viernes, 22 de febrero de 2019

La caja de botones de Gwendy de Stephen King y Richard Chizmar

Sinopsis:

Existen tres vías para llegar a Castle View desde la ciudad de Castle Rock: por la carretera 117, por Pleasant Road y por las Escaleras de los Suicidios.
Cada día del verano de 1974, Gwendy Peterson, de doce años de edad, toma el camino de las escaleras, que ascienden en zigzag por la ladera rocosa.
Pero un día, al llegar a lo alto, mientras recupera el aliento con la cara roja y las manos apoyadas sobre las rodillas, un desconocido la llama.
Allí, en un banco a la sombra, se sienta un hombre con una chaqueta negra y un pequeño sombrero.
Llegará un día en el que Gwendy sufra pesadillas con ese sombrero...

Opinión:

Hace tan solo unas semanas vi comentado este relato breve en el blog de Sifuésemoslibros, y lo que contaba sobre él me gustó.
Debo decir, que esa página se ha convertido en uno de mis blogs de cabecera, visitándolo con asiduidad; las reseñas suelen ser breves, pero consiguen extraer la esencia principal de los libros. Sus recomendaciones, muchas para mí desconocidas, se convierten en aciertos, y por lo tanto, no tardé en hacerme con esta y colocar su lectura entre las prioritarias. Os recomiendo visitar su blog.

Esta historia surge de la cooperación de Stephen King y de Richard Chizmar. Según dicen, King tenía una historia sin acabar y sin ideas de cómo hacerlo. Hablando con Chizmar, éste ideó un desenlace muy al gusto del gran mago del terror y ¡voilà!, de ahí nació "La caja de botones de Gwendy".

Desde el comienzo la historia atrapa, eso no es una novedad.
Se lee sin hacer un alto; queremos saber lo que le deparará el futuro a Gwendy, y una vez más el gran maestro se hace con nosotros, nos engaña, nos tienta con una historia con tintes amenazantes y nos llena la cabeza de preguntas. Nos hace cuestionarnos cuánto de lo que le sucede a Gwendy es resultado del libre albedrío y cuánto de ello, fruto de la misteriosa caja de botones.

Pero bueno, como esta es una historia breve, tampoco voy a entrar en muchos detalles y me voy a centrar solo en lo que más me ha llamado la atención.
Esta historia que solo tiene 186 páginas, incluye algunas ilustraciones en el interior de Keith Minnion.
Lo más curioso fue descubrir que King, para este relato, prescindía totalmente de sus habituales introducciones, supongo que debido a la corta extensión de la obra. En esas introducciones suele presentarnos la ciudad, a los personajes principales y después nos enfrenta directamente con el problema.

Aquí, como digo lo suprime, y nos encontramos ya en la primera página, subiendo junto a Gwendy las escaleras de los suicidios, unas escaleras que supondrán un cambio brusco en su vida.
En tan solo tres o cuatro páginas, hemos visto algo que no es habitual en la pluma de King, pero en cambio hay otros detalles que sí son muy comunes en su obra y que seguro que no os costará reconocer.
Uno de ellos es dar el protagonismo absoluto a un niño, y el otro, darnos de frente con un personaje arquetípico de King, uno que aparece con demasiada frecuencia en sus obras, sobre el que recae la acción de tentar, como el Mefistófeles de Goethe..

La historia es dinámica, avanza a buen ritmo y tiene la esencia de King, esa tan característica y que impregnaba sus primeras obras. Tiene sus buenas dosis de intriga que mantiene hasta el final, pero por ponerle algún inconveniente, le falta el toque de terror.
El final elegido, para mi gusto, delata demasiado que no ha surgido de la mano de King, con esto no digo que no sea acertado ni que no me haya gustado, porque no es así. Ese final, da un toque especial, distinto a lo que King nos tiene acostumbrados.

Muchos de vosotros, me habéis comentado en más de una ocasión, que no os gusta el género de terror, pero que en cambio sí os gustaría leer algo de Stephen King; para vosotros, esta historia es la ideal. Tiene su esencia, su toque especial, y carece de ese golpe de terror que nos apasiona a los amantes de este autor en su vertiente más oscura.


martes, 19 de febrero de 2019

Los restos del día de Kazuo Ishiguro

Sinopsis:

Inglaterra, julio de 1956. Stevens, el narrador, durante treinta años ha sido mayordomo de Darlington Hall. Lord Darlington murió hace tres años, y la propiedad pertenece ahora a un norteamericano. El mayordomo, por primera vez en su vida, hará un viaje. Su nuevo patrón regresará por unas semanas a su país, y le ha ofrecido al mayordomo su coche que fuera de Lord Darlington para que disfrute de unas vacaciones.
Y Stevens, en el antiguo, lento y señorial auto de sus patrones, cruzará durante días Inglaterra rumbo a Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall. Y jornada a jornada, Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás. Porque Stevens averigua que Lord Darlington fue un miembro de la clase dirigente inglesa que se dejó seducir por el fascismo y conspiró activamente para conseguir una alianza entre Inglaterra y Alemania. Y descubre, y también el lector, que hay algo peor incluso que haber servido a un hombre indigno...

Opinión:

Los restos del día o Lo que queda del día, la novela de la cual hoy os hablo, es una obra escrita en 1989 al más puro estilo british, con una mezcla de elegancia y sobriedad a partes iguales que logra sorprender al lector, sobre todo, cuando caemos en la cuenta de que el autor es japonés.
Es cierto que Kazuo Ishiguro, premio Nobel de literatura 2017, se trasladó con su familia a Londres con tan solo seis años, y ha tenido tiempo más que suficiente para amoldarse al estilo de allí, por no hablar de las costumbres tan distintas a las de su país de origen.
Lo raro, como digo, lo que logra sorprender, es la capacidad de acercarnos a la Inglaterra de mitad del siglo pasado, en el periodo posterior a la II Guerra Mundial, pero a esa sociedad oculta a la que solo se tenía acceso por la puerta de atrás de las mansiones y que nos muestra el comportamiento de los criados al detalle, haciendo uso de un lenguaje preciso o correcto, no sé cómo definirlo, pero sobre todo, elegante.
Kazuo Ishiguro, deja la narración de esta historia en manos de Stevens, un mayordomo que arrastra más de treinta años de servicio, educado dentro de ese clásico carácter inglés tan rígido, incapaz de mostrar un solo sentimiento, pero que pese a eso logrará ofrecernos un relato conmovedor.

Stevens haciendo uso de una narración muy personal, ira mostrándonos cuanto sucede a su alrededor, sin olvidar describir al detalle el comportamiento de sus señores. Lo hará sin omitir opiniones, sin valorar si lo que ve está bien o mal, y ahí reside el gran mérito de este narrador, que será capaz de contarnos una preciosa historia sin emitir ni un solo juicio.

Stevens es un personaje fascinante, íntegro, totalmente dedicado a su trabajo, capaz de asumir como propios los errores de otros, anteponiendo su profesión a su vida y a su corazón.
Este mayordomo tan carismático iniciará un viaje por Inglaterra, mientras su actual jefe, Mister John Farraday, viaja a su país natal, Estados Unidos.
El destino de Stevens es llegar a visitar a miss Kenton, antigua ama de llaves de la mansión Darlington Hall.
El viaje que inicia no solo será una excursión en la que descubrir magníficos paisajes, sino que también será el medio para guiarle hacia ese viaje interior, ahondando en la nostalgia.

Os he mencionado que la meta del viaje es visitar a miss Kenton, pues bien, ese personaje omnipresente en todos los capítulos, de la cual nos va a ir hablando Stevens, y que vamos a ir conociendo en profundidad, va a actuar a modo de Macguffin, porque solo contará con una breve aparición, en persona, al final de esta historia.
Miss Kenton, va a ser el motivo por el que Stevens inicia ese viaje; es una excusa argumental para que el mayordomo nos vaya contando los sucesos del pasado, pero ella no es importante, es prescindible, y como comprobaremos, tampoco resultará de vital importancia cuando el relato finalice. 


Os recomiendo esta novela, que no es muy extensa, pero no solo por la historia que nos cuenta Stevens o por su modo de hacerlo, tan delicado y profundizando en su interior, porque eso a algunos lectores les puede parecer aburrido, quizás por la apariencia sencilla de la trama. Tampoco por los hechos históricos que sirven de telón de fondo, sino más bien por la prosa de este autor que es especialmente sensible y resulta espectacular. 

Cuando acabamos de leer esta narración, nos sentimos huérfanos, nos vemos sentados junto a Stevens contemplando las luces del puerto. 
Hemos sido sus compañeros de viaje, y ese muro, esa barrera que él tenía levantada a su alrededor y que le hacía parecer frío, sin sentimientos, hemos sido testigos de como paso a paso, kilómetro a kilómetro ha ido desmoronándose, mostrándonos la realidad de esa personalidad sensible que se escondía detrás.
Para mí ha sido toda una experiencia... y si os estáis preguntando sobre lo extraño del título, os adelanto, que tan solo llegando al final de esta preciosa historia lograréis desentrañar el misterio.

 

martes, 12 de febrero de 2019

Sentido y sensibilidad de Jane Austen

Sinopsis:

Sinopsis y portada del libro retiradas para evitar infringir posibles derechos de autor.
Para saber más pinchar en el enlace siguiente: Pinchar aquí.

Opinión:

Curiosidades

Supongo que a estas alturas, el nombre de Jane Austen no pasará desapercibido para ningún lector.
Está considerada como la primera gran novelista en lengua inglesa, aunque ese reconocimiento nunca le llegase en vida, y su obra se encuentra rodeada de curiosidades.
Lo primero que sorprende es que dota a todas sus novelas de un elenco de mujeres protagonistas que dejan huella y a través de las cuales nos ofrece un vistoso y colorido retrato costumbrista.

Este libro, del que hoy os hablo, parece que desde el comienzo juega al despiste y se presenta ante nosotros bajo distintos títulos:
"Juicio y sentimiento", "Sensatez y sentimientos", "Juicio y sensibilidad", aunque seguro que como más frecuentemente lo habréis encontrado es como "Sentido y sensibilidad".
Todas esas formas de dar título a la historia y que vienen a significar lo mismo, es a consecuencia de las distintas ediciones, una tontería, ya que la única finalidad del título, en este caso, es darnos una pista desde el comienzo, la característica principal o el rasgo que guiará a cada una de las protagonistas: Elinor y Marianne Dashwood.
Pero sigamos con las curiosidades...

Esta novela fue terminada en 1797 pero no vio la luz hasta 1811, convirtiéndose en la primera de sus obras en publicarse, haciendo uso del seudónimo, "A lady", en un momento en que la literatura o más bien, que las mujeres publicasen estaba mal visto.
Dos años después, en 1813, sacaría una segunda edición corregida por ella misma, y que es la que se ha empleado para las ediciones posteriores.
La segunda en ser publicada fue "Orgullo y prejuicio", y lo hizo en 1813.
Su nombre tampoco apareció reclamando la autoría de la historia, lo que sí rezaba era "Por la autora de Sentido y sensibilidad"
Ahora bien, y aquí llega otra de las curiosidades...
En 1803, Austen había vendido "La abadía de Northanger" a una editorial, firmando bajo el seudónimo de "Mrs Asthon Dennis", de haberse publicado en esa fecha, habría pasado a ser la primera obra publicada de la autora, pero no ocurrió así, y esta historia junto con "Persuasión" pasó a ser publicada como póstuma en 1818.

Sentido y sensibilidad

“—Ahora estamos pensando —dijo el Sr. Dashwood, tras una breve pausa— en que sea Robert quien se case con la señorita Morton. 
Elinor, sonriendo ante el tono de gravedad y capital importancia de su hermano, contestó con calma —Ella, supongo, no puede elegir.”.

Esta historia nos plantea el gran problema de las mujeres en esa época, eramos eternas menores de edad, siempre bajo la tutela masculina.
Cuando el padre fallecía y no había marido, las mujeres de la familia pasaban a estar tuteladas por el hermano, el hijo varón que era el que heredaba el patrimonio, y a ellas, siempre que hubiese, se las dotaba de una pequeña renta para sus gastos.
Esa es la base sobre la que gira el argumento.
El joven señor Dashwood hereda la totalidad del patrimonio familiar, y debido a la ambición y egoísmo que comparte con su esposa, sus hermanas y madrastra pasan a vivir de la caridad familiar.
Elinor y Marianne Dashwood, las dos hermanas mayores, deberán encontrar un marido, a ser posible con buena posición, porque en esta historia el dinero está muy presente...

Austen nos ofrece una historia rural de la época, pero sobre la gente acomodada, la perteneciente a la clase burguesa, sin hacer referencias importantes a criados ni a las clases más bajas.
Cada vez que un nuevo personaje entra en escena, la autora nos describe su patrimonio al detalle y sus relaciones sociales, dejando entrever que esos detalles eran los únicos realmente importantes, eso sí, todo hilado con una fina ironía dramática.

“Sí, es una delicia ser joven y guapa. ¡En fin! Yo fui joven una vez, pero nunca fui guapa... tanto peor para mí. En cualquier caso conseguí un buen marido, y no se qué más puede conseguir una gran belleza”.

Los personajes femeninos marcan el rumbo del argumento, aunque sea en lo único que mandan, mientras que los masculinos quedan relegados a una posición secundaria, eso sí, hay que tener en cuenta el rasgo que tienen en común, independientemente del género, y es la pasión desmedida y el ruidoso entusiasmo.
Todas las acciones son magnificadas, hasta el gesto más sencillo se convierte en emocionante, y es que la autora tiene un estilo narrativo capaz de llevar a sus personajes hacia el paroxismo o la exageración.

Lo que más me ha llamado la atención es que esta historia es como una madeja de lana, de la cual tendremos que sacar un ovillo.
Según van avanzando los capítulos, vamos desenredando esa madeja, eso nos permite contemplar como era la vida de las mujeres en esa época, pero al mismo tiempo vamos enrollando y dando cuerpo al ovillo, depositando una hebra sobre otra, enrollando la trama, y es que todos los personajes que aparecen en el argumento, guardan alguna relación entre sí, además de que a Austen, le gusta complicar la existencia a sus criaturas.
En esa forma de hacer girar la historia sobre sí misma, enrollándola, van a tener mucha importancia los silencios, las elipsis narrativas, porque con ellas la autora irá marcando la trayectoria del argumento y con ello el fin de los personajes.
Esos silencios muchas veces son debidos a que se construyen sobre mentiras o medias verdades, y en otras ocasiones serán fruto de la compasión o el respeto, algo que también nos mostrará la psicología de los personajes.

¿Jane Austen una autora feminista o conservadora?

Hay voces que abogan porque Jane Austen era una autora implicada en defender los derechos de las mujeres, mientras que otras defienden que su postura era más bien conservadora.
Tras leer esta historia, yo no sé en que idea posicionarme, porque encuentro una doble lectura.
Es cierto que en algunos momentos detecto una ligera crítica, cubierta con una pátina de ironía aguda o malintencionada, hacia ese papel impuesto a las mujeres que las obligaba a someterse a las convenciones sociales...
Ahora bien, mi sentido crítico también me obliga a decir que en esta novela, los varones también demuestran estar sometidos a esas mismas normas sociales, aunque eso sí, en menor medida.
No quiero meter ningún spoiler, pero para los que no la habéis leído os diré que a lo largo de la narración, aparecen varios personajes masculinos que serán reprobados por su comportamiento, o por tomar decisiones en contra de lo que se considera la voluntad familiar.
Quizás esto demuestra que Austen sí era feminista, y lo que intentaba mostrarnos es que aunque los varones también estaban sujetos a esas convenciones sociales, ellos siempre disponían de otra alternativa que les permitiese salir del embrollo.
A pesar de lo mencionado, y como he dicho al principio de este párrafo, no me llega a quedar clara la postura de la autora, porque yo sigo viendo esa doble lectura, no solo en lo que acabo de mencionar sino también en más detalles, como veréis a continuación...
Al final, los personajes femeninos, tras haber sufrido de lo lindo, reciben su recompensa, parece que hay una moraleja, una vocecilla moralizante que dice entre lineas "tened paciencia, la bondad, la virtud y todo el sufrimiento que habéis pasado será recompensado", y el castigo que se merecen alguno de los personajes masculinos, llamémoslo en este caso "justicia literaria" queda corta para mi gusto.

También debo decir, que los personajes femeninos se alejan de la imagen que por ejemplo nos ofrece Emily Brontë en su obra "Cumbres borrascosas".
Los personajes de Austen no logran alejarse de esa moralidad inglesa que tienen tan arraigada. Son rebeldes pero con unas ataduras contra las que no pueden oponer resistencia, quizás por la costumbre, eso las impide evolucionar de forma explosiva que era lo que veíamos en Catherine, el personaje protagonista de Emily Brontë. Aquí hay que añadir que el personaje de Brontë es posterior (1847).
Y esto, indirectamente me lleva a hablaros de la evolución de los personajes...

¿Cómo evolucionan los personajes?

Sabéis que las dos grandes protagonistas son Elinor y Marianne Dashwood, y que la historia gira a su alrededor.
Desde el comienzo nos van mostrando su evolución, pero de forma contenida, nos muestran un arco ascendente, pero no impactante, como acabo de mencionaros... algo parecido a lo que ocurre con el Coronel Brandon, un personaje masculino que destaca por encima de cualquier clasificación que pueda hacerse.
Es un personaje incidental, un secundario que entra y sale de escena, alguien sobre el que se apoya el argumento y las dos protagonistas.
En este apartado, quería hablaros de algo que cobra importancia: el arco dramático o de transformación de los personajes, que es eso que acabo de mencionar.

Cuando un personaje entra en escena, lo hace ya con unas características prefijadas, ese arco dramático es la linea o la curva que va a mostrarnos su evolución.
A partir de esa puesta en escena, el personaje empieza a evolucionar gradualmente. Los habrá que, dependiendo del contexto y de las situaciones que les rodean y les afectan, lo hagan a peor y otros que lo harán a mejor, sin olvidarme de mencionar a los que no experimentan ningún cambio.
Por ese motivo habrá personajes que al comienzo nos caigan bien y terminarán resultándonos odiosos, y al contrario...
Los que mejoran, tienen una curva ascendente y los que empeoran descendente, lógicamente los que no sufren cambios la tienen neutra.
¿Y a qué viene todo esto?
Pues a que todos esos tipos, los vamos a encontrar aquí a simple vista.
Jane Austen crea un amplio abanico de personajes, con una gran disparidad de personalidades.
El Coronel Brandon, va creciendo con cada actuación, al igual que un personaje minúsculo pero indispensable para la historia, la Sra. Jennings, alguien que empieza siendo una repulsiva cotilla y termina tranformándose en alguien adorable.
Es cierto que los personajes más frecuentes en esta historia cuentan con una linea de transformación neutra, van a comportarse igual al comienzo que al final, pero son igual de indispensables que un protagonista, no solo contribuyen a crear el ambiente, sino que también son los responsables de hacer evidente el gran contraste que existe entre ellos y que hace destacar a unos sobre otros.

Creo que esta primera incursión en la obra de Jane Austen ha sido una lectura muy provechosa, y eso que me advirtieron que no era la mejor de esta escritora.
Por último y antes de despedirme, solo me queda pediros disculpas por la extensión de esta reseña, pero cuando se ha hablado tanto y tan bien de una obra o autor, cuesta pasar de puntillas por determinados detalles que van aflorando en la lectura, y en un amante de los clásicos, como es mi caso, hasta el detalle más sencillo se convierte en emocionante y digno de comentar.
Y ahora sí, feliz lectura...