinadas obras y autores.
De verdad, que es para hacérnoslo mirar... Esas actitudes solo nos llevan a dar pasos hacia atrás; yo quiero una sociedad igualitaria, sí, pero también culta, abierta a todo el mundo y donde se respeten todas las ideas.

No podemos boicotear la literatura, porque no nos guste una obra, su autor, o un personaje, y menos amparándonos en la coletilla de que es machista.
Pienso que a lo largo de la historia ya nos han quitado la posibilidad de leer muchas obras catalogándolas de prohibidas, por un motivo u otro.
Si hiciésemos esto, nuestro bagaje lector sería pobre, por no decir como sería el estado de nuestras bibliotecas y de la cultura en general.
Estaríamos actuando como censores, comportándonos igual que esos a los que precisamente criticamos, y eso nos llevaría a hacer uso de las tijeras en prácticamente todas las obras de la historia hasta bien entrado el s. XX.

Creo que para poder decidir o criticar, primero tenemos que tener el conocimiento que solo nos llega tras leer mucho y muy diverso.
Por eso aprovechando la oportunidad que me da el blog, os animo a dejar de hacer fogatas con determinados autores y sus obras.
Leed lo que queráis, sin necesidad de justificar vuestra lecturas ante nadie.

Por otro lado y retomando el libro, y en defensa de los personajes de esta historia y de su autora, he de recordar que tan solo son testigos de una época. No podemos reprocharles que acepten como naturales algunos comportamientos o que no los censuren, cuando es lo que están viviendo y no conocen otra cosa.
No podemos juzgar a los personajes por como actúan, porque tan solo son eso, personajes, y les estaríamos otorgando unas capacidades que no tienen.
Sería incongruente, al menos para mí, encontrarme en una obra de la edad media, da igual su ubicación, que se supone que refleja la vida de forma veraz, con un personaje masculino que se comportase como un defensor del movimiento #MeToo...

Por otro lado que no os vendan, que la novela de Genji solo contiene las aventuras de alcoba del citado personaje, porque no es así.
No vale quedarse solo con lo que hay en la superficie, somos lectores y hay que demostrarlo rascando bajo ella, sin lecturas superficiales y un triste "no me gusta"... Es como si dijésemos que Don Quijote es solo la historia de un loco, cuando conocemos la profundidad del personaje y los cientos de historias que se esconden y entrecruzan tras sus páginas.

Y ahora para terminar estas reflexiones, una recomendación sobre la lectura.
Si os decidís a leer este gran clásico, no hagáis pausa entre los dos volúmenes, porque aunque te habitúas a manejar cierto número de personajes, no lo haces de igual modo con los nombres, y al dar tiempo entre lecturas, hace que olvides quién era quién...
Y ahora me centro en la reseña.

La novela de Genji: Tomo I. Esplendor/ Tomo II. Catástrofe.
Para esta ocasión he preparado algo distinto.
Cuando reseñamos alguno de los llamados "clásicos", al margen de que nos resulte conocido o no, siempre encontramos cientos de referencias o comentarios en la red sobre él, lo que nos dificulta el ser un poco originales. Por ese motivo he pensado elaborar una reseña única sobre los dos tomos, intentado huir, en lo posible, de hablar solo sobre el argumento.
Por otro lado, sería absurdo intentar analizar la prosa, los versos, la estructura o mencionar la infinidad de personajes, así que intentaré mostrar únicamente las curiosidades que he encontrado. Os advierto que son bastantes.

Esta novela es una especie de saga familiar, una historia que servirá de crónica social y política al mismo tiempo. La narración abarcará más de medio siglo, y en ella no solo encontraremos las correrías del protagonista, Genji, el principe resplandeciente, sino que también seremos partícipes de las aventuras y desventuras de todos los miembros de su enorme familia.
El llamado príncipe resplandeciente, es hijo del emperador, su hijo favorito pero no el heredero al trono, por ese motivo y por su seguridad es alejado del poder.
Este personaje va a despertar sentimientos contradictorios en todos los lectores. En algunos momentos nos resultará simpático y en otros le compadeceremos, pero también sentiremos animadversión hacia él.
Se dibuja ante nosotros como un caradura que destaca por su ingenio a la hora de seducir doncellas; una especie de antihéroe, respetable de día y Don Juan de noche; alguien que se aleja del ideal caballeresco y que vive al margen de los códigos de honra propios de su clase.
Resumiendo... un personaje con luces y sombras.
A lo largo de los dos libros va a evolucionar, vamos a ser testigos de como madura, al tiempo que también nuestros sentimientos cambiarán hacia él.
Los lectores nos vamos a enfrentar a una difícil misión, leer sin juzgar, y si sois capaces de hacerlo, os encontraréis ante una novela y un personaje brillante; porque aunque nos cueste reconocerlo, Genji lo es. Los grandes personajes son aquellos que no dejan indiferente al lector, que son activos, que evolucionan y que impactan en nosotros, aunque sus acciones se alejen de lo que dicta la razón.

La vida de nuestro protagonista, va a estar constantemente observada por un narrador femenino, que no duda en irrumpir en la narración para dirigirse de forma directa a nosotros y así dar más veracidad a su relato, haciéndonos participes de la historia; algo parecido a los narradores heterodiégeticos, que encontramos en la literatura del s. XIX.
Esta narradora tan especial nos ofrece la historia de Genji en pasado, y lo singular es que al margen de este personaje masculino, el peso de papeles importantes en el relato recaerá sobre mujeres.
Sobre ellas se irá tejiendo la trama y los personajes masculinos que lógicamente aparecerán, cumplirán con una función secundaria, siendo meramente incidentales.
Pero hay otro detalle entorno a esta extraordinaria narradora que os quería comentar.
En numerosas ocasiones, en esas interrupciones que hace del argumento, no podrá evitar mostrarnos su punto de vista, lo que ocurre es que al igual que hiciese Santa Teresa, recurre a mostrar su ignorancia para evitar posibles consecuencias sobre sus comentarios.

“Omitiré los detalles, pues demorarse en ceremonias de este tipo suele resultar tedioso, sobre todo si el narrador es tan incompetente como yo” 

Ella nos advierte de que su relato no es creíble para muchos de sus contemporáneos, porque nos ofrece una imagen de Genji alejada de la perfección, cargada de defectos que dista mucho de la divinidad que le otorgaría el mero hecho de ser hijo del emperador.
También nos va a sorprender la capacidad de esta narradora para saltar de un registro a otro; de la seriedad a la reflexión, o del drama a la ironía.

Al llegar al segundo tomo se detecta un ligero cambio a la hora de narrar. Los acontecimientos se van alejando cada vez más en el tiempo, los personajes no son tan activos como al comienzo, y la narrativa se vuelve más fluida. Esto me hace preguntarme si hubo un parón en la escritura de Murasaki.

Nos encontramos con una historia a camino entre la novela cortesana y la costumbrista, eso sí, teñida con elementos picarescos, lo que demuestra que una vez más esta escritora se adelanta a la historia y a las obras que conoceremos en occidente durante el S. XVI.

Ahora os voy a comentar uno de los fallos que yo encuentro en esta novela y que creo que se debe a que nuestra traducción se ha hecho desde traducciones previas al Inglés, Alemán y Francés, lo que hace que se pierda la esencia del texto original. El lenguaje resulta demasiado actual, no se respetan los giros, el lenguaje cortés que supongo que sería propio de la época.
En nuestro Quijote encontramos expresiones más barrocas, frases y términos que ya no se emplean, y en cambio aquí eso no ocurre, salvo en los poemas. Esto que acabo de mencionar y que en principio podríamos considerar algo negativo, realmente beneficia al lector actual, ya que parece que nos enfrentamos a una historia escrita en nuestro tiempo pero ambientada en el pasado.

Y ahora sí voy a centrarme en esos detalles que aparecerán de manera constante a lo largo de esta obra y que sin duda os dejaran perplejos.

1.  Los parecidos razonables.
Con lo primero que se encuentra el lector en el primer párrafo, es algo que a mí personalmente me sorprendió. Encontré una fórmula de entrada que recordaba a Cervantes con su famoso comienzo de El Quijote. Un hecho muy curioso cuando esta obra de Genji está escrita cinco siglos antes. Por lo tanto, si nos encontramos ante la primera novela de la historia, quizás también nos encontremos ante la primera entradilla de ese tipo.

“ En la corte de cierto emperador, cuyo nombre y año en que subió al trono omitiré, vivía una dama que, aun sin pertenecer a los rangos superiores de la nobleza, había cautivado a su señor hasta el extremo de convertirse en su favorita indiscutida”  [...]

Otro detalle que habréis apreciado en el fragmento, es la forma de narrar; muy sencilla y similar a las empleadas en los cuentos. Y llegados a este punto debo comentaros algo muy importante, y es que en esta novela de Genji, vamos a encontrarnos referencias a relatos clásicos japoneses, y que como lectores, vosotros vais a encontrar muy similares a algunos que nos han llegado de manos de los hermanos Grimm, de Washington Irving o del afamado Hans Christian Andersen.
Con esto no estoy hablando de plagio descarado de los citados, pero sí que sus historias tienen claras reminiscencias de las mencionadas dentro de La novela de Genji. Esto solo dice que estos autores leyeron mucho y no se olvidaron de leer también los clásicos japoneses.
Pero juzgad vosotros mismos...

Genji vs Blancanieves.
El título que le conceden a Genji, principe resplandeciente podría ser una versión anterior y masculina de Blancanieves.
La madre de Genji, al igual que la de Blancanieves muere al comienzo de la obra. Ambas eran las amadas esposas del rey.
Las malvadas madrastras, crueles y envidiosas odian a los dos personajes, lo que les obliga a alejarse de la corte para evitar su muerte.

En fin, habrá quien diga que todo parecido con la realidad es pura coincidencia, pero vayamos al siguiente fragmento...

Leyenda del leñador chino vs Rip Van Winkle.
Hay una frase donde la esposa de Genji, Murasaki, dice:

¿Habré de esperar —le dijo— a que el mango de mi hacha empiece a sacar hojas como en la vieja leyenda del leñador chino?”  

Esta leyenda a la que hace referencia la mujer de Genji, que no tiene nada que ver con la autora del mismo nombre, habla de un leñador que ve a dos eremitas jugar al ajedrez y pierde la noción del tiempo. Cuando el juego termina cree que ha durado unos minutos cuando lo cierto es que han pasado años y el mango de su hacha ha echado hojas y raíces.
Exactamente igual sucede en el clásico de la literatura norteamericana, Rip Van Winkle, escrito por Washington Irving. Cuando un aldeano se va al bosque para conseguir paz y tranquilidad, ve a unos personajes jugar a los bolos y tras ello se queda dormido bajo un árbol. Cuando despierta el mundo ya no es tal y como él lo conocía. Han pasado veinte años...

Y ahora le ha tocado el turno a Hans Christian Andersen.
El cortador de Bambú vs Pulgarcita
En otro capítulo vemos como en una exposición de pinturas los personajes hablan de una de las láminas expuestas que hace referencia a un cuento folclórico japonés del s. X, y que lleva el título de El cortador de bambú. En ese pequeño relato se cuenta la historia de un matrimonio ya anciano que no ha podido tener hijos, y encuentra una pequeña hada en el bambú. Esa historia es casi igual a la que Andersen nos ofrece en pulgarcita. Buscad y lo veréis...

2. La metaliteratura va a ser nuestro compañera de viaje, no solo en lo que se refiere a los cuentos folclóricos que se citan, sino también a las referencias constantes a las tres antologías poéticas del periodo Heian: Kokinshu, Gosenshu y Suishu. 

3. La naturaleza va a ser un elemento omnipresente a lo largo de toda la narración.
En el mundo oriental existe la creencia de que todo es efímero, la naturaleza cambia y se transforma, y la literatura Heian se hace eco de ello.
Murasaki intenta reflejarnos fielmente esos cambios de la naturaleza, cambios bruscos a nuestro parecer, pero debidos a que en Japón las diferencias entre estaciones están muy marcadas.

La naturaleza por lo tanto va a convertirse en un elemento muy importante en el desarrollo de esta historia.
Las flores cuentan con un lenguaje propio, esconden una simbología oculta. Infinidad de flores van a aparecer citadas en los incontables poemas que emplean los personajes para comunicarse en momentos puntuales.
4. Esos poemas metafóricos que también podríamos incluir dentro de la sección de metaliteratura, generalmente relacionan al hombre con la naturaleza. Como he mencionado, los personajes los incorporarán a sus diálogos; su manera de escribir, de elegir las palabras hacen que el texto improvisado resulte natural, dotando a la narración de originalidad y elegancia.

5. El gran colorido que baña todas sus páginas.
La pluma de Murasaki es muy descriptiva y nos ofrecerá en un alarde de brillantez, las distintas tonalidades de las flores que decoran los jardines; de los árboles; de la amplia y alegre gama de tonos con la que tiñen sus ropas, por no hablar de como nos hace llegar los olores. Esa mezcla de fragancias sin igual que se desprenden desde las flores a los inciensos que se queman en las distintas estancias y que son empleados para perfumar sus ropajes.

6. El papel de la mujer aristócrata durante el periodo Heian también va a ser descrito por Murasaki.
Al igual que en occidente ese papel esta supeditado al del hombre. De soltera debe obedecer al padre, de casada al esposo y de viuda al hijo; pero también vamos a apreciar grandes diferencias con el papel desempeñado por nuestras mujeres del medievo. Las japonesas viven en una reclusión muy hermética y eso crea alrededor de los personajes femeninos un aura de misterio.
Respecto a la educación también encontraremos diferencias:
Genji censura la ignorancia en el sexo femenino, aunque también opina que las niñas no deben ser demasiado eruditas para no eclipsar o intimidar a los hombres. Por eso vamos a observar a lo largo de los dos libros, como las mujeres deben saber leer, recitar, tocar instrumentos, e incluso son las encargadas de relatar historias, un oficio exclusivamente femenino. Así que no es de extrañar que esta novela esté escrita precisamente por una mujer. A las mujeres japonesas no se las alejaba de los libros ni aunque estos fuesen historias de ficción.

7. La gran admiración por todo lo que proviene de China va a influenciar a la cultura japonesa. Adoran su escritura, su música e instrumentos, su poesía, e incluso su lengua es utilizada en la corte como algo que indica categoría.

8. La música.
Va a convertirse en un elemento presente en todos los capítulos, y es un detalle a tener muy en cuenta, ya que la música no es solo una parte importante en cualquier civilización, sino que también marca su  desarrollo y su evolución.
En este pequeño apartado, como curiosidad os diré, que en un capítulo se mencionan las melodías acuáticas. Ese tipo de espectáculos, según he podido comprobar, que se llevaban a cabo en el centro de un lago o similar, llamados también música acuática o música del agua, los historiadores lo atribuyen a un invento de Haendel. Dicen, que este excelente músico a requerimiento del Rey Jorge I, estreno en 1711, una obra musical básicamente barroca, que se ajustaba a esas características. Como podéis comprobar ahora, el creador no fue Haendel, ya que estas representaciones eran muy frecuentes en la época Heian, y así nos lo transmite la autora.

9. Todo tiene un principio y un final.
En Catástrofe llegará el relevo de los personajes, los que han dado comienzo a la saga se van haciendo mayores, y lentamente sus andanzas serán sustituidas por las de sus hijos y nietos. Vamos a conocer el ocaso de Genji, pero también el ocaso del periodo Heian.
El protagonismo de Genji será sustituido por el de uno de sus hijos, y aunque la narradora puede darnos la falsa impresión de que nada de lo que ocurra en el segundo tomo puede compararse con el periodo de apogeo de Genji, yo debo confesaros que esta segunda novela se me ha hecho más amena y dinámica.

10. Para terminar...
En el segundo volumen se repetirán las mismas historias de amor, los hijos incurrirán en los mismos errores que los padres, y como no podrían faltar, también aparecerán los inevitables triángulos amorosos.
Los protagonistas de esta Novela de Genji, independientemente del tomo que estemos leyendo, serán atormentados por secretos, recuerdos y remordimientos, que planearán sobre ellos "literalmente" como fantasmas; y es que los espíritus, el karma y los toques de realismo mágico, también serán un elemento que veremos sobrevolar incansablemente por las páginas de este libro.