martes, 17 de julio de 2018

Canción de Sangre y Oro de Jorge Molist

Sinopsis:

Con solo trece años, Constanza debe abandonar a su familia, su país y todo cuanto ama para casarse con un desconocido mucho mayor que ella. Su padre, el rey de Sicilia, se encuentra en grave peligro y precisa de esa alianza. Aunque de nada sirve porque al poco, Carlos de Anjou, hermano del rey de Francia, invade el reino y le asesina.
 Al coronarse rey de Aragón, Pedro III, el esposo de Constanza, le promete que vengará a su padre y recuperará el reino del que ella es heredera.
Con ello, Pedro, considerado un rey débil, se enfrenta a los tres mayores poderes del siglo XIII: Francia, el papa y Carlos de Anjou, convertido en emperador mediterráneo.
 Un relato épico, de amor y libertad, que narra cómo la Corona de Aragón y los sicilianos, de la mano de Pedro III el Grande, cambiaron la historia de Europa y asombraron al mundo.

Opinión:

En España, generalmente, asociamos Edad Media con reconquista, y la gran mayoría de las novelas que comprenden ese periodo, se centran en relatar ese proceso por el cual los reinos cristianos de la península, lucharon intensamente a lo largo de ocho siglos por librarse del dominio musulmán.
Ahora bien, con esta novela de la que hoy os voy a hablar, vamos a ver que la Edad Media en España no se limitó solo a eso.
También hubo luchas entre los reinos cristianos que intentaban conseguir el control sobre esas tierras que estaban bajo dominio musulmán y también con reinos fuera de España.
Creo que Canción de Sangre y Oro es una historia magnética, no solo interesante, sino que también puede servirnos para rescatar parte de esa historia más desconocida de España.
Este fascinante viaje al medievo será como una intrigante partida de ajedrez, pero ojo en este juego de estrategia lo importante no es como se empieza, sino como se acaba, y en eso tiene mucho que enseñar nuestro protagonista, Pedro III.

Las comparaciones son odiosas...
Hay muchos autores de novela histórica, seguro que si lo pensáis vendrán a vuestra cabeza muchísimos nombres.
Pero... entre esa lista mental que habéis creado, ¿cuántos de ellos son realmente buenos?

A un buen autor de novela histórica, no se le juzga solo por su prosa, por su forma de atrapar al lector entre las páginas de su novela, o por los personajes carismáticos de los que habla... Para ser un autor realmente bueno, no debes conformarte con relatar una y otra vez, la historia que otros ya han contando antes de ti.
Hay muy pocos autores que se arriesguen a retratar personajes poco conocidos, o a escribir sobre acontecimientos históricos poco documentados. La gran mayoría optan por ir a lo fácil, a escribir sobre lo ya relatado cientos de veces, ¿y por qué? pues simplemente porque existe mucha información ya recopilada sobre ello.
La mitad del trabajo está ya hecho, y solo hay que ser un buen contador de historias para unir esos datos de forma coherente e incorporarlos a la trama.

En cambio, este autor del que hoy os hablo, y un par más que me vienen a la cabeza y que no voy a mencionar hoy; no se conforman con contar la historia del medievo español, o la tan recurrente Reconquista.
Se arriesgan, se sumergen en bibliotecas entre legajos y pergaminos, buscando a esos personajes olvidados o poco reconocidos, que con sus actos consiguieron no solo hacer historia, sino cambiarla.
Hay muchas obras catalogadas como novela histórica, y no lo son. Se construyen alrededor de un personaje principal, real, eso sí, pero el resto es ficción, maestría narrativa de un autor.

Por eso, y ciñéndome a la frase con la que abría este apartado de, las comparaciones son odiosas, los lectores deberíamos separar el grano de la paja, y distinguir entre grandes autores de novela histórica y meros narradores.

La realidad supera muchas veces a la ficción
Pues sí, hoy voy a permitirme el lujo de recurrir a otra frase hecha para continuar con esta reseña, y ahora vais a entender el porqué.

Jorge Molist ha intentado ceñirse lo más posible a la Historia, y es digno de alabar, porque el argumento real tal y como nos lo relata es tan intenso, que no necesita añadirle ficción innecesaria.
Sabéis que muchas veces es inevitable hacer uso de la famosa licencia del escritor, esa que se usa principalmente para rellenar vacíos, aún así, Molist se ciñe a los hechos, y solo hace uso de ella en momentos muy puntuales.
Por lo tanto, podríamos decir que nos encontramos ante una trama construida alrededor de un alto componente histórico; un 95% corresponde a realidad, mientras que esa minúscula parte que cubre el 5% restante, es ficción.

Los personajes reales predominan sobre los que no lo son; son parte de ese 95% que acabo de mencionar; pero dentro de esta categoría de personajes que existieron en la vida real, habría que hacer dos grupos, y diferenciar entre los que son grandes protagonistas y otros que actuarán como secundarios, ambientales o incidentales, aunque sus actos también sean determinantes para los hechos históricos que se relatan.


Esto de ser un secundario en una novela, no es nada malo, ya que conoceremos a grandes figuras como el almirante Roger de Lauria, ese que defendió Sicilia y los derechos de los reyes de la Corona de Aragón tras las Visperas sicilianas, derrotando no solo a la gran flota francesa que Carlos de Anjou tenía bajo su mando, sino también a la de Felipe III, rompiendo las líneas de comunicaciones de los invasores franceses en Cataluña y arruinando completamente el poder naval francés de la época.


“Ningún Pez osará alzarse sobre el mar si no lleva escudo con el Señal del Rey de Aragón. 

Roger de Lauria, según la crónica de Bernat Desclot. s. XIII 


Pero vayamos a los verdaderamente importantes.
Molist, entre ese gran elenco de personajes reales, nos va a presentar a dos imprescindibles para entender la Historia de España.
Nos relatará parte de su vida de forma precisa, al tiempo que amena y didáctica, pero sobre todo nos invitará a buscar información complementaria sobre ellos, porque algo que se le da muy bien a este autor, es despertar nuestra curiosidad lectora.

Constanza cumplirá una doble misión.
La primera es ser una de las protagonistas principales de esta historia, y la segunda, rememorar gran parte de unos sucesos que marcarían no solo su vida, sino también la historia de nuestro país, desde el momento en que se casa con el que luego sería Rey de Aragón, Valencia, Sicilia y Conde de Barcelona.

¿Y por qué digo que Constanza relatará gran parte los hechos? Pues porque no será el único narrador que encontremos.
Vamos a ser testigos de dos tipos de relato.
Uno en primera persona, más directo y personal a manos de Constanza, y otro en manos de un narrador omnisciente, que lógicamente relatará los momentos en los que ella no puede estar presente.

De esta forma Molist, con esos cambios sucesivos de narrador, subsana las elipsis, los vacíos argumentales que podrían generarse con un narrador protagonista y crea una trama totalmente lineal y coherente.
Los cambios de narrador aportan ritmo al argumento y ese ritmo, todo hay que decirlo, no decae en ningún momento.

El otro gran personaje es Pedro III "El Grande", hijo de Jaime I y de su segunda esposa Violante de Hungria. 
Pero hay algo en este personaje que llama mucho la atención. Es un monarca muy poco conocido o mejor sería decir que poco recordado, y eso se debe en gran parte a que fue eclipsado por la figura de su padre, Jaime I "El Conquistador". Pedro tuvo un reinado relativamente corto si lo comparamos con el de su predecesor...

Lo sorprendente como digo, es que los acontecimientos históricos que le rodean fueron grandiosos;
En un principio fue considerado como un rey débil, menospreciado por los fuertes que en ese momento dirigían el futuro de Europa, pero pronto la opinión de sus adversarios cambió.
Pedro III no solo cambió la historia de Europa, sino que tuvo el valor de enfrentarse a los tres mayores poderes existentes en el s. XIII, es decir: a Francia, a Carlos de Anjou que se había convertido en emperador del mediterráneo y al mismísimo Papa, cancelando el vasallaje con el Papado.
Pedro, creó una alianza entre Sicilia y Aragón, se aprovechó del ansia de libertad de un pueblo, el siciliano, oprimido por Carlos de Anjou; vengó al padre de su esposa y la hizo entrega del reino que por herencia la correspondía, por ese motivo pasó a ser un rey maldito, ya que al desobedecer las ordenes del Papa, fue excomulgado.

Y así de esta forma, entre personajes reales de distintas categorías, Jorge Molist va a conseguir un equilibrio sobresaliente, que es lo que buscamos en las novelas históricas.

Pero no se vayan todavía, porque aún hay más...

Los personajes ficticios también gozarán de su importancia, no hay que menospreciarlos.
Sirven de apoyo, de complemento o de relleno, como queráis llamarlo, y solo con ellos se consigue un desarrollo sin altibajos.
Algunos de estos "mal llamados" secundarios, brillan con luz propia, y costará desembarazarnos de ellos una vez finalizada la lectura.
Por destacar a un par de ellos, cito a Súria y a Galcerán, a la cabeza de la tropa de almogávares.

Y ya para ir terminando os voy a contar un par de secretos más sobre la obra de este autor.
Jorge Molist, no nos hace perder el tiempo...
Emplea una prosa muy fluida y no se detiene en cargar los capítulos con extensas y tediosas descripciones; va al grano y eso también aporta agilidad a la novela.
Pero si os decidís a leer este libro, sumado a lo anterior, también os llamará la atención la intensidad y la pasión que muestra al narrar.
Esa pasión tan intensa, también se nota al asistir a cualquiera de sus presentaciones.
Tiene una gran capacidad expositora, enmudece al público y no solo nos mantiene expectantes con una sonrisa en la cara, sino que convierte sus explicaciones en un divertida partida de Trivial, despertando en los asistentes unas ganas intensas por conocer y profundizar en nuestra historia.
Os lo recomiendo, no solo leerle se convierte en un placer, sino también escucharle si tenéis ocasión de acudir a alguna de sus presentaciones literarias.


martes, 10 de julio de 2018

Drácula de Bram Stoker

Sinopsis:

Mucho más que una novela gótica, Drácula es un ejercicio literario excepcional. 
 Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un viaje plagado de ominosas señales, Harker es recogido en el paso de Borgo por un siniestro carruaje que lo llevará, acunado por el canto de los lobos, a un castillo en ruinas. Tal es el inquietante principio de una novela magistral que alumbró uno de los mitos más populares y poderosos de todos los tiempos: Drácula.

La presente edición incluye una detallada cronología y el prefacio del reputado catedrático y crítico Christopher Frayling, donde se analiza la figura de Stoker y las circunstancias que propiciaron la creación de Drácula. Asimismo, la perspicaz introducción a cargo del especialista Maurice Hindle reflexiona sobre los aspectos más polémicos en torno al origen del prototipo vampírico.

«No había nadie por allí, excepto un hombre alto y flaco, de nariz ganchuda y barba en punta y entrecana. Tenía una mirada dura y fría y unos ojos de color rojo.»

Opinión:

Todos, o la gran mayoría, tenemos una idea general sobre la historia que se esconde tras Drácula; o bien porque hemos leído algunas de las ediciones de esta obra, o porque hemos visto alguna de sus adaptaciones cinematográficas.
Dicho esto, hay algo indispensable y a tener en cuenta si queremos leer este gran clásico de la literatura gótica, y es hacerlo a través de una buena edición que respete la obra original de Bram Stoker, ya que muchas de las versiones que circulan y que muchos tenemos en casa, son obras adaptadas a las versiones cinematográficas.

Aclarado este punto, debo continuar con lo verdaderamente interesante, y es que lo que muchos de nosotros desconocemos, son las historias o anécdotas que hay detrás de esta gran novela.
Debemos comenzar diciendo que la historia que imaginó Bram Stoker no es del todo original.
Stoker para su creación, se inspiró en otros relatos que hablaban sobre el mito del vampiro, como El Vampiro de William Polidori y Carmilla de Sheridan Le Fanu.

Otro detalle que creo interesante mencionar, es que el nombre del conde fue cambiado casi en el último momento.
Cuando Stoker iba a entregar el manuscrito a su editor, reparó en un libro de la biblioteca de Whitby, una obra que hablaba sobre las regiones de Valaquia y Moldavia.
En ese libro, Stoker encontrará la inspiración que le falta para concluir definitivamente su obra.
Entre las páginas de ese libro, nuestro autor repara en una nota donde mencionan a un tal Drácula, un personaje que luchó de forma incansable y atroz contra los turcos.
Ese principe heredó de su padre el diminutivo de Drácula, ya que éste fue admitido en la Orden del Dragón; Dracul en rumano significa dragón, aunque en la lengua de Valaquia, ha terminado tomando otra connotación y significa "demonio".
De esa forma tan casual, Stoker no solo encontró un nuevo y acertado nombre para su protagonista, que iba a llamarse Wampyr, sino que también dio con un nuevo título para esa obra, que inicialmente iba a titularse como "El no muerto".

Pues bien, llega el día de la publicación, el 26 de mayo de 1897.
Esa primera edición de tres mil ejemplares, iba encuadernada en tela amarilla y con el título en letras rojas. Cuatro años después llegaría la reedición abreviada para su venta en los quioscos.
Mientras que por un lado, la novela causó sensación entre el público, por el otro y como suele ocurrir en la mayoría de las novelas de este tipo y en esa época, la crítica fue tajante y no muy generosa.
Las novelas de género gótico parecían un acto de rebeldía, trataban de transgredir las normas establecidas en la novela; se enfrentaban a la razón, haciendo uso de lo irracional. Lo sobrenatural tomaba las riendas de esas historias, recurriendo a extraños y temibles seres, que causaban terror en los lectores.
Dicho esto, sobra decir, que algo en esta historia les hizo sentir incómodos a los críticos, y lo cierto es que hoy en día si miramos hacia atrás, hacia esa época victoriana, el argumento puede resultarnos transgresor.

Ahora que ya conocemos algunos detalles superficiales sobre esta obra, podemos centrarnos en ella.

¿Qué vamos a encontrarnos en esta gran novela?
Básicamente una lucha entre el bien y el mal, con ese instinto que surge en los personajes por proteger el destino de la humanidad.
Esos elementos son comunes en el género gótico, sin ir más lejos, son detalles que comparte con una novela escrita casi ochenta años antes, el Frankenstein de Mary Shelley.
Y otro detalle que también comparten y que creo que es importante recordar, es que Frankenstein Drácula, han conseguido superar en fama a sus autores...

Pero retomemos la novela y hablemos sobre los géneros que vamos a encontrar.
Ya os he hablado en otras ocasiones sobre el género epistolar, el más importante y uno de los más empleados en la literatura durante el s. XVIII-XIX.
En esas cartas, sus autores vertían sus sentimientos; suministraban datos de su personalidad, de su entorno; y ello llevaba a los lectores a conocer al autor de esas misivas en profundidad.
Las cartas empleaban un diálogo directo con el remitente, e implicaban gran parte de ellas, una respuesta; iniciando así una conversación encadenada entre emisor y receptor.
Otro género de uso frecuente en esa época es el que encontramos en los diarios, con unas características similares al género epistolar; la única diferencia es que esos diarios eran más profundos e íntimos, cargados con secretos y reflexiones, porque no estaban dirigidos a ningún lector, tan solo a que el autor reflejase sus pensamientos más íntimos.
Pues bien, esta novela se construye íntegramente sobre esos dos géneros literarios, incorporando a esas narraciones, pequeños fragmentos de periódicos, telegramas y lógicamente, las características propias de la novela de fantasía, o más bien de la gótica.

De esa forma, vamos a conocer la historia de Drácula de manos de los protagonistas, a través de los diarios que llevan, y también mediante la correspondencia que se inicia entre ellos

¿Cómo va a afectar esa variedad de géneros a nuestra lectura?
Pues agilizándola, la narración cobra un ritmo más dinámico.
Las cartas son más directas y detalladas, que cualquier otro tipo de relato, incluido el oral.
Se centran no solo en mostrarnos como son los personajes y en darles profundidad, sino que también aparecen completas descripciones de los escenarios, porque esos detalles son imprescindibles para crear la ambientación perfecta.


Buena parte de la novela se desarrolla en la localidad de Witby, en el condado de Yorkshire, al noroeste de Inglaterra, ese nombre ya os sonará porque ha salido mencionado anteriormente en esta reseña. 

Esa localidad es el lugar donde Stoker veraneaba, donde encontró los datos finales para dar forma a su obra, y por lo tanto, un escenario que conocía a la perfección.

De esa forma entraremos en contacto con las ruinas de la abadía de Santa María, situada frente a los acantilados; con el viejo cementerio entre cuyas tumbas deambula el conde; todos ellos, escenarios fantasmagóricos y que al tiempo aportan ese pequeño toque de romanticismo y dramatismo perfecto, para crear un ambiente que a los lectores nos costará olvidar.

Stoker a todos los personajes de esta novela les dota de igual protagonismo.
Cada uno de ellos será, lógicamente, el narrador de su diario y relatará los hechos en primera persona. El protagonismo por tanto, irá variando dependiendo de quien narra, saltando de uno a otro, siendo siempre Drácula el personaje omnipresente, ese hilo que se encarga de unir todas las piezas.

A pesar de ese protagonismo compartido, parece que al avanzar la lectura, hay alguien que intenta sobresalir por encima de los demás. Me estoy refiriendo a Mina.
Ese efecto que nos hace pensar que destaca sobre el resto del elenco protagonista, es solo una impresión efímera que nos transmite Stoker. Como autor, como padre creador, le confiere una libertad fugaz...
¿Y porqué digo esto? Pues simplemente, porque Drácula es el antagonista, y Stoker haciendo uso de ese machismo habitual de la época, no podía darle el protagonismo total a una fémina, ya que como él nos describe en más de una ocasión a través de las voces de sus personajes masculinos, las mujeres generalmente carecemos de talento... salvo excepciones como Mina, que en determinados momentos demuestra tener una inteligencia similar a la de los hombres... pero ¡ojo! no echéis las campanas al vuelo, porque dice similar, en ningún momento menciona que sea superior, eso era algo inconcebible para la época.

De esa forma descubrimos que el protagonista principal debe ser por obligación, Jonathan Harker,  el esposo de Mina, el que da comienzo a esta historia y el único que puede vencer a Drácula y salvar a la dulce y frágil, damisela en peligro...
Para que esto último pueda llevarse a cabo, Stoker crea un grupo de personajes muy bien logrado que acompañarán y servirán de apoyo a Jonathan y Mina, en esta apasionante aventura.
Van Helsing, alguien capaz de hacer frente hasta al mismísimo diablo; el inteligente doctor Seward; y los valerosos, Arthur Holmwood y Quincey Morris; todos ellos, sin excepción, admirables y capaces de enfrentarse con honor al peor de los males que acechan a la humanidad, Drácula.

Justicia poética en la literatura:
Para ir terminando os voy a hablar sobre esa técnica literaria, empleada por algunos autores para dar al final de sus obras el toque feliz, recompensando a los personajes buenos y castigando a los malos por su comportamiento.
Pues bien, eso es exactamente lo que hizo Stoker en su obra más famosa.
Ya he mencionado al comienzo, que el personaje central de esta novela, el conde Drácula, tiene su origen en la figura de Vlad Tepes (Vlad Draculea), y que fue apodado como "Tepes", "El empalador", ya que tenía la fea costumbre de ensartar en afilados mástiles a sus enemigos, cuando aún estaban vivos, y contemplarles pacientemente hasta que les llegaba la muerte.
Stoker, quizás y digo quizás porque son conjeturas mías, pensó en castigar las maldades de Drácula haciendo uso de la justicia poética, y qué mejor muerte para el antagonista de esta obra que morir con una versión suavizada, debido a la moralidad victoriana, de la que empleaba el personaje que le inspiró.
Si ya lo dice el refrán... ¡Quién a hierro mata a hierro muere!

Como veis, Drácula, es una novela muy completa; una historia cargada de mitos y folclore; un excelente viaje, por tierra y mar, que nos lleva desde los Cárpatos a Inglaterra y de ahí, otra vez de vuelta hasta Rumanía.
Una novela no solo muy recomendable, sino que, al menos yo, considero de lectura obligada, a pesar de que en su día la crítica la consideró como una obra menor...

Detrás de nosotros se destacaba contra el horizonte la silueta del castillo de Drácula. Nos hallábamos ya tan abajo de la colina donde se yergue, que parecía dominar los Cárpatos. 
Entonces lo contemplamos en toda su grandeza, encaramado a más de quinientos metros sobre una cumbre y separado de las montañas vecinas por un abismo. 
Aquel paraje poseía algo salvaje, enloquecedor. A lo lejos, oíamos los aullidos de los lobos. Todavía se hallaban a bastante distancia, pero sus gruñidos y sus aullidos, aunque amortiguados por la nieve que caía, nos llenaron de terror.


martes, 3 de julio de 2018

La sangre de los libros de Santiago Posteguillo

Sinopsis:

Asesinatos, suicidios, duelos, condenas a muerte, guerras, eclipses, vampiros, misterios, juicios…
Detrás de los grandes libros se esconde mucha más sangre de lo que uno podría imaginar. ¿Por qué Pushkin murió en un duelo? ¿Es cierto que se han hallado pruebas de la reencarnación de Shakespeare? ¿Sabías que Pessoa tuvo dificultades para encontrar editor o que La Divina Comedia estuvo a punto de no publicarse?
Santiago Posteguillo, referente de narrativa histórica, nos guía en un magnífico viaje desde los discursos de Cicerón hasta las obras de ciencia ficción de Asimov por la historia más enigmática y sorprendente de la literatura universal.

Opinión:

Parece que fue ayer cuando os hablaba sobre "La noche en que Frankenstein leyó el Quijote", la otra obra de Santiago Posteguillo en la que también encontrábamos un homenaje a los libros; y en cambio, han pasado casi cuatro años desde aquella reseña.

La sangre de los libros sigue la estela de su predecesora, y en ella su autor nos propone un nuevo reto, un viaje en el tiempo a lo largo de la literatura, pero sobre todo, alrededor de los misterios y enigmas que rodearon a muchas obras.
Estoy convencida de que hay que leer "Clásicos", pero no solo eso, sino que también hay que conocer las historias que se esconden tras muchos de ellos. Precisamente y gracias a esas anécdotas enriquecedoras, el interés por esos libros intemporales, puede que se despierte con mayor fuerza en nosotros.

Los sucesos curiosos que Posteguillo nos relata y que aparecen novelados en este libro, harán que sus autores, se vuelvan más reales, más cercanos.
De esa forma, viajaremos en ese apasionante tour literario hasta la Roma clásica, y luego de forma lineal continuaremos avanzando hacia adelante; os advierto que encontraréis historias muy magnéticas...

Por ejemplo:
¿Sabéis quién dijo "La sabiduría es la única libertad?... porque debió escribir algo muy gordo cuando fue condenado a muerte, en tres ocasiones, y por tres emperadores diferentes.
Por otro lado... ¿qué autor murió solo, en circunstancias tan extrañas como los hechos que el mismo relataba en sus novelas?
Con éste haré una excepción y os proporcionaré una pequeña pista... Creó un personaje que fue el primero en investigar la escena de un crimen...

Pero sigamos con la intriga y la literatura...
Seguro que habéis oído hablar sobre la extraña desaparición de Agatha Christie, en 1926, pues aquí Posteguillo también lo menciona.
¿Qué le ocurrió a la famosa dama del crimen, fue un montaje?
Pues bien, eso nunca lo sabremos, porque es lo que tienen los enigmas, son hechos de difícil explicación y ella insistió una y otra vez, en que no recordaba nada...
¿Una forma de vender más libros? quizás...

Pero no solo encontraremos enigmas en este libro, también nos contará sucesos curiosos, y entre esas referencias conoceremos secretos sobre nuestros autores más insignes, como Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Espronceda o Bécquer, y otras muchas historias que parecen esconderse tras personajes tan conocidos como, Emily Dickinson, Charlotte Brontë, Emilio Salgari, Stevenson o Bram Stoker...

Tras estos autores que he citado, no solo hay obras, secretos y misterios, como habéis podido ver, también hay amores prohibidos, engaños, suicidios, duelos... y ahora que he mencionado "duelo", os lanzo otra pregunta...
¿seríais capaces de averiguar quiénes son los personajes que aparecen retratados en la imagen de portada?


Poco más puedo deciros sobre este interesante libro, solo animaros a leerlo, porque es un fascinante recorrido por los enigmas más famosos de la Literatura Universal.
Un libro muy ameno, al igual que ocurría con su predecesor. Son obras que invitan a indagar sobre las historias que se relatan, por la vida de esos autores, pero sobre todo es una invitación, una excelente oportunidad para leer muchas de las obras que aparecen citadas.


martes, 26 de junio de 2018

Prueba de nervios de Richard Hull

Sinopsis:

Esta magistral novela del autor de Mi propio asesino, inaugura un curioso procedimiento.
El criminal refiere los hechos que conmueven al pueblo de Losfield End; en el primer capítulo declara:
«No diré quien soy. Escribiré sobre todos, aun sobre mí, en tercera persona. No se sabrá muy bien en qué ocasiones describo algo que conozco perfectamente y en qué otra recurro a la imaginación.
El lector podrá sacar sus conclusiones.
Pero ¿qué seguridad tendrá de que éstas son justas?».

Opinión:

Richard Hull, seudónimo de Richard Henry Sampson, fue asistente de Agatha Christie, en la presidencia del Detection Club, una asociación de escritores de novelas policíacas, fundada en 1929.

Hace muy poco que entré en contacto con este autor, lo hice a través de otra de sus obras, con "El asesinato de mi tía", y ya que esa lectura me dejó muy buenas sensaciones, decidí probar suerte con otra del mismo autor.
Tanto "El asesinato de mi tía" como esta de la que hoy os hablo,"Prueba de nervios", pertenecen a la colección "El séptimo círculo", creada en 1945 bajo la dirección de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Esta colección, que hoy en día cuesta muchísimo encontrar y que es deseo de coleccionistas, fue un éxito durante muchos años.
Se centraba casi exclusivamente en la publicación del género policíaco inglés, el más clásico, aunque también terminaron haciendo un pequeño hueco a la novela negra.

La mala fama de un Género con mayúsculas...
Como he dicho la colección fue todo un éxito, incluso superando la reticencia de muchos críticos que consideraban ese género, desprestigiado. Una mala fama que acompañaba a las novelas de crímenes y misterio, prácticamente desde su creación como género literario, allá por 1840.

¿Y de dónde procedía esa mala fama?
Pues bien, durante el siglo XIX y posteriormente el XX, se la consideró como literatura barata y sensacionalista.
El crimen era visto como algo antiestético, morboso e incluso inmoral.
Muchos lectores se habían aficionado a leer los relatos policíacos que se publicaban en los periódicos, siendo estos en su mayoría, crónicas reales de sucesos, que continuaban publicándose tras la resolución del caso, incluyéndose en esas publicaciones, transcripciones o resúmenes de procesos judiciales, solo por su morbosidad.
Los más puristas, consideraron que esas obras que atendían a una demanda social, eran un género menor, porque contenían un argumento retorcido, escabroso y desagradable, dando mayor importancia a la deducción que a la experiencia, y por ello carecían de realismo.

Cuestión de gustos, si hoy en día levantasen la cabeza esos críticos caerían fulminados, porque actualmente, ese tipo de novelas que dan importancia al cómo, quién y por qué, son un género con espacio propio, en constante evolución y que reúne a millones de adeptos, entre los cuales me encuentro...

Estructura...
Esta novela, sigue la misma estructura que esas crónicas de sucesos que he mencionado en el apartado anterior.
Es un relato lineal, volcado sobre un diario; ahora bien, no esperéis encontrar la clásica novela policíaca, donde se relatan los avances de un policía o detective.
En este caso, es una novela totalmente inversa a esos clásicos policíacos, porque nuestro guía en la trama, nuestro narrador, es el delincuente; algo parecido a lo que veremos más adelante en las novelas de Patricia Highsmith, protagonizadas por Ripley, un estafador inteligente con valores propios y totalmente amoral; o en la obra de Jim Thompson"El asesino dentro de mí".

Diario de un asesino...
 "El asesinato de mi tía" y "Prueba de nervios", tienen algunos detalles en común, y es que los acontecimientos nos llegan en forma de diario. Un relato cronológico que comienza el día 17 de septiembre y finaliza el 23 de octubre.
Conocemos desde el primer capítulo lo que le ha sucedido a Jhon Hannan, el carnicero, pero carecemos de detalles.
Como he visto que en la sinopsis de la editorial tampoco hacen referencia alguna al argumento, os pondré en antecedentes...
El criminal que adopta el papel de narrador, nos relatará los sucesos que ocurren en la pequeña aldea de Losfield End, tras descubrirse la desaparición de uno de sus habitantes, el mencionado Hannan.

La aparición posterior de su cadáver mutilado, parece que complica la situación; todos los habitantes de esa localidad pasan a ser sospechosos potenciales, y el lector tendrá un doble trabajo...
Deberemos tener a punto nuestra capacidad deductiva, ¿seremos capaces de entrever más allá de la subjetividad que el asesino aporta a la narración, y averiguar su identidad?
Pues en este punto os advierto que los lectores vamos a tener una labor bastante complicada, porque en esta novela atípica, nos enfrentamos a una investigación múltiple.
No solo nos enfrentamos al reto de averiguar quién es nuestro narrador oculto, nuestro asesino; sino que también querremos conocer la identidad de otros dos personajes, uno que aprovecha la oscuridad para cometer robos en las casas de Losfield End y otro que publica en los periódicos de Londres, todos los trapos sucios que ocurren en la pequeña localidad.
Como veis, varias historias en una.

La forma de narrar es otro de los detalles que tienen en común ambas novelas y que puede resultarnos extraña.
No es una novela policíaca al uso, parece que el autor serpentea, se desplaza por el argumento de forma ondulante y va dejando caer algunas pistas de forma puntual, intentando saciar el ansia por descubrir al culpable, que crece en el lector con cada página que pasa.

Nos encontraremos por tanto, que la forma de narrar que emplea Richard Hull o el modo de enfocar el argumento es chocante, incluso para la época en que está escrito, pero tiene su explicación.
Esta novela que es publicada en 1952, sale a la luz en un momento en que había una amplia cultura del libro policíaco y de detectives, un género que estaba totalmente exprimido.
¿Qué quiero decir con esto?, pues simplemente, que como habéis podido observar en el apartado donde hablaba sobre la mala fama del género, en 1952 llevaban ya casi cien años escribiendo novela policíaca, y los autores tenían que innovar argumentalmente, para no cansar y continuar sorprendiendo a los lectores.
Debían provocar reacciones incorporando estructuras raras o inusuales, como la que encontraremos en esta historia.

Hay muchas formas de contar una misma historia...
Según nos informa la sinopsis, Richard Hull, inaugura un curioso procedimiento... "el juego sucio".
Ese procedimiento consiste en emplear a un narrador poco fiable, que hará que dudemos en todo momento.
Con esa descripción, con esos rasgos, los lectores ya sabemos de antemano que su credibilidad está comprometida.
El criminal nos relatará en tercera persona unos hechos que han ocurrido en Losfield End. No nos revelará su identidad, e intentará escribir sobre todos los habitantes de esa pequeña aldea, incluido él, jugando al despiste.

Será un narrador que al mismo tiempo es personaje, pero ¿podemos fiarnos completamente de él?, la respuesta creo que la tenéis bastante clara.
Lógicamente ¡no!, porque unos sucesos serán descritos fielmente y otros en cambio, recurriendo a su ilimitada imaginación.
Su relato es totalmente subjetivo, depende de sus apreciaciones, porque como nos advierte desde el primer capítulo:
 "escribiré sobre lo que he visto, lo que ocurrió y especialmente sobre como lo sentí".

Los lectores sabremos que ese comentario es su primera mentira, ya que también avisa que narrará situaciones en las que no estuvo presente, intentando desviar nuestra atención para evitar que conozcamos quién es.

Es cierto, que este extraño personaje, intentará narrar manteniéndose apartado de los sucesos, empleando la tercera persona, creando un relato distante al igual que lo haría un narrador externo, el problema es que por mucho que lo intente, no podrá ser objetivo.
La forma de narrar es directa, pero debemos tener en cuenta que algunos acontecimientos los relata de oídas y otros los adornará para que queden más literarios.

También encontramos en el narrador a un personaje desconcertante, amante de lo morboso.
Se mueve al límite.
En ocasiones parece que quiere pasar desapercibido, en otras decepcionado de que no ocurra nada, e incluso en otros momentos le vemos como siente la necesidad de observar desde la primera fila el avance de los acontecimientos, saboreando la emoción de ser el responsable de esa agitación, causante de ese drama al que está vinculado íntimamente.
Como podéis apreciar es un personaje embarcado en un juego arriesgado.

La balanza...
Ahora que os he mostrado, toda la genialidad de este autor, debo reconocer que no entiendo lo que me ha ocurrido con esta novela.
No se si ha sido que me ha costado seguir el ritmo al narrador o que no he llegado a conectar con él. El caso es que me costaba introducirme en el argumento, a pesar de que éste es totalmente original como habéis apreciado, y que la estructura narrativa es para quitarse el sombrero; aún así, me ha costado alcanzar el estado de concentración que consigo con otras historias.
Debo reconocer que es complicado contar unos hechos desde el punto de vista del asesino y no revelar en ningún momento, salvo al final, quién es.
Por eso, no voy a darle una mala puntuación a esta obra, creo que los detalles positivos superan con creces a esa dificultad que yo he encontrado a la hora de introducirme en la trama. Lo achaco por tanto a un problema mío...


martes, 19 de junio de 2018

La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne

Sinopsis:

La letra escarlata está considerada la mejor novela norteamericana del siglo XIX.
Ambientada en la Nueva Inglaterra de los puritanos del siglo XVII, La letra escarlata (1849) narra el terrible impacto que un simple acto de pasión desencadena en las vidas de tres miembros de la comunidad: Hester Prynne, una mujer de espíritu libre e independiente, objeto del escarnio público y condenada a llevar la «A» de «Adúltera»; el reverendo Dimmesdale, un alma atormentada por la culpa aunque digno de la estima general, y Chillingworth, un ser siniestro, cruel y vengativo, que maquina en la sombra.
La presente edición incluye una introducción de la catedrática Nina Baym, cuya labor investigadora se ha centrado en el estudio de la literatura americana del siglo XIX. En el año 2000 recibió la medalla Jay Hubble que otorga la Modern Language Association por sus valiosas aportaciones en esta materia.

Opinión:

La letra escarlata, escrita en 1850, está considerada como la obra cumbre de Nathaniel Hawthorne y clasificada dentro del Romanticismo norteamericano.
Como primera curiosidad os diré, que fue uno de los primeros libros en ser producido de forma masiva en Estados Unidos, ya que hasta el momento, la producción se limitaba a elaborar libros a mano y en ediciones muy limitadas, mucho de ellos se producían bajo demanda.
La primera edición de esta novela fue de 2500 volúmenes y se agotó en poco más de una semana, convirtiéndose en lo que hoy sería un superventas.

La segunda curiosidad llega de manos de su escritor, Nathaniel Hawthorne, nacido en 1804 en la población de Salem.
Su tatarabuelo, fue juez en los famosos juicios de brujas de Salem, y el único de todo ellos que no se arrepintió de sus actos.
Los principios de Nathaniel le llevaron a rechazar el puritanismo extremo del que habían hecho gala sus antepasados y por ese motivo modificó su apellido original, Hathorne, agregando una W para cambiarlo por Hawthorne.

La prosa de este escritor, desde los primeros párrafos del primer capítulo, demuestra ser soberbia; emplea una voz narrativa que brilla con luz propia.
Tiene un estilo tan peculiar y cuidado que ha logrado sorprenderme, por ese motivo voy a hablaros principalmente del primer capítulo, porque es digno de alabar, y en él vais a ver una pequeña muestra condensada de toda la genialidad dispersa a lo largo de esta obra.

En ese primer capítulo consigue crear suspense y compasión, al mismo tiempo que nos transmite la tensión que se masca fuera de la prisión, de esa forma nos va preparando para los conflictos posteriores.
Muchos autores de esa época recurrían al uso de grandes descripciones para generar el ambiente propicio, en cambio él decide prescindir de ellas. Se vale del lema menos es más, y recurre a la imaginación lectora. Cuando llega la hora de describir a las gentes que esperan fuera para ver el escarnio público, nos las muestra con una exactitud y calidad literaria que corta la respiración.

Todos tenemos una idea bastante clara de como era la sociedad puritana, de como vestían, y a Nathaniel le basta con sugerir que había una multitud vestida de colores sombríos.
El lector, con esa parquedad descriptiva, tiene suficiente para imaginarse a todas esas gentes ataviadas de ropas con una amplia gama de grises, pardos y negros, y con ellos el ambiente oscuro y triste que arrastraban y que marcará el desarrollo de esta historia.
Nos presenta de forma breve a esa sociedad de moralidad rígida, que muestra la tonalidad más negra del puritanismo, pero dejándonos bien claro como son por dentro y por fuera.
Quiere demostrar desolación, no quiere reflejar un acto alegre, porque intenta crear un retrato fiel, reflejando la gran oscuridad que hay en los corazones de esos que esperan expectantes fuera de la prisión.

Encontraremos muchísimas figuras retóricas; símbolos, metáforas, alegorías... y con ellas conocemos a Hester, nuestra protagonista.
La vemos por primera vez como un solitario rosal silvestre, delicado, que crece en la puerta de la prisión rodeado de maleza.
La maleza ya habréis deducido quienes son...
La letra escarlata, otro símbolo omnipresente en esta historia, representa el adulterio y el pecado, aunque Hester lo convierte en todo lo contrario; en un adorno que luce en su pecho con orgullo.
Esa marca que debería señalarla como un ser pecador y estigmatizado al que todos rehuyen, termina convirtiéndose en una señal de rectitud, de caridad.
Hester evoluciona y se convierte en esa persona que ayuda siempre a los demás, un ser bondadoso y noble, frente a los corruptos de doble moral puritanos, que obran de una forma y piensan de otra. Esa A, la hace libre, es el único personaje liberado de toda la obra.

La prosa de la que hace gala este autor es muy fluida, y la narración consigue mantener el ritmo ágil hasta el final, ritmo que se apoya en unos capítulos bastante breves.

El narrador en tercera persona, nos relata unos hechos que como él mismo nos indica, sucedieron doscientos años antes.
Es un guía por el relato que intenta mantenerse al margen de la historia, limitándose solo a contar, eso sí, con infinidad de detalles como ya habéis podido comprobar.
Nuestro narrador, sabe que nosotros los lectores somos espectadores pasivos, contemplamos unos sucesos de los cuales no formamos parte, aún así, esa riqueza de detalles y la perspectiva que da al relato, se convierte en una lograda estrategia discursiva y consigue que nos posicionemos tomando partido por Hester.

La novela avanzará de forma rápida, y también los acontecimientos que en ella ocurren.
El autor no duda en utilizar pequeños saltos en el tiempo, siempre hacia adelante, que obligan al argumento a avanzar con rapidez, aunque sin olvidar mencionar algunas situaciones del pasado para contextualizar.

Ya conocéis algunos detalles de esta obra, pero este autor aún esconde más bajo sus mangas.
No solo destacó por su prosa, sino que también fue un valiente.
Criticó a una sociedad y sus actitudes, creando un personaje femenino de gran fortaleza y leal, que ha pasado a considerarse como la primera y mayor heroína de la literatura americana.
Un personaje que no duda en enfrentarse a toda esa comunidad que trata de condenarla e ignorarla. Este autor no quiso que viésemos a una mujer adúltera. Él quería mostrar a una mujer valerosa e inteligente, alguien capaz de poner del revés los pensamientos y principios de esa facción radical del protestantismo calvinista; de esa sociedad puritana, falsa e intolerante.
Crea un argumento cuyos temas principales son el pecado, la culpa y la hipocresía, dejando espacio para criticar el maltrato psicológico, retratando a la perfección a esos jueces, que se alzan para juzgar a otros haciendo uso de un doble rasero, el juego de la doble moral...
De lo que no fue capaz este autor, fue de librarse de los estereotipos del Románticismo, como veréis a continuación.

Ya habéis conocido un poco por encima a Hester, nuestra heroína, el clásico personaje que hoy encuadraríamos dentro del estereotipo de las "malcasadas", junto con Madame Bovary, Ana Ozores (en la Regenta) o Anna Karenina...
Un personaje que prefiere sufrir el castigo en silencio a delatar a su amante, porque la forma en que entienden el amor estas heroínas románticas, es que si no se sufre, si no duele, no es amor...
Hester ya lo habéis visto, es un gran personaje que además contrasta con los otros dos que formarán parte del también estereotipado, triángulo amoroso.
La lealtad de Hester se enfrenta a la cobardía que vemos en el joven pastor Dimmesdale, que deja que ella sufra en soledad el escarmiento público.
Recae en ella la decisión, de si delatarle o no, es un hipócrita sin valor.

Os he mencionado que Hester evoluciona, encarna un papel activo y se atreve a desafiar lo establecido, en cambio el personaje del pastor Dimmesdale involuciona...
Es un personaje que va menguando a lo largo de la obra. En cada aparición, parece que se achica ante la mirada reprobadora del lector, presa de esos sentimientos que no tiene el valor de revelar y que le atormentan.
El secreto le anula, le corroe, y aunque él no es portador de un símbolo que le señale como pecador, lo lleva en su conciencia y sus remordimientos.
La pena y su falta de coraje, pesan en su alma más que la letra escarlata, porque aunque su deshonra no es pública, va a cargar con ella no solo en lo terrenal.
Dimmesdale se ajusta al retrato prefijado del hombre en el romanticismo.
Un hombre gobernado por los sentimientos, melancólico y sensible, culto y reflexivo. Se siente aplastado por el peso de su propia alma, de su conciencia, y hasta su descripción física se ajusta a la del hombre romántico, delgado, pálido y siempre vestido de oscuro.

Y por otro lado tenemos al marido, Chillingworth, ese personaje mezquino y rencoroso que aparece en escena justo en el peor momento de Hester.
Chillingworth, el personaje con el que se casa Hester, es un anciano de buena posición. Siempre se han respetado pero no existe pasión.
Ella es enviada, por delante, para preparar el nuevo hogar en Nueva Inglaterra y ahí se pierden los pasos del marido, supuestamente desaparecido o muerto. Chillingworth reaparecerá en escena convertido en alguien siniestro y malvado...

Pero retomando el tema de los estereotipos románticos, en esta historia nos encontraremos con algunos más...
El clásico sentimiento de soledad, la necesidad de rebelarse, el simbolismo de las alegorías, todo lo mencionado como veis, son ideas recurrentes en la literatura de esa época.

Hoy os he hablado de una novela con un argumento sencillo a simple vista, pero muy intenso y que no dudo a la hora de recomendar...
Es uno de esos clásicos a los que lamentablemente el cine no ha hecho justicia.
La tensión es un elemento constante, y Hawthorne lo consiguió sin necesidad de añadir ningún tipo de artificio.


martes, 12 de junio de 2018

lunes, 4 de junio de 2018

Muertes pequeñas de Emma Flint

Sinopsis:

En Queens, en el mes julio de 1965, las calles arden a causa de una ola de calor. Ruth Malone, una joven madre del barrio, se levanta una mañana y descubre la puerta de la habitación de sus dos hijos pequeños abierta de par en par. Han desaparecido. 

No hay peor pesadilla para una madre, pero Ruth Malone no es como las otras. Siempre perfectamente maquillada, vestida de forma provocativa, la policía encuentra botellas vacías de alcohol por todo su apartamento… los detectives que siguen el caso hacen las suposiciones más obvias, ayudados por los cotillas y envidiosos del vecindario.
Pete Wonicke, un periodista inexperto al cargo de cubrir su primer caso importante, no puede evitar llegar a esas mismas conclusiones. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa con Ruth, más se da cuenta de que los policías no siempre son los buenos y de que las obsesiones personales de ciertos detectives pueden estar influyendo en la investigación. Ruth Malone es fascinante, un reto y un misterio, pero ¿sería capaz de matar a sus propios hijos?
Basada en hechos reales, Muertes pequeñas nos cuenta una historia de amor, moralidad y obsesión, y analiza la capacidad que tiene todo ser humano para el bien y el mal.

Opinión:

Muertes pequeñas, es una historia de ficción escrita por Emma Flint pero inspirada en un caso real, uno muy mediático que acaparó las portadas de los principales periódicos en los años 60.
Alice Crimmins fue acusada de asesinar a sus dos hijos, aunque no se encontraron pruebas claras que la señalaran como artífice de los hechos.
Tan mediático fue el caso, que hasta Mary Higgins Clark en 1974, se atrevió a tejer una historia sobre él.

Nos encontramos en la madrugada del 14 de julio de 1965. El pequeño Frank de cinco años, y su hermana de cuatro, desaparecen de su habitación sin dejar huella.
A las 13.30 del mismo día de la desaparición, el cuerpo de la pequeña Cindy es encontrado en un descampado, aproximadamente a 1 km de su casa... ha sido estrángulada.
Tan solo unos días después, el 25 de julio, aparece el cuerpo del niño, en avanzado estado de descomposición.

Las pesquisas policiales, desde el comienzo, se centran en la madre, y no porque se tengan pruebas fehacientes contra ella, sino porque como decía Emma Flint en una entrevista, si no encajas en la sociedad te conviertes en sospechoso, y ese es precisamente el caso de Ruth,

Ruth, es una mujer atractiva, separada, y con una vida que se aleja de los cánones conservadores de la época, lo que la lleva a enfrentarse a una sociedad que la condena desde el comienzo.
Las graves pruebas que se acumulan en su contra son, estar pendiente siempre de su aspecto físico, beber en exceso y una vida sexual muy activa; pero lo que realmente la sociedad le reprocha, es su extraño comportamiento.
Tras la desaparición de los niños, Ruth no se comporta como lo harían el resto de mujeres en su situación. Ella es distinta, su imagen se aleja de la de mujer afligida y se esmera en mostrar siempre esa fachada tan perfecta, adornada con una frialdad que no deja escapar ni una sola gota de dolor.

Ese comportamiento, que no muestra aflicción ni angustia, no solo sorprenderá al lector, sino que también marcarán el ritmo en la trama y posteriormente el futuro de la protagonista.

Todo en Ruth me ha descolocado, es una mujer con la que no he conseguido empatizar en ningún momento; no por su estilo de vida, sino por la incongruencia de sus actos, la inexactitud a la hora de dar respuestas y por su incapacidad de mostrar dolor, todo eso en conjunto, me llevaba a sospechar de ella, a pensar que había algo oculto bajo la superficie.

Nos encontramos ante una novela negra, al más puro estilo clásico de los años 60, y cargada de los estereotipos propios del género.
Lógicamente en una historia de este tipo, no podía faltar la femme fatale, el policía corrupto y un periodista que quiere destapar la verdad a toda costa, enfrentándose a quien se le ponga por delante.
En esta historia cobra vital importancia la presión que ejerce el público, totalmente manipulado por la ambición de la prensa, con sus noticias tan llamativas y exageradas como poco contrastadas.

El encargado de relatarnos la historia, será un narrador omnisciente, bastante sobrio y amigo del sensasionalismo. 
Su mirada se asemeja a la de una cámara de cine, siguiendo de cerca a los dos personajes principales, Ruth y el periodista Peter Wonicke.
Este narrador, nos irá relatando los hechos al tiempo que suceden. Sabe en todo momento como se sienten los protagonistas y no dudará a la hora de hacernos llegar sus sentimientos más íntimos. Pero la forma de enfocar la narración dependerá del personaje a seguir.
Cuando el narrador focaliza sobre Ruth, utilizará los saltos en el tiempo para mostrarnos varias etapas de su vida.
El seguimiento sobre Wonicke, como ya he adelantado será distinto, ya que él, aparece en escena en el momento de la desaparición de los niños.
Su narración será lineal y nos relatará tanto los avances de su investigación, como la versión que se vierte en los distintos medios sobre el caso.
Como veis esta obra da prioridad a la investigación periodística en lugar de seguir los avances policiales, que son escasos o nulos.

Esta historia, es un rotundo alegato contra los prejuicios que van de la mano de obsesiones.
El sargento Devlin, encargado de llevar el caso se empeña en demostrar que Ruth es la asesina, no baraja ninguna opción más... la odia por lo que representa.
Peter el periodista, vive obsesionado con ese primer artículo que le encumbre y le lance a las principales portadas, pero también por la atracción que despierta Ruth en él. De esa forma se sumergirá en una batalla imposible de ganar.
Quiere demostrar la verdad, que ella es inocente, pero menosprecia a un enemigo que vive dentro de la propia Ruth; su imagen, esa que la perseguirá a lo largo de toda la novela y que es la personificación del escándalo...

Es una novela que me ha gustado pero no me ha llenado.
Le ha faltado la capacidad de sorprender, el toque que la convirtiese en una historia singular, y esa falta, ha hecho que me resultase monótona en algunos momentos.
Lo cierto es que esperaba algo más, después de leer las excelentes críticas que la señalaban como una de las mejores novelas negras de 2017.

El estilo narrativo, el tono que emplea Emma Flint es impecable, recuerda al utilizado en las clásicas novelas negras de los años 60.
La ambientación está muy conseguida y el argumento bien tejido, pero he encontrado algunos cambios de ritmo que frenaban mi lectura.
Esa arritmia literaria, se debe a la persecución, el seguimiento invasivo que se hace sobre Ruth, que llega a ser en momentos demasiado introspectivo, mostrándonos hasta el más oculto de sus pensamientos.
Esa obsesión que se centra exclusivamente en tejer una historia sobre ese personaje femenino, o más bien, sobre la versión que nos muestran de ella, y que se vuelve machacona si la observamos en conjunto.

La autora, da demasiadas vueltas sobre lo mismo, la representación de femme fatale que la convierte en culpable desde el comienzo, no nos da opción a pensar que pueda ser una víctima.
Esa imagen que se nos muestra tiene una finalidad, que el lector no olvide que se aleja del modelo de madre ideal, feliz y abnegada que se queda en casa, y cuya máxima es cuidar de la familia.
Creo que esa idea, el lector la tiene demasiado clara desde el comienzo, desde las primeras descripciones de Ruth, y sobra ser tan reiterativa.
Esa insistencia, intenta entorpecer nuestra propia investigación, nuestra objetividad, impidiendo que veamos a otros posibles culpables, mostrándonos una y otra vez la peor versión de Ruth. No hay espacio ni opción a la imaginación del lector, no hay misterio.
Con ese tipo de narración focal, que se basa en el acoso y derribo, nos vemos obligados a mirar con lupa cada una de sus acciones, reacciones y gestos, aunque no queramos. No existe nada, más allá del físico y el comportamiento a la deriva de la protagonista...

Creo que con esas vueltas, Emma Flint, quiere demostrar que también nosotros prejuzgamos, pero a mí, tan solo ha conseguido aburrirme en algunos momentos.


martes, 29 de mayo de 2018

El club de los martes de Mario Escobar

Sinopsis:

Pasión por los libros, por las buenas historias que te enganchan hasta hacerse tuyas: eso es lo que comparten cinco mujeres que, lideradas por la doctora Alexandra Byrne, se reúnen cada martes en la Central Library de Seattle para participar en charlas entusiastas sobre tramas y personajes.
Lo que estas independientes mujeres ignoran es que sus debates ficticios van a adquirir un tinte mucho más real cuando una de ellas, Wilda, agente del FBI, las involucre en la resolución del caso de un asesino en serie que está sembrando el terror en las calles de la ciudad.
Embarcadas en una investigación paralela, lo que comenzó como un inofensivo club de lectura se transforma en un juego macabro y estremecedor que pondrá sus vidas en peligro y someterá su amistad a la más dura de las pruebas: la traición.

Opinión:

Cinco mujeres se reúnen cada martes en la Central Library de Seattle, para participar en un entusiasta club de lectura.
Todas comparten una pasión común por los libros de misterio, por Agatha Christie y por los buenos enigmas, y eso que a simple vista parecería algo normal y carente de riesgo, las va a llevar a enfrentarse con un arriesgado desafío, resolver un caso, como en las buenas novelas, pero que esta vez no será el resultado de la fantasía de un escritor, sino de un asesino en serie que secuestra mujeres como ellas.

Como podéis comprobar ya de comienzo, contamos con un amplio abanico de elementos metaliterarios, pero los citados no serán los únicos...
El título de la obra, El club de los martes, también hace un guiño especial a la autora, Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie y a una de las primeras apariciones de esa detective tan aficionada y sagaz, como entrometida que es Miss Marple.
Esa novela a la que me estoy refiriendo y que fue publicada en 1933, es Miss Marple y trece problemas o Los casos de Miss Marple, como también fue traducida. Obra que contenía trece relatos breves, entre los que se encuentra ese citado club de los martes.

Otro homenaje, quizás el principal, será que esta novela girará alrededor de una de las obras más famosas de Agatha Christie, Diez negritos.

Las cinco integrantes de este club literario, recibirán un macabro mensaje que funciona como generador de intriga, ese mensaje contiene la última estrofa de la canción de cuna que aparece en la ya citada novela y que dice así...
Un negrito se encontraba solo. Y se ahorcó, y no quedó ¡ninguno!

Mario Escobar, con esta historia nos plantea un reto, averiguar quién es el asesino, pero realmente a mí, no me ha aportado mucho.

La novela se lee de forma sencilla, tiene una prosa fluida, pero quizás el argumento no llega a destacar por una gran originalidad.
El asesino de esta historia que cumple con el papel de personaje antagonista, tiene en común con el de Diez negritos, que adopta el papel de justiciero.
Piensa que debe castigar a sus víctimas por algo que hicieron y que quedó impune en el pasado. Él no se ve como un monstruo sino como un héroe que limpia la sociedad.
Por otro lado, las muertes se suceden siguiendo casi el mismo patrón que los asesinatos del libro de  Christie, pero con una diferencia para mí, abismal. La novela se ha adaptado a los tiempos y los asesinatos se han recrudecido, son más violentos que en la obra de Christie.

El lector como he mencionado en el anterior párrafo, tendrá en apariencia, una compleja y doble labor, averiguar quién se esconde tras el llamado "Asesino de las damas", y qué le impulsa a cometer esos crímenes.
La historia en algunos momentos me ha parecido demasiado previsible, incluso los excesivos giros argumentales me hicieron descartar a algunos posibles sospechosos que aparecían señalados en la narración, quizás con demasiada intensidad, lo que me hizo dudar y descartarlos.

Es una novela entretenida, pero a la mitad conoces quién será el asesino.
Mario Escobar tuvo una buena idea, pero creo que la desaprovechó, se conformó con plasmarla de forma sencilla.
Agatha Christie en diez negritos no se conforma, es más... nos engaña, no lo cuenta todo, y quizás Mario Escobar debió hacer lo mismo, no dar demasiadas pistas que le llevan a contar más de lo que debería.


martes, 22 de mayo de 2018

Cumbres borrascosas de Emily Brontë

Sinopsis:

Cumbres borrascosas, la épica historia de Catherine y Heathcliff, situada en los sombríos y desolados páramos de Yorkshire, constituye una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza.
Con ella, Emily Brontë, que se vio obligada a ocultar su género publicando sus obras bajo seudónimo, rompió por completo con los cánones del decoro que la Inglaterra victoriana exigía en toda novela, tanto en el tema escogido como en la descripción de los personajes.
La singularidad de su estructura narrativa y la fuerza de su lenguaje la convirtieron de inmediato en una de las obras más perdurables e influyentes de la historia de la literatura.

Opinión:

Introducción.
Esta novela, la única escrita por Emily Brontë, fue publicada en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, debido a que en ese momento, el reconocimiento literario de las mujeres era nulo.
Tras su publicación, la obra tubo una acogida decepcionante, ya que la crítica opinó que las descripciones de las pasiones sin control y las muestras de violencia, resultaban demasiado explicitas y se alejaban de la clásica moralidad victoriana.
A esto había que sumarle que Catherine, se alejaba del papel que debía representar la mujer de la época; obviamente, la moralidad inglesa siempre tan políticamente correcta, evitó también hacer mención a otros tema más delicados, como la relación incestuosa a la que podrían llegar los protagonistas, ya que son hermanastros; la diferencia de clases de la que provienen y el trato racista que recibe Heathcliff de manos de algunos personajes, ya que el joven es de raza gitana.

La gran paradoja es que aunque recibió una tibia acogida, hoy en día está considerada como la obra más representativa del Romanticismo inglés, y me aventuro a decir que también es de las que marcó un antes y un después en la literatura, porque supuso el punto de partida para un nuevo tipo de mujer literaria, totalmente incontrolable y revolucionaria.

Ya sabéis que el Romanticismo, surge a caballo entre Alemania e Inglaterra en el s. XVIII y XIX. Este movimiento cultural nace en contra de las ideas de la ilustración, del racionalismo, y en él se dará mucha importancia a los temas oníricos; a la fantasía; al simbolismo y a lo sobrenatural; a la naturaleza, o más bien, a como el ser humano la siente y la interpreta, pero también hay un espacio muy amplio destinado a la muerte, a las pasiones y sentimientos desatados. Aunque hay que decir, que este concepto del Romanticismo, poco tiene que ver con los conceptos modernos del amor o el romance.

Nos enfrentamos con esta lectura, a una aventura amorosa arquetípica, (por el comportamiento de los personajes), un amor tempestuoso, que solo acarreará sufrimiento a cuantos les rodean y que a los protagonistas les perseguirá hasta después de la muerte; un modelo original que servirá como pauta en el futuro a otros escritores, pero que también comparte detalles con otras obras que la preceden en el tiempo, valiéndose de los estereotipos que aparecen en ellas, concretamente y aunque pueda parecer extraño, con Romeo y Julieta de Shakespeare, aunque la personalidad de los protagonistas resulte totalmente opuesta.
  1. Ambas se incluyen dentro del género de la tragedia.
  2. Usan el estereotipo de los amantes desventurados, una relación condenada desde el principio al fracaso.
  3.  Y por último, la muerte de la pareja supondrá la reconciliación de ambas familias.
Personajes
Estaréis conmigo, en que a lo largo de la historia de la literatura, han aparecido personajes tan absorbentes, que no solo se han limitado a cobrar vida en la obra, sino que también han impedido que el público o la crítica se olvidase de ellos, aunque haya pasado el tiempo.

Los hay de naturaleza buena y mala, eso es precisamente lo que convierte el argumento en real; pero estos de los que hoy os hablo, son bastante diferentes.
Aparecen cubiertos de un halo de misterio y sus sentimientos van a ser llevados al límite, sobresalen porque no pueden pasar desapercibidos por su gran complejidad.
No son unos protagonistas con los que empaticemos por su pasado, por sus acciones, ni tampoco hacen el menor esfuerzo por redimirse. Son arrogantes, obsesionados, soberbios y rompen con cualquier patrón preestablecido, creando una incomodidad creciente en el lector, eso es precisamente lo que les convierte en personajes que dejan huella.

Catherine asume el papel central de esta obra.
Es una mujer caprichosa, rebelde y orgullosa, cuyas decisiones marcarán el ritmo del argumento.
Anteriormente os he mencionado que el papel que desempeña en esta historia, se aleja del que la sociedad asignaba a una mujer. Emily Brontë rompe con todos los estereotipos de la época.
Crea un nuevo arquetipo, que se aleja tanto del papel sumiso y pasivo que corresponde socialmente al mal llamado "sexo débil", superando esos estrechos límites impuestos por la sociedad decimonónica, y al mismo tiempo alejándose también del estereotipo de mujer fatal que se desarrolló plenamente durante el XIX.

Heathcliff, debo reconocer que no me ha caído bien.
Es arrogante y oscuro, un alma atormentada que desafía constantemente a la autoridad, y muchas veces sin motivo, solo por el mero hecho de hacerlo.
Es el personaje que aporta a la trama la locura, la obsesión y el misterio.
Un ser abyecto y vengativo, totalmente desconcertante, que nos atrae al mismo tiempo que le aborrecemos.
Tiene un extraño resplandor, un halo misterioso que mana a su alrededor, y que no solo atrae a los lectores como las polillas a la luz, sino que también ejerce su atracción, para bien o para mal, sobre el resto de personajes de la obra.
Catherine ve en él la representación del amor pasional e imposible; el señor Earnshaw al hijo perfecto y Hindley ve a un ladrón en todos los aspectos.
Heathcliff despierta amor, odio, envidias o pasión, según con quién se cruce.

Cumbres Borrascosas, la casa de la que se obtiene el título, también va a convertirse en un personaje más, una presencia que acecha negativamente a sus habitantes.
La elección del nombre resulta acertada, ya que la niebla que cubre las escarpadas cumbres, las tormentas de agua y nieve, en resumen, la naturaleza hostil, parece que se apodera no solo de la propiedad, sino también de los que allí viven.
La autora consigue aportar misterio, ya que fuera de sus limites no parece existir nada, solo hay vacío, detalle que puede comprobarse a lo largo de la novela en varias escenas; cuando Heathcliff llega a la casa por primera vez, o cuando desaparece de escena en dos ocasiones más...

Emily Brontë consigue aislar Cumbres Borrascosas del resto del mundo, hasta tal punto, que elimina totalmente el contexto histórico, si no es gracias a que alguno de los narradores se empeña en comunicarnos el año en que vive, nos costaría ubicarnos en la época.

Otro dato curioso es que cuando atraviesas la valla de entrada de Cumbres Borrascosas, parece que allí, en la misma puerta, abandonas las normas que rigen el mundo civilizado sustituyéndolas por la violencia constante.
Por ese motivo, Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, parecen ser dos mundos totalmente opuestos. En la Granja de los Tordos, hogar de los Linton, parece habitar la cordialidad, las buenas maneras, la educación y la cultura, frente a la barbarie, la falta de hospitalidad y desconocimiento que reina en las Cumbres. De esa forma, la ambientación y sus rutinas se convierten en reflejo de las logradas personalidades de los personajes.

La estructura.
La mediana de las Brontë con esta historia, no solo rompió con las normas morales de la época, sino que también lo hizo a la hora de dar forma a la obra.
Dio vida a unos personajes con gran profundidad psicológica, y también demostró su brillantez a la hora de elaborar una estructura compleja para su obra.
Hemos visto que la personalidad del elenco protagonista tiene forma de cebolla, capa a capa van mostrando una nueva cara, un nuevo sentimiento exagerado, hasta que llegamos al centro, donde se guarda su verdadera esencia; y lo mismo sucede con el argumento, una estructura que nos lleva a encontrar una narración dentro de otra gracias a los narradores.

Narradores
Para empezar tenemos un narrador homodiegético, aquí Emily Brontë rompe con el narrador heterodiégetico de uso frecuente en la novela victoriana, es decir, ese narrador de conocimiento ilimitado que presentaba la historia marcando las distancias.
Aquí como digo, el narrador es distinto, nos cuenta la trama desde dentro, porque forma parte de ella, interviniendo en los sucesos o en parte de ellos.

Aunque he hablado de un narrador, en realidad tendremos dos, pero del mismo tipo. El primero al que conocemos es el señor Lockwood, que será quien en principio nos presente a algunos de los habitantes de Cumbres Borrascosas.
La narradora que tomará posteriormente el relevo será, Nelly Dean, un ama de llaves que conoce todos los secretos de los habitantes de la casa y que será la encargará de relatar su dramática historia al señor Lockwood.
Nelly narrará una historia de pasiones desatadas, con un ambiente asfixiante y oscuro de fondo, donde la venganza y el odio ocupan el lugar principal.

La obra se divide en dos partes. La primera con 14 capítulos y la segunda con 20 y aquí hay que mencionar otro detalle a tener en cuenta:

La ordenación de la trama.
La técnica literaria utilizada por Emily, es la que suele denominarse como In media res, es decir, la trama comienza en mitad de la historia, justo cuando el señor Lockwood llega a Cumbres Borrascosas. Para completar el vacío argumental, el narrador debe retroceder relatando los hechos anteriores, mediante una narración retrospectiva.
En esta novela, esa narración como ya os he dicho, estará en manos de la señora Dean que comenzará a relatar los hechos desde el comienzo. Una vez que los hechos antiguos alcancen el momento presente, donde comenzó la historia, asistiremos de nuevo al intercambio de narradores, que continuarán su relato de forma lineal hasta el final de la historia.

Una novela brillante por todos los detalles que nos aporta; por la complejidad de los personajes, por la trama, por la estructura y por los narradores.
Pero esta reseña, no tendría mucho sentido sin esa pequeña reflexión lectora que últimamente estoy añadiendo a algunos clásicos. Por eso de nuevo os doy las gracias por vuestra paciencia infinita a la hora de leerme.

Lo que la verdad esconde
Hace muy poco que leía un comentario que aunque al principio me hizo sonreír por la ñoñería, después me inquietó por lo que escondían esas palabras.
La frase más o menos decía: Muero de amor por Heathcliff. 
Ese sencillo comentario me hizo plantearme varias cuestiones:

¿Me habría leído yo el mismo libro que esa otra lectora?
Doy por hecho que sí, pero debido a la gran complejidad de los sentimientos, la interpretación es libre, y por lo tanto tiene distintas lecturas.
Los sentimientos y como nos afectan a cada uno de nosotros, también afectan a nuestra realidad y a la forma de interpretar un argumento. Lo que no se puede negar es que estamos ante una gran novela de ficción, una joya literaria pese a la actitud de los protagonistas y a ese arquetípico amor, que dista mucho del que tenemos hoy en día.
Pero inevitablemente eso me lleva a otra pregunta, la más importante;

¿En serio se puede morir de amor, en nuestros días, por alguien con una personalidad similar a la de este individuo?
Porque Heathcliff, dista mucho de ser un héroe o un ídolo.
Se vale de los malos tratos constantemente, tantos físicos como psicológicos, para conseguir lo que quiere.
Da igual que sea una mujer, una niña, su hijo, un criado o un animal de su granja... Todo es de su propiedad y por lo tanto, tiene derecho a hacer lo que quiera con ello.
La verdad es que esos hechos aborrecibles, si estuviésemos en el s. XIX no nos sorprenderían, o no deberían sorprendernos, eran una forma de actuar en la época y en etapas anteriores, pero lo que realmente sorprende, es leer ese tipo de comentario hoy en día.

Por eso, sintiéndolo mucho, solo puedo decir que Heathcliff es un gran personaje, pero para una novela de ficción, no para dejarle suelto más allá de las cubiertas de un libro, para anhelarle como ser humano y menos aún como amante.
Es un galán, atractivo pero sin sentimientos. Se aleja de mi ideal de héroe, y sobraría decir que solo me ha arrancado una ligera sonrisa durante sus últimos días.
¡Pero no! no me voy a guardar el comentario, porque eso que puede parecer cruel a simple vista, no lo es; tan solo es una pequeña venganza, en respuesta al sufrimiento que el ha hecho padecer al resto de personajes durante 256 páginas.
Es un personaje que evoluciona, que pasa por distintas etapas, pero sus errores no le han ayudado a mejorar.
Ha sido un niño salvaje, un desagradecido, un adulto huraño y maleducado, pero sobre todo... vengativo.

Aún así, puedo asegurar que me resultará difícil borrarle de mi memoria, aunque en el fondo me duela reconocerlo.
Es un malo, malote, de esos que dejan huella; tanto o más que el inspector Javert, ya sabéis... el de los miserables... pero a ese ya le dedicaré sus propias lineas cuando le toque el turno.

Por otro lado, Heathcliff, debe dar gracias a la época en que Emily Brontë le hizo vivir, porque de haberlo hecho en nuestros días, su comportamiento más que tóxico le habría tachado de psicópata.
No es por faltar... es simplemente porque su actitud así lo muestra.
Por la falta de empatía; por su poder de manipulación; por ser un narcisista que se ve mejor que el resto; con un encanto superficial. sí, pero insustancial y temporal, como un canto de sirena; por el acoso al que somete a sus víctimas, por la falta de remordimientos y por esa necesidad obsesiva de tener siempre el control...

En fin, que habrá quien achaque ese comportamiento a su infancia difícil y dirán que eso le convirtió en un adulto peligroso, pero eso no es justificación.
Por otro lado la relación con Catherine, aunque esté mal decirlo a estas alturas, se convirtió en una relación enferma por los celos, por la dependencia y el sometimiento. Pero eso ya lo habréis descubierto...

Lo siento por todos aquellos lectores decimonónicos que no supieron ver la grandeza de la obra ni la gran profundidad psicológica de los personajes.
Eran otros tiempos, otra forma de vivir y también otra forma de entender el amor, y por eso intentaron condenar este libro.
Por suerte, y es algo que no me canso de decir, en la actualidad hemos aprendido algo, poco, pero lo justo para saber que hay que leer sin juzgar, y ese amor tan impulsivo e irracional, ese que se escapa de toda lógica, que se encuentra en un abismo entre realidad y loca pasión, y que solo tiene sentido entre las páginas de un libro, hoy en día sigue desafiando al más banal de los juicios.


martes, 15 de mayo de 2018

El crimen del ómnibus de Fortuné du Boisgobey

Sinopsis:

Nos encontramos en París en 1878. Una joven muere misteriosamente en un ómnibus de la ciudad. El pintor Paul Freneuse —testigo de la escena—, al darse cuenta de que la joven que viaja junto a él está muerta, comienza a pensar que tal vez ha sido asesinada sin que ningún pasajero se haya dado cuenta, y comparte su deducción con su amigo Binos. Freneuse debe ocupar su escaso tiempo en completar el cuadro que presentará a la Exposición Universal, pero Binos no cejará en la investigación del crimen. El lector hará entonces un recorrido por el París más bohemio, con pistas salpicadas en cada capítulo —una aguja envenenada, el fragmento de una carta…—, una historia de amor, un par de asesinos particularmente audaces, un policía profesional…

Opinión:

Con lo primero que se enfrenta el lector cuando se embarca en esta lectura, es con un prólogo donde se nos cuenta la vida de este autor francés del s. XIX, que llegó a publicar más de 70 obras, desde 1869 hasta el año de su muerte, y que influenció a otros escritores posteriores como podréis ver más adelante en esta reseña.
Fortuné de Boisgobey, ocupa un lugar destacado entre esos autores del XIX, que se arriesgaron con la novela de detectives, cuando esta era considerada como un género menor y vulgar.
Fortuné fue el impulsor del "roman policier" y de la "sensation novel", novela sensacionalista, género literario de ficción muy popular en esa época, y que se aplicaba en tono despectivo hacia ese tipo de novelillas, donde el misterio y su resolución quedaba en manos de investigadores aficionados.

Ya os he mencionado que esta obra, influenció a otros muchos autores, dejando su impronta en ellos, como por ejemplo Fergus Hume, que reconoció que tras leer "El crimen del ómnibus", ideó un argumento similar para su famosa obra "El misterio del carruaje"; o la famosa Agatha Christie, que plasmó la misma estructura en "Asesinato en el Orient Express".
Ese esquema del que ellos se valieron y que Fortuné du Boisgobey fue pionero a la hora de emplearlo, es lo que denominamos "misterio del cuarto cerrado", del que ya os he hablado en varias ocasiones, y que consiste en cometer un asesinato de difícil ejecución y casi imposible de resolver, porque nadie pudo entrar o salir de lugar donde se encuentra el cadáver sin ser visto.
De esta forma, el crimen se convierte en un enigma totalmente hermético, y en este caso en concreto, el cadáver, elemento indispensable en este tipo de novelas, no muestra ninguna herida aparente, y ningún suceso extraño ha ocurrido durante el viaje.

Los diálogos de esta historia tendrán un papel importante, ya que a través de ellos iremos encontrando las pruebas necesarias para resolver el caso; pero también resultarán de vital importancia las elaboradas descripciones, que no se limitarán al lugar donde se ha cometido el crimen y abarcarán toda la ciudad de París, incluidas sus gentes, que se convierten en personajes ambientales. 
Llama la atención como este autor, consigue captar no solo los ambientes, sino también las escenas espontáneas que representan la auténtica vida parisina, plasmando el relato en una especie de lienzo costumbrista, porque Fortuné de Boisgobey, es un experto y, sobre todo, amante de describir ambientes, dando como resultado un magnífico cuadro que parece surgido de los pinceles de autores de la calidad de Auguste Renoir y/o Degas.

El relato nos llegará de manos de un narrador omnisciente, que dispone de un conocimiento ilimitado, demostrando gran seguridad a la hora de relatar los hechos.
Es el clásico narrador del s. XIX, que presenta distancia y objetividad frente a los hechos, se encuentra fuera del relato, no es ningún personaje ni tiene nada que ver con la trama.
Boisgobey, crea un argumento complejo, y en vez de mantener al protagonista, Paul Freneuse, que hará de investigador, ajeno a la trama que ha dado lugar al crimen, como ocurre en la mayoría de las novelas policíacas o negras, él se arriesga y lo mete dentro de ella, convirtiéndolo en testigo de excepción.

Paul Freneuse es un joven pintor con mucho talento pero de personalidad ambigua; peca de falta de determinación, pero esa falta la suple con una imaginación desbordante que le lleva a apasionarse fácilmente con cualquier cosa y se desinteresa aún con mayor rapidez, lo que le lleva a consagrarse en su arte y en una vida discreta.
Freneuse es testigo de primera mano de la muerte de una joven en el ómnibus en el que viajan.
Lo que en un principio podría considerarse como muerte natural, termina convirtiéndose en un complejo crimen.
Los extraños acontecimientos de esa noche, y las pruebas que de forma indirecta encuentra, le llevan a concebir toda una trama novelesca, a la altura de las mejores plumas del género policíaco, y eso le empujará a intentar resolver el misterio.
Como partenaire en la investigación, contamos con la ayuda del amigo de Freneuse, Binos, otro pintor, pero esta vez de talento cuestionable, ya que pasa la mayor parte de su tiempo entre borrachines de tasca.
Binos es un gran experto en discursos imperturbables, en discrepar sobre cualquier tema, y con tendencia a embarcarse en descabelladas hipótesis, lo que les llevará inevitablemente a formar el tandem pefecto. Binos destaca además de por lo mencionado, porque es perspicaz y está dotado de un fino sentido del olfato.

Si os animáis con este libro veréis como detalle curioso, que según van pasando las hojas no existe en ellas ningún tipo de investigación al uso.
El autor nos muestras las conjeturas a las que llegan los dos protagonistas, opiniones que van formando a partir de datos incompletos y muchas veces supuestos.
Antes de que los lectores nos arriesguemos a formular una hipótesis, aquí llega lo realmente gracioso, los protagonistas nos la destripan; se adelantan a nosotros y nos cuentan su parecer...
Esto que podríamos considerar como algo negativo, como unos personajes que nos boicotean, no lo es, en ello reside la gracia o la sorpresa.

El autor nos ofrece un argumento perfecto y en esa construcción va enlazando los sucesos de forma armónica.
Os he mencionado que no es una novela policíaca corriente, el autor no se reserva pistas en la manga, nos las ofrece al tiempo que a los personajes, y aquí también se demuestra que el narrador elegido es el correcto, porque no interfiere ni intenta engañarnos.

En un principio, nuestro amigo Freneuse, parece que quiere distanciarse de la investigación, centrarse solo en ese nuevo cuadro que proyecta para presentar en la Exposición universal. Es reacio a participar en esa carrera loca contra el tiempo, en la que se ha sumergido el vago de Binos, pero según van apareciendo nuevos datos, Freneuse se da cuenta de que el misterio del ómnibus le preocupa más de lo que quiere admitir.

Los protagonistas como habéis podido intuir, no tienen nada que ver con los estereotipos de la época, y dan el toque especial a esa historia que más que un relato detectivesco, es una crónica social de la época, donde también habrá espacio para conocer como son los comienzos de la Sûreté, la policía criminal francesa.

El resto del elenco de personajes, donde se incluirían personajes incidentales y ambientales, sí pueden considerarse estereotipados. Tenemos a las modelos de los pintores, muchachas corrientes, llegadas desde zonas rurales, y sobre todo, desde Italia. Conocemos mayormente a la clase obrera; los cocheros, las vendedoras de naranjas, a los borrachines que frecuentan los bares, pero también nos llegarán los brillos y el lujo de la clase elitista, que frecuenta la ópera.

Esta historia es un viaje en el tiempo al París bohemio de la Belle Époque, una novela recomendable, una joya ilustrada y recuperada por la editorial dÉpoca.