martes, 10 de mayo de 2022

La muerte de Iván Ilich de Lev N. Tolstói

Sinopsis:

Iván Ilich es un funcionario de la administración zarista cuya principal aspiración, como la de sus colegas, es escalar peldaños en su carrera para mantener su bienestar y así seguir formando parte del mundo burgués en el que ha vivido siempre. Casado por conveniencia, al poco tiempo descubre el hastío que le produce la familia y centra su vida en el trabajo. Una monótona existencia que cambia repentinamente con la llegada de un importante personaje a su vida. Publicada en 1886, La muerte de Iván Ilich es una de las obras maestras del escritor ruso Lev Tolstói. Aclamada por Vladimir Nabokov y por Mahatma Gandhi como la mejor de toda la literatura rusa, es una de sus últimas novelas, fruto de la crisis que el autor vivió al cumplir los 50 años y que superaría con un radical cambio espiritual. Esta novela, ilustrada por Agustín Comotto y con una nueva y excelente traducción de Víctor Gallego, formula preguntas fundamentales que se han hecho todos los seres humanos a lo largo de la Historia.

Opinión:

Hoy de nuevo os hablo en esta estantería virtual de un gran clásico, pero esta vez de reducido tamaño, para que veáis que Tolstói también era capaz de plasmar grandes ideas en poco espacio.

Antes de comenzar con la reseña de La muerte de Iván Ilich quiero hacer una aclaración.

Es una historia que en algunos momentos puede tocar nuestra fibra sensible, pero sin llegar a exagerar. Si habéis visto Bambi y habéis sobrevivido sin arrastrar ningún trauma, estáis salvados.
Esto último lo digo porque luego se ven por ahí comentarios que más que animar a la lectura parece que intentan desanimar; donde sus autores se creen dotados de una sensibilidad espiritual única y que parecen haber experimentado, con esa lectura, la unión o el contacto del alma con la divinidad, de ahí que hayan sufrido con la experiencia. 
Parecen decir :
Tú, mortal, si no estás en ese peldaño, es que no estás capacitado para entender la obra
En fin... dicho esto corramos un tupido velo y comencemos por el principio. 

Esta novela, a pesar de su brevedad, a Tolstói le llevó dos años escribirla. Comenzó en 1884 y finalmente fue publicada en 1886, imaginad, por lo tanto, su gran complejidad. 

Mientras el cuerpo de Iván Ilich aún está caliente, todos los asistentes a su velatorio en vez de rendirle tributo están pensando en otras cosas. Ya sabéis, el egoísmo es algo que nos acompaña independientemente del lugar en el que estemos.
Su mujer piensa en la pensión que le va a quedar y en cómo obtener más beneficio del estado, y los compañeros de profesión en quién ocupará el sustancioso puesto que ahora queda vacante.

Como ya habéis visto la historia comienza en un momento muy delicado, el velatorio de nuestro protagonista, y desde ahí vamos a retroceder en el tiempo para conocer como fue la vida de este funcionario de la administración zarista. 
Un día, estando Iván subido en una escalera se da un golpe y ese es el detonante de su enfermedad. Ha alcanzado un alto puesto en la burocracia zarista y en ese momento comienza su declive. Ese peldaño de la escalera en el que está, el más alto, es tan solo un símbolo que nos muestra que se encontraba, socialmente en la cúspide. A partir de ese momento una crisis espiritual embarga al personaje, más o menos lo mismo que le sucedió al autor.

En esta obra corta, que está basada en un hecho real que contaron a Tolstói, el autor explora profundamente la psicología humana, usando de fondo el complejo contexto social, político y religioso. 
El dolor que sufre el personaje y el miedo a la muerte le llevan a hacer una reflexión de cómo ha sido su vida y, sobre todo, a analizar si su comportamiento ha sido el adecuado.

El lento paso del tiempo que le acerca a un desenlace inevitable le lleva a llorar por su impotencia, por la soledad de la enfermedad, por la crueldad de los hombres, e incluso por la crueldad de Dios o por su ausencia.
Es una novela que hay que dejar reposar pero que nos ofrece un análisis complejo sobre dos líneas antagónicas, la vida y la muerte, sin olvidar hacer también un análisis profundo sobre lo que sienten el resto de personajes y cómo les afecta la muerte próxima de un ser querido.
Hace una exposición sobre las diferentes actuaciones de las clases sociales, mostrando valores más elevados en gente de un estatus social bajo que contrastan con el egoísmo y narcisismo de las clases más altas.

Es una historia amarga que me ha recordado muchísimo a la metamorfosis de Kafka, no solo por la profundidad de los sentimientos del protagonista sino porque la interpretación y cómo afecta a cada lector depende de su sensibilidad y del momento en que se lea.   
Una obra que nos empuja hacia la reflexión, que nos hace ver que el tiempo pasa y se escapa a cada paso que damos, mientras nosotros nos preocupamos por cosas que no tienen la menor importancia, olvidándonos de disfrutar y de valorar lo que tenemos.
Iván Ilich solo quiere una cosa, afecto. Que se le valore por lo que es y no por lo que ha sido.

3 comentarios:

  1. Una maravilla. La lei hace unos años y me encantó. Hace bien poco que acabé "Guerra y Paz" y de nuevo pude apreciar la maestría del autor. Creo que Tolstoi es fundamental para entender el alma rusa, y más ahora que estamos inmersos en la crisis de Ucrania con Rusia.
    Lo que queremos todos, querida amiga, es eso que señalas al final de tu reseña, que se nos valore por lo que somos y no por lo que hemos sido.
    Un beso

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  2. Hola Susurros, pues me ha gustado lo que dices, aunque me reafirmo en que no estoy en el momento adecuado para leerla. La dejo pasar y ya veremos más adelante.
    Un besazo guapisima.

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  3. Tolstoi se manejaba bien en las distancias cortas y en las largas, sí señora, muy de acuerdo contigo. Entiendo a qué te refieres cuando haces el paralelismo con "La metamorfosis", aunque a mí me pasa que siempre lo comparo con Dostoievski, porque durante unas décadas ambos escribieron tocados por el romanticismo ruso de su época, y por esas reflexiones morales siempre presentes sobre el crimen, la miseria moral, la rectitud, el amor familiar, la predestinación y el carácter. Besos

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