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lunes, 31 de diciembre de 2018

Rey de picas de Joyce Carol Oates

Sinopsis:

«Un homenaje a Poe. Este perturbador y electrizante thriller de Oates no decepciona.» 
Kirkus Reviews 

«Los problemas empezaron de la manera más inocente cinco meses, dos semanas y seis días antes.»
Andrew J. Rush ha conseguido el aplauso del público y la crítica, un éxito con el que sueña la mayoría de los autores. Sus veintiocho novelas policíacas han vendido millones de ejemplares en decenas de países y tiene un poderoso agente y un editor brillante en Nueva York. También tiene una amante esposa y tres hijos ya adultos, y es una gloria local en el pueblo de Nueva Jersey donde reside.
Pero Rush esconde un oscuro secreto. Utilizando el seudónimo Rey de Picas escribe otro tipo de novelas, violentas y espeluznantes: el tipo de libros que el refinado Andrew nunca leería y mucho menos escribiría. Su vida perfecta se viene abajo cuando su hija encuentra una novela de Rey de Picas y comienza a hacer preguntas. Al mismo tiempo, Rush recibe una citación judicial tras ser demandado por una mujer del pueblo que lo acusa de plagio. Mientras la reputación, la familia y la carrera de Rush peligran, los pensamientos de Rey de Picas se vuelven cada vez más malvados.

Opinión:

Al igual que hice el año pasado, dedico esta última entrada del año a la reseña que preparé para la revista digital Cita en la glorieta.
Espero que os guste.


Esta reseña fue realizada para colaborar en la V Semana Negra en la Glorieta, evento dedicado al género negro y policíaco, y realizado por la revista digital Cita en la glorieta, del 21 al 27 noviembre de 2018, bajo dirección y edición de Javier Alonso García-Pozuelo, escritor del que ya os he hablado por su magnífica obra, La cajita de rapé, ya reseñada en este blog.
Si queréis leer todos los artículos, reseñas y relatos negros que se han publicado en ese evento, solo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo a continuación.




Joyce Carol Oates, es una autora singular.
En su larga y prolífica carrera literaria de más de cuarenta años, ha publicado más de 50 novelas, más de cuatrocientos relatos breves, una docena de libros de no ficción, ocho de poesía y otras tantas obras de teatro...
Es una autora siempre alabada por la crítica, detalle que sumado a lo anteriormente citado, la ha llevado a convertirse en una de las grandes figuras de la literatura contemporánea.
Pero lo que la convierte en singular, según mi opinión, es un detalle cuya pista podéis hallar en las primeras líneas de esta reseña, y reside en que Joyce Carol Oates es una escritora capaz de cambiar de tono, de registro, sin inmutarse... eso sí, logrando conmocionar al lector en cierta medida.

En esta obra escrita en 2015, con lo primero que vamos a encontrarnos es con un capítulo de tan solo una página. Un capítulo aislado y desconcertante, donde se nos relata una agresión.

A continuación, en el siguiente, conoceremos a nuestro protagonista, Andrew J. Rush, un escritor de éxito con veintiocho novelas policíacas a sus espaldas, pero que como él mismo nos advierte, con unos problemas que comenzaron cinco meses antes.

A ese periodo mencionado, es al que vamos a retroceder llevándonos a Andrew como guía y narrador, esa técnica empleada es una narración preactiva, lo que comúnmente conocemos como racconto, es decir, un relato que nos hace retroceder hasta el inicio de esos problemas, y que poco a poco irá avanzando, facilitando datos de forma detallada, hasta alcanzar y dar sentido a ese primer capítulo del cual ya os he hablado; desde ahí, la narración continuará de forma lineal hasta llegar al desenlace.

Ya habéis conocido por tanto, algún dato sobre nuestro protagonista y sobre la estructura que encontraremos.
Pero en esta historia, hay alguien más; alguien que lucha por abrirse camino y ganar protagonismo; ese personaje es Rey de Picas, álter ego de Andrew y que sirve para dar título a esta obra.
De Andrew sabemos que además de tener una carrera brillante, está felizmente casado y es padre de familia; en cambio alrededor de Rey de Picas hay solo vacío.
Nadie conoce la identidad de ese escritor misterioso. Se sabe que sus novelas, día a día ganan adeptos, y que contienen una alta dosis de violencia; todo lo contrario a lo que se encuentra en la obra del protagonista. Ese es el motivo de que nadie pueda relacionar que tras el Rey de Picas se esconde el admirado Andrew J. Rush.

Pero dejadme que os hable de ese otro yo...
Joyce Carol Oates, la autora de esta historia, nos habla de algo real, algo que existe y que algunos podríamos calificar como desdoblamiento de la personalidad; un ejercicio del que muchos autores hacen uso por distintos motivos.
Existen los que escriben bajo seudónimo, los que buscan ocultar su identidad, para evitar que se les identifique en un texto, simplemente para mantener separadas vida pública de privada; y otros que hacen uso del heterónimo, es decir, cuando el autor crea una personalidad totalmente distinta a la suya y parece cobrar vida propia.
El uso de seudónimos o heterónimos, no es algo extraño de encontrar en nuestro día a día, basta darse un pequeño paseo por las redes sociales para comprobarlo.
Muchas veces es cuestión de preservar la intimidad y otras, en cambio, de liberar nuestro lado oscuro, así que no es extraño que eso también suceda en el mundo literario...
Conocemos a grandes escritores que a la hora de firmar sus artículos en la prensa, lo hacen o lo han hecho bajo otro nombre.
A mí, el que siempre me viene a la cabeza es nuestro famoso Larra, y ese nombre que más que en un seudónimo era un heterónimo, y que empleaba para firmar sus críticas mordaces, "Fígaro".

Pues bien, nuestro protagonista también va a hacer uso de ese juego empleando un heterónimo.
Él es el personaje correcto, el real, frente a Rey de Picas que no es ni más ni menos que su lado oscuro y secundario.
Rush le da rienda suelta a la hora de escribir esas novelas negras, depravadas y terribles, se libera en ellas de la carga emocional que arrastra, por lo tanto, podríamos decir que Rey de Picas es tan solo un medio para descargar la adrenalina, tan bueno como ir al gimnasio.

Mientras que Andrew escribe de día, Rey de Picas toma el control por las noches y compone sus historias cruentas. El problema va a surgir, cuando Rey de Picas, esa identidad ficticia y siniestra, intente poco a poco ganar espacio en la vida real.
Rey de Picas va a ir incorporando al monólogo interior de Andrew cada vez más comentarios perversos.
Vamos a ser testigos de una lucha interior, algo parecido a lo que vemos en la obra de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.

Pero no penséis que solo en esta lucha interior se basa Joyce Carol Oates para crear el argumento. Oates construye otra historia paralela, es decir, un dos en uno, y enturbia la apacible vida de nuestro escritor, que va a ver como recibe una citación judicial tras ser demandado por plagio.

Y creo que ya os he dado demasiadas pistas...

Nos enfrentamos a un thriller con tintes de novela negra y altas dosis de suspense. A todo esto hay que sumarle el aporte metaliterario, porque las referencias a autores y obras de misterio y suspense, también va a ser algo que encontremos en grandes cantidades.
Vamos a ver a a Richard Matheson, a Le Guin, a Lovecraft, entre otros muchos; y aunque ya he mencionado que algunos detalles pueden recordarnos a Jekyll y Hyde, las principales reminiscencias que vamos a encontrar, van a ser sobre la obra de Edgar Allan Poe, el gato negro y también de algunas historias de Stephen King, como Misery; La mitad oscura; o el relato La ventana secreta, jardín secreto.

Vuelvo al párrafo del comienzo para retomar una cuestión que comentaba allí, y así, abrir y cerrar esta reseña hablando sobre la autora.

La prensa, la crítica, etc... alaban la obra de Joyce Carol Oates.
Si habéis leído antes algo de ella, sabréis que no hace alarde de una gran prosa. Tampoco sus argumentos destacan por una gran originalidad, pero en cambio, hay algo mágico en sus narraciones; ese toque especial que sabe dar, que las retuerce convirtiéndolas en desasosegantes y atrayentes al mismo tiempo.
Los lectores nos sentimos tan atraídos por sus historias, como polillas a la luz.
Concretamente en esta narración, comprobamos que tampoco es excesivamente descriptiva; pero en cambio, podemos hacernos un retrato bastante claro y vívido de como son los personajes y los escenarios y ambientes por los que se mueven.
Dicen que muchas veces menos es más, y aquí Oates lo demuestra, nos regala tensión sin artificios, pero con un ritmo dinámico.
Si hay que poner alguna pega, lo hago sobre el final elegido; para mí, algo precipitado.
Creo que un par de capítulos más habrían servido para componer un final más enrevesado, más complejo, y que aportase ese giro final desconcertante, acorde con la introducción y el desarrollo de la trama.
No hubiese estado nada mal, jugar un poquito con la ambigüedad...



viernes, 20 de julio de 2018

Estimado señor M. de Herman Koch

Sinopsis:

El lector se verá atrapado en la red tendida por un narrador anónimo obsesionado con exponer en detalle los aspectos más íntimos de la vida de su vecino, el señor M., uno de los escritores más célebres del país. M. cimentó su fama hace ya muchos años con la publicación de la novela Ajuste de cuentas, inspirada en una trágica historia ocurrida por entonces. El relato se centra en Herman, un estudiante de instituto que logra seducir a la bella e inalcanzable Laura después de que ésta rechace a Jan Landzaat, el profesor con quien tuvo una breve aventura. Sin embargo, Landzaat no se resigna a perderla y un día acude a la casa de campo de los padres de Laura, donde la joven pareja se ha recluido para disfrutar de su amor a solas. Pero el destino le reserva a Landzaat un giro inesperado: las carreteras están nevadas, su coche se avería y... nunca más se vuelve a saber nada de él. Y si bien, según la versión de M., los claros sospechosos de la desaparición del profesor son Herman y Laura, también cabe la posibilidad de que M. haya tergiversado los hechos por interés comercial, condenando así a dos jóvenes inocentes a un futuro mancillado por la sombra de la sospecha y la difamación. Ahora, décadas después, quizá el narrador logre descubrir la clave para conocer la verdad.

Opinión:

Esta reseña fue realizada para colaborar en la IV Semana Negra en la Glorieta, evento dedicado al género negro y policíaco, y realizado por la revista digital Cita en la glorieta, del 21 al 27 mayo de 2018, bajo dirección y edición de Javier Alonso García-Pozuelo, escritor del que ya os he hablado por su magnífica obra, La cajita de rapé, ya reseñada en este blog.
Si queréis leer todos los artículos, reseñas y relatos negros que se han publicado en ese evento, solo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo a continuación.


Estimado señor M. Una novela negra que se aleja del modelo tradicional.

Cuando pensamos en novela negra, todos sin excepción, recurrimos al mismo truco.
Dibujamos en nuestra cabeza una especie de esquema con unos elementos fijos: ambiente decadente, delitos y algún personaje que quiere destapar la verdad, y que en momentos puntuales no teme rozar la ilegalidad.

Pero la realidad, a lo que nos enfrentamos en el día a día los lectores, es a la imposibilidad o a la dificultad de clasificar algunas obras dentro de un género en concreto.
Nos cuesta un horror averiguar si la colamos como novela negra, policíaca o como thriller, por citar algunos ejemplos; y la verdad es que no deberíamos perder el tiempo obsesionándonos con los géneros, ni intentar establecer unos límites fijos que los separen.
Dicen los expertos que una novela solo puede estar encuadrada dentro de una categoría. Que siempre predominan unos patrones por encima de otros; pero en ocasiones como esta, y es algo que estamos observando los lectores cada vez con más frecuencia, la línea que separa un género de otro es tan difusa, que cuesta sopesar que historia tiene más peso que las otras. Esas líneas aparecen como si las contemplásemos con una lente defectuosa, lo que provoca que las veamos deformadas y con un contorno poco claro.

Lo cierto es que la novela negra no tiene límites. Esas barreras las mueve el autor en su beneficio, y convierte a este género en algo vivo, que evoluciona y se enriquece con nuevas ideas.
Esas fronteras distorsionadas de las que os hablo y que a veces se entrecruzan con otras categorías, terminan dando lugar a novelas híbridas o creando modas y con ello llegan los tan temidos nuevos y extravagantes géneros o subgéneros, entre los que se encuentran el Domestic noir, el Grip Lit, y más que no quiero ni recordar...

Pero no os estoy hablando de nada raro, la evolución de los géneros ha existido desde mucho antes de que el hombre empezase a utilizar la escritura como entretenimiento, y no hace falta retroceder hasta el poema de Gilgamesh.
Allá por el s. IV a. C., Aristóteles los redujo a tres: épica, lírica y dramática, las obras se encuadraban dentro de unas normas fijas, pero a alguien no le cuadró mucho esa rigidez y decidió saltárselas.
Debemos partir de que la literatura es libertad, y de ahí que alguien muy inteligente se inventase eso de la famosa licencia del escritor.

Herman Koch.

Este autor holandés, en el que he pensado para hacer esta reseña, es un experto a la hora de incomodar al lector. Escarba en la sociedad sacando lo peor con su tono provocador, y por eso me llamó la atención esta historia, porque algunos de su protagonistas son los que encontraríamos en esas novelas negras.
Personajes de fuerte y compleja personalidad, cubiertos con un halo oscuro y con un comportamiento que busca en todo el momento el conflicto.
Si obviasemos estos elementos que os acabo de citar, podríamos pensar a simple vista que, Estimado señor M., no cuenta con los principales rasgos identitarios de una novela negra, pero sí se podría considerar una especie de híbrido, porque lo que Koch hace es crear una novela negra alejándose de ese modelo tradicional. Se vale de la mezcla de géneros y con ello nos sumerge en una atmósfera asfixiante. 
En una entrevista que le hicieron en 2016, dijo que la imposibilidad de etiquetar esta novela dentro de una categoría concreta, fue algo intencionado, algo que maquinó para desconcertarnos.

Lo que esconde Estimado señor M.

Una estructura inusual que llamará nuestra atención desde el comienzo.
No vamos a encontrar una única trama, sino que varios argumentos se combinarán entre sí, creando una especie de historias dentro de una historia principal.
De esta forma tan peculiar vamos a enfrentarnos a una lectura donde se combinarán los géneros literarios, dedicando el mismo espacio a cada uno de ellos y consiguiendo que nos interesemos por todos igual.
Acoso mediante el género epistolar; la narración de una chica de 17 años con historia romántica de fondo; el punto de vista cínico o cómico que emplea el señor M. para dibujar el mundo literario, y ese punto de tensión medio de novela negra que encontraremos en la historia de Herman y en la desaparición del profesor.
Aquí es donde nosotros entramos, asumiendo el papel de investigador, y con una difícil misión: juntar las piezas y rellenar los vacíos que dejan las elipsis narrativas.

Un tono provocador.
Koch tiene un don especial para comprender y describir la realidad, y por eso consigue crear una magnífica historia, absorbente y que sorprende al mismo tiempo, dándole ese toque tan característico que poseen todas sus obras. Disfruta creando situaciones incómodas a la par que comprometidas, para después mostrarnos que hay que mirar más allá de los estereotipos, empujándonos a una inevitable reflexión.

Un fuerte componente metaliterario.
No solo encontraremos opiniones sobre el mundo literario, sino que nos mostrará una visión muy amplia de todo lo que podemos encontrar en él. El bloqueo del escritor, la vanidad de algunos de ellos y la rivalidad existente entre muchos de los integrantes de ese mundillo.

Coincidencias que ocuparán un lugar importante en el argumento.
Partiremos de una premisa:
Un joven aguarda cuarenta años para vengarse, de un autor que le incrimina en su obra y que curiosamente va a terminar viviendo en su mismo edificio.

Soy una lectora que huye de las novelas con excesivas coincidencias, y parece que en esta obra he encontrado a alguien que comparte mi opinión. El narrador protagonista comenta en varias ocasiones, que hay que evitar al máximo la casualidad, en una novela, ya que esta se siente más cómoda en la realidad...

En esta historia vamos a darnos de bruces con bastantes casualidades, pero Koch demuestra que están de sobra justificadas. Debemos consentirlas, ya que realmente el narrador, es un protagonista del libro, y el nos está relatando su vida, su realidad. Por lo tanto, tenemos que aguantarnos y reconocer, que al igual que las coincidencias existen en la vida real, también podemos encontrarlas en las vidas de nuestros personajes.

Lejos de una narración lineal.
Cada una de las historias que componen esta novela, incluyen escenas retrospectivas que alteran la secuencia cronológica del relato. Nos hacen saltar al pasado, conectando distintos momentos, aportando situaciones que nos hacen ir componiendo un pequeño puzzle.

Clifhhangers.
A los saltos en el tiempo que he mencionado en el apartado anterior, hay que sumarle el uso de cliffhangers.
Koch emplea esta técnica que nos deja con la miel en los labios, nos obliga saltar de la historia de un personaje a la de otro, incrementando el suspense; creando una atmósfera que nos condiciona para conmocionarnos al final, y sobre todo que nos empujará a seguir leyendo hasta obtener la verdad.
Con cada una de las narraciones por separado, no seremos capaces de averiguar qué le sucedió al profesor Landzaat, solo lo conseguiremos al final, tras encajar todas las piezas, tras comprender el comportamiento de los personajes, analizando ese microcosmos particular al que pertenece cada uno.

Los lectores también tenemos nuestro lugar.
Nosotros somos un elemento indispensable en este libro, somos los que queremos averiguar lo qué ocurrió con Landzaat, ese profesor de historia, adultero y amante de seducir a estudiantes de instituto.

Como os he mencionado, vamos a tener elementos que podrían catalogar esta novela dentro de varios géneros.
En lo que respecta a mí, creo que no me quedan más detalles por mostrar, o al menos que yo haya encontrado. Os animo a profundizar en esta novela y a averiguar qué pasó con el profesor Landzaat.

Feliz lectura...


miércoles, 27 de diciembre de 2017

El cartero siempre llama dos veces de James M. Cain

Sinopsis:

Frank Chambers, un trotamundos sin empleo, narra en primera persona la atracción que siente por Cora Papadakis, la esposa de un emigrante de origen griego propietario de una taberna en California, y cómo se vuelven amantes unidos por el ardor y la ambición. Pero no será tan fácil librarse del viejo marido. Y habrá que contar, además, con el inescrutable destino: ese cartero que siempre llama dos veces. La fama de las dos versiones cinematográficas de esta extraordinaria novela, clásico entre los clásicos de la film noir, quizás haya podido ocultar la maestría de James M. Cain. Pero ni la película de culto filmada en los años 40 por Tay Garnett ni la rodada en 1981 de Rob Rafelson -protagonizadas por Jack Nicholson y Jessica Lange-, como tampoco la libre adaptación que de ella hizo Visconti en "Obsesión", logran superar tensión y el impacto que causa en el lector la lectura de la obra que Cain publicó en 1934. Hoy sigue siendo una de las cumbres espeluznantes del género negro. El argumento convoca pasiones desbordantes, codicia compulsiva, mentira ilimitada y un destino infranqueable, el material con el que James M. Cain ha pervivido como uno de los referentes de una literatura que resiste como pocas el paso del tiempo.

Opinión:

Esta reseña fue realizada para colaborar en la III Semana Negra en la Glorieta, evento dedicado al género negro y policíaco, y realizado por la revista digital Cita en la glorieta, del 21 al 27 de noviembre de 2017, bajo dirección y edición de Javier Alonso García-Pozuelo, escritor del que ya os he hablado por su magnífica obra, La cajita de rapé, ya reseñada en este blog.
Si queréis leer todos los artículos, reseñas y relatos negros que se han publicado en ese evento, solo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo a continuación.


Hoy voy a hablaros de, El cartero llama dos veces, o como se tituló en castellano, El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain.
Los motivos de elegir esta obra son varios, el principal es que la tenía pendiente desde hace mucho tiempo, desde el momento en que vi la película protagonizada por Jessica Lange y Jack Nicholson; quería comprobar si la obra en papel era igual de buena, si me transmitía las mismas vibraciones,ya que sobre todo el final, logró impactarme.
El segundo, es que hace muy poco me preguntaban como hacía yo para diferenciar una novela negra de una policíaca, si la diferencia se hallaba en si el protagonista era corrupto o no.
La verdad, es que yo no soy una experta, solo me considero una simple lectora que reflexiona sobre sus lecturas, pero no considero que sea necesario un investigador, ya sea corrupto o no, como elemento fundamental para clasificar una historia dentro de este género. Quizás los profesionales opinen lo contrario, pero para mí, hay otros elementos que la identifican de forma más clara, como por ejemplo, el ambiente decadente, pesimista e incluso trágico, que persigue a los personajes a lo largo de la novela.
Así que por ese motivo he elegido esta historia, como ejemplo de que la novela negra no tiene que tener indispensablemente una investigación por medio, porque como podréis comprobar si os animáis a leer esta novela breve, ese tipo de personajes, aquí, son meramente incidentales.

Para mí la novela negra va más allá de policías corruptos, detectives de escasa reputación, mujeres fatales y/o asesinatos cruentos.
Es cierto que hay un tipo de novela negra muy estandarizada, que gira alrededor de un individuo de fuerte personalidad con una investigación entre manos, puede ser detective, policía e incluso abogado o periodista. Alguien, que en algún momento se alejará de la legalidad o andará al filo de la misma, pero que ante todo busca destapar la verdad, luchar contra el delito.
Ese individuo puede recurrir a la violencia llegado el caso, puede ser fumador y bebedor empedernido, consumidor de drogas, e incluso sentirse atraído por alguna mujer fatal que hace todavía más peligroso su trabajo.
Pero todos los detalles mencionados hasta ahora, no son necesarios, y menos aún, que se den todos juntos.
Un detective no es indispensable para la novela negra, al igual que no es necesario un crimen para un libro policíaco, aunque lo cierto, es que con un cadáver de por medio la historia cobra vida, a pesar de lo contradictorio de la frase...

Hay otro tipo más de novela negra, cuando nos encontramos con un personaje protagonista que convence, incita o coacciona a otro para realizar algo turbio, arrastrándole a la ilegalidad, como por ejemplo en "Extraños en un tren" de Patricia Highsmith o ésta de la que vengo hoy a hablaros, de James M. Cain, donde tendremos un asesinato, pero realmente la intervención de la autoridad es mínima. Más bien, podríamos decir que la policía o más bien la justicia, es un ente que acecha a los personajes más en forma de remordimientos que apareciendo en escena.

Pero hay otros rasgos, quizás los más importantes que convierten a este tipo de historias realmente en novela negra. El principal es el ambiente sórdido que acompaña a la historia.
Los escritores se valen de los personajes para llevarnos a zonas de los suburbios, zonas marginales; nos muestran el alto grado de criminalidad, de prostitución, el tráfico de drogas o de armas, el chantaje, la pobreza o quizás tan solo, la corrupción política o moral.
Al margen de esto, la novela negra es un género que va evolucionando, adaptándose al momento, al lugar, a los avances tecnológicos, y sobre todo, muy influenciada por la situación política, social y económica que se narre en esa obra.

Podemos encontrar novela negra ambientada en Inglaterra, en Bélgica, España o en los países nórdicos entre otros, con esto quiero decir que no debemos limitarnos a las obras ambientadas en los años 40 o 50 en Estados Unidos; también habrá obras de principios del s. XX o de finales, y todas y cada una de ellas, a pesar de tener rasgos distintos o especiales, de regirse por diferentes normas sociales y culturales, tendrán otros que las encuadrarán dentro de este estilo, convirtiendo esta categoría en un género para el cual no existen límites.
Pueden decirse muchas más cosas sobre este tipo de novela, y siempre descubriríamos algo nuevo, nuevas características... así que creo que ya ha llegado el momento de hablar sobre el libro en cuestión.

Esta novela, en pleno siglo XXI, sigue siendo considerada como una de las mejores obras del género negro, y eso a pesar de su brevedad, ya que solo cuenta con 120 páginas, aunque hay que señalar que muy intensas.
Esa brevedad de la que os hablo, es algo que tenemos que tener en cuenta los lectores, porque va a marcar el desarrollo del argumento, reflejándose en las descripciones y diálogos.
A pesar de la corta extensión de las descripciones, James M. Cain va a conseguir una perfecta ambientación, que nos trasportará con maestría a ese entorno sobrio y cargado de obsesiones que perseguirá de forma fatal a Cora y Frank.
Y por otro lado, los diálogos van a destacar por su estilo directo, conciso, cargados de frases cortas pero contundentes, y con un lenguaje sencillo.

El peso principal de esta historia recae en la narración en primera persona que nos hace uno de los protagonistas Frank, pero no os olvidéis de un detalle importante sobre este tipo de narraciones, el uso de la primera persona siempre ofrece una opinión subjetiva. Nos muestran la versión que quiere dar el personaje y pueden engañarnos con su relato...
La exposición de Frank y los diálogos, serán el principal elemento narrativo de que dispondrá el autor, para hacernos captar el ambiente, la tensión emocional y sexual que sufren los protagonistas; para transportarnos a los escenarios y mostrarnos la infinidad de detalles, sobre los que se van construyendo las escenas.

Sobre los personajes os diré, que no cuenta con muchos.
Prácticamente la historia gira alrededor de un triángulo amoroso, por definirlo de algún modo, y aunque los protagonistas distan mucho de ser perfectos, sí destacan por su profundidad psicológica.
Como personaje principal y narrador, tenemos a Frank Chambers, un hombre bastante simple, un trotamundos peleón, pero cuyo mayor delito ha sido darse de bofetadas con los empleados del ferrocarril.
Nick Papadakis, es un emigrante griego y marido de Cora, juntos regentan un triste bar de carretera.
Y por último Cora, el personaje que según mi opinión más destaca, quizás porque lo vemos desde la narración subjetiva de Frank. Crea ante nosotros una delicada criatura, de ojos azules y piel blanca que resalta con lo oscuro de su cabello.
El autor juega a desconcertar al lector desde el comienzo, de esta forma nos encontramos con una Cora, cuya imagen ambigua nos hace pensar en un ángel o un demonio dependiendo de las escenas, y que evoluciona con la misma rapidez que pasamos las páginas.
Al comienzo parece ingenua, reservada e incluso sumisa, y termina convirtiéndose en una mujer capaz de cualquier cosa para librarse de su marido.
Pero... y aquí surge mi duda ¿quién seduce a quién? ¿Cora a Frank o es al contrario?, ¿y quién induce a librarse de Nick, es Frank o por el contrario es Cora, la inductora subrepticia?
Todos los datos que vamos obteniendo a lo largo del libro, nos hacen saltar de la culpabilidad de un protagonista a otro; la mentira se asienta como un personaje más en la relación, las dudas surgen y con ello, la desconfianza en la pareja. Por supuesto, también hay un gran espacio reservado en esta historia para la ambición, ese deseo intenso que se aparece frente a los personajes, tentándoles de distintas formas.

Y con esto termino, creo que es una gran historia a pesar de su brevedad. Con un argumento y un desarrollo brillante. Una novela digna de ocupar un hueco en vuestras bibliotecas.
Espero no haberos aburrido y recordad, esto tan solo son las reflexiones de una sencilla lectora, sin pretensión ninguna.