Miles de admiradores, cámaras, sonrisas forzadas y ni una sola lágrima sincera.
Así es el funeral de mi madre, Elizabeth Casper, o A. Z. Ganven, como la conocen sus fans. Era la reina del thriller, y este es el espectáculo final de una vida que, como sus libros, parece llena de giros insospechados.
Dicen que fue una caída, un golpe en la cabeza, un final rápido. Demasiado perfecto.
Lo supe en cuanto llegó la primera carta el día del funeral. Sin remitente. Firmada «De tu fan número 1❤️».
Dentro, unas páginas arrancadas de un diario y una pregunta que lo cambió todo:
¿Quieres saber un secreto?
Con amor, mamá.
Desde entonces, cada nueva carta revela una pieza más del entramado de mentiras y secretos familiares que mi madre dejó atrás. Y, si estoy en lo cierto, descubrir la verdad podría costarme la vida.
Opinión:
Con amor, mamá es una novela que últimamente está en boca de todos, principalmente por el interés que despierta el anonimato de su autora que escribe bajo seudónimo y que ha generado todo tipo de teorías sobre su identidad; también porque mires donde mires encuentras la portada y a infinidad de lectores hablando maravillas.
Otro detalle es que se comenta que los editores de medio mundo han caído rendidos ante ella, pero ya sabéis lo que pienso sobre el modo de actuar del mundo editorial a la hora de vender...
Como estaréis expectantes por conocer la opinión sobre este fenómeno editorial no me extiendo más y comienzo por contaros que es una historia cargada de curiosidades y también que sus páginas esconden tanto cosas buenas como malas.
La primera toma de contacto es con un prólogo de apenas una página en el que un personaje, desconocemos quién es, observa un periódico en el que se menciona la muerte de Elizabeth Casper, una autora de superventas.
El final de esa pequeña intervención acaba con estas frases:
Se lo ha buscado ella solita.
Merecía morir.
Y ojalá hubiera sido antes.
Tras este inquietante comienzo nos metemos de lleno en la historia.
La novela está estructurada en tres partes.
La primera sucede en la actualidad.
Elizabeth Casper o A. Z. Ganven, como la conocen sus fans, acaba de fallecer y la trama nos situa en su funeral. Allí vamos a conocer a sus familiares más directos, entre ellos a su hija, Mackenzie, que va a convertirse en la gran protagonista.
El motor del argumento van a ser las cartas que se mencionan en la sinopsis y que va recibiendo Mackenzie, unas cartas que forman parte del diario de su madre.
Lo que sí querría resaltar es que esta sección finaliza con un giro de guion brutal o como suele denominarse en términos anglosajones, plot twist, de los que te dejan literalmente con la boca abierta.
Las características principales del plot twist es que es un giro tan inesperado que los lectores no lo vemos venir; es impactante porque se revelan algunos detalles que cambiarán por completo la idea que nos habíamos ido formando y por último, es común encontrarlo al final de una sección, como en este caso.
La segunda parte nos va a hacer retroceder en el tiempo veintiún años.
Es un racconto, es decir, un salto al pasado bastante extenso en el que se va a explicar de manera detallada algunos sucesos que darán sentido al presente de la protagonista.
Aquí la narración va a alternarse entre Ben y Tonya. Estos dos personajes ya se han dejado ver en la trama, pero aquí abandonan su papel incidental para convertirse en personajes emergentes cobrando una importancia inesperada.
En la tercera retomamos el hilo conductor que dejamos suspendido al final de la primera parte.
Como podéis ver es un libro que se ajusta a la estructura clásica de introducción, nudo y desenlace y que incluye una novela dentro de otra, porque realmente las cartas, con su contenido, son precisamente los cimientos de la historia que tenemos entre manos e irán destapando poco a poco la verdad.
Una historia que contiene dos moralejas, dependiendo del tipo de personaje que seas. A unos se le aplicará la sentencia de que el pasado, por mucho que lo esquives, termina encontrándote; mientras que para otros la conclusión lógica será que para entender el presente, hay que hurgar en el pasado.
Y ahora paso a describiros lo que no me ha gustado tanto, porque al menos, bajo mi parecer, no es el gran novelón que se está intentando vender.
Lo primero es la sensación que me ha dejado de estar ante una novela juvenil en lugar de ante el gran fenómeno mundial del thriller psicológico, intenso y cargado de suspense que anuncian.
Otro es el elenco de los personajes que pasa sin pena ni gloria por la historia. Da igual que seas personaje incidental, ambiental o protagonista. No son ellos los que te atrapan, sino la trama y ese plot twist brutal del que os he hablado más arriba.
Es cierto que el libro resulta interesante, pero para mí no ha sido una obsesión ni tampoco totalmente adictivo e imposible de soltar.
Que la autora tiene talento, pues sí, pero creo que resulta algo exagerado definirlo como un talento narrativo fuera de serie.
Y ya para terminar, hay algo que me ha descolocado y que dudo que sea una errata reiterada, de mala corrección o de supervisión.
En varias ocasiones se emplea desverse. Yo no voy a catalogarlo de palabra ni de término, porque lo único que me parece es una enorme patada al diccionario. Lo que es preocupante es precisamente esa cursiva que me hace pensar que está hecho con algún propósito, lo que ocurre es que no encuentro la intención.
Para que tengáis un ejemplo os pongo la frase:
Hay cosas que te dejan una impronta de por vida. Hay cosas que sencillamente no pueden desverse.
Y sí, estoy totalmente de acuerdo con esa frase. Hay cosas que no pueden borrarse de la memoria visual, como en este caso con el uso que se intenta dar a ese error grave que para mi gusto, rompe la experiencia de la lectura.
Y no, no me sirve el recurso de decir que es un vulgarismo, un giro lingüístico propio del habla descuidada de un personaje o de sus pensamientos, porque eso no encaja ni con el tono de la novela ni con el perfil del personaje en cuestión.
En resumidas cuentas...
La novela está bien. Cuenta con un buen argumento, una buena estructura que anima a leer, pero creo que, ese detallito final que he mencionado y que no sé ni cómo calificar, consigue distraer al lector y restar puntos.
Es algo a lo que no encuentro sentido y disculpad la expresión, me parece una majadería, un desatino, un disparate e incluso una frivolidad.
Fijaros lo rico que es el castellano y la gran cantidad de sinónimos que pueden emplearse para decir algo sin necesidad de inventarse palabras.

