martes, 3 de julio de 2018

La sangre de los libros de Santiago Posteguillo

Sinopsis:

Asesinatos, suicidios, duelos, condenas a muerte, guerras, eclipses, vampiros, misterios, juicios…
Detrás de los grandes libros se esconde mucha más sangre de lo que uno podría imaginar. ¿Por qué Pushkin murió en un duelo? ¿Es cierto que se han hallado pruebas de la reencarnación de Shakespeare? ¿Sabías que Pessoa tuvo dificultades para encontrar editor o que La Divina Comedia estuvo a punto de no publicarse?
Santiago Posteguillo, referente de narrativa histórica, nos guía en un magnífico viaje desde los discursos de Cicerón hasta las obras de ciencia ficción de Asimov por la historia más enigmática y sorprendente de la literatura universal.

Opinión:

Parece que fue ayer cuando os hablaba sobre "La noche en que Frankenstein leyó el Quijote", la otra obra de Santiago Posteguillo en la que también encontrábamos un homenaje a los libros; y en cambio, han pasado casi cuatro años desde aquella reseña.

La sangre de los libros sigue la estela de su predecesora y en ella su autor nos propone un nuevo reto, un viaje en el tiempo a lo largo de la literatura, pero sobre todo, alrededor de los misterios y enigmas que rodearon a muchas obras.
Estoy convencida de que hay que leer "Clásicos", pero no solo eso, sino que también hay que conocer las historias que se esconden tras muchos de ellos. Precisamente y gracias a esas anécdotas enriquecedoras el interés por esos libros intemporales, puede que se despierte con mayor fuerza en nosotros.

Los sucesos curiosos que Posteguillo nos relata y que aparecen novelados en este libro harán que sus autores se vuelvan más reales, más cercanos.
De esa forma, viajaremos en ese apasionante tour literario hasta la Roma clásica y luego de forma lineal continuaremos avanzando hacia adelante; os advierto que encontraréis historias muy magnéticas...

Por ejemplo:
¿Sabéis quién dijo "La sabiduría es la única libertad?, porque debió escribir algo muy gordo cuando fue condenado a muerte, en tres ocasiones, y por tres emperadores diferentes.
Por otro lado, ¿qué autor murió solo, en circunstancias tan extrañas como los hechos que el mismo relataba en sus novelas?
Con éste haré una excepción y os proporcionaré una pequeña pista... Creó un personaje que fue el primero en investigar la escena de un crimen.

Pero sigamos con la intriga y la literatura...
Seguro que habéis oído hablar sobre la extraña desaparición de Agatha Christie en 1926, pues aquí Posteguillo también lo menciona.
¿Qué le ocurrió a la famosa dama del crimen, fue un montaje?
Pues bien, eso nunca lo sabremos, porque es lo que tienen los enigmas, son hechos de difícil explicación y ella insistió una y otra vez en que no recordaba nada.
¿Una forma de vender más libros? quizás...

Pero no solo encontraremos enigmas en este libro. También nos contará sucesos curiosos, y entre esas referencias conoceremos secretos sobre nuestros autores más insignes, como Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Espronceda o Bécquer, y otras muchas historias que parecen esconderse tras personajes tan conocidos como, Emily Dickinson, Charlotte Brontë, Emilio Salgari, Stevenson o Bram Stoker.

Tras estos autores que he citado, no solo hay obras, secretos y misterios, como habéis podido ver, también hay amores prohibidos, engaños, suicidios, duelos. Y ahora que he mencionado "duelo", os lanzo otra pregunta...
¿seríais capaces de averiguar quiénes son los personajes que aparecen retratados en la imagen de portada?


Poco más puedo deciros sobre este interesante libro, solo animaros a leerlo, porque es un fascinante recorrido por los enigmas más famosos de la Literatura Universal.
Un libro muy ameno, al igual que ocurría con su predecesor. Son obras que invitan a indagar sobre las historias que se relatan, por la vida de esos autores, pero sobre todo es una invitación, una excelente oportunidad para leer muchas de las obras que aparecen citadas.


viernes, 29 de junio de 2018

Sin criterio de Áurea L. Lamela

Sin criterio ( Inspector Zalo Alonso y la forense Carmela Archer 03)
Sinopsis:

La directora general de la Función Pública, Verónica Soto, es asesinada en el portal de su casa. Con su sangre, el asesino deja una nota: «Por indecente». Por otra parte, la viuda de un activista reconoce en el mensaje unas amenazas que recibió su marido antes de morir en un accidente hace unos años; aunque nada parece vincular ambas muertes. La investigación del asesinato recae en el inspector Zalo Alonso y en la forense experta en perfiles psicológicos Carmela Archer. También Sara, la mujer del inspector y aficionada a la novela policiaca, tendrá algo que opinar. A medida que avanza la investigación, afloran fanatismos, pasiones y rivalidades. En el fondo, la pregunta es una: indecente, ¿por qué?

Opinión: Sin criterio ( Inspector Zalo Alonso y la forense Carmela Archer 03)

"Sin criterio", es el título que lleva la tercera novela de esta autora lucense, Áurea L. Lamela, de la que ya os he hablado en las anteriores reseñas de la saga.
Esta última entrega, seguirá teniendo como protagonistas al inspector Zalo Alonso y a la forense Carmela Archer, pero va a aportar novedades a todos aquellos que hayáis leído las primeras aventuras de este equipo.

El ritmo de Sin criterio nos va a resultar más ágil que en las anteriores, y eso se debe, a que la introducción es más breve, dejando paso libre al desarrollo de la trama.
Pero las mejoras que he hallado en esta serie de novela negra, no pararán ahí.

El elenco de personajes protagonistas no cambia, siguen siendo los mismos que ya conocemos, eso sí, seremos testigos de como su evolución continúa. Van madurando, exactamente igual que ocurre con la prosa y la técnica de esta autora.
Los protagonistas, vuelven a estar apoyados por un amplio e interesante grupo de secundarios, cuya función es mantenernos entretenidos y a la par, jugar al despiste, aunque hay que decir, que quizás lo que más destaca de ellos, es la profundidad psicológica que la autora aporta a todos esos personajes.

La prosa empleada es sencilla, como en las anteriores ocasiones, adaptándose a los personajes, y las explicaciones sobre técnicas y procesos policiales/judiciales, aparecerán explicados de forma breve, evitando que el lector se pierda en un mundo para él desconocido.

Si en la anterior reseña, "Buena gente", os decía que Sara, la mujer de Zalo, a veces me resultaba cansina y demasiado entrometida, en ese aspecto no va a variar mucho; sigue con la misma tendencia a inmiscuirse en los casos policiales, volverá a poner a prueba la paciencia de su marido, pero sí es interesante señalar que su personaje, en ocasiones, parece más sereno, aunque solo sea una calma aparente...

La novela sigue la clásica estructura de Introducción-Nudo-Desenlace, pero con algunos detalles interesantes que también voy a mencionar.
En ese nudo o desarrollo, vamos a encontrarnos de nuevo con dos casos, dos historias que en un principio y en apariencia, no tienen nada que ver, que se irán solapando, y que según avance la trama, terminarán convergiendo.

Áurea vuelve a ofrecernos una novela con tintes negros, donde la corrupción campa a sus anchas. La historia comienza de forma impactante.
Una mujer es asesinada en el portal de su casa, y el autor de los hechos nos deja un aviso:
Por indecente.

Los lectores nos enfrentamos a una trama compleja de treinta capítulos, a través de los cuales iremos conociendo detalles de la nueva investigación que Zalo dirige.

La mujer asesinada, Verónica Soto, es directora de Función Pública, y eso nos llevará de nuevo a un extraordinario escenario, Lugo, esa ciudad de provincias, bella y apacible, pero que también puede esconder un lado más oscuro; al mismo tiempo que Sara, intenta averiguar datos sobre la muerte de un antiguo compañero.
Lógicamente, a los que conocéis la saga no os chocará que ambas investigaciones terminen teniendo relación y compartiendo un nexo común.
Lo que más me sorprende de toda esta serie, es que la investigación no recae por completo sobre el personaje del inspector, como suele ocurrir en la mayoría de novelas del género policíaco o negro. Aquí ese peso recae por igual sobre todos los personajes que intervienen en las pesquisas. 
Todos aportan su pequeño granito de arena para que el argumento fluya, eso como digo me resulta interesante, porque demuestra que la autora nos presenta a personajes reales, no superhéroes.

Áurea L. Lamela vuelve a ofrecernos una narración con un tema central muy actual, una trama basada en la corrupción política y urbanística.
Podríamos ver en ella una crítica hacia esa corrupción, pero creo que lo más importante es que la historia nos impone una reflexión, sobre la actitud tolerante y sobre la impunidad que supone moverse por determinados estamentos políticos.

Os estoy hablando de una obra de ficción, pero lamentablemente y como podemos ver a diario, la realidad supera muchas veces a la ficción...


martes, 26 de junio de 2018

Prueba de nervios de Richard Hull

Sinopsis:

Esta magistral novela del autor de Mi propio asesino, inaugura un curioso procedimiento.
El criminal refiere los hechos que conmueven al pueblo de Losfield End; en el primer capítulo declara:
«No diré quien soy. Escribiré sobre todos, aun sobre mí, en tercera persona. No se sabrá muy bien en qué ocasiones describo algo que conozco perfectamente y en qué otra recurro a la imaginación.
El lector podrá sacar sus conclusiones.
Pero ¿qué seguridad tendrá de que éstas son justas?».

Opinión:

Richard Hull, seudónimo de Richard Henry Sampson, fue asistente de Agatha Christie, en la presidencia del Detection Club, una asociación de escritores de novelas policíacas, fundada en 1929.

Hace muy poco que entré en contacto con este autor, lo hice a través de otra de sus obras, con "El asesinato de mi tía", y ya que esa lectura me dejó muy buenas sensaciones, decidí probar suerte con otra del mismo autor.
Tanto "El asesinato de mi tía" como esta de la que hoy os hablo,"Prueba de nervios", pertenecen a la colección "El séptimo círculo", creada en 1945 bajo la dirección de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Esta colección, que hoy en día cuesta muchísimo encontrar y que es deseo de coleccionistas, fue un éxito durante muchos años.
Se centraba casi exclusivamente en la publicación del género policíaco inglés, el más clásico, aunque también terminaron haciendo un pequeño hueco a la novela negra.

La mala fama de un Género con mayúsculas...
Como he dicho la colección fue todo un éxito, incluso superando la reticencia de muchos críticos que consideraban ese género, desprestigiado. Una mala fama que acompañaba a las novelas de crímenes y misterio, prácticamente desde su creación como género literario, allá por 1840.

¿Y de dónde procedía esa mala fama?
Pues bien, durante el siglo XIX y posteriormente el XX, se la consideró como literatura barata y sensacionalista.
El crimen era visto como algo antiestético, morboso e incluso inmoral.
Muchos lectores se habían aficionado a leer los relatos policíacos que se publicaban en los periódicos, siendo estos en su mayoría, crónicas reales de sucesos, que continuaban publicándose tras la resolución del caso, incluyéndose en esas publicaciones, transcripciones o resúmenes de procesos judiciales, solo por su morbosidad.
Los más puristas, consideraron que esas obras que atendían a una demanda social, eran un género menor, porque contenían un argumento retorcido, escabroso y desagradable, dando mayor importancia a la deducción que a la experiencia, y por ello carecían de realismo.

Cuestión de gustos, si hoy en día levantasen la cabeza esos críticos caerían fulminados, porque actualmente, ese tipo de novelas que dan importancia al cómo, quién y por qué, son un género con espacio propio, en constante evolución y que reúne a millones de adeptos, entre los cuales me encuentro...

Estructura...
Esta novela, sigue la misma estructura que esas crónicas de sucesos que he mencionado en el apartado anterior.
Es un relato lineal, volcado sobre un diario; ahora bien, no esperéis encontrar la clásica novela policíaca, donde se relatan los avances de un policía o detective.
En este caso, es una novela totalmente inversa a esos clásicos policíacos, porque nuestro guía en la trama, nuestro narrador, es el delincuente; algo parecido a lo que veremos más adelante en las novelas de Patricia Highsmith, protagonizadas por Ripley, un estafador inteligente con valores propios y totalmente amoral; o en la obra de Jim Thompson"El asesino dentro de mí".

Diario de un asesino...
 "El asesinato de mi tía" y "Prueba de nervios", tienen algunos detalles en común, y es que los acontecimientos nos llegan en forma de diario. Un relato cronológico que comienza el día 17 de septiembre y finaliza el 23 de octubre.
Conocemos desde el primer capítulo lo que le ha sucedido a Jhon Hannan, el carnicero, pero carecemos de detalles.
Como he visto que en la sinopsis de la editorial tampoco hacen referencia alguna al argumento, os pondré en antecedentes...
El criminal que adopta el papel de narrador nos relatará los sucesos que ocurren en la pequeña aldea de Losfield End, tras descubrirse la desaparición de uno de sus habitantes, el mencionado Hannan.

La aparición posterior de su cadáver mutilado parece que complica la situación; todos los habitantes de esa localidad pasan a ser sospechosos potenciales y el lector tendrá un doble trabajo...
Deberemos tener a punto nuestra capacidad deductiva, ¿seremos capaces de entrever más allá de la subjetividad que el asesino aporta a la narración y averiguar su identidad?
Pues en este punto os advierto que los lectores vamos a tener una labor bastante complicada porque en esta novela atípica nos enfrentamos a una investigación múltiple.
No solo nos enfrentamos al reto de averiguar quién es nuestro narrador oculto, nuestro asesino, sino que también querremos conocer la identidad de otros dos personajes, uno que aprovecha la oscuridad para cometer robos en las casas de Losfield End y otro que publica en los periódicos de Londres, todos los trapos sucios que ocurren en la pequeña localidad.
Como veis varias historias en una.

La forma de narrar es otro de los detalles que tienen en común ambas novelas y que puede resultarnos extraña.
No es una novela policíaca al uso, parece que el autor serpentea, se desplaza por el argumento de forma ondulante y va dejando caer algunas pistas de forma puntual, intentando saciar el ansia por descubrir al culpable que crece en el lector con cada página que pasa.

Nos encontraremos por tanto que la forma de narrar que emplea Richard Hull o el modo de enfocar el argumento es chocante, incluso para la época en que está escrito, pero tiene su explicación.
Esta novela que es publicada en 1952 sale a la luz en un momento en que había una amplia cultura del libro policíaco y de detectives, un género que estaba totalmente exprimido.
¿Qué quiero decir con esto?, pues simplemente, que como habéis podido observar en el apartado donde hablaba sobre la mala fama del género, en 1952 llevaban ya casi cien años escribiendo novela policíaca y los autores tenían que innovar argumentalmente para no cansar y continuar sorprendiendo a los lectores.
Debían provocar reacciones incorporando estructuras raras o inusuales, como la que encontraremos en esta historia.

Hay muchas formas de contar una misma historia...
Según nos informa la sinopsis, Richard Hull inaugura un curioso procedimiento, "el juego sucio".
Ese procedimiento consiste en emplear a un narrador poco fiable que hará que dudemos en todo momento.
Con esa descripción, con esos rasgos, los lectores ya sabemos de antemano que su credibilidad está comprometida.
El criminal nos relatará en tercera persona unos hechos que han ocurrido en Losfield End. No nos revelará su identidad e intentará escribir sobre todos los habitantes de esa pequeña aldea, incluido él, jugando al despiste.

Será un narrador que al mismo tiempo es personaje, pero ¿podemos fiarnos completamente de él?, la respuesta creo que la tenéis bastante clara.
Lógicamente ¡no!, porque unos sucesos serán descritos fielmente y otros en cambio, recurriendo a su ilimitada imaginación.
Su relato es totalmente subjetivo, depende de sus apreciaciones, porque como nos advierte desde el primer capítulo:
 "escribiré sobre lo que he visto, lo que ocurrió y especialmente sobre como lo sentí".

Los lectores sabremos que ese comentario es su primera mentira, ya que también avisa que narrará situaciones en las que no estuvo presente, intentando desviar nuestra atención para evitar que conozcamos quién es.

Es cierto que este extraño personaje intentará narrar manteniéndose apartado de los sucesos, empleando la tercera persona, creando un relato distante al igual que lo haría un narrador externo, el problema es que por mucho que lo intente no podrá ser objetivo.
La forma de narrar es directa, pero debemos tener en cuenta que algunos acontecimientos los relata de oídas y otros los adornará para que queden más literarios.

También encontramos en el narrador a un personaje desconcertante, amante de lo morboso.
Se mueve al límite.
En ocasiones parece que quiere pasar desapercibido, en otras decepcionado de que no ocurra nada e incluso en otros momentos le vemos como siente la necesidad de observar desde la primera fila el avance de los acontecimientos, saboreando la emoción de ser el responsable de esa agitación, causante de ese drama al que está vinculado íntimamente.
Como podéis apreciar es un personaje embarcado en un juego arriesgado.

La balanza...
Ahora que os he mostrado toda la genialidad de este autor, debo reconocer que no entiendo lo que me ha ocurrido con esta novela.
No sé si ha sido que me ha costado seguir el ritmo al narrador o que no he llegado a conectar con él. El caso es que me costaba introducirme en el argumento, a pesar de que éste es totalmente original como habéis apreciado y que la estructura narrativa es para quitarse el sombrero; aún así, me ha costado alcanzar el estado de concentración que consigo con otras historias.
Debo reconocer que es complicado contar unos hechos desde el punto de vista del asesino y no revelar en ningún momento, salvo al final, quién es.
Por eso no voy a darle una mala puntuación a esta obra, creo que los detalles positivos superan con creces a esa dificultad que yo he encontrado a la hora de introducirme en la trama. Lo achaco por tanto a un problema mío.