viernes, 20 de julio de 2018

Estimado señor M. de Herman Koch

Sinopsis:

El lector se verá atrapado en la red tendida por un narrador anónimo obsesionado con exponer en detalle los aspectos más íntimos de la vida de su vecino, el señor M., uno de los escritores más célebres del país. M. cimentó su fama hace ya muchos años con la publicación de la novela Ajuste de cuentas, inspirada en una trágica historia ocurrida por entonces. El relato se centra en Herman, un estudiante de instituto que logra seducir a la bella e inalcanzable Laura después de que ésta rechace a Jan Landzaat, el profesor con quien tuvo una breve aventura. Sin embargo, Landzaat no se resigna a perderla y un día acude a la casa de campo de los padres de Laura, donde la joven pareja se ha recluido para disfrutar de su amor a solas. Pero el destino le reserva a Landzaat un giro inesperado: las carreteras están nevadas, su coche se avería y... nunca más se vuelve a saber nada de él. Y si bien, según la versión de M., los claros sospechosos de la desaparición del profesor son Herman y Laura, también cabe la posibilidad de que M. haya tergiversado los hechos por interés comercial, condenando así a dos jóvenes inocentes a un futuro mancillado por la sombra de la sospecha y la difamación. Ahora, décadas después, quizá el narrador logre descubrir la clave para conocer la verdad.

Opinión:

Esta reseña fue realizada para colaborar en la IV Semana Negra en la Glorieta, evento dedicado al género negro y policíaco, y realizado por la revista digital Cita en la glorieta, del 21 al 27 mayo de 2018, bajo dirección y edición de Javier Alonso García-Pozuelo, escritor del que ya os he hablado por su magnífica obra, La cajita de rapé, ya reseñada en este blog.
Si queréis leer todos los artículos, reseñas y relatos negros que se han publicado en ese evento, solo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo a continuación.


Estimado señor M. Una novela negra que se aleja del modelo tradicional.

Cuando pensamos en novela negra, todos sin excepción, recurrimos al mismo truco.
Dibujamos en nuestra cabeza una especie de esquema con unos elementos fijos: ambiente decadente, delitos y algún personaje que quiere destapar la verdad, y que en momentos puntuales no teme rozar la ilegalidad.

Pero la realidad, a lo que nos enfrentamos en el día a día los lectores, es a la imposibilidad o a la dificultad de clasificar algunas obras dentro de un género en concreto.
Nos cuesta un horror averiguar si la colamos como novela negra, policíaca o como thriller, por citar algunos ejemplos; y la verdad es que no deberíamos perder el tiempo obsesionándonos con los géneros, ni intentar establecer unos límites fijos que los separen.
Dicen los expertos que una novela solo puede estar encuadrada dentro de una categoría. Que siempre predominan unos patrones por encima de otros; pero en ocasiones como esta, y es algo que estamos observando los lectores cada vez con más frecuencia, la línea que separa un género de otro es tan difusa, que cuesta sopesar que historia tiene más peso que las otras. Esas líneas aparecen como si las contemplásemos con una lente defectuosa, lo que provoca que las veamos deformadas y con un contorno poco claro.

Lo cierto es que la novela negra no tiene límites. Esas barreras las mueve el autor en su beneficio, y convierte a este género en algo vivo, que evoluciona y se enriquece con nuevas ideas.
Esas fronteras distorsionadas de las que os hablo y que a veces se entrecruzan con otras categorías, terminan dando lugar a novelas híbridas o creando modas y con ello llegan los tan temidos nuevos y extravagantes géneros o subgéneros, entre los que se encuentran el Domestic noir, el Grip Lit, y más que no quiero ni recordar...

Pero no os estoy hablando de nada raro, la evolución de los géneros ha existido desde mucho antes de que el hombre empezase a utilizar la escritura como entretenimiento, y no hace falta retroceder hasta el poema de Gilgamesh.
Allá por el s. IV a. C., Aristóteles los redujo a tres: épica, lírica y dramática, las obras se encuadraban dentro de unas normas fijas, pero a alguien no le cuadró mucho esa rigidez y decidió saltárselas.
Debemos partir de que la literatura es libertad, y de ahí que alguien muy inteligente se inventase eso de la famosa licencia del escritor.

Herman Koch.

Este autor holandés, en el que he pensado para hacer esta reseña, es un experto a la hora de incomodar al lector. Escarba en la sociedad sacando lo peor con su tono provocador, y por eso me llamó la atención esta historia, porque algunos de su protagonistas son los que encontraríamos en esas novelas negras.
Personajes de fuerte y compleja personalidad, cubiertos con un halo oscuro y con un comportamiento que busca en todo el momento el conflicto.
Si obviasemos estos elementos que os acabo de citar, podríamos pensar a simple vista que, Estimado señor M., no cuenta con los principales rasgos identitarios de una novela negra, pero sí se podría considerar una especie de híbrido, porque lo que Koch hace es crear una novela negra alejándose de ese modelo tradicional. Se vale de la mezcla de géneros y con ello nos sumerge en una atmósfera asfixiante. 
En una entrevista que le hicieron en 2016, dijo que la imposibilidad de etiquetar esta novela dentro de una categoría concreta, fue algo intencionado, algo que maquinó para desconcertarnos.

Lo que esconde Estimado señor M.

Una estructura inusual que llamará nuestra atención desde el comienzo.
No vamos a encontrar una única trama, sino que varios argumentos se combinarán entre sí, creando una especie de historias dentro de una historia principal.
De esta forma tan peculiar vamos a enfrentarnos a una lectura donde se combinarán los géneros literarios, dedicando el mismo espacio a cada uno de ellos y consiguiendo que nos interesemos por todos igual.
Acoso mediante el género epistolar; la narración de una chica de 17 años con historia romántica de fondo; el punto de vista cínico o cómico que emplea el señor M. para dibujar el mundo literario, y ese punto de tensión medio de novela negra que encontraremos en la historia de Herman y en la desaparición del profesor.
Aquí es donde nosotros entramos, asumiendo el papel de investigador, y con una difícil misión: juntar las piezas y rellenar los vacíos que dejan las elipsis narrativas.

Un tono provocador.
Koch tiene un don especial para comprender y describir la realidad, y por eso consigue crear una magnífica historia, absorbente y que sorprende al mismo tiempo, dándole ese toque tan característico que poseen todas sus obras. Disfruta creando situaciones incómodas a la par que comprometidas, para después mostrarnos que hay que mirar más allá de los estereotipos, empujándonos a una inevitable reflexión.

Un fuerte componente metaliterario.
No solo encontraremos opiniones sobre el mundo literario, sino que nos mostrará una visión muy amplia de todo lo que podemos encontrar en él. El bloqueo del escritor, la vanidad de algunos de ellos y la rivalidad existente entre muchos de los integrantes de ese mundillo.

Coincidencias que ocuparán un lugar importante en el argumento.
Partiremos de una premisa:
Un joven aguarda cuarenta años para vengarse, de un autor que le incrimina en su obra y que curiosamente va a terminar viviendo en su mismo edificio.

Soy una lectora que huye de las novelas con excesivas coincidencias, y parece que en esta obra he encontrado a alguien que comparte mi opinión. El narrador protagonista comenta en varias ocasiones, que hay que evitar al máximo la casualidad, en una novela, ya que esta se siente más cómoda en la realidad...

En esta historia vamos a darnos de bruces con bastantes casualidades, pero Koch demuestra que están de sobra justificadas. Debemos consentirlas, ya que realmente el narrador, es un protagonista del libro, y el nos está relatando su vida, su realidad. Por lo tanto, tenemos que aguantarnos y reconocer, que al igual que las coincidencias existen en la vida real, también podemos encontrarlas en las vidas de nuestros personajes.

Lejos de una narración lineal.
Cada una de las historias que componen esta novela, incluyen escenas retrospectivas que alteran la secuencia cronológica del relato. Nos hacen saltar al pasado, conectando distintos momentos, aportando situaciones que nos hacen ir componiendo un pequeño puzzle.

Clifhhangers.
A los saltos en el tiempo que he mencionado en el apartado anterior, hay que sumarle el uso de cliffhangers.
Koch emplea esta técnica que nos deja con la miel en los labios, nos obliga saltar de la historia de un personaje a la de otro, incrementando el suspense; creando una atmósfera que nos condiciona para conmocionarnos al final, y sobre todo que nos empujará a seguir leyendo hasta obtener la verdad.
Con cada una de las narraciones por separado, no seremos capaces de averiguar qué le sucedió al profesor Landzaat, solo lo conseguiremos al final, tras encajar todas las piezas, tras comprender el comportamiento de los personajes, analizando ese microcosmos particular al que pertenece cada uno.

Los lectores también tenemos nuestro lugar.
Nosotros somos un elemento indispensable en este libro, somos los que queremos averiguar lo qué ocurrió con Landzaat, ese profesor de historia, adultero y amante de seducir a estudiantes de instituto.

Como os he mencionado, vamos a tener elementos que podrían catalogar esta novela dentro de varios géneros.
En lo que respecta a mí, creo que no me quedan más detalles por mostrar, o al menos que yo haya encontrado. Os animo a profundizar en esta novela y a averiguar qué pasó con el profesor Landzaat.

Feliz lectura...


4 comentarios:

  1. Así, en principio, no me llama mucho, pero le echaré un ojo.
    Un beso.

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    1. La estructura y todos los elementos que encontramos en esta lectura, sumado al argumento retorcido, me resultó muy interesante. Herman Koch al final te deja, literalmente, con la boca abierta. ;)
      Un besazo.

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  2. Llamativa y extravagante...la tendré en cuenta.
    Un besazo

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  3. hola Susurros! una visita a tu blog siempre nos depara una buena lectura, gracias, saludosbuhos!!

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