viernes, 6 de marzo de 2026

El paciente A de Eric Frattini

Sinopsis:

Hace medio siglo Joachim Fest publicó una de las más importantes biografías sobre el dictador alemán, titulada Hitler. Entonces afirmó: «Esta es la versión más completa de los acontecimientos, que incluye todas las facetas de la vida de Adolf Hitler. […] esta es la última palabra sobre este hombre, porque no habrá nuevas revelaciones sobre Hitler que aún no hayan sido de dominio público». Sin embargo, la desclasificación de todos los documentos de valor histórico relacionados con la Alemania nazi ha invalidado la afirmación de Fest. Entre los millones de páginas, los investigadores descubrieron varios registros que hablaban sobre la salud del Führer y sobre la adicción a las drogas por parte de los miembros del ejército alemán y del propio Adolf Hitler. 
Durante los últimos nueve años de su vida, Adolf Hitler, un hipocondríaco de toda la vida, tuvo como médico al doctor Theodor Morell. Los cambios de humor de Hitler, la enfermedad de Parkinson que sufría, los síntomas gastrointestinales, los problemas de la piel y su constante declive, hasta su suicidio en abril de 1945, están documentados en los minuciosos diarios de Morell. Conociendo las importantes decisiones que Hitler estaba tomando y que afectaban a millones de personas, cabe preguntarse cómo se vio afectada su conducta por los numerosos medicamentos que tomaba, desde estimulantes hasta sedantes, desde hormonas hasta multivitaminas, desde esteroides hasta belladona y cocaína.

Opinión:

El paciente A de Eric Frattini es un ensayo que explora la vida de Adolf Hitler desde un punto de vista distinto y que nos lleva a ver cómo su salud física y mental pudo influenciar en la toma de decisiones, sin olvidar retratar sus filias, fobias, temores, complejos o ansias de poder.
 
Tras la desclasificación de todos los documentos de valor histórico relacionados con la Alemania nazi se descubrieron varios registros que hablaban sobre la salud del Fürer, sobre su adicción a las drogas y sobre todo de una dependencia extrema y obsesiva hacia su médico, Theodor Morell. 
Este sujeto que le trató sus últimos nueve años de vida y al que el círculo cercano al Fürer consideraban un bocachancla, llegó a administrarle diariamente hormonas, vitaminas, cocaína y anfetaminas, todo esto mezclado en un cóctel que contenía más de ochenta sustancias, así que no sería extraño que la toma de decisiones de Hitler se viese influenciada por este abuso de drogas, al igual que el deterioro físico que experimentó en los últimos tiempos.

Hitler consumía Eukodal, un opiáceo similar a la oxicodona, lo que le provocaba estados de euforia, mientras que para combatir la paranoia y la desconfianza creciente hacia sus colaboradores militares consumía estimulantes, más concretamente Pervitín, algo que contribuyó a agravar su ya paranoia natural, porque según se ha podido constatar su consumo crónico o a altas dosis podía causar cuadros de psicosis paranoide. Pero sobre el consumo de Pervitín ya os hablaré un poquito más...

La excusa de Morrell, ante esas prescipciones tan inusuales, era que si hubiese sido tratado por un médico común, sus actividades se habrían visto interrumpidas durante un largo periodo de tiempo y el III Reich habría corrido el riesgo de derrumbarse.

Frattini hace un análisis minucioso de Adolf Hitler, no solo como enfermo sino también como paciente, y en esta exploración exhaustiva de su historial médico también tocará temas como el insomnio pertinaz que sufría, las crisis de irritabilidad, la depresión, los ataques de pánico, los dolores estomacales, los problemas respiratorios o el parkinson, entre otros muchos. ¡Vamos!, toda una alhaja...

También nos muestra al Fürer como un hipocondríaco con una estabilidad emocional semejante a la de una montaña rusa, pero claro, si analizamos todas las sustancias que consumía, sin olvidar que bajo prescripción médica, esos cambios de humor llevados al extremo estarían dentro de la normalidad.

Entre los temas ya mencionados a mí hay un par que me han parecido de lo más interesantes...

Ya he comentado anteriormente el alto consumo de Pervitín por parte de Hitler, algo que le permitía permanecer en vela noches enteras tomando el control absoluto de las incursiones bélicas, ya que no se fiaba ni de su sombra.
Pues bien, la farmaceútica Temmler llegó a producir cerca de 900.000 píldoras por día, por lo que millones de dosis fueron enviadas al frente de guerra. 
Lo más curioso es que este psicoestimulante llegó hasta las tropas bajo el nombre de panzerschokolade, traducido literalmente como chocolate de tanque o chocolate blindado y con el aspecto de una golosina, ya que iba mezclado con chocolate.
Muchos historiadores entre los que se suma Frattini coinciden en que el éxito inicial de la que fue denominada como Guerra Relámpago (Blitzkrieg) se debió a que las tropas estaban completamente dopadas. 
El uso masivo de anfetaminas permitió a las tropas avanzar sin dormir durante días, un hecho que extrañaba y asombraba a partes iguales a los aliados. Aunque claro, a medida que pasó el tiempo y el conflicto fue avanzando, el suministro decayó y con ello la euforia de las tropas. 
Lo más gracioso es ver algunas imagenes donde se observa a los soldados de la Wehrmacht desmadejados y durmiendo en cualquier sitio como si se hubiesen pinchado con el huso de la rueca del cuento de la bella durmiente.

El otro tema y al que Frattini dedica un capítulo entero es al amplio grupo de mujeres de las que se rodeó, muchas de ellas entraditas ya en años y con una buena posición social y económica que cayeron bajo el influjo de Hitler. Algunos miembros de la alta sociedad le consideraban un farsante, pero este embaucador supo encandilar a este selecto grupo de mujeres, única y exclusivamente para servir a sus propios intereses que no eran otros que obtener respetabilidad, prestigio social y financiación. Luego llegarían otras relaciones, muchas sospechosamente acabaron en suicidio, y por supuesto Frattini no se olvidará de mencionar la tempestuosa relación con su sobrina o con la que sería su esposa por un día, Eva Braun.

Como podéis ver es un ensayo muy completo que no olvidará hablar de su pasado o de sus colabores más cercanos, entre ellos Morell, pero sobre todo que nos muestra como la locura de un hombre llegó a convertirse en la locura de toda una nación y que arrastró a varios continentes a una de las guerras más devastadoras de la historia.

Por poner algunos peros a la obra...
Tengo que reconocer que estos ensayos o biografías están destinados a un público muy específico interesado en la vida de este dictador o en la II Guerra Mundial, por lo que se de antemano que a muchos de los que visitáis esta página este libro no os va a interesar. 
También debo decir que en algunos capítulos se mencionan algunos datos de forma reiterativa y ese detalle, para mí insignificante, puede llegar a cansar.

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