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Estimado señor M. de Herman Koch

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martes, 13 de noviembre de 2018

La isla de las últimas voces de Mikel Santiago

Sinopsis:

Una isla perdida en el mar del Norte. 
El temporal se cierne sobre St. Kilda y casi todos han huido en el último ferry. No quedan en la isla más de cincuenta personas, entre ellos Carmen, una mujer española que trabaja en el pequeño hotel local, y un puñado de pescadores. Serán ellos quienes encuentren un misterioso contenedor metálico junto a los acantilados.
Una extraña caja traída por las olas.
A través de unos personajes llenos de matices y secretos, atrapados en el corazón de la tormenta, Mikel Santiago nos plantea la pregunta que sobrevuela cada página de la novela...
¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para sobrevivir?

Opinión:

Cada vez que termino de leer una nueva obra de Mikel Santiago, solo me vienen a la cabeza términos de alabanza.
Y es que, dentro del thriller, hemos llegado a un punto que parece difícil innovar; los autores que se adentran en este género, que cada vez tiene los limites más difusos, han caído en una especie de remolino donde las estructuras y argumentos tienden a repetirse una y otra vez.
Es cierto que en los últimos años hemos tenido una gran producción de obras del género de suspense, pero entre todo lo leído, cuesta encontrar algo de calidad similar.
Por ese motivo creo que es bueno mencionar que Mikel Santiago, del que hoy tengo el gusto de volveros a hablaros, es un autor que se supera a sí mismo con cada historia, repito, algo muy difícil de conseguir, ya que implica en no caer en repeticiones, y hasta el mismísimo Stephen King tiene ese estigma grabado, del que no puede huir.

Mikel Santiago, de momento y por suerte para sus lectores, sale airoso tras la publicación de cada nueva obra, porque en ellas encontramos historias cargadas de misterio y suspense hasta la última página, sin que parezca que todas comparten un mismo guión.

En esta nueva novela, he encontrado algo que no había visto en sus anteriores obras, (solo me falta por leer "El extraño verano de Tom Harvey"), y es que alterna dos tipos de narrador, cuando en las anteriores historias recurría solo a un narrador en primera persona.
Con el uso de la primera persona, ya sabéis que el lector obtiene un relato más personal que si éste fuese hecho por un narrador externo, pero también hay que advertir que esa narración implica limites.
Pues bien, como ya he mencionado, en esta ocasión vamos a tener dos tipos de narradores y os voy a hablar sobre ellos.

El primero que encontramos es Dave, un personaje que además de protagonista llevará el control de su propio hilo, por lo tanto a través de esa primera persona, su relato nos llegará de una forma más personal e intima.
Va a ofrecernos sus vivencias, donde veremos no solo lo que piensa sino también lo que siente, por dentro y por fuera.
El inconveniente de este narrador protagonista, es que solo puede contar lo que ve. Su narración es limitada, y eso conlleva a un aislamiento no solo de él, sino también de nosotros.

¿Cómo solventa Mikel Santiago ese detalle?
Pues creando otras lineas argumentativas cuyo personaje principal variará según avance la historia. El narrador elegido para esos capítulos será un narrador externo, en tercera persona, que se convertirá en el encargado de mostrarnos todo lo que va sucediendo en la isla de St. Kilda y que es imposible que conozcamos a través del personaje de Dave.

Otro detalle que me ha gustado es sobre los personajes secundarios... apenas aparecen descritos, pero con solo un par de acciones, somos conscientes de lo que esconden en su interior.
Estaréis pensando que no he hablado sobre los protagonistas, pues bien, son Dave, Carmen, Didi y un par más, pero no creo que se les pueda hacer justicia en una reseña breve. Yo ya os he hecho las presentaciones preliminares, si queréis iniciar una relación más profunda con ellos, deberéis leer el libro.

Mikel Santiago, al igual que ocurría en sus anteriores libros, consigue crear un ambiente opresivo y que la tensión argumental no solo se mantenga en el nudo de la novela, sino que en los últimos capítulos vaya in crescendo.

¿Cómo mantiene el suspense, y la tensión?
La tónica general en esta nueva novela serán los capítulos cortos, una forma sencilla pero eficaz de hacer avanzar la historia, saltando de un personaje a otro, incentivando el suspense al detener los hechos en un momento crucial, para luego retomarlos más adelante, el clásico cliffhanger del que ya os he hablado en otras ocasiones.
Con ese recurso, el protagonista siempre quedará al final de su hilo en una situación complicada, y tendremos que continuar leyendo un capítulo o dos, para saber como solventa esa situación extrema.
De esa forma Mikel Santiago no solo consigue que estemos enganchados a la lectura, con esa alta carga de suspense que crea el cliffhanger, sino que también sumando otros elementos como son la adversa climatología, las localizaciones aisladas donde ambienta la novela, y algunos personajes de psicología retorcida, contribuyen al equilibrio perfecto en la narración y a que esa tensión argumental se mantenga.

Esta historia o elementos de su argumento, me recordaba a dos escritas por Stephen King, a Tommyknockers (1987) y a la Cúpula (2009), con ese estilo donde se mezclaba ciencia ficción, algo de suspense y horror, y ese elemento de fondo, que ejercerá una extraña influencia sobre los habitantes de la población, al tiempo que se producen una serie de hechos inexplicables.

La isla de las últimas voces es una novela intensa y aditiva, a la que no he encontrado ni un solo fallo, y eso la convierte en el mejor thriller que he leído este año.

Los finales, y esto es algo que no me quiero olvidar de mencionar antes de terminar, son difíciles de manejar para un autor, porque no siempre se cumplen las expectativas de los lectores.
Por ejemplo, ya que he citado a uno de los grandes del horror que es King, voy a citar a Dean Koontz, un gran autor que mezcla con soltura el terror y la ciencia ficción, pero cuando lees una de sus obras, tras un excelente desarrollo, peca de dar demasiadas explicaciones o de intentar mostrarnos el lado lógico de la situación, cuando en realidad se dan circunstancias que al menos para mí, se alejan de la razón.
En ese error no cae Mikel Santiago...
Prescinde de esas explicaciones finales, y somos nosotros los que deberemos buscar sentido a los hechos.
Como veis, hoy os he hablado de un autor todoterreno, que convierte sus historias en imprescindibles para los amantes del género de suspense.
Espero que esta buena racha que empezó a soplar allá por 2014, cuando publicó su primera obra, "La última noche en Tremore Beach", continúe llevándole a buen puerto, y con él a nosotros, los amantes del género, que nos encontramos escasos de grandes historias con las que rellenar las largas tardes de invierno.


martes, 9 de octubre de 2018

La escalera de caracol de Ethel Lina White

Sinopsis:

Helen ha comenzado a trabajar como dama de compañía en La Cúspide, una gran mansión que se erige en la línea divisoria entre Inglaterra y Gales. La ciudad más próxima se encuentra a 22 millas y el pueblo más cercano a 12. Por ello, son pocos los que aceptan de buen grado trabajar en un lugar tan apartado.
Helen empieza al servicio del viudo profesor Warren, su hermana Blanche - también viuda - y la vieja madrastra de ambos, Lady Warren, enferma y recluida en la habitación azul desde hace años.
A pesar de que inicialmente Helen no debía ocuparse de Lady Warren enseguida se ganará su amistad y su confianza gracias a su dulzura, y se convertirá en la favorita de la dueña de La Cúspide.

Opinión:

Hace unas semanas os hablaba de "La dama desaparece", una gran historia de suspense escrita por la autora británica Ethel Lina White y que fue llevada al cine por Alfred Hitchcok. En esa reseña os avanzaba que en breve volvería a hablaros sobre su excelente autora.
Pues bien, ya ha llegado ese momento anunciado y hoy os acerco a otra novela suya, esta vez a la que está considerada como la mejor de todas sus obras y que fue escrita en 1933.
La historia que se esconde tras La escalera de caracol, tardó en ser llevada al cine, pero al final vio la luz en 1945 bajo la dirección de Robert Siodmak, aunque hay que mencionar que existen bastantes diferencias a simple vista con la novela.

Ethel Lina White, como ya pudisteis comprobar, es una autora que sabe mantener la intriga hasta el final, pero que peca de dar a sus obras un final apresurado.
Esa es quizás la mayor pega que encuentro en sus relatos, que los finales me resultan poco elaborados, sin detalles.
Nos dejan siempre con la miel en los labios; con la dama en brazos del galán, pero sin saber muy bien como hemos llegado a ese punto, a esa escena final.
Al margen de esta minucia, hay otros elementos que convierten en interesantes sus lecturas...

Como detalle curioso que voy a utilizar para picaros en la lectura de este libro, os diré que he encontrado un detalle en el argumento que me hacía recordar muchísimo a la estructura de diez negritos, escrita por Agatha Christie en 1939.
En esa novela, los personajes van muriendo, desapareciendo de escena, aquí no ocurre exactamente así, no penséis que es un spoiler... pero en esta narración, los habitantes de la casa tienen en común con los protagonistas de la obra de Christie, que irán saliendo de escena uno a uno, por diversos motivos, contribuyendo a crear un ambiente cada vez más aislado y claustrofóbico.

Pero vayamos por partes, creo que lo mejor sería comenzar con los parecidos razonables...

Similitudes con "La dama desaparece" de la misma autora:

Vamos a tener...
➣Un personaje central femenino.
➣Ambiente claustrofóbico, provocado por el aislamiento.
➣La soledad que rodea a la protagonista, pese a estar rodeada de gente.
En La dama desaparece, esa soledad se debía al comportamiento del personaje; a viajar en un tren que no realizaba paradas; a la dificultad para hacerse entender en un lenguaje ajeno y al comportamiento extraño del resto de viajeros...
En La escalera de caracol, ese aislamiento es causado por la diferencia de clases.
Helen no pertenece a los criados, es como una asistente, pero tampoco encaja con la clase alta, y lógicamente esa soledad también lo aporta la mansión apartada.
➣El argumento sucede en un breve espacio de tiempo.

Diferencias con "La dama desaparece":

Como diferencias encontramos principalmente, el tono que emplea la autora.
➣El tono:
Si en La dama desaparece hacía gala de un toque de humor muy inglés, aquí el humor es más socarrón y quizás aparece en dosis menores.
➣El ritmo y la tensión.
También veíamos que la aventura en tren tenía más ritmo, resultaba más dinámica, y la tensión se diseminaba a lo largo de la narración, eso sí, intensificándose en la parte final.
En  La escalera de caracol aunque con una narración más pausada y concentrando toda la tensión en el último cuarto de novela, nos ofrece un argumento mejor, más enrevesado y mejor construido, con más detalles.

La escalera de caracol.

Lo que quizás más me ha gustado de este relato es el narrador elegido, que afecta a la tensión narrativa.
Para esta ocasión, la autora opta por un narrador equisciente

Relata en tercera persona al igual que lo haría el omnisciente, pero la gran diferencia reside en que este tipo de narrador tiene unas carencias.
Solo conoce lo que ocurre alrededor de un personaje, en este caso el de Helen; se centra en captar hasta el más mínimo movimiento de ella, la persigue como si se tratase de una cámara, y esa información es la que nos hace llegar, pero descuida lo que sucede alrededor del resto de personajes. De esta forma se aporta más suspense a la historia.
Vemos como el peligro flota en el aire, siempre alrededor de Helen.
Los lectores con este tipo de narrador, siempre vamos a ir un paso por delante de la protagonista.
Intuimos lo que va a suceder por las pistas que nos va dando el narrador; nos deja ver algunos detalles, lo que más le llama la atención, pero solo puede narrar lo que ve en un círculo de acción mucho más pequeño que el que vería un narrador omnisciente.
En una película, el peligro nos lo avanza la música; aquí aunque carecemos de ese elemento vamos viendo como el peligro se acerca cada vez más a Helen. Con esa intuición nuestra, y con esa carencia del narrador se aumenta la angustia, sobre todo porque sabemos que la protagonista desconoce que poco a poco el cerco se va cerrando sobre ella.

A ese suspense que se consigue con el narrador, también hay que añadir el que aportan los escenarios.
La mansión, "La Cúspide", parece acechar a los personajes, al igual que la famosa escalera de caracol que da título al libro.
Esos elementos inanimados, omnipresentes a lo largo del relato, que adoptan al mismo tiempo el papel de protagonistas, dan el toque de inquietud y convierten a los habitantes de la mansión en simple atrezzo. Una casa demasiado aislada de la civilización, solitaria y que arrastra fama de traer mala suerte, y una escalera oscura, con ángulos muertos, donde cualquiera podría esconderse y pasar totalmente desapercibido...

Otros detalles a favor de esta historia...

Tema central... El psicópata misógino.
No se si es la primera, la segunda, o la décima vez, que una obra tiene como tema central a un asesino en serie que arrastra un trauma sexual; pero quizás esta junto con Psicosis, son las que más me impactaron cuando las vi en su versión cinematográfica.
Vemos el tono misógino incluso en el papel de algunos personajes femeninos. Ese pensamiento se había enquistado incluso dentro de nuestro género.
Lo apreciamos en la forma de pensar de la enfermera que asiste a Lady Warren, con las opiniones sobre todas las mujeres "de aspecto cuidado", y también en Simone, el personaje que encarna a la femme fatale de la novela.
El pensamiento de Simone contrasta enormemente con su forma de actuar; ella, una mujer adinerada, a pesar de estar casada con Newton, uno de los integrantes de la familia Warren, se cree libre y que puede abandonarle cuando ella quiera, en cambio ese pensamiento tan liberal para la época choca con la opinión que tiene sobre su propio género.

“Sentía desprecio hacia las mujeres inteligentes, ya que creía que la mujer solo necesitaba instinto para explotar todos los rincones del territorio llamado hombre”.

La historia resulta perfecta para convertirla en obra de teatro.
La escasez de escenarios y de personajes, sumado a que se ajusta a la perfección a las reglas literarias ideadas por Aristóteles para el teatro, la convierten en ideal para la escenificación. Esas reglas conocidas por las tres unidades, son:

  • La unidad de tiempo: todo sucede en un día.
  • La unidad de espacio: todo sucede en un único escenario.
  • La unidad de acción: una historia lineal, con introducción, nudo y desenlace, y que no da importancia a las historia secundarias.
Y por fin, para ir terminando, no podía dejar de mencionaros otra serie de diferencias...

Diferencias entre película y novela:

➣En la película, Helen, es muda, lo que crea más angustia, porque su aislamiento es mayor.
La inquietud se agudiza por esa mayor vulnerabilidad de la protagonista y también con los planos en los que aparece el asesino observando, planos en los que solo podemos contemplar un ojo que acecha cada movimiento de la protagonista, y que en la novela se omiten.
➣En la película también sabemos que el asesino es un hombre, todo lo contrario de lo que sucede en la obra literaria, donde todos los personajes, independientemente del género, aparecen como posibles asesinos.

➣El número de personajes en la cinta también es menor.
➣Otra diferencia es que Helen en la película lleva tiempo trabajando en la mansión, detalle que hace que conozca más profundamente a los personajes y haya una relación más estrecha con ellos.

Por el contrario...
➣En la novela se capta más los matices de las personalidades complejas de cada uno de los personajes, detalles que en la película apenas se aprecian, ya que no hay tiempo para ahondar en ellos, resultando más superficiales.


martes, 25 de septiembre de 2018

La dama desaparece de Ethel Lina White

Sinopsis:

Después de unas vacaciones bulliciosas en un hotel de montaña de un país sin nombre del este de Europa, Iris Carr –una joven y bella favorita de la Fortuna− coge el tren expreso a Trieste. En un vagón repleto, la única persona que no parece serle hostil es una institutriz inglesa, la señorita Froy, con la que entabla conversación. Poco después se queda dormida y, al despertar, el lugar de su nueva amiga está vacío. La señorita Froy parece haberse volatilizado: nadie en el tren recuerda haberla visto, Iris parece no estar en sus cabales e incluso el joven y desenvuelto ingeniero que la escucha solícitamente, pese a ayudarla a aclarar lo que puede o no haber ocurrido, nunca llega a creerla.
La dama desaparece (1936), que sería llevada al cine por Alfred Hitchock en 1938, es un clásico de la novela de misterio británica y recrea una situación de ansiedad extrema que la acerca al thriller psicológico. Su autora, Ethel Lina White, fue en la década de 1930 tan famosa en la novela policiaca y de misterio como sus contemporáneas Dorothy Sayers y Agatha Christie y en sus obras recupera la tradición romántica de la mujer sola atrapada en unas circunstancias que pondrán a prueba su lucidez y su «sentido de la seguridad».
No hay muchos libros que puedan ser leídos al cabo de más de medio siglo, pero este conserva intacta su frescura gracias a un estilo de alto nivel. H. R. F. Keating

Opinión:

Ethel Lina White, para los que no hayáis oído hablar de ella, es una de esas grandes escritoras de misterio británicas que lograron conquistar no solo a los lectores con sus tramas retorcidas, sino que también lo hicieron con grandes cineastas de la época que terminaron llevando sus obras al cine.
Aunque muy conocida en su época, en nuestros días su obras se han visto eclipsadas por la fama de la gran Agatha Christie, al igual que le ocurrió a otra de sus contemporáneas, Josephine Tey, otra gran autora de novela de misterio.
Esta novela publicada en 1936 llevó el título de "The Wheel spins" ("gira la rueda"), pero tras ser llevada al cine por Alfred Hitchcock en 1938 bajo el título de "The lady Vanishes", en español "La dama desaparece" o "Alarma en el expreso", las posteriores reediciones adoptaron el título de la película.

Es curioso la gran cantidad de novelas clásicas que ocurren de fondo en un tren, algo lógico ya que era un medio de transporte rápido y económico de la época, pero como digo, esa forma de desplazamiento ha dado lugar a que se liberase la imaginación de los autores y a que creasen grandes e inquietantes historias, como esta de la que hoy os hablo o Asesinato en el orient express (1934) y el tren de las 4.50 (1957), ambas novelas de Agatha Christie; Pacto de sangre de James M. Cain (1943); Extraños en un tren de Patricia Highsmith (1950)... entre otras muchas; y es que parece que las conspiraciones y asesinatos tienen un buen aliado en los raíles, porque el tren es un excelente escenario para cometer delitos, ya que en muchas ocasiones tenemos el aliciente del cuarto cerrado, nadie puede entrar ni salir.

La dama desaparece, es una novela que me ha encantado, no por el argumento que llegados al punto podría parecernos muy trillado, sino por la forma de desarrollarlo y echar el lazo al lector.
Ethel Lina White crea a una protagonista que a simple vista no nos va a caer bien, y elige para relatar a un narrador ajeno a la trama.
De esa forma evita la subjetividad o que desconfiemos de los acontecimientos que suceden alrededor de Iris Carr; porque la protagonista, además de parecernos engreída y estirada, en algunas ocasiones su comportamiento puede inducirnos a pensar que no está en sus cabales.Todo eso como digo, la forma de enfrentarnos al personaje, cambia con el tipo de narrador.

Vamos a encontrar varios elementos que convierten la lectura en adictiva y que residen en el desarrollo del argumento.
La lucha contrareloj:
Esa especie de investigación que inicia Iris y que parece que no avanza, se vuelve más intensa porque el tiempo apremia.
El tren se desplaza veloz hacia la estación de Trieste, e Iris, debe encontrar a la señorita Froy antes de que el expreso llegue a la estación y todos sus viajeros desciendan de él.

El aislamiento total:
Iris a pesar de estar rodeada de gente, se encuentra sumida en una soledad total, en parte provocada por ese irritante comportamiento que la aleja hasta de los lectores, y por otro lado, porque está encerrada en un tren donde todos parecen tener algo que ocultar.

La búsqueda de la señorita Froy se va a convertir en desesperación, porque solo Iris, de entre todas las personas que viajan en el tren, parece ser consciente de su desaparición.
Es cierto que la señorita Froy, es alguien sencillo que pasa desapercibida, ¿pero hasta el punto de que nadie la recuerde? Eso nos va a llevar a pensar que todo lo que sucede en el tren es producto de la imaginación de Iris, porque no puede ser que todos los viajeros tengan un comportamiento tan extraño, y se empeñen en negar su existencia.
¿Será la señorita Froy producto de la imaginación de Iris, fruto de la insolación o de la histeria?, eso es algo que tendréis que resolver vosotros.
Como veis, todo esto que he citado en conjunto, hace que aumente la tensión narrativa, y que en los últimos cinco capítulos el lector tenga que contener la respiración.

Esta novela, catalogada en su día como de misterio, es una novela enigma que roza el thriller; hoy en día podríamos ubicarla perfectamente en esa nueva categoría que se empeñan en denominar como "domestic noir", protagonizada por mujeres con algún problemilla; y es que el estilo de Ethel Lina es intemporal y convierte esta historia en actual.

Por poner alguna pega...
Puede parecernos que el final es algo precipitado, pero pensándolo fríamente, la historia sobre la que se construye el argumento ya ha quedado resuelta, no hay más que contar, y todo lo que se añadiese sería relleno.

Os animo a leer y conocer a esta escritora de la que en breve volveré a hablaros...


martes, 18 de septiembre de 2018

Lo que dijo Harriet de Beryl Bainbridge

Sinopsis:

Basada en un crimen real que conmocionó a la sociedad británica de la época (el caso Parker-Hulme, retratado por Peter Jackson en su película Criaturas celestiales).
Lo que dijo Harriet relata la historia de dos amigas que se reencuentran durante unas vacaciones de verano en una localidad playera. Ambas esconden una relación enfermiza.
La narradora, una chica sin nombre, solitaria e introvertida, se deja llevar por la corrosiva influencia de la bella Harriet. Entre las dos pergeñan un plan para seducir al Zar, un hombre mayor e infelizmente casado, y tan fascinante como repulsivo, sin ser conscientes de las catastróficas consecuencias que puede causar su degenerado juego de niñas.
Un thriller sobre la crueldad de la infancia y sobre la capacidad del ser humano para manipular y seducir a los demás.
Un cóctel molotov sobre la inocencia y la maldad, y un clásico que resulta hoy tan subversivo como cuando se escribió.

Opinión:

Supongo que tras leer esta sinopsis con reminiscencias de "Lolita", muchos de vosotros os estaréis preguntando qué es eso del caso Parker-Hulme.
Pues bien, voy a daros algunos datos pero pasando de puntillas por ellos, porque hay demasiada información y muy sencilla de localizar, en internet sobre él.
El caso Parker-Hulme fue un asesinato ocurrido en Nueva Zelanda en el año 1954 y que no habría tenido mayor trascendencia en nuestros días de no haber sido por dos motivos.
El primero, la brutalidad del crimen.
Las responsables del asesinato fueron dos niñas de quince y dieciséis años que asesinaron a la madre de una de ellas, fingiendo después que había sido un accidente, algo casi imposible ya que le dieron 45 golpes con un ladrillo...
El segundo motivo es que una de esas niñas, Juliet Hulme, tras salir de prisión, se cambió el nombre por el de Anne Perry, convirtiéndose con el tiempo en una afamada escritora de ficción, creadora de las sagas de detectives de Thomas Pitt y William Monk, entre otras...
Creo que lo que he mencionado es lo más significativo del caso, por eso voy a pasar a hablaros de la novela.

Lo que dijo Harriet, es una historia que se mueve entre el thriller y la novela negra.
Es la primera obra de Beryl Bainbridge, y fue escrita a finales de los años sesenta. Lo que ocurrió es que el argumento resultó ser demasiado desagradable para la sociedad de la época, y tardó en encontrar a una editorial que confiase en el potencial que escondía esta historia.

Yo había leído hace tiempo sobre ese famoso caso de asesinato, y conociendo el hecho de que tras esa historia se escondía la famosa Anne Perry, me apetecía muchísimo leerla.
Ahora, tras su lectura, debo reconocer que me ha decepcionado un poco, no he hallado en sus páginas lo que yo esperaba, y creo que se debe en parte a la seductora sinopsis.

Y digo en parte, porque la editorial nos lo advierte en la primera linea de la sinopsis, esta novela se basa en el famoso caso; lo que omiten... es que tan solo hay una vaga inspiración que se reduce a la compleja personalidad de las niñas y a un asesinato de fondo que nada tiene que ver con los sucesos reales. 
Todo el resto de la novela es pura imaginación de la autora, y alguna experiencia propia, y la verdad es que no se por qué motivo me meto a leer este tipo de historias "basadas en hechos reales", porque me ha dejado el mismo sabor agridulce que Las chicas de Emma Cline y Muertes pequeñas de Emma Flint, aquí reside como la otra mitad de la culpa que como veis me atribuyo.
Es cierto que la novela al igual que las citadas no está mal, si se leen obviando el "basado en", pero si te sumerges en la lectura esperando encontrar datos y detalles sobre los casos reales, algo así como una crónica... estás perdido.
Y hasta aquí lo negativo...

Estimados Señores críticos, lean el libro antes de comentarlo...
¿Y por qué digo esto?
Pues porque por poner un ejemplo, el Sunday Times dijo de esta novela que era seductora a la par que escalofriante, y que contenía uno de los finales más impactantes de la literatura inglesa.
Esa frase es un estímulo bastante positivo y en mí actuó como empuje para hacerme con la obra. 
Luego como ocurre en muchas ocasiones, todo queda en agua de borrajas, y todas las esperanzas puestas en el libro se desvanecen...
El final no es impactante, y el motivo es que lo conocemos desde el primer capítulo, con lo que la sorpresa desaparece.
Esta novela es la crónica de una muerte anunciada, un racconto que la autora nos ofrece desde el primer capítulo, para intentar captar nuestro interés.
A raíz de los acontecimientos que se narran en ese primer capítulo, la historia retrocede, comenzando a relatar los hechos desde el inicio, desde el momento en que las niñas se encuentran tras el curso escolar para disfrutar de las vacaciones estivales.
De esa forma, conocemos cual será el fin de uno de los personajes que aparecerán en escena, lo que desconocemos es su identidad, pero también la autora, en ese capítulo previo, nos previene sobre la malvada personalidad de las niñas, por lo tanto, o al menos a mí, el final impactante que anuncia el periodista del Sunday Times, se me escapa. Yo considero un final impactante de la literatura inglesa, el de Macbeth o el de Romeo y Julieta, pero eso como todo... es cuestión de gustos.

La sombra de la sospecha nos mantiene alerta.
El comienzo, como ya habéis podido comprobar, resulta perturbador, nos genera suspense, sabemos que han hecho algo malo, pero desconocemos su gravedad, ya que ese suceso queda en el aire en el primer capítulo.

Beryl Bainbridge nos ofrece una novela con dos preadolescentes como protagonistas; pero no son dos chicas traviesas sin maldad... son dos personajes que se alejan de la actitud común en los niños.
Ellas no juegan, emplean su tiempo en pasear, espiar e interrogar con malicia a los demás.
Son perversas, con una esencia de maldad que corre por sus venas y que va in crescendo según avanza la historia, son dos preadolescentes que nos incomodan con su comportamiento desde los primeros compases del relato.
La curiosidad sexual, la provocación, se convierten en juegos macabros para ellas. y la autora, consigue crear una atmósfera asfixiante, enrarecida, alrededor de la retorcida personalidad de las dos jovencitas, eso es un detalle que hay que valorar muy positivamente.

Los dos personajes se atraen y repelen al mismo tiempo; conviven en una relación que se mueve entre la amistad, la crueldad y la envidia.
Harriet lleva siempre la voz cantante en esa relación; es la dominante, la que decide todas las acciones, quien dice lo qué hay que hacer, cómo y cuándo, o así no los hace ver la narradora.
Esto que acabo de mencionar es algo importante en el desarrollo del argumento. Conocemos desde las primeras lineas que el narrador es uno de los personajes principales, y ya sabéis que suelo insistir en que una narración en primera persona no resulta muy fiable.
Puede que ese sea el motivo por el que no he conseguido meterme en la piel del personaje cronista y empatizar con él, había algo raro en su relato, algo que despertaba mi instinto lector y que me mantuvo alerta a lo largo de la trama.

Otro detalle que también consigue captar nuestro interés es la omisión del nombre de ese personaje que hace la vez de narradora; genera suspense, pero ¡ojo!, tan solo es un juego de Bainbridge.
Al llegar al final, nos damos cuenta de que ese dato nos da igual; es una especie de Macguffin, un elemento que desvía nuestra atención, que aporta en un principio suspense, que nos hace preguntarnos el motivo por el que se oculta, y al final resulta que ese dato carece de relevancia.

La importancia de los diálogos en este libro, es algo también que suma puntos.
Vamos a ser testigos de la compleja personalidad de los protagonistas a través de ellos, pero también apreciaremos como esos diálogos convierten a uno de los personajes en el alma de la historia; alguien omnipresente, incluso cuando está ausente en las escenas.
Me estoy refiriendo a Harriet. Ella cumple con el papel activo, mientras que la narradora adopta uno más secundario, desde esa distancia que le aporta el ser cronista, podéis comprobar ese efecto hasta en el título.
Realmente, y para ir terminando, la novela en sí no es escalofriante, quien sí es inquietante, es el personaje de Harriet... que con su personalidad  perversa y oscura aporta a la trama más de lo que a simple vista vemos.
Es una entretenida opción de lectura si, como he dicho al comienzo, obviáis el primer párrafo de la sinopsis.

martes, 11 de septiembre de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer de Joël Dicker

Sinopsis:

La noche del 30 de julio de 1994, la apacible población de Orphea, en la región de los Hamptons, asiste a la gran apertura del festival de teatro. Pero el alcalde se retrasa... Mientras tanto, un hombre recorre las calles vacías buscando a su mujer, hasta hallar su cadáver ante la casa del alcalde. Dentro, toda la familia ha sido asesinada. Jesse Rosenberg y Derek Scott, dos jóvenes y brillantes policías de Nueva York,resuelven el caso. Pero veinte años más tarde, en la ceremonia de despedida de la policía a Rosenberg, la periodista Stephanie Mailer lo afronta: asegura que Dereck y Jesse se equivocaron de asesino a pesar de que la prueba estaba delante de sus ojos, y afirma poseer información clave. Días después, desaparece. Así se inicia este colosal thriller, que avanza en el pasado y el presente a ritmo vertiginoso, sumando tramas, personajes, sorpresas y vueltas de tuerca, sacudiendo y precipitando al lector sin freno posible hacia el inesperado e inolvidable desenlace.

Opinión:

A veces, la solución la tienes delante de los ojos...

Hace ya unos añitos que Joël Dicker saltó a la fama con "La verdad sobre el caso Harry Quebert"; una novela que la crítica alabó casi en su mayoría, y cuyas ventas le llevaron a colocarse entre los escritores más vendidos.
Después de ese comienzo tan brillante, que por cierto a mí me fascinó, Dicker ha publicado dos o tres libros más, pero sus sinopsis no me atrajeron lo suficiente como para ponerme con ellos.
Ahora, este joven autor suizo ha logrado captar de nuevo mi atención con este thriller de atrayente sinopsis, pero no echemos las campanas al vuelo, porque esta historia tiene cosas buenas y algunas que habría que mejorar...

El comienzo de esta novela tiene una estructura que los amantes del thriller estaréis más que acostumbrados a ver.
Un capítulo introductorio, aislado, que suele ser desconcertante, donde se nos relata una agresión o un asesinato, para después en los siguientes capítulos pasar a presentarnos a los protagonistas.
Ese capítulo introductorio puede ser de dos tipos:
Puede narrar unos hechos ocurridos en el pasado, lo que sería una visión a modo de flashback que nos hará retomar después la trama en la actualidad; o por el contrario, puede ser un acontecimiento de fecha reciente, para después saltar a una fecha anterior, haciendo uso del racconto, y comenzar a relatar antes de que los acontecimientos sucedan.
Ambas estructuras van a obligarnos a desplazarnos a distintas fechas, empleando precisamente esos saltos en el tiempo para reforzar el suspense, dejando algunos acontecimientos suspendidos y así aumentar la tensión narrativa.
Dicker va a ajustar el argumento de su novela, precisamente, al primer modelo que he señalado.
A mí, esto de los saltos en el tiempo, es un recurso que me gusta; consigue mantenerme alerta, con todos mis sentidos vigilantes, al ir desperdigando los datos de forma calculada por la narración, pero también entiendo que esta estructura puede terminar cansando a los lectores si se abusa de ella, e incluso hacer que alguno de ellos queden perdidos en el limbo con tanto salto.

Joël Dicker es un autor que parece haber encontrado la gallina de los huevos de oro, y espero que no caiga en el error en el que han caído otros muchos autores antes que él, empujados quizás por el ansia de esas editoriales, que esperan que año tras año repita el éxito que obtuvo con su novela inicial, aunque eso suponga caer en un exceso de repeticiones...
¿A qué me refiero? pues a que Dicker, ha copiado la misma estructura que ya empleó en el caso de Harry Quebert y eso puede terminar encasillándole en un tipo de novela que termine cansando y obligando a los lectores a mirar hacia otro lado... y si no, tiempo al tiempo.
Desde estas lineas ya aventuro que la obra me ha gustado, pero no tanto como esperaba.
El argumento aunque no es exclusivo, está bien desarrollado; los giros sorprenden, los personajes resultan engañosos... pero repito, no me gustaría que sus novelas, a partir de ahora, se convirtiesen en calcos de las anteriores, dejándome el mismo sabor agridulce que las de Kate Morton, entretenidas, sí, pero cortadas todas por el mismo patrón.

Otros detalles que nos va a resultar fácil reconocer y que ya vimos en "La verdad sobre el caso Harry Quebert", es la cuenta atrás que marcan los capítulos, y que indica que nos aproximamos al desenlace, también vamos a encontrar que el argumento de sus novelas se focaliza casi exclusivamente sobre el asesinato, dejando solo un pequeño espacio para que conozcamos la vida de los personajes, lo justo, justito para contextualizar y crear ambientes.

Otro detalle que se repite es que Dicker crea una historia inicial con un número limitado de personajes, y según va avanzando la trama, ese elenco va aumentando progresivamente, aportando cada uno de ellos, nuevos datos sobre el caso y con ello un nuevo enfoque.
Todos esos actores que en un principio no parecen tener nada en común, van a estar interrelacionados, tienen algo que ver con los asesinatos, o bien, existe una relación con ellos.

La culpabilidad sobre los crímenes empieza recayendo de fijo sobre un personaje, y después los lectores iremos apuntando con el dedo acusador, a cada uno de los integrantes del elenco de personajes.
Esto es algo que demuestra que Dicker es un gran autor; pensamos que es nuestro instinto el que nos hace ir desconfiando, en cada momento, de cada uno de ellos, pero es el autor realmente el que nos marca el camino, el que nos hace pensar en cada uno de los personajes como sospechosos, es decir, todo está perversamente construido por Dicker, para entorpecer nuestra propia investigación; esto como veis es algo positivo para él, aunque quizás en este punto también habría que señalar que Dicker nos hace dar demasiadas vueltas al argumento, lo explota demasiado, y eso puede saturar al lector, con sus más de 600 páginas.

Otra cosa a valorar es la variedad de narradores que vamos a encontrar, para mi gusto le sobran algunos...
Lo normal es tener un solo tipo o a lo sumo dos, pero Dicker aquí va de sobrado y vuelve a demostrarnos su gran control sobre la narración; solapando los distintos tipos de cronista.
El primer capítulo está en manos de un narrador omnisciente, alguien ajeno a los sucesos, que nos situará en unos hechos ocurridos en 1994, acontecimientos sobre los que se construirá el argumento. Pero esa no será la última vez que le veamos; ese narrador que irá apareciendo de vez en cuando, será el encargado de facilitarnos datos sobre los personajes, complementando la información que ellos mismos nos irán suministrando a lo largo de la lectura.
Los otros narradores que aparecerán, tienen como añadido la función de personajes, y se irán dividiendo la narración.
Jesse Rosenberg, Dereck Scott y Anna Kanner, serán los encargados de facilitarnos datos de la investigación. Jesse relatará los sucesos que ocurren en la actualidad; Derek en 1994; y Anna los acontecimientos alrededor de 2013.

Para ir terminando os diré que es un libro entretenido, incluso adictivo, pero que quizás carece de la originalidad o frescura que hallé en su primera obra.
Sus largas 656 páginas también hacen que sea una novela para leer en poco tiempo, de lo contrario tienes la posibilidad de olvidarte de parte del desarrollo, y verte obligado a reiniciar la lectura.


martes, 21 de agosto de 2018

El hombre de tiza de C. J. Tudor

Sinopsis:

Echando la vista atrás, todo comenzó el día del terrible accidente durante la feria, cuando Eddie, de doce años, conoció al Hombre de Tiza.
 Fue el Hombre de Tiza quien le dio la idea de los dibujos: una manera de dejar mensajes secretos entre el grupo de amigos.
Fue divertido hasta que los dibujos condujeron al cuerpo sin vida de una niña.
Sucedió hace treinta años y Ed pensaba que todo había quedado olvidado.
Sin embargo, recibe una carta que contiene solo dos cosas: una tiza y el dibujo de un muñeco.
 La historia se repite y Ed se da cuenta de que el juego en realidad nunca terminó...

Todos tenemos secretos. 
Todos somos culpables de algo. 
Y los niños no son siempre tan inocentes. 

Opinión:

Hoy voy a reseñar una novela que va a dar mucho que hablar, no solo por la lograda ambientación, sino también por la complejidad y el excelente desarrollo del argumento.
Llevaba un par de meses oyendo y leyendo muy buenas críticas sobre esta historia, pero ya sabéis que ante las opiniones entusiastas suelo mostrarme un poco cauta.
El comentario que consiguió inclinar definitivamente la balanza hacia la lectura de este libro, fue la recomendación desde el blog de Si fuésemos libros, donde hablaba maravillas de él.

Con lo primero que nos vamos a encontrar es con un narrador en primera persona, encargado de contarnos una historia a dos tiempos, en pasado (1986), y en presente (2016), ofreciéndonos dos tramas, en las que el suspense se instala de forma cómoda, y que se irán alternando durante toda la novela.
Hay que añadir que la trama del presente, además de relatar la vida actual de los personajes, también hará un hueco a las escenas retrospectivas; recuerdos que guarda  entre sus recuerdos nuestro narrador, es decir, el personaje adulto de Eddie "Munster", que ahora es un profesor de lengua de 42 años.
Eddie será el responsable de relatarnos unos siniestros sucesos ocurridos hace treinta años y que no fueron del todo esclarecidos,
Ahora, esos acontecimientos que marcaron la vida de toda la pandilla, y que han mantenido a buen recaudo en lo más recóndito de la memoria, vuelven a salir a la luz, despertando sentimientos ya olvidados.
Alguien ha regresado para abrir la caja de los truenos, trayendo consigo al "Hombre de tiza".

Os he dicho que Eddie será el narrador, y también el protagonista, porque adopta esos dos papeles, pero la historia no es del todo suya, la comparte con el resto de integrantes de su grupo de amigos. Una pandilla preadolescente, que bien podría haber sido extraída de cualquier película de la época, como las que citaré más abajo, o de los libros de Enid Blyton.
Ese grupo estará formado por: Eddie "Munster", Gav "El gordo", Hoppo, Metal "Mickey", y la única niña del grupo, Nicki. Personajes, quizás estereotipados, pero que no desmerecen al conjunto de la historia.

C. J. Tudor, como ya os he adelantado, utiliza los saltos en el tiempo para generar intriga, al dejar el argumento suspendido momentáneamente.
Esa técnica que utiliza a modo de gancho, y de la cual ya os he hablado en alguna otra ocasión, es el Cliffhanger, un recurso literario muy potente, porque crea una gran tensión dramática en un momento dado, y luego la deja interrumpida saltando a otra escena, a otro personaje, o como en este caso, valiéndose de los saltos en el tiempo.
Ese efecto, sumado a que los protagonistas son un grupo de niños, y al suspense que se genera a lo largo de la narración, me ha hecho recordar inevitablemente a IT, a los Goonies, a Cuenta conmigo y/o a Stranger Things; historias que tienen en común la caracterización de los personajes, el ritmo de la trama o la atmósfera, pero también, donde tenemos asegurado disfrutar con el clásico ambiente o escenarios de los años 80.
Es una novela que nos hace evocar esos veranos infinitos de los que todos hemos disfrutado; con pandas de chicos, bicicletas y excursiones por el bosque, y con la tensión constante que genera la rivalidad con otras bandas locales...

Otro detalle que me ha gustado es la tranquilidad de la autora a la hora de narrar.
Va contando hechos, haciendo uso de esos saltos, y pausando el relato para mantener en vilo al lector. Consigue que sospechemos de todos los personajes, al tiempo que crea como ya habéis podido comprobar, un argumento más que convincente.
Se parece a IT, sí, pero no es una novela de terror, es una historia de mucho suspense, un thriller en toda regla, de los que te mantienen enganchado al libro hasta el final.

Cuando quedan más o menos cien páginas, los giros empiezan a sucederse de forma imparable, si a eso le sumamos que las cien primeras páginas son intensas y fascinantes, creo que tenemos una novela de intriga psicológica, brillante, bien desarrollada y que os fascinará.



martes, 7 de agosto de 2018

El pantano de las mariposas de Federico Axat

Sinopsis:

Las desapariciones de personas en confusos episodios se suceden año tras año en Carnival Falls. Pero donde algunos ven tragedias sin conexión, otros aseguran que existe un patrón común, y que detrás de ellas hay algo más oscuro que simples accidentes.
En 1985, Sam y Billy tienen doce años y se preparan para lo que suponen será un verano grandioso: excursiones por el bosque, largos paseos en bicicleta y la postergada construcción de la casa del árbol. Sin embargo, la llegada a la ciudad de una niña de clase alta llamada Miranda, cuya belleza no les dejará indiferentes, lo trastocará todo.
Juntos transitarán ese intrincado paso de la niñez a la adolescencia, un camino de aprendizaje y revelaciones, y se embarcarán, casi sin proponérselo, en una aventura que podría llevarlos a conocer la verdad detrás de las desapariciones. Un pacto de amistad los guiará en un verano imborrable, un tiempo de metamorfosis que marcará el inicio de muchas cosas, y también el final de su infancia.
Novela de crecimiento y suspense con sugerentes incursiones en lo fabuloso, el presente volumen, sumerge al lector en una rara fascinación para conducirlo con hábil pulso hasta un sorprendente giro final.

Opinión:

Me habían dicho que Federico Axat siempre terminaba sorprendiendo al lector. Que cada una de sus historias era como componer un gran puzzle, donde él jugaba a descolocar las piezas.
Ahora puedo dar fe, tras leer esta novela, de que todo lo que me habían asegurado, es cierto.

La imaginación de los lectores va a jugar en esta historia un papel vital y en vez de jugar a favor nuestro como sería lo normal, lo hará en favor del autor.
Cada uno de nosotros, va a ir creando su propia historia, interpretando de forma inconsciente los datos que Axat disemina a lo largo de la narración; sobra decir que esas pistas terminan casando al final a la perfección en un puzzle complejo, y la idea que hemos confeccionado alrededor de cada uno de los asuntos que él relata, termina alejándose de la verdadera realidad.
Es como si Axat nos diera un juego de construcción pero sin plano, y el fuese dictando las instrucciones para llegar a formar el objeto que tiene en mente.
Al montar todas las piezas descubrimos que él ha conseguido construir un tanque y a nosotros nos ha salido una motosierra, ha conseguido engañarnos, pero bueno ya sabemos que, al menos en mi caso, el instinto sabueso está un poco atrofiado.
El caso es que este autor consigue mantenernos pegados a las páginas del libro, y la tensión narrativa, es la trampa adhesiva que impide que dejemos la lectura. Y es que lo más importante a la hora de narrar, es la forma en que un escritor maneja el suspense, sin olvidar por supuesto, la gran profundidad y complejidad de los personajes.

La trama resulta original, nos hace retroceder al pasado, pero no solo al de los personajes, también al nuestro. Porque nosotros compartimos con ellos, esos veranos de la infancia donde todo eran aventuras en bicicleta; caminar por el campo en espera de hacer un gran descubrimiento; o con la emoción de construir esa cabaña, vetada para el resto, que nos mantendría ocultos y a resguardo de las bandas rivales.
Todos hemos sido alguna vez, uno de esos niños, hemos vivido alguna de las situaciones que narran, y Axat nos regala durante unos días la posibilidad de volver a serlo.

Vamos a encontrarnos con una novela de misterio desde el comienzo.
La forma de escribir, de ir relatando los hechos, diseminando la intriga por todas sus páginas, nos va a sorprender, porque no se centra en dar grandes explicaciones, sino que se limita a relatarlas sin más. Esta novela es perfecta para la definición de: "menos es más".
Aún así, consigue atraparnos, y no solo eso, sino que nos convierte en una marioneta de la trama, en un personaje cámara que persigue a los protagonistas sin descanso, y sin poder intervenir. En todo momento queremos saber más, y se despierta en nosotros un sentimiento de cariño y protección hacia los tres niños protagonistas.

El narrador de toda la historia es Sam.
En un principio nos hace retroceder brevemente hasta 1974, para relatar unos hechos que sorprendentemente, mantiene aun frescos en su memoria, a pesar de que ocurrieron a una edad muy temprana, y tras eso el primer capítulo nos lleva a 1985, cuando Sam tiene 12 años.

Vamos a encontrarnos con dos hilos argumentales. Uno en presente, en nuestros días, y otro en pasado, el más extenso, en ese verano que permanecerá imborrable en su memoria.
La historia en un comienzo se centra en unos sucesos, pero una vez resueltos dirigirá su atención hacia otro punto, tomando otro camino igual de sorprendente.
Contaremos con un elenco de personajes magnífico, entre protagonistas y personajes ambientales, pero solo tres de ellos conseguirán  hacerse con el papel central de esta historia. Esos tres grandes protagonistas serán: Sam, Billy y Miranda. Tres niños que nos recuerdan el valor de la verdadera amistad.
También estará presente, ¡cómo no!, sobrevolando sobre nuestras cabezas, como si se tratase de las mariposas que aparecen en la novela, la magia de ese primer amor que terminará repercutiendo de forma distinta, en cada uno de los integrantes de este triángulo amoroso.

Esta historia puedo decir que roza casi la perfección, y sí es cierto lo que cuentan sobre el resto de sus obras, este escritor debería esta situado entre los grandes del misterio.
Es una novela con detalles fantásticos que parecen pura magia; unos te pueden gustar más que otros, pero sin duda, la forma de relatar te obliga a leer hasta el final sin descanso.

El detalle más sorprendente, lo mejor de todo es la guinda con la que Axat adorna el pastel, un párrafo final tan contundente, que hace a los lectores cuestionarse no solo lo leído, sino el grado de comprensión lectora, lo que nos empuja a releer algunos pasajes, para comprobar sin remedio que hemos sido engañados.


viernes, 20 de julio de 2018

Estimado señor M. de Herman Koch

Sinopsis:

El lector se verá atrapado en la red tendida por un narrador anónimo obsesionado con exponer en detalle los aspectos más íntimos de la vida de su vecino, el señor M., uno de los escritores más célebres del país. M. cimentó su fama hace ya muchos años con la publicación de la novela Ajuste de cuentas, inspirada en una trágica historia ocurrida por entonces. El relato se centra en Herman, un estudiante de instituto que logra seducir a la bella e inalcanzable Laura después de que ésta rechace a Jan Landzaat, el profesor con quien tuvo una breve aventura. Sin embargo, Landzaat no se resigna a perderla y un día acude a la casa de campo de los padres de Laura, donde la joven pareja se ha recluido para disfrutar de su amor a solas. Pero el destino le reserva a Landzaat un giro inesperado: las carreteras están nevadas, su coche se avería y... nunca más se vuelve a saber nada de él. Y si bien, según la versión de M., los claros sospechosos de la desaparición del profesor son Herman y Laura, también cabe la posibilidad de que M. haya tergiversado los hechos por interés comercial, condenando así a dos jóvenes inocentes a un futuro mancillado por la sombra de la sospecha y la difamación. Ahora, décadas después, quizá el narrador logre descubrir la clave para conocer la verdad.

Opinión:

Esta reseña fue realizada para colaborar en la IV Semana Negra en la Glorieta, evento dedicado al género negro y policíaco, y realizado por la revista digital Cita en la glorieta, del 21 al 27 mayo de 2018, bajo dirección y edición de Javier Alonso García-Pozuelo, escritor del que ya os he hablado por su magnífica obra, La cajita de rapé, ya reseñada en este blog.
Si queréis leer todos los artículos, reseñas y relatos negros que se han publicado en ese evento, solo tenéis que pinchar en el enlace que os dejo a continuación.


Estimado señor M. Una novela negra que se aleja del modelo tradicional.

Cuando pensamos en novela negra, todos sin excepción, recurrimos al mismo truco.
Dibujamos en nuestra cabeza una especie de esquema con unos elementos fijos: ambiente decadente, delitos y algún personaje que quiere destapar la verdad, y que en momentos puntuales no teme rozar la ilegalidad.

Pero la realidad, a lo que nos enfrentamos en el día a día los lectores, es a la imposibilidad o a la dificultad de clasificar algunas obras dentro de un género en concreto.
Nos cuesta un horror averiguar si la colamos como novela negra, policíaca o como thriller, por citar algunos ejemplos; y la verdad es que no deberíamos perder el tiempo obsesionándonos con los géneros, ni intentar establecer unos límites fijos que los separen.
Dicen los expertos que una novela solo puede estar encuadrada dentro de una categoría. Que siempre predominan unos patrones por encima de otros; pero en ocasiones como esta, y es algo que estamos observando los lectores cada vez con más frecuencia, la línea que separa un género de otro es tan difusa, que cuesta sopesar que historia tiene más peso que las otras. Esas líneas aparecen como si las contemplásemos con una lente defectuosa, lo que provoca que las veamos deformadas y con un contorno poco claro.

Lo cierto es que la novela negra no tiene límites. Esas barreras las mueve el autor en su beneficio, y convierte a este género en algo vivo, que evoluciona y se enriquece con nuevas ideas.
Esas fronteras distorsionadas de las que os hablo y que a veces se entrecruzan con otras categorías, terminan dando lugar a novelas híbridas o creando modas y con ello llegan los tan temidos nuevos y extravagantes géneros o subgéneros, entre los que se encuentran el Domestic noir, el Grip Lit, y más que no quiero ni recordar...

Pero no os estoy hablando de nada raro, la evolución de los géneros ha existido desde mucho antes de que el hombre empezase a utilizar la escritura como entretenimiento, y no hace falta retroceder hasta el poema de Gilgamesh.
Allá por el s. IV a. C., Aristóteles los redujo a tres: épica, lírica y dramática, las obras se encuadraban dentro de unas normas fijas, pero a alguien no le cuadró mucho esa rigidez y decidió saltárselas.
Debemos partir de que la literatura es libertad, y de ahí que alguien muy inteligente se inventase eso de la famosa licencia del escritor.

Herman Koch.

Este autor holandés, en el que he pensado para hacer esta reseña, es un experto a la hora de incomodar al lector. Escarba en la sociedad sacando lo peor con su tono provocador, y por eso me llamó la atención esta historia, porque algunos de su protagonistas son los que encontraríamos en esas novelas negras.
Personajes de fuerte y compleja personalidad, cubiertos con un halo oscuro y con un comportamiento que busca en todo el momento el conflicto.
Si obviasemos estos elementos que os acabo de citar, podríamos pensar a simple vista que, Estimado señor M., no cuenta con los principales rasgos identitarios de una novela negra, pero sí se podría considerar una especie de híbrido, porque lo que Koch hace es crear una novela negra alejándose de ese modelo tradicional. Se vale de la mezcla de géneros y con ello nos sumerge en una atmósfera asfixiante. 
En una entrevista que le hicieron en 2016, dijo que la imposibilidad de etiquetar esta novela dentro de una categoría concreta, fue algo intencionado, algo que maquinó para desconcertarnos.

Lo que esconde Estimado señor M.

Una estructura inusual que llamará nuestra atención desde el comienzo.
No vamos a encontrar una única trama, sino que varios argumentos se combinarán entre sí, creando una especie de historias dentro de una historia principal.
De esta forma tan peculiar vamos a enfrentarnos a una lectura donde se combinarán los géneros literarios, dedicando el mismo espacio a cada uno de ellos y consiguiendo que nos interesemos por todos igual.
Acoso mediante el género epistolar; la narración de una chica de 17 años con historia romántica de fondo; el punto de vista cínico o cómico que emplea el señor M. para dibujar el mundo literario, y ese punto de tensión medio de novela negra que encontraremos en la historia de Herman y en la desaparición del profesor.
Aquí es donde nosotros entramos, asumiendo el papel de investigador, y con una difícil misión: juntar las piezas y rellenar los vacíos que dejan las elipsis narrativas.

Un tono provocador.
Koch tiene un don especial para comprender y describir la realidad, y por eso consigue crear una magnífica historia, absorbente y que sorprende al mismo tiempo, dándole ese toque tan característico que poseen todas sus obras. Disfruta creando situaciones incómodas a la par que comprometidas, para después mostrarnos que hay que mirar más allá de los estereotipos, empujándonos a una inevitable reflexión.

Un fuerte componente metaliterario.
No solo encontraremos opiniones sobre el mundo literario, sino que nos mostrará una visión muy amplia de todo lo que podemos encontrar en él. El bloqueo del escritor, la vanidad de algunos de ellos y la rivalidad existente entre muchos de los integrantes de ese mundillo.

Coincidencias que ocuparán un lugar importante en el argumento.
Partiremos de una premisa:
Un joven aguarda cuarenta años para vengarse, de un autor que le incrimina en su obra y que curiosamente va a terminar viviendo en su mismo edificio.

Soy una lectora que huye de las novelas con excesivas coincidencias, y parece que en esta obra he encontrado a alguien que comparte mi opinión. El narrador protagonista comenta en varias ocasiones, que hay que evitar al máximo la casualidad, en una novela, ya que esta se siente más cómoda en la realidad...

En esta historia vamos a darnos de bruces con bastantes casualidades, pero Koch demuestra que están de sobra justificadas. Debemos consentirlas, ya que realmente el narrador, es un protagonista del libro, y el nos está relatando su vida, su realidad. Por lo tanto, tenemos que aguantarnos y reconocer, que al igual que las coincidencias existen en la vida real, también podemos encontrarlas en las vidas de nuestros personajes.

Lejos de una narración lineal.
Cada una de las historias que componen esta novela, incluyen escenas retrospectivas que alteran la secuencia cronológica del relato. Nos hacen saltar al pasado, conectando distintos momentos, aportando situaciones que nos hacen ir componiendo un pequeño puzzle.

Clifhhangers.
A los saltos en el tiempo que he mencionado en el apartado anterior, hay que sumarle el uso de cliffhangers.
Koch emplea esta técnica que nos deja con la miel en los labios, nos obliga saltar de la historia de un personaje a la de otro, incrementando el suspense; creando una atmósfera que nos condiciona para conmocionarnos al final, y sobre todo que nos empujará a seguir leyendo hasta obtener la verdad.
Con cada una de las narraciones por separado, no seremos capaces de averiguar qué le sucedió al profesor Landzaat, solo lo conseguiremos al final, tras encajar todas las piezas, tras comprender el comportamiento de los personajes, analizando ese microcosmos particular al que pertenece cada uno.

Los lectores también tenemos nuestro lugar.
Nosotros somos un elemento indispensable en este libro, somos los que queremos averiguar lo qué ocurrió con Landzaat, ese profesor de historia, adultero y amante de seducir a estudiantes de instituto.

Como os he mencionado, vamos a tener elementos que podrían catalogar esta novela dentro de varios géneros.
En lo que respecta a mí, creo que no me quedan más detalles por mostrar, o al menos que yo haya encontrado. Os animo a profundizar en esta novela y a averiguar qué pasó con el profesor Landzaat.

Feliz lectura...


martes, 29 de mayo de 2018

El club de los martes de Mario Escobar

Sinopsis:

Pasión por los libros, por las buenas historias que te enganchan hasta hacerse tuyas: eso es lo que comparten cinco mujeres que, lideradas por la doctora Alexandra Byrne, se reúnen cada martes en la Central Library de Seattle para participar en charlas entusiastas sobre tramas y personajes.
Lo que estas independientes mujeres ignoran es que sus debates ficticios van a adquirir un tinte mucho más real cuando una de ellas, Wilda, agente del FBI, las involucre en la resolución del caso de un asesino en serie que está sembrando el terror en las calles de la ciudad.
Embarcadas en una investigación paralela, lo que comenzó como un inofensivo club de lectura se transforma en un juego macabro y estremecedor que pondrá sus vidas en peligro y someterá su amistad a la más dura de las pruebas: la traición.

Opinión:

Cinco mujeres se reúnen cada martes en la Central Library de Seattle, para participar en un entusiasta club de lectura.
Todas comparten una pasión común por los libros de misterio, por Agatha Christie y por los buenos enigmas, y eso que a simple vista parecería algo normal y carente de riesgo, las va a llevar a enfrentarse con un arriesgado desafío, resolver un caso, como en las buenas novelas, pero que esta vez no será el resultado de la fantasía de un escritor, sino de un asesino en serie que secuestra mujeres como ellas.

Como podéis comprobar ya de comienzo, contamos con un amplio abanico de elementos metaliterarios, pero los citados no serán los únicos...
El título de la obra, El club de los martes, también hace un guiño especial a la autora, Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie y a una de las primeras apariciones de esa detective tan aficionada y sagaz, como entrometida que es Miss Marple.
Esa novela a la que me estoy refiriendo y que fue publicada en 1933, es Miss Marple y trece problemas o Los casos de Miss Marple, como también fue traducida. Obra que contenía trece relatos breves, entre los que se encuentra ese citado club de los martes.

Otro homenaje, quizás el principal, será que esta novela girará alrededor de una de las obras más famosas de Agatha Christie, Diez negritos.

Las cinco integrantes de este club literario, recibirán un macabro mensaje que funciona como generador de intriga, ese mensaje contiene la última estrofa de la canción de cuna que aparece en la ya citada novela y que dice así...
Un negrito se encontraba solo. Y se ahorcó, y no quedó ¡ninguno!

Mario Escobar, con esta historia nos plantea un reto, averiguar quién es el asesino, pero realmente a mí, no me ha aportado mucho.

La novela se lee de forma sencilla, tiene una prosa fluida, pero quizás el argumento no llega a destacar por una gran originalidad.
El asesino de esta historia que cumple con el papel de personaje antagonista, tiene en común con el de Diez negritos, que adopta el papel de justiciero.
Piensa que debe castigar a sus víctimas por algo que hicieron y que quedó impune en el pasado. Él no se ve como un monstruo sino como un héroe que limpia la sociedad.
Por otro lado, las muertes se suceden siguiendo casi el mismo patrón que los asesinatos del libro de  Christie, pero con una diferencia para mí, abismal. La novela se ha adaptado a los tiempos y los asesinatos se han recrudecido, son más violentos que en la obra de Christie.

El lector como he mencionado en el anterior párrafo, tendrá en apariencia, una compleja y doble labor, averiguar quién se esconde tras el llamado "Asesino de las damas", y qué le impulsa a cometer esos crímenes.
La historia en algunos momentos me ha parecido demasiado previsible, incluso los excesivos giros argumentales me hicieron descartar a algunos posibles sospechosos que aparecían señalados en la narración, quizás con demasiada intensidad, lo que me hizo dudar y descartarlos.

Es una novela entretenida, pero a la mitad conoces quién será el asesino.
Mario Escobar tuvo una buena idea, pero creo que la desaprovechó, se conformó con plasmarla de forma sencilla.
Agatha Christie en diez negritos no se conforma, es más... nos engaña, no lo cuenta todo, y quizás Mario Escobar debió hacer lo mismo, no dar demasiadas pistas que le llevan a contar más de lo que debería.


martes, 10 de abril de 2018

Reino de fieras de Gin Phillips

Sinopsis:

Lincoln es un buen niño. Con cuatro años es curioso, inteligente y bien educado.
Hace lo que su madre le dice y sigue las normas.

«Hoy las reglas son distintas.
Y las reglas dicen que nos escondamos y no permitamos que el hombre del arma nos encuentre.»

Cuando un día feliz en el zoo se convierte en una pesadilla y Joan se ve atrapada con su hijo, deberá hacer acopio de todas sus fuerzas y encontrar el coraje para protegerlo a cualquier precio; incluso si eso significa cruzar la línea entre el bien y el mal, entre la humanidad y el instinto animal. Una línea que nadie imaginaría nunca traspasar.
Pero, a veces, las normas son diferentes.

Opinión:

Hay un hecho recurrente que sucede siempre a comienzos de año, y es la insistencia por parte de algunas editoriales, de vendernos su nueva novela recién publicada como, "El libro del año ".
Al leer esa frase no puedo evitar que surja en mí una sonrisa, porque considero algo anticipado hablar de libro del año, cuando nos encontramos sumidos en plena cuesta de enero, restando aún doce duros meses por delante, con sus días y sus noches.
Además para hacer más énfasis en lo sublime del libro en cuestión, se apoyan en comentarios, valiéndose de una especie de argumento de autoridad, lo que conocemos como magister dixit, empleando la coletilla: "La crítica ha dicho", "la crítica ha hablado"; una sentencia que retumba en mi cabeza, como si por solo venir de ese sector, el veredicto u opinión fuese irrebatible.
Algo parecido a lo que hacía Santa Teresa con sus textos para saltarse la censura de la iglesia, aludiendo a que le eran dictados por orden divina.

Con cautela y con una especie de malsana curiosidad que se despertaba en mí con fuerza, esquivé cuanto pude esta novela.
Intenté obviar las críticas entusiastas, las que la calificaban como impactante y adictiva, las que la comparaban con un buen chute de adrenalina e invitaban a visitar al médico antes de leerlo, porque la sola lectura de un par de páginas bastaba para acelerar el ritmo cardíaco; y al final, lo reconozco, sucumbí; me resultó imposible resistirme a su influjo.

Una tarde dando vueltas entre las estanterías de la biblioteca, lo vi.
Estaba allí, solo, expectante, ocupando un lugar privilegiado, a la vista de todos; expuesto en la estantería de novedades.
Al principio fue solo un ligero ademán de acercamiento, un amago seguido por pasos titubeantes, unas rápidas miradas de reojo y ¡zas!, con un movimiento rápido cargado de excitación, lo tuve cobijado entre mis manos.
Ahora, tras dos tardes intensas con él, debo reconocer que ha sido toda una experiencia, hacía mucho tiempo que no devoraba una novela en tan poco tiempo.

Reino de fieras, es un thriller muy intenso.
Una narración tan absorbente que es imposible apartarla mucho tiempo de nosotros; aunque no es una novela de diez, sí es de esas que recomendaría sin dudarlo a mi madre, gran amante del thriller y del  suspense. Una obra muy amena y sencilla de leer, con una prosa muy fluida y directa.

La novela se divide en varias partes, las correspondientes a las franjas horarias y dentro de cada una de esas divisiones encontraremos los distintos hilos argumentales, correspondientes a cada personaje y relatados mediante un narrador omnisciente.

Esos personajes que nos guiarán por la trama son muy pocos, apenas cinco, y la autora da prioridad al hilo argumental protagonizado por Joan y Lincoln, convirtiéndolo en el hilo conductor. 
El resto de personajes son secundarios, incluso algunos de ellos meramente ambientales, sirven para complementar la historia, para generar ambiente en el drama, aportando tensión, pero eso sí, sin llegar a distraernos del argumento principal.
Podríamos decir más respecto a los personajes, como que pueden resultarnos muy estereotipados, y es cierto, pero la trama y sobre todo la tensión que se genera en los personajes, será lo importante, lo que marcará el desarrollo del argumento.

Los protagonistas están muy bien definidos, nos creamos una imagen exacta de cómo son sin necesidad de grandes descripciones, tan solo con observar como actúan.
Pero estaréis pensando que las descripciones son un elemento del cual no se puede prescindir en una narración, y en eso estoy totalmente de acuerdo, pero en este caso se emplean para ofrecernos una amplia imagen de como es el ambiente, los escenarios por los que se mueven los personajes, para mostrarnos como es ese lugar en el que se encuentran encerrados, el zoo; y también para reflejar las emociones que embargan a los protagonistas; porque en esta historia los sentimientos de los personajes tienen demasiada importancia, llegando casi a tomar el control del argumento.
Todo esto, como digo, sin hacer un gran alarde descriptivo que restaría fluidez al relato; y es que muchas veces: menos es más.
Hay autores que obvian esto, y terminan confundiendo al lector con extensas y tediosas descripciones, que lo único que consiguen es alejar al lector de los personajes y de la historia.

Gin Phillips con esta fórmula, consigue que no nos dispersemos de lo importante, una trama intensa que ocurre en apenas tres horas.
Crea una atmósfera cargada de tensión en la cual parece que se ralentiza el tiempo, no solo para los personajes, sino también para los lectores.
El miedo, el estrés, la tensión, la confusión y la incertidumbre, pero sobre todo, el instinto de protección, serán los pilares primordiales sobre los que se sustenta esta historia.

Hay situaciones que nos plantean un dilema, nos hacen reflexionar sobre cuál sería nuestra actitud en determinados momentos, y es que narra unos acontecimientos, lamentablemente muy actuales.

Lo peor, o mejor dicho lo que menos me ha gustado, es que se queden un poco al aire los hilos de los personajes oscuros, de los causantes de su encierro forzoso.
La autora no profundiza en sus motivaciones, en cómo han llegado a esa situación límite, ni en cómo termina.
Por ese lado la novela se queda un poco coja.
Otro detalle que no me ha llegado a convencer son las digresiones de la protagonista, esos momentos que nos llevan a saltar al pasado para rememorar hechos que aunque están relacionados con la trama y sobre todo con los sentimientos de la protagonista, Joan, también podrían ser un obstáculo y alejarnos del tema principal.



martes, 20 de marzo de 2018

Intuición de Elisabeth Norebäck

Sinopsis:

¿Si secuestraran a tu hijo, lo reconocerías veinte años más tarde?

Stella y Daniel eran adolescentes cuando tuvieron a Alice. Un año más tarde, durante las vacaciones de verano, Alice desaparece y, tras una intensiva y larga búsqueda, el caso queda cerrado y la familia destrozada para siempre. Años más tarde, Stella ha rehecho su vida: trabaja como psicoterapeuta, se ha casado y tiene un hijo adolescente. Todo cambia cuando aparece en su consulta una joven que se parece mucho a Alice. ¿Es posible que su hija desaparecida esté viva?
Intuición trata sobre dos de nuestros mayores miedos: perder a un hijo y perder la cabeza.

Opinión:

Desde hace unos años, no es extraño encontrarnos una gran parte de los stands de novedades ocupados por novelas que comparten un rasgo en común, el de hacer hincapié en la psicología de los personajes y en sus estados emocionales, me estoy refiriendo a lo que denominamos como thriller psicológico.
Este subgénero, que deriva del de suspense, incorpora como elementos fijos, algunos extraídos de la novela policíaca o de la negra. No son novelas profundas, y tampoco permanecen durante mucho tiempo en las listas de los más vendidos; pero estos libros, que todos buscamos en más de una ocasión y por los que yo me siento inevitablemente atraída, nos aportan no solo una lectura sencilla, sin complicaciones, sino que también nos entretienen y atrapan desde las primeras páginas.

Hace ya unos meses os dije en otra reseña, en la de "Escrito en el agua", que del thriller psicológico alguien se había sacado otro subgénero, el domestic noir, y que tenía como requisito indispensable que la investigación, en la cual no intervenía ni policía ni detectives de forma directa, corría a cuenta del protagonista principal, una mujer.
Pues bien, en este caso, no tenemos una protagonista femenina, sino tres, así que habrá quien lo encuadre dentro de ese subgénero que yo me niego a emplear, porque no encuentro lógica a lo de crear una categoría literaria, o subgénero, destinada a un sector predominantemente femenino.

Elisabeth Norebäck nos muestra como una historia de suspense también puede ser rica en emociones profundas y dramas personales, que precisamente en este caso, son los que dan la profundidad psicológica a las protagonistas.

En esta novela no vamos a encontrar grandes personajes, líderes naturales que marquen al lector con sus fuertes personalidades; aquí lo que tenemos son tres personajes totalmente reales, que nos muestras sus conflictos personales y sobre todo sus defectos.

Nos encontramos con una narración a tres voces, tres historias que nos ofrecen su relato en primera persona.
Las protagonistas son Stella, Isabelle y Kerstin, y entre su forma de narrar no vamos a encontrar grandes diferencias, salvo que Stella en su hilo argumental, incorpora algunos pasajes breves que rememoran el pasado.
La trama, por lo tanto nos llegará a través de estos tres personajes y de una forma muy pausada, al menos en el comienzo. Un suspense sostenido que se retroalimentará con los aportes emocionales de cada una de ellas.
Llegando a la mitad de la novela, la intriga se intensifica al tiempo que los acontecimientos se aceleran.

¿Cómo intensifica esta autora el suspense?
La nota más característica es la brevedad de los capítulos que no solo aporta agilidad a la lectura, sino que obliga a saltar de un narrador a otro, generando intriga al dejar algunas escenas de tensión dramática, interrumpidas.

También hace uso de algunos giros argumentales, que crean desconcierto en el pequeño puzzle que va construyendo el lector en su cabeza.
Cada personaje nos muestra su peculiar punto de vista sobre los hechos, profundizamos en su perfil psicológico y nosotros que intentamos descodificar sus relatos, comparando para encontrar alguna pequeña discordancia, empezamos a desconfiar de todas las versiones por igual, preguntándonos quién de las tres cuenta la verdad, porque lo cierto es que todas ellas son parcas a la hora de dar detalles... y nosotros, terminamos especulando con lo que va a ocurrir en las siguientes escenas.

La personalidad compleja de cada una de ellas también nos impide ver lo que realmente esconden y esa es la baza más importante por la que apuesta la autora, juega con nuestra cordura y con la de los personajes.
Ahora bien, aunque es un buen elemento a tener en cuenta, también puede convertirse en un arma de doble filo, porque en mí caso, la desconfianza en los personajes, ha sido el mayor obstáculo a la hora de empatizar con ellas.

Elisabeth Norebäck crea una historia de suspense al mismo tiempo que profundiza en un amplio abanico de temas más complejos, como el dolor por la pérdida o desaparición de un hijo, los remordimientos, la culpa y las dudas, o las mentiras y obsesiones; elementos que combinados con acierto consiguen atraparnos y hacernos desconfiar de todo lo que leamos, elemento primordial en un buen thriller.

El "pero" llega en el final, con un desenlace que a mí me hace rechinar un poco los dientes.
Me resulta demasiado acelerado y previsible; es de esas escenas que el lector ve venir, replicadas una y otra vez en la literatura y el cine; ¡qué funcionan, sí! pero ¿por qué conformarnos con el típico final para una historia que prometía?, eso sin contar con algunos detallitos que dan la sensación de estar cogidos por los pelos.
Y es que ya sabéis lo que dicen de las prisas, que hacen que algunas piezas no encajen del todo bien...

A la escena final, a ese momento en que los autores devuelven la tranquilidad a sus protagonistas y que parece una parte imprescindible para que los lectores nos quedemos conformes; a esa escena que cumple la función de epílogo, la autora podía haberle dedicado un poco más de tiempo, haberse extendido más.
En cambio, parece optar por dejar el futuro de una de las protagonistas en nuestras manos o en manos de nuestra imaginación, algo que a mí en particular, no me gusta en los libros.
Si me das una historia, finalízala, arriésgate; no hagas como Víctor Frankenstein, crear una criatura y luego dejarla en manos del destino.

A pesar de esto último, creo que es una novela a tener en cuenta, bastante interesante.
Las diez páginas finales no tienen por qué hacer luz de gas a lo interesante que hemos encontrado en las otras quinientas... así que, si sois de los que no se dejan frenar por un final clásico, deberíais darle un voto de confianza a esta nueva autora y a su ópera prima.