Entrada destacada. Colaboración revista digital "Cita en la Glorieta"

Estimado señor M. de Herman Koch

martes, 10 de julio de 2018

Drácula de Bram Stoker

Sinopsis:

Mucho más que una novela gótica, Drácula es un ejercicio literario excepcional. 
 Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje plagado de ominosas señales, Harker es recogido en el paso de Borgo por un siniestro carruaje que lo llevará, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.

La presente edición incluye una detallada cronología y el prefacio del reputado catedrático y crítico Christopher Frayling, donde se analiza la figura de Stoker y las circunstancias que propiciaron la creación de Drácula. Asimismo, la perspicaz introducción a cargo del especialista Maurice Hindle reflexiona sobre los aspectos más polémicos en torno al origen del prototipo vampírico.

«No había nadie por allí, excepto un hombre alto y flaco, de nariz ganchuda y barba en punta y entrecana. Tenía una mirada dura y fría y unos ojos de color rojo.»

Opinión:

Todos, o la gran mayoría, tenemos una idea general sobre la historia que se esconde tras Drácula; o bien porque hemos leído algunas de las ediciones de esta obra, o porque hemos visto alguna de sus adaptaciones cinematográficas.
Dicho esto, hay algo indispensable y a tener en cuenta si queremos leer este gran clásico de la literatura gótica, y es hacerlo a través de una buena edición que respete la obra original de Bram Stoker, ya que muchas de las versiones que circulan y que muchos tenemos en casa, son obras adaptadas a las versiones cinematográficas.

Aclarado este punto, debo continuar con lo verdaderamente interesante, y es que lo que muchos de nosotros desconocemos, son las historias o anécdotas que hay detrás de esta gran novela.
Debemos comenzar diciendo que la historia que imaginó Bram Stoker no es del todo original.
Stoker para su creación, se inspiró en otros relatos que hablaban sobre el mito del vampiro, como El Vampiro de William Polidori y Carmilla de Sheridan Le Fanu.

Otro detalle que creo interesante mencionar, es que el nombre del conde fue cambiado casi en el último momento.
Cuando Stoker iba a entregar el manuscrito a su editor, reparó en un libro de la biblioteca de Whitby, una obra que hablaba sobre las regiones de Valaquia y Moldavia.
En ese libro, Stoker encontrará la inspiración que le falta para concluir definitivamente su obra.
Entre las páginas de ese libro, nuestro autor repara en una nota donde mencionan a un tal Drácula, un personaje que luchó de forma incansable y atroz contra los turcos.
Ese principe heredó de su padre el diminutivo de Drácula, ya que éste fue admitido en la Orden del Dragón; Dracul en rumano significa dragón, aunque en la lengua de Valaquia, ha terminado tomando otra connotación y significa "demonio".
De esa forma tan casual, Stoker no solo encontró un nuevo y acertado nombre para su protagonista, que iba a llamarse Wampyr, sino que también dio con un nuevo título para esa obra, que inicialmente iba a titularse como "El no muerto".

Pues bien, llega el día de la publicación, el 26 de mayo de 1897.
Esa primera edición de tres mil ejemplares, iba encuadernada en tela amarilla y con el título en letras rojas. Cuatro años después llegaría la reedición abreviada para su venta en los quioscos.
Mientras que por un lado, la novela causó sensación entre el público, por el otro y como suele ocurrir en la mayoría de las novelas de este tipo y en esa época, la crítica fue tajante y no muy generosa.
Las novelas de género gótico parecían un acto de rebeldía, trataban de transgredir las normas establecidas en la novela; se enfrentaban a la razón, haciendo uso de lo irracional. Lo sobrenatural tomaba las riendas de esas historias, recurriendo a extraños y temibles seres, que causaban terror en los lectores.
Dicho esto, sobra decir, que algo en esta historia les hizo sentir incómodos a los críticos, y lo cierto es que hoy en día si miramos hacia atrás, hacia esa época victoriana, el argumento puede resultarnos transgresor.

Ahora que ya conocemos algunos detalles superficiales sobre esta obra, podemos centrarnos en ella.

¿Qué vamos a encontrarnos en esta gran novela?
Básicamente una lucha entre el bien y el mal, con ese instinto que surge en los personajes por proteger el destino de la humanidad.
Esos elementos son comunes en el género gótico, sin ir más lejos, son detalles que comparte con una novela escrita casi ochenta años antes, el Frankenstein de Mary Shelley.
Y otro detalle que también comparten y que creo que es importante recordar, es que Frankenstein Drácula, han conseguido superar en fama a sus autores...

Pero retomemos la novela y hablemos sobre los géneros que vamos a encontrar.
Ya os he hablado en otras ocasiones sobre el género epistolar, el más importante y uno de los más empleados en la literatura durante el s. XVIII-XIX.
En esas cartas, sus autores vertían sus sentimientos; suministraban datos de su personalidad, de su entorno; y ello llevaba a los lectores a conocer al autor de esas misivas en profundidad.
Las cartas empleaban un diálogo directo con el remitente, e implicaban gran parte de ellas, una respuesta; iniciando así una conversación encadenada entre emisor y receptor.
Otro género de uso frecuente en esa época es el que encontramos en los diarios, con unas características similares al género epistolar; la única diferencia es que esos diarios eran más profundos e íntimos, cargados con secretos y reflexiones, porque no estaban dirigidos a ningún lector, tan solo a que el autor reflejase sus pensamientos más íntimos.
Pues bien, esta novela se construye íntegramente sobre esos dos géneros literarios, incorporando a esas narraciones, pequeños fragmentos de periódicos, telegramas y lógicamente, las características propias de la novela de fantasía, o más bien de la gótica.

De esa forma, vamos a conocer la historia de Drácula de manos de los protagonistas, a través de los diarios que llevan, y también mediante la correspondencia que se inicia entre ellos

¿Cómo va a afectar esa variedad de géneros a nuestra lectura?
Pues agilizándola, la narración cobra un ritmo más dinámico.
Las cartas son más directas y detalladas, que cualquier otro tipo de relato, incluido el oral.
Se centran no solo en mostrarnos como son los personajes y en darles profundidad, sino que también aparecen completas descripciones de los escenarios, porque esos detalles son imprescindibles para crear la ambientación perfecta.


Buena parte de la novela se desarrolla en la localidad de Witby, en el condado de Yorkshire, al noroeste de Inglaterra, ese nombre ya os sonará porque ha salido mencionado anteriormente en esta reseña. 

Esa localidad es el lugar donde Stoker veraneaba, donde encontró los datos finales para dar forma a su obra, y por lo tanto, un escenario que conocía a la perfección.

De esa forma entraremos en contacto con las ruinas de la abadía de Santa María, situada frente a los acantilados; con el viejo cementerio entre cuyas tumbas deambula el conde; todos ellos, escenarios fantasmagóricos y que al tiempo aportan ese pequeño toque de romanticismo y dramatismo perfecto, para crear un ambiente que a los lectores nos costará olvidar.

Stoker a todos los personajes de esta novela les dota de igual protagonismo.
Cada uno de ellos será, lógicamente, el narrador de su diario y relatará los hechos en primera persona. El protagonismo por tanto, irá variando dependiendo de quien narra, saltando de uno a otro, siendo siempre Drácula el personaje omnipresente, ese hilo que se encarga de unir todas las piezas.

A pesar de ese protagonismo compartido, parece que al avanzar la lectura, hay alguien que intenta sobresalir por encima de los demás. Me estoy refiriendo a Mina.
Ese efecto que nos hace pensar que destaca sobre el resto del elenco protagonista, es solo una impresión efímera que nos transmite Stoker. Como autor, como padre creador, le confiere una libertad fugaz...
¿Y porqué digo esto? Pues simplemente, porque Drácula es el antagonista, y Stoker haciendo uso de ese machismo habitual de la época, no podía darle el protagonismo total a una fémina, ya que como él nos describe en más de una ocasión a través de las voces de sus personajes masculinos, las mujeres generalmente carecemos de talento... salvo excepciones como Mina, que en determinados momentos demuestra tener una inteligencia similar a la de los hombres... pero ¡ojo! no echéis las campanas al vuelo, porque dice similar, en ningún momento menciona que sea superior, eso era algo inconcebible para la época.

De esa forma descubrimos que el protagonista principal debe ser por obligación, Jonathan Harker,  el esposo de Mina, el que da comienzo a esta historia y el único que puede vencer a Drácula y salvar a la dulce y frágil, damisela en peligro...
Para que esto último pueda llevarse a cabo, Stoker crea un grupo de personajes muy bien logrado que acompañarán y servirán de apoyo a Jonathan y Mina, en esta apasionante aventura.
Van Helsing, alguien capaz de hacer frente hasta al mismísimo diablo; el inteligente doctor Seward; y los valerosos, Arthur Holmwood y Quincey Morris; todos ellos, sin excepción, admirables y capaces de enfrentarse con honor al peor de los males que acechan a la humanidad, Drácula.

Justicia poética en la literatura:
Para ir terminando os voy a hablar sobre esa técnica literaria, empleada por algunos autores para dar al final de sus obras el toque feliz, recompensando a los personajes buenos y castigando a los malos por su comportamiento.
Pues bien, eso es exactamente lo que hizo Stoker en su obra más famosa.
Ya he mencionado al comienzo, que el personaje central de esta novela, el conde Drácula, tiene su origen en la figura de Vlad Tepes (Vlad Draculea), y que fue apodado como "Tepes", "El empalador", ya que tenía la fea costumbre de ensartar en afilados mástiles a sus enemigos, cuando aún estaban vivos, y contemplarles pacientemente hasta que les llegaba la muerte.
Stoker, quizás y digo quizás porque son conjeturas mías, pensó en castigar las maldades de Drácula haciendo uso de la justicia poética, y qué mejor muerte para el antagonista de esta obra que morir con una versión suavizada, debido a la moralidad victoriana, de la que empleaba el personaje que le inspiró.
Si ya lo dice el refrán... ¡Quién a hierro mata a hierro muere!

Como veis, Drácula, es una novela muy completa; una historia cargada de mitos y folclore; un excelente viaje, por tierra y mar, que nos lleva desde los Cárpatos a Inglaterra y de ahí, otra vez de vuelta hasta Rumanía.
Una novela no solo muy recomendable, sino que, al menos yo, considero de lectura obligada, a pesar de que en su día la crítica la consideró como una obra menor...

Detrás de nosotros se destacaba contra el horizonte la silueta del castillo de Drácula. Nos hallábamos ya tan abajo de la colina donde se yergue, que parecía dominar los Cárpatos. 
Entonces lo contemplamos en toda su grandeza, encaramado a más de quinientos metros sobre una cumbre y separado de las montañas vecinas por un abismo. 
Aquel paraje poseía algo salvaje, enloquecedor. A lo lejos, oíamos los aullidos de los lobos. Todavía se hallaban a bastante distancia, pero sus gruñidos y sus aullidos, aunque amortiguados por la nieve que caía, nos llenaron de terror.


martes, 3 de julio de 2018

La sangre de los libros de Santiago Posteguillo

Sinopsis:

Asesinatos, suicidios, duelos, condenas a muerte, guerras, eclipses, vampiros, misterios, juicios…
Detrás de los grandes libros se esconde mucha más sangre de lo que uno podría imaginar. ¿Por qué Pushkin murió en un duelo? ¿Es cierto que se han hallado pruebas de la reencarnación de Shakespeare? ¿Sabías que Pessoa tuvo dificultades para encontrar editor o que La Divina Comedia estuvo a punto de no publicarse?
Santiago Posteguillo, referente de narrativa histórica, nos guía en un magnífico viaje desde los discursos de Cicerón hasta las obras de ciencia ficción de Asimov por la historia más enigmática y sorprendente de la literatura universal.

Opinión:

Parece que fue ayer cuando os hablaba sobre "La noche en que Frankenstein leyó el Quijote", la otra obra de Santiago Posteguillo en la que también encontrábamos un homenaje a los libros; y en cambio, han pasado casi cuatro años desde aquella reseña.

La sangre de los libros sigue la estela de su predecesora, y en ella su autor nos propone un nuevo reto, un viaje en el tiempo a lo largo de la literatura, pero sobre todo, alrededor de los misterios y enigmas que rodearon a muchas obras.
Estoy convencida de que hay que leer "Clásicos", pero no solo eso, sino que también hay que conocer las historias que se esconden tras muchos de ellos. Precisamente y gracias a esas anécdotas enriquecedoras, el interés por esos libros intemporales, puede que se despierte con mayor fuerza en nosotros.

Los sucesos curiosos que Posteguillo nos relata y que aparecen novelados en este libro, harán que sus autores, se vuelvan más reales, más cercanos.
De esa forma, viajaremos en ese apasionante tour literario hasta la Roma clásica, y luego de forma lineal continuaremos avanzando hacia adelante; os advierto que encontraréis historias muy magnéticas...

Por ejemplo:
¿Sabéis quién dijo "La sabiduría es la única libertad?... porque debió escribir algo muy gordo cuando fue condenado a muerte, en tres ocasiones, y por tres emperadores diferentes.
Por otro lado... ¿qué autor murió solo, en circunstancias tan extrañas como los hechos que el mismo relataba en sus novelas?
Con éste haré una excepción y os proporcionaré una pequeña pista... Creó un personaje que fue el primero en investigar la escena de un crimen...

Pero sigamos con la intriga y la literatura...
Seguro que habéis oído hablar sobre la extraña desaparición de Agatha Christie, en 1926, pues aquí Posteguillo también lo menciona.
¿Qué le ocurrió a la famosa dama del crimen, fue un montaje?
Pues bien, eso nunca lo sabremos, porque es lo que tienen los enigmas, son hechos de difícil explicación y ella insistió una y otra vez, en que no recordaba nada...
¿Una forma de vender más libros? quizás...

Pero no solo encontraremos enigmas en este libro, también nos contará sucesos curiosos, y entre esas referencias conoceremos secretos sobre nuestros autores más insignes, como Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Espronceda o Bécquer, y otras muchas historias que parecen esconderse tras personajes tan conocidos como, Emily Dickinson, Charlotte Brontë, Emilio Salgari, Stevenson o Bram Stoker...

Tras estos autores que he citado, no solo hay obras, secretos y misterios, como habéis podido ver, también hay amores prohibidos, engaños, suicidios, duelos... y ahora que he mencionado "duelo", os lanzo otra pregunta...
¿seríais capaces de averiguar quiénes son los personajes que aparecen retratados en la imagen de portada?


Poco más puedo deciros sobre este interesante libro, solo animaros a leerlo, porque es un fascinante recorrido por los enigmas más famosos de la Literatura Universal.
Un libro muy ameno, al igual que ocurría con su predecesor. Son obras que invitan a indagar sobre las historias que se relatan, por la vida de esos autores, pero sobre todo es una invitación, una excelente oportunidad para leer muchas de las obras que aparecen citadas.


martes, 26 de junio de 2018

Prueba de nervios de Richard Hull

Sinopsis:

Esta magistral novela del autor de Mi propio asesino, inaugura un curioso procedimiento.
El criminal refiere los hechos que conmueven al pueblo de Losfield End; en el primer capítulo declara:
«No diré quien soy. Escribiré sobre todos, aun sobre mí, en tercera persona. No se sabrá muy bien en qué ocasiones describo algo que conozco perfectamente y en qué otra recurro a la imaginación.
El lector podrá sacar sus conclusiones.
Pero ¿qué seguridad tendrá de que éstas son justas?».

Opinión:

Richard Hull, seudónimo de Richard Henry Sampson, fue asistente de Agatha Christie, en la presidencia del Detection Club, una asociación de escritores de novelas policíacas, fundada en 1929.

Hace muy poco que entré en contacto con este autor, lo hice a través de otra de sus obras, con "El asesinato de mi tía", y ya que esa lectura me dejó muy buenas sensaciones, decidí probar suerte con otra del mismo autor.
Tanto "El asesinato de mi tía" como esta de la que hoy os hablo,"Prueba de nervios", pertenecen a la colección "El séptimo círculo", creada en 1945 bajo la dirección de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Esta colección, que hoy en día cuesta muchísimo encontrar y que es deseo de coleccionistas, fue un éxito durante muchos años.
Se centraba casi exclusivamente en la publicación del género policíaco inglés, el más clásico, aunque también terminaron haciendo un pequeño hueco a la novela negra.

La mala fama de un Género con mayúsculas...
Como he dicho la colección fue todo un éxito, incluso superando la reticencia de muchos críticos que consideraban ese género, desprestigiado. Una mala fama que acompañaba a las novelas de crímenes y misterio, prácticamente desde su creación como género literario, allá por 1840.

¿Y de dónde procedía esa mala fama?
Pues bien, durante el siglo XIX y posteriormente el XX, se la consideró como literatura barata y sensacionalista.
El crimen era visto como algo antiestético, morboso e incluso inmoral.
Muchos lectores se habían aficionado a leer los relatos policíacos que se publicaban en los periódicos, siendo estos en su mayoría, crónicas reales de sucesos, que continuaban publicándose tras la resolución del caso, incluyéndose en esas publicaciones, transcripciones o resúmenes de procesos judiciales, solo por su morbosidad.
Los más puristas, consideraron que esas obras que atendían a una demanda social, eran un género menor, porque contenían un argumento retorcido, escabroso y desagradable, dando mayor importancia a la deducción que a la experiencia, y por ello carecían de realismo.

Cuestión de gustos, si hoy en día levantasen la cabeza esos críticos caerían fulminados, porque actualmente, ese tipo de novelas que dan importancia al cómo, quién y por qué, son un género con espacio propio, en constante evolución y que reúne a millones de adeptos, entre los cuales me encuentro...

Estructura...
Esta novela, sigue la misma estructura que esas crónicas de sucesos que he mencionado en el apartado anterior.
Es un relato lineal, volcado sobre un diario; ahora bien, no esperéis encontrar la clásica novela policíaca, donde se relatan los avances de un policía o detective.
En este caso, es una novela totalmente inversa a esos clásicos policíacos, porque nuestro guía en la trama, nuestro narrador, es el delincuente; algo parecido a lo que veremos más adelante en las novelas de Patricia Highsmith, protagonizadas por Ripley, un estafador inteligente con valores propios y totalmente amoral; o en la obra de Jim Thompson"El asesino dentro de mí".

Diario de un asesino...
 "El asesinato de mi tía" y "Prueba de nervios", tienen algunos detalles en común, y es que los acontecimientos nos llegan en forma de diario. Un relato cronológico que comienza el día 17 de septiembre y finaliza el 23 de octubre.
Conocemos desde el primer capítulo lo que le ha sucedido a Jhon Hannan, el carnicero, pero carecemos de detalles.
Como he visto que en la sinopsis de la editorial tampoco hacen referencia alguna al argumento, os pondré en antecedentes...
El criminal que adopta el papel de narrador, nos relatará los sucesos que ocurren en la pequeña aldea de Losfield End, tras descubrirse la desaparición de uno de sus habitantes, el mencionado Hannan.

La aparición posterior de su cadáver mutilado, parece que complica la situación; todos los habitantes de esa localidad pasan a ser sospechosos potenciales, y el lector tendrá un doble trabajo...
Deberemos tener a punto nuestra capacidad deductiva, ¿seremos capaces de entrever más allá de la subjetividad que el asesino aporta a la narración, y averiguar su identidad?
Pues en este punto os advierto que los lectores vamos a tener una labor bastante complicada, porque en esta novela atípica, nos enfrentamos a una investigación múltiple.
No solo nos enfrentamos al reto de averiguar quién es nuestro narrador oculto, nuestro asesino; sino que también querremos conocer la identidad de otros dos personajes, uno que aprovecha la oscuridad para cometer robos en las casas de Losfield End y otro que publica en los periódicos de Londres, todos los trapos sucios que ocurren en la pequeña localidad.
Como veis, varias historias en una.

La forma de narrar es otro de los detalles que tienen en común ambas novelas y que puede resultarnos extraña.
No es una novela policíaca al uso, parece que el autor serpentea, se desplaza por el argumento de forma ondulante y va dejando caer algunas pistas de forma puntual, intentando saciar el ansia por descubrir al culpable, que crece en el lector con cada página que pasa.

Nos encontraremos por tanto, que la forma de narrar que emplea Richard Hull o el modo de enfocar el argumento es chocante, incluso para la época en que está escrito, pero tiene su explicación.
Esta novela que es publicada en 1952, sale a la luz en un momento en que había una amplia cultura del libro policíaco y de detectives, un género que estaba totalmente exprimido.
¿Qué quiero decir con esto?, pues simplemente, que como habéis podido observar en el apartado donde hablaba sobre la mala fama del género, en 1952 llevaban ya casi cien años escribiendo novela policíaca, y los autores tenían que innovar argumentalmente, para no cansar y continuar sorprendiendo a los lectores.
Debían provocar reacciones incorporando estructuras raras o inusuales, como la que encontraremos en esta historia.

Hay muchas formas de contar una misma historia...
Según nos informa la sinopsis, Richard Hull, inaugura un curioso procedimiento... "el juego sucio".
Ese procedimiento consiste en emplear a un narrador poco fiable, que hará que dudemos en todo momento.
Con esa descripción, con esos rasgos, los lectores ya sabemos de antemano que su credibilidad está comprometida.
El criminal nos relatará en tercera persona unos hechos que han ocurrido en Losfield End. No nos revelará su identidad, e intentará escribir sobre todos los habitantes de esa pequeña aldea, incluido él, jugando al despiste.

Será un narrador que al mismo tiempo es personaje, pero ¿podemos fiarnos completamente de él?, la respuesta creo que la tenéis bastante clara.
Lógicamente ¡no!, porque unos sucesos serán descritos fielmente y otros en cambio, recurriendo a su ilimitada imaginación.
Su relato es totalmente subjetivo, depende de sus apreciaciones, porque como nos advierte desde el primer capítulo:
 "escribiré sobre lo que he visto, lo que ocurrió y especialmente sobre como lo sentí".

Los lectores sabremos que ese comentario es su primera mentira, ya que también avisa que narrará situaciones en las que no estuvo presente, intentando desviar nuestra atención para evitar que conozcamos quién es.

Es cierto, que este extraño personaje, intentará narrar manteniéndose apartado de los sucesos, empleando la tercera persona, creando un relato distante al igual que lo haría un narrador externo, el problema es que por mucho que lo intente, no podrá ser objetivo.
La forma de narrar es directa, pero debemos tener en cuenta que algunos acontecimientos los relata de oídas y otros los adornará para que queden más literarios.

También encontramos en el narrador a un personaje desconcertante, amante de lo morboso.
Se mueve al límite.
En ocasiones parece que quiere pasar desapercibido, en otras decepcionado de que no ocurra nada, e incluso en otros momentos le vemos como siente la necesidad de observar desde la primera fila el avance de los acontecimientos, saboreando la emoción de ser el responsable de esa agitación, causante de ese drama al que está vinculado íntimamente.
Como podéis apreciar es un personaje embarcado en un juego arriesgado.

La balanza...
Ahora que os he mostrado, toda la genialidad de este autor, debo reconocer que no entiendo lo que me ha ocurrido con esta novela.
No se si ha sido que me ha costado seguir el ritmo al narrador o que no he llegado a conectar con él. El caso es que me costaba introducirme en el argumento, a pesar de que éste es totalmente original como habéis apreciado, y que la estructura narrativa es para quitarse el sombrero; aún así, me ha costado alcanzar el estado de concentración que consigo con otras historias.
Debo reconocer que es complicado contar unos hechos desde el punto de vista del asesino y no revelar en ningún momento, salvo al final, quién es.
Por eso, no voy a darle una mala puntuación a esta obra, creo que los detalles positivos superan con creces a esa dificultad que yo he encontrado a la hora de introducirme en la trama. Lo achaco por tanto a un problema mío...


martes, 19 de junio de 2018

La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne

Sinopsis:

La letra escarlata está considerada la mejor novela norteamericana del siglo XIX.
Ambientada en la Nueva Inglaterra de los puritanos del siglo XVII, La letra escarlata (1849) narra el terrible impacto que un simple acto de pasión desencadena en las vidas de tres miembros de la comunidad: Hester Prynne, una mujer de espíritu libre e independiente, objeto del escarnio público y condenada a llevar la «A» de «Adúltera»; el reverendo Dimmesdale, un alma atormentada por la culpa aunque digno de la estima general, y Chillingworth, un ser siniestro, cruel y vengativo, que maquina en la sombra.
La presente edición incluye una introducción de la catedrática Nina Baym, cuya labor investigadora se ha centrado en el estudio de la literatura americana del siglo XIX. En el año 2000 recibió la medalla Jay Hubble que otorga la Modern Language Association por sus valiosas aportaciones en esta materia.

Opinión:

La letra escarlata, escrita en 1850, está considerada como la obra cumbre de Nathaniel Hawthorne y clasificada dentro del Romanticismo norteamericano.
Como primera curiosidad os diré, que fue uno de los primeros libros en ser producido de forma masiva en Estados Unidos, ya que hasta el momento, la producción se limitaba a elaborar libros a mano y en ediciones muy limitadas, mucho de ellos se producían bajo demanda.
La primera edición de esta novela fue de 2500 volúmenes y se agotó en poco más de una semana, convirtiéndose en lo que hoy sería un superventas.

La segunda curiosidad llega de manos de su escritor, Nathaniel Hawthorne, nacido en 1804 en la población de Salem.
Su tatarabuelo, fue juez en los famosos juicios de brujas de Salem, y el único de todo ellos que no se arrepintió de sus actos.
Los principios de Nathaniel le llevaron a rechazar el puritanismo extremo del que habían hecho gala sus antepasados y por ese motivo modificó su apellido original, Hathorne, agregando una W para cambiarlo por Hawthorne.

La prosa de este escritor, desde los primeros párrafos del primer capítulo, demuestra ser soberbia; emplea una voz narrativa que brilla con luz propia.
Tiene un estilo tan peculiar y cuidado que ha logrado sorprenderme, por ese motivo voy a hablaros principalmente del primer capítulo, porque es digno de alabar, y en él vais a ver una pequeña muestra condensada de toda la genialidad dispersa a lo largo de esta obra.

En ese primer capítulo consigue crear suspense y compasión, al mismo tiempo que nos transmite la tensión que se masca fuera de la prisión, de esa forma nos va preparando para los conflictos posteriores.
Muchos autores de esa época recurrían al uso de grandes descripciones para generar el ambiente propicio, en cambio él decide prescindir de ellas. Se vale del lema menos es más, y recurre a la imaginación lectora. Cuando llega la hora de describir a las gentes que esperan fuera para ver el escarnio público, nos las muestra con una exactitud y calidad literaria que corta la respiración.

Todos tenemos una idea bastante clara de como era la sociedad puritana, de como vestían, y a Nathaniel le basta con sugerir que había una multitud vestida de colores sombríos.
El lector, con esa parquedad descriptiva, tiene suficiente para imaginarse a todas esas gentes ataviadas de ropas con una amplia gama de grises, pardos y negros, y con ellos el ambiente oscuro y triste que arrastraban y que marcará el desarrollo de esta historia.
Nos presenta de forma breve a esa sociedad de moralidad rígida, que muestra la tonalidad más negra del puritanismo, pero dejándonos bien claro como son por dentro y por fuera.
Quiere demostrar desolación, no quiere reflejar un acto alegre, porque intenta crear un retrato fiel, reflejando la gran oscuridad que hay en los corazones de esos que esperan expectantes fuera de la prisión.

Encontraremos muchísimas figuras retóricas; símbolos, metáforas, alegorías... y con ellas conocemos a Hester, nuestra protagonista.
La vemos por primera vez como un solitario rosal silvestre, delicado, que crece en la puerta de la prisión rodeado de maleza.
La maleza ya habréis deducido quienes son...
La letra escarlata, otro símbolo omnipresente en esta historia, representa el adulterio y el pecado, aunque Hester lo convierte en todo lo contrario; en un adorno que luce en su pecho con orgullo.
Esa marca que debería señalarla como un ser pecador y estigmatizado al que todos rehuyen, termina convirtiéndose en una señal de rectitud, de caridad.
Hester evoluciona y se convierte en esa persona que ayuda siempre a los demás, un ser bondadoso y noble, frente a los corruptos de doble moral puritanos, que obran de una forma y piensan de otra. Esa A, la hace libre, es el único personaje liberado de toda la obra.

La prosa de la que hace gala este autor es muy fluida, y la narración consigue mantener el ritmo ágil hasta el final, ritmo que se apoya en unos capítulos bastante breves.

El narrador en tercera persona, nos relata unos hechos que como él mismo nos indica, sucedieron doscientos años antes.
Es un guía por el relato que intenta mantenerse al margen de la historia, limitándose solo a contar, eso sí, con infinidad de detalles como ya habéis podido comprobar.
Nuestro narrador, sabe que nosotros los lectores somos espectadores pasivos, contemplamos unos sucesos de los cuales no formamos parte, aún así, esa riqueza de detalles y la perspectiva que da al relato, se convierte en una lograda estrategia discursiva y consigue que nos posicionemos tomando partido por Hester.

La novela avanzará de forma rápida, y también los acontecimientos que en ella ocurren.
El autor no duda en utilizar pequeños saltos en el tiempo, siempre hacia adelante, que obligan al argumento a avanzar con rapidez, aunque sin olvidar mencionar algunas situaciones del pasado para contextualizar.

Ya conocéis algunos detalles de esta obra, pero este autor aún esconde más bajo sus mangas.
No solo destacó por su prosa, sino que también fue un valiente.
Criticó a una sociedad y sus actitudes, creando un personaje femenino de gran fortaleza y leal, que ha pasado a considerarse como la primera y mayor heroína de la literatura americana.
Un personaje que no duda en enfrentarse a toda esa comunidad que trata de condenarla e ignorarla. Este autor no quiso que viésemos a una mujer adúltera. Él quería mostrar a una mujer valerosa e inteligente, alguien capaz de poner del revés los pensamientos y principios de esa facción radical del protestantismo calvinista; de esa sociedad puritana, falsa e intolerante.
Crea un argumento cuyos temas principales son el pecado, la culpa y la hipocresía, dejando espacio para criticar el maltrato psicológico, retratando a la perfección a esos jueces, que se alzan para juzgar a otros haciendo uso de un doble rasero, el juego de la doble moral...
De lo que no fue capaz este autor, fue de librarse de los estereotipos del Románticismo, como veréis a continuación.

Ya habéis conocido un poco por encima a Hester, nuestra heroína, el clásico personaje que hoy encuadraríamos dentro del estereotipo de las "malcasadas", junto con Madame Bovary, Ana Ozores (en la Regenta) o Anna Karenina...
Un personaje que prefiere sufrir el castigo en silencio a delatar a su amante, porque la forma en que entienden el amor estas heroínas románticas, es que si no se sufre, si no duele, no es amor...
Hester ya lo habéis visto, es un gran personaje que además contrasta con los otros dos que formarán parte del también estereotipado, triángulo amoroso.
La lealtad de Hester se enfrenta a la cobardía que vemos en el joven pastor Dimmesdale, que deja que ella sufra en soledad el escarmiento público.
Recae en ella la decisión, de si delatarle o no, es un hipócrita sin valor.

Os he mencionado que Hester evoluciona, encarna un papel activo y se atreve a desafiar lo establecido, en cambio el personaje del pastor Dimmesdale involuciona...
Es un personaje que va menguando a lo largo de la obra. En cada aparición, parece que se achica ante la mirada reprobadora del lector, presa de esos sentimientos que no tiene el valor de revelar y que le atormentan.
El secreto le anula, le corroe, y aunque él no es portador de un símbolo que le señale como pecador, lo lleva en su conciencia y sus remordimientos.
La pena y su falta de coraje, pesan en su alma más que la letra escarlata, porque aunque su deshonra no es pública, va a cargar con ella no solo en lo terrenal.
Dimmesdale se ajusta al retrato prefijado del hombre en el romanticismo.
Un hombre gobernado por los sentimientos, melancólico y sensible, culto y reflexivo. Se siente aplastado por el peso de su propia alma, de su conciencia, y hasta su descripción física se ajusta a la del hombre romántico, delgado, pálido y siempre vestido de oscuro.

Y por otro lado tenemos al marido, Chillingworth, ese personaje mezquino y rencoroso que aparece en escena justo en el peor momento de Hester.
Chillingworth, el personaje con el que se casa Hester, es un anciano de buena posición. Siempre se han respetado pero no existe pasión.
Ella es enviada, por delante, para preparar el nuevo hogar en Nueva Inglaterra y ahí se pierden los pasos del marido, supuestamente desaparecido o muerto. Chillingworth reaparecerá en escena convertido en alguien siniestro y malvado...

Pero retomando el tema de los estereotipos románticos, en esta historia nos encontraremos con algunos más...
El clásico sentimiento de soledad, la necesidad de rebelarse, el simbolismo de las alegorías, todo lo mencionado como veis, son ideas recurrentes en la literatura de esa época.

Hoy os he hablado de una novela con un argumento sencillo a simple vista, pero muy intenso y que no dudo a la hora de recomendar...
Es uno de esos clásicos a los que lamentablemente el cine no ha hecho justicia.
La tensión es un elemento constante, y Hawthorne lo consiguió sin necesidad de añadir ningún tipo de artificio.