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Estimado señor M. de Herman Koch

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martes, 24 de julio de 2018

Talión de Santiago Díaz

Sinopsis:

Marta Aguilera, una periodista comprometida con su oficio, recibe una noticia que cambiará su destino: un tumor amenaza su salud y apenas le quedan dos meses de vida. Sin nada que perder ni nadie a quien rendir cuentas, Marta siente que la realidad es un lugar amenazante y decide ocupar el tiempo que le queda impartiendo JUSTICIA.
En una carrera contrarreloj por su propia vida y contra la inquebrantable inspectora Daniela Gutiérrez, Marta Aguilera tratará de aplicar su particular ley del talión.
Un thriller impactante y distinto a todos los demás. Una novela que leerás como si tú mismo fueras el protagonista.

Opinión:

Lo primero que quiero deciros sobre este libro, es que aunque en la sinopsis nos indican que Talión es un thriller, ya que cumple con algunas características propias de ese género, como mantener y generar en el lector un estado de tensión hasta el final, yo creo que hay otros elementos de más peso que hacen que la obra se ajuste mejor a la categoría de novela negra, siendo el resultado algo así como una novela negra escrita a ritmo de thriller...
Así que para empezar os dejo algunos de esos elementos con los que nos vamos a encontrar a simple vista...

  • La gran parte de la obra transcurrirá en ambientes oscuros, sórdidos, en los bajos fondos.  
  • Vamos a ver reflejados en la narración muchos de los males de la sociedad. 
  • La separación entre personajes buenos y malos, aparece difusa.
  • El protagonista es un personaje derrotado que no duda en cruzar el límite entre el bien y el mal, para conseguir su propósito. 
  • El detective, policía o investigador, puede pensar en algún momento alejarse de la legalidad. 
  • Hay asesinatos cruentos.

En fin, que los amantes de la novela negra, ese pequeño colectivo "raro", muy fácil de localizar, porque siempre estamos rebuscando entre los estantes de las librerías, intentado descubrir un título que se ajuste a la denominación de novela criminal, estamos de enhorabuena.
Este libro tiene los ingredientes necesarios para hacernos disfrutar; una trama que engancha por su elaborado argumento, pero también por el estilo narrativo del autor y la completa estructura que arma toda la obra.

En el capítulo introductorio conocemos a Marta, y en apenas cinco páginas, vemos el cambio radical que ha experimentado desde que le anunciaron que le quedaban tan solo dos meses de vida.
En este capítulo que inaugura la lectura, Marta se prepara para dar la que será su primera y última entrevista.
Con esa técnica, la que se denomina narración In extremis, Santiago Díaz, nos sitúa casi al final de la historia, a tan solo un paso del desenlace, para luego hacernos retroceder y narrarnos todos los acontecimientos con detalles desde el principio.
Al hacer uso de esa técnica consigue sembrar intriga desde el comienzo, despierta nuestro interés al encontrarnos de golpe dentro de la trama, sin paños calientes, y conociendo solo una parte de los sucesos.

El resto de capítulos, cuatro, llevan como título el nombre de dos personajes, que corresponderán al verdugo y a la víctima de esa pequeña historia, así iremos conociendo a todo el elenco de secundarios sobre los que se teje la trama.

  1. Jonás y Lucía.
  2. Cornel y Nicoleta.
  3. Genaro y Enric.
  4. Amaya y Daniela.

La estructura de esta novela me ha resultado muy completa e interesante.
Cada uno de esos cuatro capítulos, ya os he dicho que nos presentan la historia de dos personajes; son tramas que transcurren paralelas con la trama principal, hasta que se cruzan en un punto, como si fuesen narraciones enmarcadas, historias dentro de historias que también en algún momento nos harán retroceder al pasado.
Pero lo interesante no termina aquí...

Nos encontramos también con dos tipos de narradores.
La trama principal, la que lleva como protagonista a Marta, aparece narrada en primera persona por ella misma. Ya sabéis que será una narración subjetiva, pero también más profunda e íntima.
Inevitablemente esa narración intentará despertar empatía en nosotros, porque nos va a contar los hechos desde su experiencia.

El resto de la obra aparece relatada en tercera persona, por un narrador omnisciente, alguien ajeno a la historia y capaz de penetrar en la mente de los personajes y de conocer hasta sus pensamientos más secretos.

Como personajes protagonistas, Santiago elige a dos mujeres fuertes y valientes, Marta y Daniela, pero que lógicamente deben apoyarse sobre un amplio elenco de personajes secundarios, sin ellos el relato no sería posible, carecería de profundidad. Esos personajes secundarios son los que aportan la credibilidad al relato, humanizándolo.

Los personajes de Marta y Daniela, son intensos; ambas son protagonistas, pero una de ellas brilla con una luz más intensa que la otra.
Marta es la asesina y la protagonista sin excepción, ya que el autor la dota de voz propia.
Ella es la dueña de su propio relato y de sus actos, y por lo tanto, la que marca el ritmo al argumento, la que nos guía por él, cosa que no ocurre con Daniela que siempre va un paso por detrás.
Marta es un personaje en plena evolución. Cada gesto, cada decisión que tome repercutirá no solo en ella y su futuro, sino también en el círculo de personajes que la rodean; en esta historia cada una de sus acciones tienen su consecuencia.

Ahora bien, aunque Marta es un gran personaje, hay algo en ella que no me llega a convencer, y me hace ver que los personajes secundarios, incluida Daniela, tienen más fuerza que ella, hacen efecto en el lector.
Con Marta no he llegado a empatizar al completo, hay un pequeño muro levantado entre nosotras. Marta dice que carece de empatía, y poco a poco va ganándola con el paso de las páginas; a mí, respecto a ella, me ocurre al revés, empaticé al comienzo, y poco a poco fui perdiendo la conexión que nos unía.
Todo lo contrario a lo que me ocurre con los secundarios, que sientes un pequeño pellizco en el corazón desde el momento en que entran en escena; supongo que el responsable es mi pepito grillo particular, ese que me indica cuando algo está bien y cuando no lo está.

Pero continuemos...
Santiago Díaz parte de una idea bastante buena, y la desarrolla de forma eficaz.
Elige varios temas candentes, muy actuales, para elaborar su argumento, porque no hay mejor trama para que una historia resulte creíble, que alimentarse de la realidad.
Construye unos personajes que hacen avanzar la narración, aumentando la intensidad de la trama con cada una de sus apariciones, hasta llegar a un punto en el que el lector sabe que no habrá vuelta atrás.
De esa forma los lectores, nos vemos arrastrados hasta el clímax narrativo que llegará en el desenlace.

Pero toda novela negra que se precie, necesita de un elemento fundamental, la incomodidad...
Hay un autor holandés, del que ya os he hablado en más de una ocasión, Herman Koch. Este escritor es un experto en ese tema, y cuando leía esta historia de Santiago me recordaba muchísimo a él.
Santiago Díaz, nos va a incomodar con los hechos, va a atraparnos en una encrucijada ética, porque realmente Marta es una pseudomala, no es ni la mitad de malvada que las gentes a las que ella va a eliminar, y en cambio sabemos que sus actos moralmente no son justificables.
Como veis el autor nos genera un conflicto y nos invita a reflexionar.
Santiago lo tiene fácil; como padre de la criatura le da alas, la deja maniobrar a su libre albedrío pero limitando su tiempo de acción; algo así como lo que hacía el Gran Galdós con las mujeres de sus obras, y que tanto le recriminaba Doña Emilia Pardo Bazán.

¡Ay Benitiño nos das alas y luego nos las cortas!,¡déjanos que volemos!

Pero Don Benito sabía que eso para la sociedad de la época era algo impensable.
Aquí ocurre igual, Santiago da alas a Marta y luego de una forma poco sutil, la invita a poner de nuevo los pies en el suelo, pero ya ha sembrado la duda en nosotros. y la semilla justiciera en los personajes...

Os invito a leer esta novela, doy por seguro que en algún momento de la lectura, los cimientos de vuestra moral se tambalearán como los de todos los personajes que aparecen en ella.