lunes, 26 de febrero de 2018

El reloj de sol de Shirley Jackson

Sinopsis:

Una obra maestra del suspenso por primera vez en español.
Han pasado apenas unas horas desde el funeral del único hijo de los Halloran cuando su madre, nueva heredera de la majestuosa casa familiar, anuncia que está lista para apoderarse de todo y desterrar al resto de los ocupantes. Pero antes de que logre imponer su deseo, la tía Fanny recibe un mensaje sobrenatural de su padre, el dueño original de la propiedad: ella y los otros inquilinos sólo podrán sobrevivir a un inminente fin de los tiempos si permanecen confinados en la mansión.
Mientras se preparan para ser los últimos sobrevivientes de la Tierra, los ocupantes de la casa no pueden evitar sucumbir a las intrigas, la paranoia y la convicción de que la profecía es real y de que ellos son los elegidos para heredar un mundo nuevo: ¿llegarán al día del juicio sin destruirse unos a otros?
En El reloj de sol, como en La lotería y La maldición de Hill House, Shirley Jackson hace gala de su maestría para la creación de ambientes enrarecidos por la sospecha y el presentimiento de un horror sin nombre, que tanto fascinó a autores como Joyce Carol Oates y Stephen King, sin que su ácido sentido del humor y su agudeza para la crítica social desmerezcan en comparación.

Opinión:

"Cada vez que leo Orgullo y prejuicio me gustaría desenterrarla y darle golpes en el cráneo con su propia tibia..."
No es que lo diga yo... es que eso fue precisamente lo que dijo Mark Twain sobre Jean Austen, y aunque pueda sonar un poco brusco, la verdad es que yo he experimentado un sentimiento similar mientras veía pasar las páginas de esta novela.
Su lectura me ha hecho preguntarme hasta dónde quería llevarnos la autora y cuál era su estado emocional mientras escribía.

Dicen que Shirley Jackson se inspiró para sus obras en su propia vida; en la frustración de su matrimonio; en la horrible relación que mantuvo con su madre y en sus problemas de salud; cuentan que incluso llego a sufrir agorafobia impidiéndole salir de casa...
Era una autora que tenía la capacidad de sorprender, era siniestra, pero sobre todo, una aguda observadora del mundo que la rodeaba.
La conocí con, Siempre hemos vivido en el castillo, y la verdad es que me llamó la atención su particular forma de narrar, cargada de elipsis narrativas, donde lo que no se contaba, pasaba a convertirse en el elemento principal del argumento.
Esa forma de narrar, fragmentada, obligaba al lector a inmiscuirse en la trama, a intentar averiguar que se escondía tras los silencios.
Es una autora a la que puedes adorar o aborrecer; despierta sentimientos contradictorios según leas su obra, y reconozco que esta en concreto, a mí no me ha gustado.

Elementos comunes en la obra de Shirley Jackson.
Los comienzos pueden resultar abruptos.
Al comienzo de esta historia me costó conectar con la voz narrativa empleada, demasiado fría, carente de emotividad; y también con el comportamiento anormal que detectaba en los personajes. Incluso así, no puedo negar que me encontraba como abducida, intentando ver que era lo que fallaba en el relato.

La trama manipuladora nos seduce en todas sus obras.
El lector toma un camino mientras ella lleva la trama por otro. Los lectores nos centramos en unos hechos esperando averiguar los motivos. Priorizamos algunas de las situaciones, somos nosotros los que nos llevamos a engaño pensando que tiene que haber algo oscuro tras lo que cuenta, cuando realmente no es así. Los hechos que para nosotros son el generador de suspense, para ella tan solo son un juego, detalles totalmente intrascendentes...

“—La abuela mató a mi papi —dijo Fancy obedientemente—.
Lo empujó por las escaleras y lo mató.” 

Los escenarios son un personaje más.
Tienen un protagonismo especial, dotándolos de una personalidad casi fantasmal que acecha a cada uno de los personajes. Esos elementos crean un halo de suspense fantasmagórico, que llega a influir en su comportamiento.
Tenemos la majestuosa mansión de los Halloran, una presencia omnipresente que acecha a los personajes, y también el famoso reloj de sol que da título a la obra.
Ese reloj de sol parece ser el ingrediente discordante en la historia, un elemento que desequilibra la armonía de la mansión. Es lo que conocemos como un Macguffin. Un objeto que parece fundamental para la trama pero que finalmente no lo es; tan solo es una excusa para contar la historia, un cebo para  enganchar a los lectores.
Shirley Jackson lo utiliza con frecuencia en sus obras, es una de sus señas de identidad, poner elementos que luego no son imprescindibles o resolutorios; según mi opinión y para este caso en concreto, ese reloj solo me ha creado confusión.

Los personajes también aportan suspense.
Solo conocemos detalles de su vida actual, y sobre la pasada nos llegan pequeños retazos en momentos puntuales del relato. Tienen un comportamiento extraño y misterioso, los coloca entre la locura y el absurdo.
Parece que están enfermos por el ambiente enrarecido y claustrofóbico que viven, y se contagian unos a otros, porque otro elemento en común en las obras de Jackson es que los personajes permanecen encerrados en la mansión, quizás intentando plasmar en la obra parte de la realidad de la autora.

Siempre hay un personaje que intenta sobresalir por encima de los demás.
Intenta imponer su voluntad al grueso del elenco de actores, y lo más curioso, es que estos asumen de forma voluntariosa sus designios. Aún así no hay que olvidar que todos ellos, sin excepción, actúan como si fuesen los habitantes de una casa de muñecas, marionetas hechizadas por la fuerte personalidad de la mansión.

La complejidad del ser humano es infinita.
En todas las obras veremos como la autora busca profundizar en la condición humana, mostrándonos siempre lo peor del ser humano; la ambición, el egoísmo, el cinismo, la envidia...

El humor cínico, pilar sobre el que se sustentan todas sus obras.
La novela se lee como una especie de obra de teatro; de humor ácido, absurdo diría yo, donde vemos como todos los personajes se mueven únicamente por el dinero.

La ubicación de la trama.
Al igual que me pasó con Siempre hemos vivido en el castillo, me costó ubicarla en el tiempo, a pesar de que se van dando detalles sin cesar. Creo que es un ardid que emplea para despistar o entretener al lector, alejándolo de lo que verdaderamente importa.

Y por último...

Los finales abiertos...
Otro de los detalles a tener en cuenta si leemos a esta autora, ya que disfruta dejando al lector con la boca abierta, dando pie a que cada uno genere su propio final...

Un abandono a tiempo siempre es un acierto.
Los grandes críticos hablan maravillas de este libro, como habéis podido comprobar en la primera frase de la sinopsis, pero yo no he llegado a conectar ni con los personajes ni con el argumento. Los diálogos y las situaciones me parecían del todo surrealistas.
Es cierto que esta autora es una maestra creando ambientes enrarecidos por la sospecha, eso ya lo he dicho, pero esta novela no me ha aportado nada en especial.
No me gusta abandonar las lecturas, soy reacia a hacerlo, siempre espero hallar algo en el siguiente párrafo que me enganche, y en este relato, lamentablemente para mí y mi tiempo, no lo he hallado...


martes, 20 de febrero de 2018

Luna de invierno de Dean Koontz

Sinopsis:

Jack MacGarvey, un policía de Los Ángeles, resulta gravemente herido durante un tiroteo en una gasolinera. Eso le hace replantearse el futuro con su esposa Heather y su hijo Toby:
¿vale la pena vivir en una sociedad sumida en una espiral de violencia? 
En medio de este dilema, el destino parece sonreírles: heredan una casa en los bosques de Montana.
Sin embargo, comienzan a producirse hechos inexplicables: el pequeño Toby se comporta como poseído, los animales del bosque se muestran inquietos...

Opinión:

Ya os he reseñado alguna vez novelas de Koontz.
Es un escritor consagrado, considerado como uno de los grandes autores de intriga y terror de los Estados Unidos, pero para mi gusto, algo falla en sus historias; y es que todas tienden a enfocarse hacia la ciencia ficción, un género que no despierta pasiones en mí. Aún así debo reconocer, que esta novela escrita en 2003, es una de las mejores que he leído de él, (junto con Víctimas), porque mantiene la tensión hasta prácticamente la página final.

Koontz vuelve a hacer uso en esta historia de dos hilos argumentativos que fluyen de forma paralela y que se irán solapando; de esa forma dosifica la información y logra mantener el suspense, que irá más allá del momento en que los hilos se fusionen.

Desde las primeras páginas sabemos que algo indescriptiblemente extraño sucede en el Rancho Quatermass, pero los personajes, lógicamente desconocen ese dato.
El autor con ello crea una sugerente ambientación, porque los lectores conocemos en todo momento más información de la que ellos disponen; los lectores nos anticipamos a los acontecimientos, mientras que ellos permanecen ajenos a ellos.

Los protagonistas serán una familia vulnerable, que huye de la violencia de las calles de California, Koontz les hace una oferta que no pueden rechazar, crea para ellos un escenario "supuestamente" idílico.
Ya no deben preocuparse por las bandas callejeras, por los tiroteos, los robos, o las ventas de crack... ahora, solo deben saborear la paz y la tranquilidad de esa perfecta postal navideña, enfrentándose eso sí, a la soledad y al silencio; a las batallas de copos, fríos y húmedos que rápidamente recubren el terreno.
El rancho Quatermass reposa en mitad de las montañas rodeado de bosques. Una casa que se queda aislada en invierno, donde el vecino más cercano está a veinte minutos en coche. Una preciosa casita de madera, acompañada por cuadras, por la casa de los guardeses, un cementerio en la colina, y con unos vecinos únicos: animalillos de comportamiento extraño.

Koontz, utiliza en contra de los lectores, nuestra sensibilidad y racionalidad. Como he indicado otorga a los animales un comportamiento que además de resultarnos extraño, genera una alerta en nuestro subsconsciente, creándonos incomodidad y también utilizando a un pequeño protagonista de ocho años, el hijo de los McGarvey al que vemos indefenso y vulnerable, despertando en nosotros el espíritu protector.
La curiosidad del niño le hace arriesgarse en exceso ante nuestros ojos, vamos viendo como lentamente el mal, el horror, se va acercando a esa familia. mientras que los adultos intentan de forma obsesiva, dar una explicación razonable a lo desconocido.

Como os he indicado al comienzo, es una de las mejores novelas que he leído de Koontz; la tensión se masca hasta el final, pero falla en la forma de concluir y además no aporta nada espectacular ni innovador al género. Es una novela entretenida, sin más, donde los personajes, más bien planos, son perseguidos por un ente sobrenatural. Lo único destacable como he dicho es la intriga sostenida.


martes, 13 de febrero de 2018

Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley

Sinopsis:

Sinopsis de Frankenstein. Edición anotada para científicos, creadores y curiosos en general:
El Frankenstein como nunca lo habías leído: la ciencia que nos enseña una de las obras más estimulantes para el pensamiento.
El Frankenstein de Mary Shelley ha pervivido en la imaginación popular durante doscientos años. Iniciado como un relato de fantasmas por una autora intelectualmente y socialmente precoz de dieciocho años, la dramática historia de Victor Frankenstein y su extraña criatura puede leerse como la parábola definitiva de la arrogancia científica. Esta edición de Frankenstein acompaña la versión original de 1818 del manuscrito –meticulosamente revisada y corregida línea por línea por Charles E. Robinson, una de las autoridades más destacadas del mundo en el texto– con anotaciones y breves ensayos de estudiosos de primera fila que exploran los aspectos científicos, sociales y éticos de este maravilloso relato.

Opinión:

La obra:
Frankenstein o el moderno Prometeo, es la ópera prima de Mary Shelley, una obra que escribió con tan solo 18 años y que sería fuente de inspiración para otro millar de historias, entre teatro, cine y literatura. Esta novela no solo sería pionera del género gótico sino que también actuaría como espejo para plasmar los grandes dilemas que perseguían a los hombres y mujeres de la época.

La historia de Frankenstein surge como una especie de desafío literario, donde el reto es escribir un cuento de fantasmas.
En ese juego participan Lord Byron; Percy Bysshe Shelly, marido de Mary; John William Polidori y Clara, hermana de Mary.
Tal y como nos cuenta la autora en el prefacio, de esos días solo surgieron dos relatos, el de Frankenstein que posteriormente se ampliaría, ideando el argumento tal y como hoy lo conocemos, y El Vampiro narración de William Polidori, que también sentaría las bases de grandes novelas del género, como Carmilla o Drácula.

Frankenstein, se publicaría dos años después, en 1818, pero como curiosidad os contaré, que en la primera edición no constaba ningún autor, tan solo el apellido Shelley aparecía en el lomo.
Algunos críticos y lectores se arriesgaron a aventurar que era obra de Percy, no entraba en la cabeza de la época, que tan excelsa obra pudiese ser fruto de la mente de una mujer. Cuando conocieron que estaba escrita por una, comenzaron a llover las críticas, alegando que los defectos de forma que se encontraban en el texto, se debían únicamente al sexo de la autora.

La importancia del género epistolar:
Esta novela que podríamos encuadrar dentro del género gótico o romántico, es una obra que me ha llamado la atención por la cantidad de fragmentos de cartas que vamos a encontrar en ella.
El género epistolar fue el género literario más importante del s. XVIII, muchísimos autores ilustrados se hicieron eco de él, ya que servía para transmitir o difundir conocimientos sobre gentes, costumbres, acontecimientos etc...
Mary Shelley da un uso excelente a ese género en su obra, no os vayáis a pensar que solo lo emplea por estética; como veréis más abajo, la importancia es que el uso de este género diferenciará a los personajes...

Shelley, inicia la narración con cuatro cartas dirigidas a la Señora Saville. El autor de esas cartas es Walton, su hermano, un marino que se encuentra surcando los mares alrededor del Polo Norte, en busca de fama y aventura.
Mary nos presenta haciendo uso de las cartas, al que será el narrador principal, Robert Walton, el encargado de transcribir la historia según la cuente Víctor Frankenstein.
De esa forma se justifica la presencia de este personaje en la historia, y de paso sirve para crear un marco incomparable, describiendo minuciosamente el ambiente que reinaba en la época.

El marco literario:
Sabemos por esas cartas que nos encontramos en 17**.
Ese dato, aunque inconcreto, nos da algunas pistas importantes a los lectores.
Sabemos que estamos en pleno siglo XVIII, un gran siglo cargado de descubrimientos.
Unos lo denominarán El siglo de las luces, de la Ilustración, y con él nacerá la historia del arte como ciencia; se crearán los primeros museos de la edad moderna; se sentarán las bases para recuperar el legado histórico, la restauración, la conservación y con ello llegarán los grandes descubrimientos arqueológicos de Herculano y Pompeya.
Resumiendo, la Era de los descubrimientos toca a su fin, el globo se ha circunnavegado de punta a punta y solo quedan por explorar, Los Polos.
Por lo tanto, se abre ante los protagonistas un nuevo mundo, llega la transformación social, económica y tecnológica de mano de la revolución industrial y sobre todo, un nuevo mundo por descubrir a manos de la Ciencia.

A través del género epistolar, vamos a situarnos en ese momento crucial que marcará a los personajes de comienzo a fin.
En ese instante, aparece un nuevo personaje... un desconocido, culto y enigmático, que comenzará una narración en primera persona.
Ese personaje es Víctor Frankenstein y en su relato no solo incluirá diálogos, sino que nos hará retroceder al pasado y de nuevo veremos aparecer el género epistolar. 
Mary utilizará las cartas que Víctor recibe de su familia para facilitarnos datos personales de los personajes, para crear un perfil psicológico de cada uno de ellos y para remarcar los lazos sociales que les unen.
Ya os había dicho que el género epistolar es utilizado por Mary no solo por aportar estética a su novela, sino porque esas cartas serán las que marcarán la diferencia entre los personajes...
La epístola significa comunicación, estrecha lazos, crea una relación aunque a distancia entre emisor y receptor, o la mantiene... y eso precisamente es algo que no tiene nuestro siguiente personaje, la Criatura. La soledad va a ser algo omnipresente en todos los personajes, pero en ella se vuelve totalmente real. No existe ningún tipo de diálogo con el exterior... Está sola, obligada al aislamiento...

Por lo tanto, el relato de Víctor será sustituido por el de la criatura, en una especie de monólogo.
El lector, si es objetivo, reconocerá la verdadera naturaleza de cada uno de los personajes a través de su narración y de lo que en ella se cuenta.
Víctor se convierte a la vez en Dios y Juez, al tiempo que convierte a su criatura por su aspecto en un ser asocial, casi condenado a convertirse en un monstruo desde el comienzo...
Nada más recibir la vida, la criatura es abandonada.
Frankenstein huye presa del horror, repugnado por el físico del ser que acaba de crear. Víctor no piensa en las consecuencias éticas de su experimento, le falta valor para asumirlas, ese es el verdadero impulsor de la trama. 
La criatura se ve abandonada desde el comienzo de su vida, aislado, sin identidad, cargando con un aspecto físico que le marca y una soledad que le persigue y para la cual no existe remedio.

La estructura:
La novela se divide en tres libros, tal y como fue publicada en 1818 y su estructura es la típica de Introducción, nudo y desenlace.
El libro I corresponde a la Introducción. Conocemos a los personajes y parte o principio de la acción.
El libro II, se corresponde con el nudo. La trama se vuelve más compleja y avanza hasta casi el final. Y por último, en el libro III llega el desenlace, el final donde queda resuelto el conflicto.

Ideas Recurrentes:
La forma de narrar, de guiarnos por la trama tanto a los personajes como a los lectores es brillante. Mary hace uso de una prosa cuidada y fluida. Todo ello, sumado al uso del género epistolar, tan imprescindible en esta obra, agiliza la narración, aunque también hay que decir que hay numerosas ideas que aparecen de forma reiterada que pueden llegar a saturarnos un poco.
Esas ideas os las detallo a continuación:


"¿Cómo puedo conseguir que os apiadéis de mí? ¿No habrá súplicas que consigan que volváis vuestra benevolente mirada hacia la criatura que implora vuestra bondad y compasión...? Creedme, Frankenstein: yo era bueno... mi alma rebosaba de amor y humanidad; Pero... ¿no estoy solo... miserablemente solo? Y vos, mi creador, me aborrecéis. ¿Qué esperanza puedo albergar respecto a vuestros semejantes, que no me deben nada? Me desprecian y me odian.".


La idea principal que vamos a encontrar a lo largo de toda la historia, es la crítica hacia el papel de Víctor, que cree que puede ocupar el lugar de Dios creando o insuflando vida a la materia muerta.
Víctor no ve más allá de la criatura, de su ciencia, de sus obsesiones, y no aventura las consecuencias que puede tener jugar a ser Dios.
Mary le llama simplemente Víctor, en ningún momento le denomina Doctor, tan solo retrata a un hombre, alguien que ha utilizado la ciencia de forma poco acertada, y es que la ciencia puede ser tan destructiva como constructiva, depende de las manos que la utilicen.
El monstruo es fruto de la ambición y del egoísmo de Víctor, un estudio motivado por la búsqueda de fama y gloria. Quiere crear una especie de inmortalidad aunque también hay que reconocer que otros sentimientos más nobles están presentes y compiten con esa ambición. Intenta prolongar la vida humana o salvar de la muerte a la humanidad.
Quizás en este punto la literatura se mezcla con los anhelos de la autora, que vio como su vida la marcaba la muerte de sus seres queridos.

La sociedad. La maldad de sus individuos que es capaz de corromper hasta al ser más bondadoso.
Como dijo Rousseau, el hombre es naturalmente bueno y honrado, pero la sociedad lo vuelve malo.
Vemos la inhumanidad de la sociedad que se vuelca contra la criatura, dejándose llevar por su aspecto físico. 

La amistad es un concepto al que se da mucho valor a lo largo de la obra, independientemente del personaje que tenga el protagonismo. Esa amistad va unida directamente a otro concepto, el de la Soledad, algo que perseguirá a cada uno de los narradores, pero que únicamente es cierta en la criatura. Ella es la única que está verdaderamente sola sin haber buscado esa soledad.
La soledad de Víctor está marcada por su obsesión, es una consecuencia de sus actos.

La inmortalidad y la muerte, otros dos conceptos que aparecen y desaparecen como si jugasen al juego del gato y del ratón...
Pero... ¿qué opinaba Mary Shelley realmente?
Víctor desde el comienzo denomina a su obra como un demonio, como un engendro o un monstruo. Esa descripción debería impactar en el lector, ya que crea una predisposición en su contra, pero cuando conocemos a la criatura que surge de la pluma de Shelley comprobamos que a pesar de su aspecto, tiene corazón.
Está obligado a vivir una vida solitaria y angustiada, marginado sin nadie a quien recurrir en busca de respuestas o consuelo, ni tan siquiera puede apelar a su creador.
El solo quiere que se le reconozca humano y con su narración el lector empatiza con él, más que con Víctor.
Shelly nos muestra a una criatura fuerte de aspecto, pero con corazón, precisamente lo que buscaban los románticos de la época.
Carece de nombre y por lo tanto, aunque Víctor se empeña en llamarlo monstruo, ella hace hincapié en el término de criatura.
Una criatura es algo creado por alguien y que por lo tanto le pertenece, de esa forma Mary acusa a Víctor, él es el culpable y el responsable, y parece que se disculpan en parte los actos de la criatura.
El final por lo tanto ya lo conocéis, son habas contadas, ninguno de los personajes apelará a la justicia divina que puede ejercer Mary Shelley como creadora. Todos tienen su fin escrito desde el comienzo y la redención llegará tras la muerte.

"— Esperaba este recibimiento —dijo el demonio—. Todo el mundo odia a los desgraciados... ¡Así que cuánto me odiarán a mí, que soy el más desdichado de todos los seres vivos! Pero vos, mi creador, me odiáis y me rechazáis, a vuestra criatura, a quien estáis ligado por lazos que solo se romperán con la muerte de uno de los dos".



jueves, 25 de enero de 2018

La Regenta de Leopoldo Alas "Clarín"

Sinopsis:

En las páginas de La Regenta se compone un gran fresco narrativo sobre la burguesía de la ciudad de provincias, dominada por la nobleza decadente, el clero egoísta y la política caciquil, centrada en la seducción y el adulterio de una dama, Ana Ozores, antítesis de aquella sociedad.
Influido por la escuela naturalista fundamentada en Zola y Maupassant, pero anclado aún en argumentos románticos, Leopoldo Alas "Clarín" escribió la que ha sido considerada como la mejor novela del siglo XIX español.

Opinión:

Cuando hablamos sobre La Regenta, siempre hay alguien en cualquier corrillo que la relaciona con Madame Bovary, algunos incluso llegando a mencionar que es una copia o que existen paralelismos entre ellas.
Es cierto que el trabajo de Flaubert ha influenciado a muchos autores, no solo de esa época, pero considero una barbaridad que digan que Clarín plagió, o simplemente, que intenten buscar similitudes donde apenas las hay...
Creo que esas afirmaciones son fáciles de rebatir, pero también que esos comentarios oscurecen injustamente esta gran novela.

Soy de la opinión de que entre La Regenta y Madame Bovary no deberían hacerse comparaciones.
La obra citada de Flaubert, me parece muy interesante, de lo mejorcito, pero debo reconocer que para mi gusto, La Regenta es más compleja y completa.
Ana Ozores, es uno de los mejores personajes de nuestra literatura, capaz de competir e incluso eclipsar a la mencionada Madame Bovary o Anna Karenina; por ese motivo rompo una lanza en favor de nuestro autor patrio y su personaje, y voy a intentar dejaros mis impresiones sobre esta joya literaria.

La obra...
La Regenta, inicialmente fue entregada por capítulos, para finalmente publicarse en dos gruesos volúmenes, en enero y junio de 1885.
Hay que decir, que no contó inicialmente con el favor de la crítica ni de la opinión del público, pero sí con el apoyo de escritores de la categoría de Pérez Galdós o Menéndez Pelayo. El tiempo terminó dándoles la razón, y hoy en día, el público sigue rindiéndose ante su extraordinaria calidad.
Es cierto que en algunas ocasiones puede parecernos algo densa, pero Clarín podría compararse con esos manjares que deben degustarse en pequeñas cantidades...

Con solo leer las primeras páginas y ver como la ciudad de Vetusta va alzándose frente a nuestra mirada, intuimos que estamos ante una gran historia; pero a medida que avanzamos comprendemos que esa calificación no la hace justicia, sería más apropiado decir, que nos encontramos ante Literatura con mayúsculas.
La Regenta es más completa y compleja que la novela de Flaubert, voy a explicaros el porqué.

  • Clarín elige los primeros años de la Restauración Borbónica (1877-1880), para encuadrar la historia, y nos sitúa en la ciudad de Vetusta, nombre inventado tras el cual se esconde Oviedo. Pero no os vayáis a pensar que esta obra es una novela histórica, porque no es así. Clarín no reflejará en ella ningún acontecimiento histórico, es solamente el marco sobre el que se erige el argumento, describiendo la realidad con objetividad. 
  • En un alarde de maestría, aparecen más de 150 personajes, cada uno de ellos con una profundidad psicológica sorprendente, casi imposible de encontrar en otro texto. 
  • La gran narración descriptiva tiene tanto peso como los diálogos, que sirven para componer los ambientes, los escenarios, y esa profunda y detallada personalidad de los actores.
  • Para la función de narrador elige a uno omnisciente. Conoce hasta el último detalle y decide lo que es importante y en que momento contarlo. Escuchamos en varias ocasiones su voz directa, dirigiéndose al lector, pero permanece neutral al margen de ideas y acontecimientos.
  • Homenajea a autores españoles de la talla de Fray Luis de León, Santa Teresa, Lope o Calderón, citando muchos de sus trabajos, e incluso lo hace con escritores internacionales como Shakespeare o Victor Hugo.
  • También encontramos referencias pictóricas a Tiziano o Poussin, entre otros, y a infinidad de compositores musicales como Verdi y Rossini, de éste último, su ópera El barbero de Sevilla, podría emplearse como música de fondo para esta lectura, ya que a lo largo de la narración encontraremos menciones constantes.
Esto a grandes rasgos, pero hay bastante más...

Clarín, pincelada a pincelada, crea un retrato social, una ventana por la cual el lector se asoma, siendo testigo de excepción de unos hechos de final dramático.
La narración actúa como denuncia de una sociedad provinciana que nos muestra su mezquindad, criticando en otros, lo que ellos mismos practican.
Clarín en respuesta al Obispo de Oviedo, que condenaba severamente la inmoralidad de la obra dijo:
"mi novela es moral porque es sátira de las malas costumbres", debía ser que el Obispo tomo por espejo lo que tan solo era un libro de ficción...
Pero lo cierto es que realmente Clarín, no solo se limitó a criticar a iglesia y burguesía, también el papel secundario al que se veía relegada la mujer de forma obligada.
Todos estaréis pensando que Clarín podría haber sido más benevolente a la hora de elegir el fin para sus hijos literarios, otro final menos dramático, y aquí se encuentra el quid de la cuestión, Clarín quería hacer un comentario crítico y sin esa dureza del final, la denuncia caería en saco roto.

Argumento...
Si nos preguntasen sobre el argumento de esta obra, podríamos simplificarlo diciendo, que es una historia de seducción y adulterio de una dama representativa de la sociedad.
Otro resumen, igual de válido, sería que es la persecución de una "Sociedad" hacia el personaje de Ana Ozores. Una sociedad que no entiende ni acepta que exista alguien moralmente decente o simplemente, que no piense igual.
Ambos comentarios se pueden complementar y crear una sinopsis adecuada para La Regenta.

Nos encontramos ante una novela coral dividida en dos partes, cada una de ellas de quince capítulos.
En la primera parte se nos narra un periodo de tres días, y en ella conoceremos a los personajes principales.
El autor, hace uso de varios raccontos, pequeñas narraciones que nos hacen retroceder en el tiempo para conocer la vida pasada de cada uno de ellos.

La segunda parte abarca un periodo mayor, tres años, y en ella seremos testigos de la seducción graduada en la que caerá la protagonista.

Los personajes...
Ana Ozores, la Regenta, es un gran personaje no solo de este libro, sino también de toda la literatura española. Un personaje a defender, por lo que voy a señalar en este apartado, algunas diferencias y similitudes con la obra de Flaubert.
  • Ambas protagonistas tienen unos maridos anodinos, de escasa personalidad y volcados en sus pasiones. 
  • Buscan el amor absoluto, idealizado, al tiempo que nos transmiten su soledad a pesar de estar rodeadas de gente, volcándose por ello en la literatura. 

Pero aquí llegan las diferencias...
  • Ana diversifica su lectura, no se limita a leer novelas románticas. Lee poemas épicos, sobre geografía, historia sagrada y mitología, y se sirve de su imaginación para construir sus propias historias.
  • Es mucho más poética, más melancólica e incluso mística; fraguada entre lecturas de Chateaubrian, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León o de Santa Teresa. 
  • Su romanticismo es más pausado o sereno, pero también más inconformista e insatisfecho que el de Emma Bovary. 
  • Madame Bovary es más superficial, Flaubert no logra darle mucha profundidad al personaje, y la hace pecar de vulgar, alocada o impetuosa, quizás porque la influencia externa, política o religiosa, e incluso el tiempo transcurrido entre la escritura en ambas novelas, es distinta, y eso hace diferentes a los personajes.
  • Ana anhela la maternidad y Emma rehuye de ella.
  • Ana Ozores es una víctima, no solo de la sociedad vetustense, sino también, de la ambición y del orgullo de los dos personajes masculinos, con los que debe compartir protagonismo, mientras que Flaubert dota a Emma del protagonismo absoluto...
Y para ir terminando...
  • El tema del adulterio, solo ocurre en los dos capítulos finales, mientras que Madame Bovary comete el "pecaminoso acto" que la condena, a los 2/3 de la obra.
Podría seguir citando diferencias pero no creo que sean obras para hacer comparaciones, sobre todo porque son únicas en su creación y posteriores re-lecturas, nos harían encontrar nuevos contrastes...

Fermín de Pas, el magistral, y D. Álvaro Mesía, un Don Juan que ve como el tiempo pasa, son los otros dos protagonistas que componen este triángulo literario.
Conocemos a Fermín de Pas mientras contempla la ciudad y a sus habitantes, desde lo alto del campanario.
En esa pequeña escena que compone Clarín, nos muestra el talante avaricioso y soberbio del personaje. Comprobamos que es un ser orgulloso y mezquino, pero sobre todo, codicioso de poder.

El tercero en discordia es Álvaro Mesía.
Un personaje que se limita básicamente a cumplir con su papel de conquistador, un cínico seductor que la verdad es que a pesar de ser coprotagonista, no me ha aportado mucho...
Álvaro es el paladín elegido para conquistar una voluntad y rendir una virtud, la de Ana. Es otro de los personajes manipulados en esta historia; Álvaro no quiere el premio que supone Ana, solo quiere el triunfo, la corona laureada que supone ser el único que ha conseguido que La Regenta caiga ante sus pies.
Clarín coloca a Ana inalcanzable, en la cúspide de un triángulo que se eleva sobre la vanidad, la arrogancia y el desprecio recíproco que sienten mutuamente De Pas y Mesía. Cada uno de ellos situado en los vértices inferiores tirará hacia su lado, provocando la caída irremediable de Ana.

Por supuesto que hay muchos más personajes, y todos ellos tienen un rasgo común, una visión limitada en sus propios microcosmos que no les permiten ver las posibles consecuencias de sus actos, que irán más allá de los hechos que se narran.
Podríamos hablar horas y horas sobre los personajes, porque todo el elenco, al completo, convierten esta narración en una obra de lectura indispensable.
Pero la novela de La Regenta, no es solo Ana Ozores y la historia de un adulterio; al igual que Fermín de Pas y Álvaro Mesía no son solo dos competidores de ambición desmesurada.
Fermín de Pas también es la herramienta de su madre, Doña Paula, que lo utiliza para apaciguar su resentimiento.
Don Víctor es más que el marido ultrajado; es una especie de grotesco Quijote, humano, confiado y en ocasiones entrañable.
Y ahora llega para mí el gran personaje, le he reservado este momento, porque sin él no habría historia...

Su presentación, nos llega en la primera página...
Clarín hace gala de una prosa soberbia, y nos deleita con uno de esos comienzos literarios que quedan grabados de por vida en nuestra memoria lectora.
Nos ofrece una excepcional panorámica de la ciudad de Vetustaen sí misma un personaje más, y nos advierte de forma subrepticia de lo que encontraremos en el interior del libro.
Vetusta como indica la definición del término, significa ciudad vieja, anticuada, pero esa ciudad no sería nada sin la sociedad que en ella vive. Esa sociedad vetustense aporta a la anterior definición adjetivos como corrupta, enferma, superficial y envidiosa, creandose una simbiosis entre la ciudad y sus habitantes.
Vetusta y su sociedad, por lo tanto, se convierten en una protagonista imposible de eclipsar, un testigo omnipresente y silencioso, que convierte en marionetas a cada uno de los personajes.

Para terminar...
Flaubert imaginó una gran obra, encuadrada dentro del romanticismo tardío, y creó un personaje a su medida; quizás por eso su prosa es más frívola pero también más colorista, que la que nos ofrece Clarín.
El de Zamora nos regala una escritura más sobria, adecuada al naturalismo o a un realismo descarnado, un enorme cuadro donde Vetusta y sus personajes aparecen retratados en una amplia y completísima gama de grises.
Ambos trabajos resultan soberbios, al igual que las comparaciones odiosas. Por eso creo, que deberíamos leerlos sin comparar, sin juzgar, tan solo dejarnos llevar y disfrutarlas por puro placer.


jueves, 18 de enero de 2018

El cuento de la criada de Margaret Atwood

Sinopsis:

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.
En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.
Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.

Opinión:

El cuento de la criada o The Handmaid's Tale, es una novela distópica feminista, ya sabéis a que me refiero al encuadrarla dentro de distopía: Una sociedad ficticia indeseable y escrita por Margaret Atwood en 1985 y ambientada en Estados Unidos, en un futuro cercano. Supongo que también os puede sonar el título porque esta historia, ha sido adaptada para la TV, arrasando en los premios Emmy 2017.

A través de la protagonista, De Fred, y de un relato fragmentado, iremos introduciéndonos en ese futuro devastador que nos espera.

En la república de Gilead, antiguo suelo norteamericano, todos los derechos sociales han sido suprimidos.
Tras ataques terroristas y guerras biológicas... la sociedad tal y como la conocemos, ha sido borrada de un plumazo y una dictadura religiosa, ultraconservadora, es la encargada de gobernar.
Lógicamente, las mujeres somos las más afectadas con las nuevas medidas:
Se nos prohíbe leer y escribir; nos confiscan los bienes; se nos quita el derecho a hablar, ya que la mujer ideal debe hablar poco, pasar desapercibida y no olvidemos otro dato importante, no interesa ni lo que piensa ni lo que opina; nos recluyen en casa, debemos tener escaso contacto no solo con hombres, sino también con otras mujeres... todo esto, en un intento de hacernos más sumisas, borrándonos todo recuerdo de libertad.
Ahora, somos un bien del estado, clasificadas por el color de la ropa que llevamos, vigiladas en todo momento, y ese color de la ropa, no solo nos identifica dentro de una pirámide de clases más estricta que la vivida en la Edad Media, sino que también aborta cualquier rasgo de personalidad sobre nuestro aspecto físico; no somos ni dueñas de nuestra imagen.

Las mujeres de los Comandantes visten de azul en honor a la Virgen María y son las que poseen más privilegios; las Marthas, mujeres no fértiles, son identificadas por el verde y se encargan de las labores domésticas, mientras que el color rojo es la marca que sirve para señalar a las criadas.
Estas últimas, no tienen derecho ni a llevar su propio nombre, atienden al nombre del Comandante al que sirven, de esa forma, nuestra protagonista De Fred, nos indica a quién pertenece.
Las criadas son mujeres fértiles; tienen un fin utilitario, el de perpetuar la especie. La que logra tener hijos es festejada, debe considerarse una privilegiada porque la que no lo consigue es rechazada por el resto de la sociedad y enviada a las colonias o a algún sitio peor.
Hay otros grupos, por ejemplo el de las Tías, mujeres que visten de marrón, encargadas de adoctrinar y que ejercen un férreo control policial sobre las criadas, imponiendo un manual de conducta; y también las Jezabeles, prostitutas oficiales disfrazadas con cualquier atuendo, capaz de despertar las fantasías masculinas...
Esta escala social, concede más privilegios a unas que a otras, pero no nos dejemos engañar, todas son víctimas del mismo sistema.

En esta historia creo identificar tres partes:
La primera donde conocemos a la protagonista y con una narración austera y fría, nos va mostrando ese mundo que ahora le toca vivir. Parece una narración en blanco y negro, donde lo único que resalta es el color de la ropa y los flashback o recuerdos coloridos de un tiempo ya pasado. Esa narración impersonal, carente de emoción choca al comienzo, pero según vamos conociendo al personaje y el ambiente que la rodea, aceptamos que no hay nada que celebrar.
La segunda parte es donde los lectores nos enfrentamos a la verdad, y poco a poco vamos conociendo como se llegó a esa sociedad indeseable en sí misma.
La tercera parte, nos transporta al futuro, al 2191, a un congreso histórico donde se analiza ese periodo que fue la república de Gilead. Al principio esta última parte me desconcertó, pero ahora, tras meditar para esta reseña, creo que es una especie de moraleja, con la que Margaret Atwood abre una puerta a la esperanza, susurrándonos que aún estamos a tiempo de cambiar...

No os estoy hablando de una gran novela que sobresalga por la prosa, por la estructura o por grandes personajes...
Es una narración cuyo punto fuerte es el argumento que invita a reflexionar. Durante su lectura no me pareció que se tratase de un libro notable, llegaba a dudar incluso de las excelentes criticas leídas, pero como digo, tras unos días en los que no puedes dejar de pensar en ella, adquiere la categoría de Muy recomendable.
La historia, reconstruida con fragmentos, como nos indica De Fred, va haciéndose lentamente un hueco en nuestra cabeza. Su relato es gélido y carente de emociones, tan solo nos muestra la realidad que le toca vivir.
Ella nos cuenta lo que ve, pero para el lector es horrible lo que no cuenta...
Las mujeres únicamente son libres en su mente, y algo que a mí me aterró, fue la falta de solidaridad, la pasividad, el egoísmo y la frialdad que se extrae del comportamiento femenino, tras cada actuación.

Creo que el cuento de la criada, a pesar del lenguaje sencillo es una novela compleja, para leer con detenimiento e incluso releer, porque es de esas lecturas que ganan cuando las dejamos reposar.
Lo que ahora nos parece ficción, irreal o absurdo, puede ¿por qué no? mañana convertirse en realidad.
Podemos ver en esta obra argumentos feministas, críticas hacia el extremismo religioso, hacia los riesgos de la proliferación de armas de destrucción masiva, o hacia la situación medioambiental, cada lector hará su propia interpretación y buscará sus propios culpables, al igual que nuestra protagonista hace hincapié en ese mensaje recurrente que la atosiga, ¿por qué la sociedad no reaccionó cuando vio los primeros síntomas de que se pisaban sus derechos?